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Pinchos de tortilla: La Catapa

Descubrimientos casuales. Son los mejores. Ir a un sitio, encontrártelo cerrado por vacaciones. El siguiente sitio igual. Maldición ¿no puedo tomarme un pincho de tortilla en ninguna parte en este puto mes de Agosto más caluroso de la historia mundial?. Y de repente ves la puerta y entras en La Catapa.

Mare de deu senyor. ¡Qué pincho! Entra muy alto en la clasificación, la verdad, tanto que voy a tener que alternar con mi sitio fijo. Que me perdonen pero teniendo esto tan cerca no queda otra, al ladito de la oficina oiga usted.

Le ponen encima un pimiento rojo. Hay otra opción sin pimiento. Va encima y no dentro, por lo que no es gran problema para los que no les guste el pimiento.

En fin, descubrimiento glorioso. Si saben de más sitios con grandes pinchos de tortilla pues me avisan, claro.

La Catapa

C/Menorca, 19

Barrio de Ibiza/Retiro (Madrid)

Metro: Ibiza o Goya

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Huevo de Avestruz en El Pobre

El pasado Martes celebramos que nuestro camarada Txiva ha terminado por fin su larga andadura en la Escuela Politécnica. Y para eso, decidió invitarnos a unos cuantos afortunados a cenar un huevo de avestruz, que lucía así:

Como veis, una paella en la que la base es el huevo de avestruz, que a saber lo que tarda en cocinarse, y encima de la clara todo lo que veis: patatas fritas, pimiento, morcilla y picadillo. ¡Lo mejor para irse a la cama!

Todo regado con ¿tres? ¿cuatro? jarras de sangría, que la hacen estupenda en el local, además de las cañas previas y una ración de oreja de aperitivo para equilibrar un poco el asunto.

El garito es el Mesón “El Pobre”, en la calle Cardenal Cisneros, 40, en el barrio de Chamberí. Esta pequeña tasca es la oficina de nuestro gran amigo y tienen cantidad de raciones muy buenas, muchos huevos estrellados, una croqueta gigante, la mencionada oreja que la hacen excelente…

¿El precio? La verdad es que ni idea, pues lo pagó el Ingeniero Cabrera. ¿Cantidad? Cenamos siete con eso.

Importante: El huevo este sólo lo hacen por encargo, avisad un par de días antes

 

Y ya saben, los mejores amigos (y los mejores enemigos, si se tercia), buena comida y algo para beber, no se puede pedir más.

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Vaya usted al bar

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, el 21 de Julio de 2010

Una de las cosas de las que me he dado cuenta en la vida es que podemos dividir a la humanidad en dos grupos fundamentales: los que no van a bares y los que vamos a bares.

Cuando hablo de bares no me refiero a afterworks. Ir a afterworks es la antítesis de ir a bares. Ir al afterwork es como ir a la nada y a la mierda a la vez. Tampoco hablamos aquí de ir a pubs a tomar copas, esto sólo podría encajar si hablamos de pubs oscuros y llenos de gente inquietante. Y creo que no hablamos de lo mismo si pensamos que ir a bares consiste en ir a sitios de raciones modernas de croquetas de boletus en La Latina, cosa que puede ser interesante gastronómicamente (y lo es, qué demonios) pero que muchas veces tiene un componente de rollo progreimbecílico supino del tipo “yo es que voy de tapas a La Latina ¿sabes? Mientras escucho a Russian Red me tomo un riojita”. Esto de “tomarse un riojita” son cosas que dicen las personas que creen ir a bares pero no lo hacen en realidad, y que “se toman un riojita” para demostrar que 1) no son tan superfluos como para tomar cañas porque son unos intelectuales del bebercio y 2) creen que saben de vino y por eso toman “riojitas” (a veces con marcas que han memorizado del tipo “pues yo me tomo un cune”) y nunca tomarían un vino de Méntrida porque ni siquiera saben que hay vino en Méntrida. En la versión 2.1 de esto, ya toman vinos de los viñedos chilenos y demás.

Pues descartemos todo eso. Cuando hablamos de ir a bares las coordenadas son muy simples. Hablamos de tabernas, tascas, tugurios y demás ralea con azulejos, boquerones en vinagre, mondadientes, camareros con camisa blanca y clientela selecta compuesta por los trabajadores del barrio. El bar, amigos, es la pieza fundamental de la existencia humana y cuando un bar existe y ha existido durante años habría que declararlo monumento nacional, protegerlo de la especulación, eximirle de pagar impuestos e incluso darle medallas de oro y diamantes si es preciso.

