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Vaya usted al bar

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, el 21 de Julio de 2010

Una de las cosas de las que me he dado cuenta en la vida es que podemos dividir a la humanidad en dos grupos fundamentales: los que no van a bares y los que vamos a bares.

Cuando hablo de bares no me refiero a afterworks. Ir a afterworks es la antítesis de ir a bares. Ir al afterwork es como ir a la nada y a la mierda a la vez. Tampoco hablamos aquí de ir a pubs a tomar copas, esto sólo podría encajar si hablamos de pubs oscuros y llenos de gente inquietante. Y creo que no hablamos de lo mismo si pensamos que ir a bares consiste en ir a sitios de raciones modernas de croquetas de boletus en La Latina, cosa que puede ser interesante gastronómicamente (y lo es, qué demonios) pero que muchas veces tiene un componente de rollo progreimbecílico supino del tipo “yo es que voy de tapas a La Latina ¿sabes? Mientras escucho a Russian Red me tomo un riojita”. Esto de “tomarse un riojita” son cosas que dicen las personas que creen ir a bares pero no lo hacen en realidad, y que “se toman un riojita” para demostrar que 1) no son tan superfluos como para tomar cañas porque son unos intelectuales del bebercio y 2) creen que saben de vino y por eso toman “riojitas” (a veces con marcas que han memorizado del tipo “pues yo me tomo un cune”) y nunca tomarían un vino de Méntrida porque ni siquiera saben que hay vino en Méntrida. En la versión 2.1 de esto, ya toman vinos de los viñedos chilenos y demás.

Pues descartemos todo eso. Cuando hablamos de ir a bares las coordenadas son muy simples. Hablamos de tabernas, tascas, tugurios y demás ralea con azulejos, boquerones en vinagre, mondadientes, camareros con camisa blanca y clientela selecta compuesta por los trabajadores del barrio. El bar, amigos, es la pieza fundamental de la existencia humana y cuando un bar existe y ha existido durante años habría que declararlo monumento nacional, protegerlo de la especulación, eximirle de pagar impuestos e incluso darle medallas de oro y diamantes si es preciso.

La importancia del bar es social, sociológica, antropológica y etnológica. También lupúlica, enológica y croquetariana, pero eso se da por supuesto. En Castilla, el bar ha sido siempre uno de los ejes sociales fundamentales. Los podríamos resumir en cuatro: el mercado, la plaza, la iglesia y la taberna. Ahora ha cambiado la cosa porque ya menos de la mitad de la gente va a misa y ya no te sientas en la plaza de tu barrio a hablar con cualquier vecino. En los mercados todavía hay cierta relación que surge en las colas, con el “quien da la vez” y las señoras que se cuelan de estrangis. Pero la taberna es el eje máximo y debería seguir siéndolo. En una taberna de tu barrio, lo más importante es pedir una caña y observar al personal. Cuando tu vas a un barrio y quieres saber como es ese barrio en cinco minutos, simplemente has de ir a una taberna. Allí verás el percal. Si se tercia, haces amigos y todo.

Es cierto, no lo podemos negar, que el bar ha sido muchas veces refugio de canallas. Del típico ser despreciable que se ponía fino a vinos, subía a su casa y le daba una paliza a la esposa. Pero el bar es también el hogar de los obreros, donde cuentas tus cosas, donde conoces camareros majos y otros perdonavidas y hablas del Atleti, también es donde ves a grandes personajes de tu barrio. Todos los que vamos a bares tenemos la experiencia de que se nos acople un crack contando anécdotas rarísimas. Todos tenemos un Jaime Robles en nuestras vidas. El bar es la piedra angular de la cultura castellana. Sin bar no habría barrio y sin barrio no habría nada.

Hacer una apología del bar es deber obligatorio. Yo tengo que estar totalmente agradecido a mis padres por llevarme al bar desde pequeño, porque eso es lo que me ha convertido en el gran prohombre de la historia que soy actualmente. Mi madre tiene un mérito especial, porque viviendo en Valencia ejerció de madrileña tabernera y se creó su propia cultura barística, aunque no fuese lo mismo porque en Valencia la cosa no funciona igual. De hecho, aunque sea sorprendente, hay pueblos del mundo en los que la taberna no juega este papel crucial que debería jugar. Hay lugares en los que las personas no entran al bar a pasar el rato, sólo entran con intenciones predefinidas del tipo “vamos a este sitio, sirven muy buenas raciones”. Entonces hay menos sitios, claro, porque no existe el bar amigo, el bar cercano, el bar que es tu casa, el bar donde puedes entrar y no hacer nada más que estar una hora con el mismo vaso y nadie pensará nada malo.

Si yo ahora tuviese una situación económica mejor, no me cabe duda, pasaría más tiempo en el bar. Porque el tiempo empleado en las tascas del barrio es siempre tiempo bien aprovechado. Desayunar en la taberna debería ser crucial para poder pasar un buen día con energías y poderes. Tomar una caña/vino/mosto al día al volver de trabajar ( o dos) debería ser algo subvencionado por el Estado.