La importancia del bar es social, sociológica, antropológica y etnológica. También lupúlica, enológica y croquetariana, pero eso se da por supuesto. En Castilla, el bar ha sido siempre uno de los ejes sociales fundamentales. Los podríamos resumir en cuatro: el mercado, la plaza, la iglesia y la taberna. Ahora ha cambiado la cosa porque ya menos de la mitad de la gente va a misa y ya no te sientas en la plaza de tu barrio a hablar con cualquier vecino. En los mercados todavía hay cierta relación que surge en las colas, con el “quien da la vez” y las señoras que se cuelan de estrangis. Pero la taberna es el eje máximo y debería seguir siéndolo. En una taberna de tu barrio, lo más importante es pedir una caña y observar al personal. Cuando tu vas a un barrio y quieres saber como es ese barrio en cinco minutos, simplemente has de ir a una taberna. Allí verás el percal. Si se tercia, haces amigos y todo.

Es cierto, no lo podemos negar, que el bar ha sido muchas veces refugio de canallas. Del típico ser despreciable que se ponía fino a vinos, subía a su casa y le daba una paliza a la esposa. Pero el bar es también el hogar de los obreros, donde cuentas tus cosas, donde conoces camareros majos y otros perdonavidas y hablas del Atleti, también es donde ves a grandes personajes de tu barrio. Todos los que vamos a bares tenemos la experiencia de que se nos acople un crack contando anécdotas rarísimas. Todos tenemos un Jaime Robles en nuestras vidas. El bar es la piedra angular de la cultura castellana. Sin bar no habría barrio y sin barrio no habría nada.

Hacer una apología del bar es deber obligatorio. Yo tengo que estar totalmente agradecido a mis padres por llevarme al bar desde pequeño, porque eso es lo que me ha convertido en el gran prohombre de la historia que soy actualmente. Mi madre tiene un mérito especial, porque viviendo en Valencia ejerció de madrileña tabernera y se creó su propia cultura barística, aunque no fuese lo mismo porque en Valencia la cosa no funciona igual. De hecho, aunque sea sorprendente, hay pueblos del mundo en los que la taberna no juega este papel crucial que debería jugar. Hay lugares en los que las personas no entran al bar a pasar el rato, sólo entran con intenciones predefinidas del tipo “vamos a este sitio, sirven muy buenas raciones”. Entonces hay menos sitios, claro, porque no existe el bar amigo, el bar cercano, el bar que es tu casa, el bar donde puedes entrar y no hacer nada más que estar una hora con el mismo vaso y nadie pensará nada malo.

Si yo ahora tuviese una situación económica mejor, no me cabe duda, pasaría más tiempo en el bar. Porque el tiempo empleado en las tascas del barrio es siempre tiempo bien aprovechado. Desayunar en la taberna debería ser crucial para poder pasar un buen día con energías y poderes. Tomar una caña/vino/mosto al día al volver de trabajar ( o dos) debería ser algo subvencionado por el Estado.

Los que vamos a bares somos una estirpe gloriosa, pero generosa. Admitimos que se pasen a nuestro bando los que no van a bares, aunque tachamos de nuestra lista y encuadramos como traidores a los que se pasan al “afterwork”. Amigo, si usted no va al bar, vaya. Si usted no acude a la taberna, acuda. Mañana mismo, nada más levantarse, desayune en el bar. Pero no busque un sitio decorado de tal manera con no se cual música. No, entre en el lugar de la esquina de su calle, ese que hasta ahora le ha dado un miedo inexplicable y absurdo. Ese que no tiene una pizca de glamour aparente. Entre y desayune. Y durante una semana, cada vez que vaya por la calle, cada vez que vea una barra con su vitrina de raciones, cada vez que vea un local con azulejos y sus grifos de Mahou, ¡entre! Nunca es tarde para coger práctica. Vaya usted al bar, confraternice con la parroquia, comparta cañas y sea feliz con la clase obrera.

Y nunca pida ración hasta que no le hayan dado la tapa

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Tabernas: Montes de Galicia

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 11 de Marzo de 2010

Montes de Galicia

http://www.losmontesdegalicia.com/

C/Azcona, 46

Metro: Diego de León (L4, L5, L6), Ventas (L2, L5)

El tapeo es un arte selecto que sólo se ejerce medianamente bien en algunas provincias. La amenaza más grave que recibe es la de la falsa promoción. Ahora Ferrán Adriá, de tanto en tanto, habla de las tapas, pero ¿qué sabe de las tapas? En realidad no tiene ni idea, porque es catalán y en Cataluña no hay tapas. Así que dice que la tapa es revolucionaria porque consiste en “comer de pie”. El vocero gastronómico del estado, elegido por no se sabe quien, dice esto y se queda tranquilo. Otros voceros gastronómicos del estado son cocineros vascos. Los vascos comen muy bien y saben más de tabernas (herriko o no) que los catalanes, pero el arte vasco gira en torno al “pintxo” y el “pintxo” no es una tapa. El “pintxo” es cocina en miniatura en general de gran calidad y sabor, ir de “pintxos” es un placer gastronómico inigualable, pero no es ir de tapas.

Lo que sucede es que los cocineros de vanguardia se ponen de moda y la moda la siguen los modernos. En Madrid también hay modernos que abren las puertas de locales repulsivos pero como siguen a la moda y quieren estar a la altura de los popes de la gastronomía, ser creativos y demás, abren tabernas en las que no dan tapas. Si acaso algún artículo de suplemento de tendencias de los viernes les alabará la gracia diciendo que han superado a los locales de toda la vida sin chispa ni diseño super chulo. Así nos encontramos con que en barrios tan castizos como Lavapiés o Malasaña, al ser barrios llenos de modernos, es tarea harto complicada encontrar locales de tapas medio decentes. Eso sí, pizarras super guays con cartas de vinos muy completas. Pero hundiendo a la taberna madrileña, o intentándolo. Prueba a tomar cañas por la Gran Vía, la calle de Madrid en la que no hay nada madrileño más que un par de tiendas de ropa o pieles antiguas.

¿En qué consiste el buen tapeo? Lo primero, la tapa es gratis. Si no es gratis, no es tapa. Hay cosas que son como son y lo que no es así sale de lo que decidimos los talibanes. Los talibanes podemos ser muy chungos con esto. Habrá lugares en los que llamen “tapa” a cosas que no son gratis y sus lugareños dirán que “en mi pueblo esto siempre se ha llamado tapa y lo hemos pagado”. Lo lamento profundamente, pero en tu pueblo no dan tapas.

Siendo la tapa gratis, lo que le pedimos para encumbrar a un local es cantidad, calidad, variedad y buen precio de la caña. Evidentemente hay un escalón básico que debemos agradecer siempre, es el clásico canapé con chorizo o las cuatro patatas all-i-oli con dos palillos. Bien, es un punto donde comenzar y al menos salvas la honra con eso. Cacahuetes u olivas, sin más, insultan a nuestra inteligencia. Si queremos poner una taberna en el olimpo, evidentemente me tiene que dar tapa con la caña, pero además la cantidad debe ser significativa. Que pueda cenar a base de tapas es básico. Lo segundo que pedimos para alzarse en el podio es cantidad. Conocemos locales de tapas de gran cantidad e ínfima calidad y les reconocemos su mérito, pero para aspirar a lo más alto dame calidad. Lo tercero es la variedad, porque si pido caña y me sacas siempre la misma tapa, al final me canso. Sorpréndeme, dame una, dame otra, con cada caña una sorpresa. Y por supuesto, no me hagas trampa, la cerveza no debería valer más de 70 céntimos por si sola. Si me la cobras a 1’20 entiendo que me vas a dar tapa y lo celebro. Si me cobras ya a 2 euros, a no ser que hablemos de grandes jarras, no te excuses.

¿Existen en Madrid locales de tapas decentes? Existen unos cuantos de los que podemos hablar por aquí y que difundiremos. Tener una estrella mitxolín es ya señal de que en ese local por lo menos te darán algo . Tener dos es buena señal, seguro que destacan en algo, o bien en cantidad, o bien en calidad, o bien en lo que sea menester. Tener tres estrellas mitxolín significa ser la caña más absoluta, calidad, cantidad, buen precio, variedad, todo lo que le pides a un bar. Pero ¿cuántos bares existen que merezcan tal reconocimiento? ¿Cuántas tabernas merecen su entrada en el salón de la fama? No demasiadas, pero las hay. Y cuando las encuentras y te das cuenta del hallazgo vale la pena todo el esfuerzo, es para llorar de alegría.