Los que vamos a bares somos una estirpe gloriosa, pero generosa. Admitimos que se pasen a nuestro bando los que no van a bares, aunque tachamos de nuestra lista y encuadramos como traidores a los que se pasan al “afterwork”. Amigo, si usted no va al bar, vaya. Si usted no acude a la taberna, acuda. Mañana mismo, nada más levantarse, desayune en el bar. Pero no busque un sitio decorado de tal manera con no se cual música. No, entre en el lugar de la esquina de su calle, ese que hasta ahora le ha dado un miedo inexplicable y absurdo. Ese que no tiene una pizca de glamour aparente. Entre y desayune. Y durante una semana, cada vez que vaya por la calle, cada vez que vea una barra con su vitrina de raciones, cada vez que vea un local con azulejos y sus grifos de Mahou, ¡entre! Nunca es tarde para coger práctica. Vaya usted al bar, confraternice con la parroquia, comparta cañas y sea feliz con la clase obrera.

Y nunca pida ración hasta que no le hayan dado la tapa

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Tabernas: Montes de Galicia

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 11 de Marzo de 2010

Montes de Galicia

http://www.losmontesdegalicia.com/

C/Azcona, 46

Metro: Diego de León (L4, L5, L6), Ventas (L2, L5)

El tapeo es un arte selecto que sólo se ejerce medianamente bien en algunas provincias. La amenaza más grave que recibe es la de la falsa promoción. Ahora Ferrán Adriá, de tanto en tanto, habla de las tapas, pero ¿qué sabe de las tapas? En realidad no tiene ni idea, porque es catalán y en Cataluña no hay tapas. Así que dice que la tapa es revolucionaria porque consiste en “comer de pie”. El vocero gastronómico del estado, elegido por no se sabe quien, dice esto y se queda tranquilo. Otros voceros gastronómicos del estado son cocineros vascos. Los vascos comen muy bien y saben más de tabernas (herriko o no) que los catalanes, pero el arte vasco gira en torno al “pintxo” y el “pintxo” no es una tapa. El “pintxo” es cocina en miniatura en general de gran calidad y sabor, ir de “pintxos” es un placer gastronómico inigualable, pero no es ir de tapas.

Lo que sucede es que los cocineros de vanguardia se ponen de moda y la moda la siguen los modernos. En Madrid también hay modernos que abren las puertas de locales repulsivos pero como siguen a la moda y quieren estar a la altura de los popes de la gastronomía, ser creativos y demás, abren tabernas en las que no dan tapas. Si acaso algún artículo de suplemento de tendencias de los viernes les alabará la gracia diciendo que han superado a los locales de toda la vida sin chispa ni diseño super chulo. Así nos encontramos con que en barrios tan castizos como Lavapiés o Malasaña, al ser barrios llenos de modernos, es tarea harto complicada encontrar locales de tapas medio decentes. Eso sí, pizarras super guays con cartas de vinos muy completas. Pero hundiendo a la taberna madrileña, o intentándolo. Prueba a tomar cañas por la Gran Vía, la calle de Madrid en la que no hay nada madrileño más que un par de tiendas de ropa o pieles antiguas.

¿En qué consiste el buen tapeo? Lo primero, la tapa es gratis. Si no es gratis, no es tapa. Hay cosas que son como son y lo que no es así sale de lo que decidimos los talibanes. Los talibanes podemos ser muy chungos con esto. Habrá lugares en los que llamen “tapa” a cosas que no son gratis y sus lugareños dirán que “en mi pueblo esto siempre se ha llamado tapa y lo hemos pagado”. Lo lamento profundamente, pero en tu pueblo no dan tapas.

Siendo la tapa gratis, lo que le pedimos para encumbrar a un local es cantidad, calidad, variedad y buen precio de la caña. Evidentemente hay un escalón básico que debemos agradecer siempre, es el clásico canapé con chorizo o las cuatro patatas all-i-oli con dos palillos. Bien, es un punto donde comenzar y al menos salvas la honra con eso. Cacahuetes u olivas, sin más, insultan a nuestra inteligencia. Si queremos poner una taberna en el olimpo, evidentemente me tiene que dar tapa con la caña, pero además la cantidad debe ser significativa. Que pueda cenar a base de tapas es básico. Lo segundo que pedimos para alzarse en el podio es cantidad. Conocemos locales de tapas de gran cantidad e ínfima calidad y les reconocemos su mérito, pero para aspirar a lo más alto dame calidad. Lo tercero es la variedad, porque si pido caña y me sacas siempre la misma tapa, al final me canso. Sorpréndeme, dame una, dame otra, con cada caña una sorpresa. Y por supuesto, no me hagas trampa, la cerveza no debería valer más de 70 céntimos por si sola. Si me la cobras a 1’20 entiendo que me vas a dar tapa y lo celebro. Si me cobras ya a 2 euros, a no ser que hablemos de grandes jarras, no te excuses.