Uno de estos locales es el “Montes de Galicia”. En la calle Azcona, podemos decir con toda tranquilidad que hasta que no se demuestre lo contrario estamos hablando del mejor bar de La Guindalera y de los mejores de Madrid. Ahí es nada. Esto es lo que nos pusieron de tapa con UNA caña:

Un revuelto sensacional y estos canapés tan ricos. En la segunda tapa un plato de magro de cerdo de tamaño significativo. El precio de las cañas está dentro de lo normal, 1’20 si no recuerdo mal. De este lugar con un par de cañas puedes salir cenado. El camarero, Ángel, es atento, simpático y del Atleti, cosa que también hay que mencionar.

Nos atrevimos a probar también las raciones (las raciones sí se pagan, la tapa no) aunque no fuese necesario. Probamos croquetas de boletus y jamón y una tosta de gulas con gambas y all-i-oli, todo estupendo.

El veredicto no puede ser más favorable para este local. Repito, es probablemente el mejor bar de La Guindalera y de los mejores de Madrid. Animo a todos los de la zona a que se metan en la pelea, porque yo de momento no tengo dudas, si alguien me pregunta por un local en el barrio este es uno de los imprescindibles. Lo único que pido es que no sucumba por el éxito. Hay muchos locales que ganan fama, se llenan y al final acaban perdiendo potencial. Lo difícil es mantenerse, pero confío en que este local pueda hacerlo.

Ah, además tienen restaurante y dicen que muy bueno, y otro local en Barrio del Pilar

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Tabernas: Marisquería Luis

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 2 de Diciembre de 2009

Marisquería Luis

C/Alonso Heredia, 25

Metro: Diego de León (L4, L5, L6)

Vamos hoy con uno de los clásicos del barrio de La Guindalera, la marisquería Luis, una taberna que lleva aquí toda la vida y parte de la anterior.

En el mundo de los bares madrileños podemos establecer una clara división entre bares sin tapa y bares con tapa. Los bares sin tapa son los menos y se caracterizan por tener una clientela 1)guiri 2)progre 3)snob, o sea que son de vergüenza ajena y sacacuartos para flipadillos. Lo decía un amigo de mi padre, que ahora la gastronomía se ha puesto de moda, pero que moda, la peor, con esas críticas en las que hablan más del diseño del local que de la comida en sí misma. Qué manera de mandar a fer la má a toda nuestra tradición gastronómica. Yo, que soy un poco madrileño pero también un poco valenciano debo advertir que la destapificación es un fenómeno horrible… y a Valencia me remito, ciudad maravillosa en la que no ponen tapa en ningún sitio. Luego están los bares con tapa. Por un lado están los bares de tapa insultante, que son esos en los que te dan unos panchitos o unas olivas. Luego están los de tapa básica, en los que te dan el clásico canapé con salchichón y a partir de ahí sube y sube.

Bueno, pues la Marisquería Luis es un bar de tapa un poco por encima de la básica. Tienes tapa garantizada, que se mueve entre los clásicos. Como buen bar de barrio, es de estos en los que la primera tapa es menor que la segunda y esta menor que la tercera y todo va en aumento conforme avance tu resistencia cañera. Dos rondas nos tomamos, la primera vino acompañada por patatas all-i-oli y la segunda por dos señores trozos de tortilla guisada. Cantidad decente y calidad buena.

Además de tapas, que es lo primero y principal que debe tener cualquier tasca de la ciudad, tienen una elevada cantidad de raciones de marisco a disposición del cliente. Lo básico y más popular son las roscas de gambas. Seis euros por un plato de gambas importante echas a la plancha. Tienen también restaurante, siendo su plato más célebre el arroz con bogavante. Un día lo probaré y ya veremos qué tal, porque es necesario que alguien tome referencias. Mis abuelos fueron con su pandi y no se pudieron tomar el arroz porque se desmayó la Tía Tile, ahí es nada.

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Tabernas: Chigre El Campero

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 10 de Agosto de 2009

Chigre “El Campero”

C/Pilar de Zaragoza, 69

Metro: Diego de León (L4, L5, L6)

Después de tener unos meses abandonada esta guía gastronómica gourmet (me prometí poner al menos una reseña al mes  y llevo cuatro sin poner…) vuelvo con uno de los locales que pega fuerte en mi barrio. Está en la calle Pilar de Zaragoza, que no es la calle más concurrida de la zona, y los viernes y sábado está lleno hasta la bandera. Garito en calle no principal lleno de vecinos = éxito seguro.

El local se llama Chigre “El Campero”, que no “El chigre campero” (como lo llama casi todo el mundo), siendo chigre la palabra asturiana para taberna, tasca o como queramos llamarlo. Se imaginarán con esta explicación que el lugar es un asturiano, sí, aunque es peculiar.

De entrada mola, porque por la decoración que tiene (radios antiguas, techo de madera) parece un bar de pueblo del norte. Es un local bien grande, en realidad son dos locales anexionados, con su barra y una zona de mesas. Además tiene un sótano en el que creo que había futbolín (ahí sólo he estado de pasada) (por cierto, reivindico el futbolín para todos los bares que abran, deberían hacerlo obligatorio o si no fuera licencia). Las paredes están llenas de parafernalia astur, la bandera se repite en todos los paneles. Hay que reconocer a los asturianos su gran aporte a Madrid en lo que se refiere a las tabernas, porque hay unas cuantas, muy nacionales todas y todas buenas.

Tiene una selección musical que acojona, porque lo mismo te ponen una ópera que un hiphop pasando por grandes éxitos yeyes, los números uno de los Cuarenta, o clásicas canciones de amor, del tipo “Como yo te amo nadie te amará”.

¿Y por qué pongo todo esto? Porque estoy hasta las narices de que en el OnMadrid y todos esos suplementos se pasen juzgando la calidad del local porque un decorador pijo se lo ha adecentado o porque tienen un pinchadiscos fijo, claro, luego te ponen unas raciones de mierda y te roban la cartera, y como más de la mitad de los madrileños son tontos del culo, pues allí que van.

Dicho esto, vamos a lo que importa: el comercio y el bebercio. De bebercio, una cosa sin duda destacable es que ponen cañas a ¡0’70!. Además son cañas de Alhambra, que es mejor que la Mahou (aunque menos entrañable). Venden también botijos, que ya se encuentran en pocas partes, lo que hace de este sitio un gran lugar para nostálgicos. Por supuesto, dada su condición de asturiano, no falta la sidra, habiendo de grifo o en botella, que te la dan con el mítico pitorrillo para los que no saben escanciar, que son la mayoría.

De comercio: siendo honestos, su punto negativo es que no dan tapas más allá de unas olivas con cebollitas en vinagre. Esto sin duda, siendo Madrid, es casi un pecado mortal. Por suerte se compensa esto con lo baratas que son las cañas y las raciones. Teniendo en cuenta que la caña está a 0’70 y no 1’20 como en todas partes, casi entiendo que no den más que las aceitunas, compensa lo uno por lo otro. De raciones, las clásicas de los asturianos, como patatas al cabrales, a 3 euros un buen plato. Y huevos estrellados en cazuelitas a unos 7 euros, de muy buen tamaño. También chorizo a la sidra, el típico, el que nunca falla. No sólo de raciones vive el hombre, también se pueden comer carnes muy variadas y pollo de corral, todavía no hemos probado nada de esto pero sí lo hemos visto y al menos por aspecto y olfato tienen una pinta sensacional.

Es este un gran lugar para niños y mayores, un sitio sobretodo para ir a tomar raciones con los amigos por un muy buen precio

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Tabernas: De pura cepa

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 17 de Febrero de 2009

De pura cepa

C/Fuente del Berro, 31

Metro: Goya (L2, L4)

En términos de tapas, siendo honestos, Madrid es una ciudad que supone un término medio. No tiene la abundancia de León ni la racanería de Valladolid, como mínimo siempre dan un aperitivo, a veces encuentras sitios con comida en abundancia.