¿Existen en Madrid locales de tapas decentes? Existen unos cuantos de los que podemos hablar por aquí y que difundiremos. Tener una estrella mitxolín es ya señal de que en ese local por lo menos te darán algo . Tener dos es buena señal, seguro que destacan en algo, o bien en cantidad, o bien en calidad, o bien en lo que sea menester. Tener tres estrellas mitxolín significa ser la caña más absoluta, calidad, cantidad, buen precio, variedad, todo lo que le pides a un bar. Pero ¿cuántos bares existen que merezcan tal reconocimiento? ¿Cuántas tabernas merecen su entrada en el salón de la fama? No demasiadas, pero las hay. Y cuando las encuentras y te das cuenta del hallazgo vale la pena todo el esfuerzo, es para llorar de alegría.

Uno de estos locales es el “Montes de Galicia”. En la calle Azcona, podemos decir con toda tranquilidad que hasta que no se demuestre lo contrario estamos hablando del mejor bar de La Guindalera y de los mejores de Madrid. Ahí es nada. Esto es lo que nos pusieron de tapa con UNA caña:

Un revuelto sensacional y estos canapés tan ricos. En la segunda tapa un plato de magro de cerdo de tamaño significativo. El precio de las cañas está dentro de lo normal, 1’20 si no recuerdo mal. De este lugar con un par de cañas puedes salir cenado. El camarero, Ángel, es atento, simpático y del Atleti, cosa que también hay que mencionar.

Nos atrevimos a probar también las raciones (las raciones sí se pagan, la tapa no) aunque no fuese necesario. Probamos croquetas de boletus y jamón y una tosta de gulas con gambas y all-i-oli, todo estupendo.

El veredicto no puede ser más favorable para este local. Repito, es probablemente el mejor bar de La Guindalera y de los mejores de Madrid. Animo a todos los de la zona a que se metan en la pelea, porque yo de momento no tengo dudas, si alguien me pregunta por un local en el barrio este es uno de los imprescindibles. Lo único que pido es que no sucumba por el éxito. Hay muchos locales que ganan fama, se llenan y al final acaban perdiendo potencial. Lo difícil es mantenerse, pero confío en que este local pueda hacerlo.

Ah, además tienen restaurante y dicen que muy bueno, y otro local en Barrio del Pilar

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Tabernas: De pura cepa

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 17 de Febrero de 2009

De pura cepa

C/Fuente del Berro, 31

Metro: Goya (L2, L4)

En términos de tapas, siendo honestos, Madrid es una ciudad que supone un término medio. No tiene la abundancia de León ni la racanería de Valladolid, como mínimo siempre dan un aperitivo, a veces encuentras sitios con comida en abundancia.

Siendo una villa tan grande, encontrar lugares que valga la pena destacar es similar a la gran frase del presidente Mao: Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo volver otra vez a luchar, y así hasta la victoria

En la búsqueda es bastante habitual toparse con lugares decepcionantes. Por ejemplo, en la zona de Goya, todos esos sitios llamados “Los Torreznos”, en los que no te dan ni la hora, el servicio es antipático y además te miran mal. Pero el día de ayer fue especial, porque la reina y yo salimos con Maese Rulo y su señora y esto siempre tiene que traer resultados positivos. Tanto es así que he decidido reinaugurar la “guía mitxolin”.

Saliendo derrotados de aquel lugar infame de los Torreznos, vislumbramos, iluminándose en una callejuela oscura, una tabernilla con buen aspecto. Nada más entrar recibimos el primer impacto, Chuck Berry sonando por los altavoces como primera muestra de un hilo musical de rock and roll clásico. Esto dispara las alertas a menudo y en nosotros, debo admitirlo, sucedió: “A ver si va a ser esto un lugar para modernitos”.

El lugar, detrás del Palacio de los Deportes, en la pequeña calle de Fuente del Berro, se llama “De pura cepa”. Aun siendo partidarios del cañeo (las cañas de Mahou bien tiradas son dignas de elogio), todo en aquel lugar indicaba que era oportuno decantarse por el vino. Resulta que son expertos en la materia y tienen una amplia carta, con una selección de vinos especial que van variando según la época. Con el vinito te dan una tapita no especialmente abundante, pero sí decente y de buena calidad. Acabaron cayendo unos canapés de queso brie, otros de atún con mayonesa y cebollino, un lomo ibérico que estaba pistonudo y una especie de croquetas de boletus que eran para hacerle un monumento al cocinero. Aunque ninguno en la cuadrilla éramos expertos en el tema del vino, el camarero, que era además un tipo majete, nos fue ilustrando. A un servidor le gusta ir a un sitio y ponerse en mano de los camareros, decir “ponme lo que gustes” y dejarse sorprender. Acabamos conociendo, así, que en Murcia hacen vinos decentes, tomando uno de Jumilla y otro de Yecla, a la salud, por ser de allí, del seleccionador Camacho, por ejemplo.

Total, que el sitio estaba muy bien, los vinitos muy majos, las tapas de acompañamiento muy decentes y el precio razonable. Nos marchamos del sitio y empezaba el jazz, que más se puede pedir. Por eso decido reinaugurar mi abandonada guía, porque el sitio lo merece.

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