Siendo una villa tan grande, encontrar lugares que valga la pena destacar es similar a la gran frase del presidente Mao: Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo volver otra vez a luchar, y así hasta la victoria

En la búsqueda es bastante habitual toparse con lugares decepcionantes. Por ejemplo, en la zona de Goya, todos esos sitios llamados “Los Torreznos”, en los que no te dan ni la hora, el servicio es antipático y además te miran mal. Pero el día de ayer fue especial, porque la reina y yo salimos con Maese Rulo y su señora y esto siempre tiene que traer resultados positivos. Tanto es así que he decidido reinaugurar la “guía mitxolin”.

Saliendo derrotados de aquel lugar infame de los Torreznos, vislumbramos, iluminándose en una callejuela oscura, una tabernilla con buen aspecto. Nada más entrar recibimos el primer impacto, Chuck Berry sonando por los altavoces como primera muestra de un hilo musical de rock and roll clásico. Esto dispara las alertas a menudo y en nosotros, debo admitirlo, sucedió: “A ver si va a ser esto un lugar para modernitos”.

El lugar, detrás del Palacio de los Deportes, en la pequeña calle de Fuente del Berro, se llama “De pura cepa”. Aun siendo partidarios del cañeo (las cañas de Mahou bien tiradas son dignas de elogio), todo en aquel lugar indicaba que era oportuno decantarse por el vino. Resulta que son expertos en la materia y tienen una amplia carta, con una selección de vinos especial que van variando según la época. Con el vinito te dan una tapita no especialmente abundante, pero sí decente y de buena calidad. Acabaron cayendo unos canapés de queso brie, otros de atún con mayonesa y cebollino, un lomo ibérico que estaba pistonudo y una especie de croquetas de boletus que eran para hacerle un monumento al cocinero. Aunque ninguno en la cuadrilla éramos expertos en el tema del vino, el camarero, que era además un tipo majete, nos fue ilustrando. A un servidor le gusta ir a un sitio y ponerse en mano de los camareros, decir “ponme lo que gustes” y dejarse sorprender. Acabamos conociendo, así, que en Murcia hacen vinos decentes, tomando uno de Jumilla y otro de Yecla, a la salud, por ser de allí, del seleccionador Camacho, por ejemplo.

Total, que el sitio estaba muy bien, los vinitos muy majos, las tapas de acompañamiento muy decentes y el precio razonable. Nos marchamos del sitio y empezaba el jazz, que más se puede pedir. Por eso decido reinaugurar mi abandonada guía, porque el sitio lo merece.

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La sidrería Corripio

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 3 de Enero de 2009

La sidería Corripio es un lugar que ya no existe, más allá de mi cabeza. Antes existió físicamente y a veces sueño con que vuelve a aparecer en su sitio.

Aquel lugar estaba en la calle Fuencarral 102, llegando a la Glorieta de Bilbao. Llevaba ahí casi desde que el mundo era mundo. Tenía algo que pocos sitios en el mundo podían tener y es que todos mis abuelos la conocían. Esto es algo complejo dada la dispersión geográfica de mis antepasados. Se da que uno de mis abuelos, de antepasados valencianos y afrocubanos (ahí es nada) se crió en Madrid en la calle Fuencarral. Recuerda que uno de los hermanos que llevaban el local era ciego y se encargaba de dar las vueltas del dinero. Engañarle era imposible. Mi abuela, su mujer, gata de pura cepa, o casi, recuerda Corripio allí desde siempre. Mi otro abuelo, el cántabro, según cuentan pasaba por allí de tanto en tanto y así lo recuerda mi abuela la valenciana, ya que durante muchos años vivieron en Madrid. Por eso mis tíos, todos, recuerdan Corripio y así lo recuerdan mis padres.

Era un lugar con baldosas blancas y muchas placas en la pared con refranes. Tenía una gran barra, bocadillos de tortilla y unos grandes barriles de sidra. En una estantería tenía licores de todos los tipos, de bellota, de guinda, de avellana. La especialidad de la casa era la empanada de chorizo. Recién estrenado el euro un vaso de sidra y un trozo de empanada costaban apenas 1’50.

Un día fuimos y estaba cerrado. Volvimos más tarde y seguía cerrado. Poco después abrieron un local de estos para progres gafapasta modernukis, de estos que se merecen el fusilamiento inmediato sin juicio alguno ni instrucción siquiera. Con musiquita chunti chunti de esta chill out y un mundo de multicolor.

¿Por qué cerró Corripio? No lo se, aunque me lo imagino. Se abre un negocio familiar que permanece un centenar de años hasta que ya nadie se quiere ocupar de él. O quizá el hecho de estar en la calle Fuencarral hace que alguna cadena ofrezca una cifra astronómica y el dueño, cansado, venda. O quizá las dos cosas se combinen, no sé.

Lo cierto es que en Madrid, sin Corripio, salimos perdiendo. Y sin tantos otros lugares que llevaban ahí décadas e incluso siglos y que van sucumbiendo ante el mundo moderno, las cadenas de esto y de lo otro. Una ciudad tiene personalidad por su vida en la calle y por sus lugares típicos. La ausencia de estos elementos y la invasión de cadenas hacen que la ciudad se haga anodina, pierda sus rasgos característicos y se haga todo homogéneo. Ya casi da igual estar en Barcelona que en Madrid, en Roma o en Nueva York, porque encontramos en las mismas calles las mismas cosas y dan ganas de vomitar.

Si el dueño ha cerrado el local, por algo será, claro. Pero mi tesis es que los madrileños debemos defender estos locales. Las tabernas centenarias o esas tiendas de barrio que estuvieron ahí siempre. Muchas veces, además, se pierden oficios tradicionales de tremenda utilidad que simplemente nadie quiere retomar y estamos escuchando “ya no se hacen las cosas como antes”. Llega un punto en el que estos establecimientos forman parte de la ciudad, forman parte de la vida de todos y aunque pertenecen a un dueño singural, en realidad nos pertenecen un poco a todos. Por eso me pregunto si las autoridades municipales han pensado alguna vez en defender estos lugares característicos.

A mi me consta que hay un café en Buenos Aires llamado “Café Tortoni” que está declarado Patrimonio Histórico de la Ciudad. En la ciudad de Nantes en Francia vimos un restaurante llamado “Cigalle” que era también patrimonio nacional. Protegido. Para siempre. Su presencia durante tanto tiempo, su constancia, hizo que estos lugares se considerasen un poco de todos y las autoridades se preocupasen de defenderlos, para defender la vida de la ciudad, lo característico, para seguir teniendo ciudades genuinas y no multinacionales absurdas.

Si yo fuera alcalde… he pensado muchas veces, haría algo relativamente sencillo. Premiaría la continuidad y la constancia, para fomentar a los familiares a que continúen el negocio, dando ventajas variadas (fiscales, pero también algunos privilegios de horarios y demás) a aquellos locales con más de 25 años de historia, aumentando dichas ventajas a partir de los 50, ofreciendo ayudas públicas y coparticipación a partir de los 75 y declarando patrimonio histórico de la villa de Madrid a aquellos locales centenarios, fomentando que se aprenda el oficio y que pase de mano en mano. Al botarate del alcalde le dejo mi propuesta en bandeja y si la aplica prometo no votarle pero tampoco llamarle botarate en un plazo de tres años. Y al que la haga, un beso en la oreja por ser tan majo.

Cada vez que un Corripio cierra sus puertas, Madrid pierde personalidad. Y cuando abre sus puertas un localito de estos de moda, a mi me escuece la sangre.

(las fotos las he sacado de esta cuenta de flickr de Scrumpyboy. No le conozco, pero le doy las gracias desde aquí por haber sacado estas fotos de este lugar que forma parte de la historia de nuestra ciudad)

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Amigos que venís de fuera

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 30 de Diciembre de 2008

Este blog nació con vocación internacional y así permanece debido al paseo que nos dimos por el planeta.

Desde estas páginas, quería escribir un mensaje dirigido a los amigos del mundo que vienen a visitar Madrid.

Amigos que venís de fuera:

De sobra sabéis lo rebienvenidos que sois en esta nuestra ciudad. Pero una cosita os queríamos pedir. Cuando vengáis a Madrid y visitéis una taberna, al pedir la caña haced el favor de no pedir una ración ipso facto. Yo sé que lo habéis leído en guías de viaje escritas con menos de dos dedos de frente y creéis que debe hacerse así. Pero amigas y amigos, una tapa no es una ración. Si vais de tapas, debéis ser pacientes.

Aquí las cosas funcionan de otra forma. Desde tiempos inmemoriales, desde que el mundo es mundo el supremo hacedor de la tierra honró a nuestro pueblo con las tabernas castellanas. En que esta creación es un milagro tan antiguo como la tierra coinciden todas las religiones e incluso varios catedráticos de astrofísica. En estas tabernas reina tradicionalmente un espíritu de amistad y solidaridad, por eso, al pedir una caña hemos sido honrados a lo largo de los siglos con la tapita de rigor, cortesía de la casa.

Los taberneros son buenas personas, sí, pero corruptibles, ¡angelitos!. Por eso, cuando pedís con tanta celeridad una ración, despertáis en su mente el pecado de la avaricia y les incitáis, pidiendo la ración, a que dejen de poner la cortés tapita de la casa.

Paciencia es lo que os hace falta. Vosotros pedid vuestras cañitas. Cuando vuestro estómago ansioso empiece a dictaros órdenes insensatas, ¡contenéos! Contad hasta cien con los ojos cerrados. Abrid los ojos y tendréis vuestra tapita. Ahí es el momento, desataos, pedid albóndigas, croquetas, una de bravas, desnudaos si es lo que os apetece, haced lo que os venga en gana, pero siempre después de practicar la contención y recibir como recompensa ese platito hermoso y preciado que os regala el tabernero.

Amigos que venís de fuera, yo sé que algunos sois de esas provincias hostiles del norte de Castilla antihospitalarias, otros de la costa del Levante, incluso algunos de los Estados Federados de la Micronesia y, en fin, de todos los confines del planeta e incluso de la galaxia. Sé que no actuáis con maldad, sino con ignorancia respecto a nuestras costumbres. Por eso es necesario este aviso. Porque cada vez que os ofuscáis y pedís raciones impacientemente, hacéis la vida de las madrileñas y los madrileños más infeliz. Y cada vez que lo hacéis, además, muere un gatito.

Si no es por nosotros, que quizá os caigamos mal, hacedlo por los gatitos

(es un mensaje patrocinado por el Ministerio Popular de Usuarios de Tabernas de Madrid )

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Tabernas: “El Frascas” (Vinos Sagasta)

Publicado originalmente en Guaschibo, 4 de Enero de 2006

Vinos Sagasta, “El Frascas”

Calle Sagasta, 2

Metro Bilbao (L1 – L4)

Toca hablarles de uno de mis favoritos del mundo mundial, que no es otro que “El Frascas”. Así es como lo llamamos mis compinches y yo, aunque en el letrero sólo pone “Vinos” “Sagasta 2”, y un diploma relativo a otros menesteres va a nombre de “Vinos Sagasta”… sea como sea, para mi es “El Frascas”.

Se trata de un local de sabor tradicional, que lleva ni se sabe cuantos años ahí situado, en la Calle Sagasta prácticamente esquina con la Glorieta de Bilbao (al lado de la óptica). Las paredes recubiertas de azulejos, cuatro pequeñas mesas y los clásicos “Si bebes para olvidar, paga antes de empezar”…

Es un clásico de la zona que tiene su popularidad más que merecida. El apartado de bebidas es el más cañí, con frascas de Vino Valdepeñas o Vino con Limón (12 euros, dan para unos 9 ó 10 vasos…). También es de esos locales donde sirven vermouth y por supuesto las clásicas cañas.

En el apartado de comidas tiene una serie de raciones que tienen una pinta estupenda y según me han contado, también son muy sabrosas. Nunca las he pedido por lo que no les voy a vender la burra, pero visualmente son atractivas, el precio lo he visto escrito y la cantidad también, así que tienen una buena proporción.

Las tapas son sencillas pero potentes. Con una frasca ponen en torno a 10 canapés variados de salchichón, chorizo, sobrasada y queso cabrales, así que montándoselo bien uno puede cenar fácilmente sin necesidad de pedir comida extra a parte de las tapas. También surgen de vez en cuando las clásicas banderillas, cuando caen suele ser una muy buena cantidad.

El dueño es el tipo más amable que te puedes encontrar, sin duda de los más amables de la hostelería madrileña. Un hostelero de los de antes, nada sofisticado pero amable, conocedor de los gustos de sus clientes y siempre con buenos gestos.

La tradicionalidad del local es sin duda otro punto a su favor, en un Madrid que cada vez más se ve invadido por locales de “tapas de diseño”.

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