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Kokoro, otro japonés en Madrid

Esta historia fue más o menos así. Empezamos a ir a restaurantes para cenar porque nos dio el punto, cosa que no es nada habitual dada nuestra semi-ruina permanente, y cada vez que íbamos a uno estaba lleno (¡maldita crisis!) Pasamos de La Guinda a La Prospe visitando varios y todos hasta las trancas y al final fuimos a territorio salvaje, al Barrio Salamanca, y encontramos este japonés llamado Kokoro.

Ahora con los móviles 3G uno puede mirar referencias y eso cambia mucho el cuento porque no vas tan a ciegas, aunque al final lo de las referencias siempre es ir fiándote de desconocidos que ponen cosas en Internet como esto y a lo mejor tienen intenciones perniciosas cual Kun Agüero y te la están jugando. Quien sabe.

El caso es que fuimos a este pequeño local situado en la calle Ramón Gómez de la Serna y nos llevamos una grata sorpresa.

Aquí, un par de platos de los que comimos. Lo primero es unagi con arroz

Lo segundo es  sushi variado

 

Además tomamos una ensalada de algas que nos olvidamos de fotografiar porque después de tanto tumbo buscando sitio para cenar nos lanzamos como animales.

De beber tomamos agua porque no nos parecía que hubiese nada más interesante, las típicas Sapporo falsas y vinos.

Lo chungo, como siempre, el precio. El sabor y la calidad, altísimos, pero el precio de los japoneses suele matar y no hace justicia a la gastronomía japonesa real. En Japón por tres euros comías en la calle buenos platos de ramen y muchos bentos y en un kaiten sushi (estos lugares donde van pasándote los platos por delante) te podías poner fino por 10 euros con sushi de alta calidad. Aquí se pone todo en más del doble por cabeza, ni que trajesen el pescado importado desde Japón, no me jorobes.

Voto desde aquí por restaurantes japoneses donde haya japoneses que controlen el cotarro y sean los japoneses los que fijen los precios japoneses de la comida. En Japón sólo en los izikaya y en determinados sitios era caro comer, pero aquí se da la imagen de que comida japonesa = comida cara y si pensamos que sólo el wasabi y las algas son difíciles de encontrar pero el resto son pescados que hay en cualquier pescadería, los precios son totalmente injustificados.

¡Ojo! Esto que digo no se aplica sólo al Kokoro, que es un sitio de excepcional calidad, sino que es un problema de todos los japoneses de Madrid

 

Kokoro

C/D. Ramón de la Cruz, 72 , Bº Salamanca, Madrid

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Itacho Sushi


La calle de la Botánica, en la parte vieja de La Guindalera, es una de esas calles que nadie sabe para que vale. Es más como un pequeño callejón entre Pilar de Zaragoza y Andrés Tamayo que sólo sirve para eso, para ir de una calle a otra. Hubo un antiguo restaurante, “La Ronda”, cosa que sabemos porque el local permanecía cerrado y porque en Pilar de Zaragoza hay un cartel con una flecha indicando “Restaurante La Ronda”, que indicaba tiempos mejores. Este local no tenía ninguna señal, ni “se alquila” ni “se vende” ni nada, parecía totalmente abandonado a su suerte. Como todo lo que va hacia Andrés Tamayo, donde todavía hay una especie de cuadra abandonada. Así es nuestro barrio, una especie de pueblo urbano con un pasado bucólico.

El caso es que un día vimos que había abierto un establecimiento llamado “Itacho Sushi” y en seguida se nos activó la señal mental, esa que repite “HAY-QUE-IR-A-PROBAR” insistentemente. Restaurante nuevo, visita asegurada, cueste lo que cueste.

Siempre queda el temor con estos lugares de rápida apertura de que sea un “chino encubierto”. Y que nadie nos entienda mal, somos los primeros que comen comida china. Pero los chinos, que son bastante listos, han visto en el sushi un filón y ahora se abren muchos “pseudojapos” con sushi mal hecho y rollitos de primavera, woks con algo de sushi y tema panasiático. Esto pone a cualquiera a la defensiva, porque muchas veces tienen los chinos esa rara habilidad de coger algo que mola y “encutrecerlo”. Hay que tener en cuenta también que puede haber ciudadanos chinos muy competentes que verdaderamente quieren hacer bien las cosas y , qué demonios, si un castellano puede haber buena comida asiática, ¿por qué no un chino? Es el caso del K-Zen, en la C/O’Donnell. Pues bien, lo primero que hay que indicar es que en este “Itacho” son de Shanghai. Pero lo segundo que hay que indicar es que hacen una carta estrictamente japonesa, sin cosas especialmente novedosas, moviéndose dentro de lo básico, pero competente. Se puede cenar bien por 15€ por cabeza y tienen una oferta de menús variados que van en “bentos” que te pueden resolver la cena. Nosotros nos pedimos uno de estos “bentos” y un poco más de sushi variado para completar.

Tienen las típicas cervezas japonesas, la Asahi y la Sapporo, y varios sakes que por esta vez no probamos pero que probaremos.

Siempre es un gusto que en nuestro barrio aparezcan locales interesantes.

Pues eso, Itacho Sushi, en la calle de la Botánica, sin número, La Guindalera, Madrid, el universo.

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Carta desde Kamo Aosa

Publicado originalmente en Camino a casa, 1 de Junio de 2006

Queridas amiguitas

Finalmente abandonamos la preciosa isla de Hokkaido y dimos el salto a la de Honshu, que esla isla principal de Japon, donde estan las grandes ciudades.

El transito fue sencillo, fuimos a la terminal de ferry en Hakodate y esperamos unas horas a que saliese el siguiente ferry. En la espera estuvimos viendo el beisbol. Les encanta el beisbol a estos japoneses. Yo ya le he cogido la dinamica, pero me parece un juego bastante aburrido. Hasta que pasa algo interesante pierdes media vida. Y eso cuando pasa. Un ‘home run’ de esos que hacen es impresionante, pero en el fondo mandan la pelota fuera, recorren todas las bases i prou.

El barco en el que viajamos era mas pequenio y discreto que aquel con el que entramos en Hokkaido. Pero seguia teniendo su rollito tatami en el que tumbarte. En Japon da gusto tumbarse en el suelo.

Al llegar a la ciudad de Aomori, nos recogio Chris, nuestro siguiente anfitrion. Como no, English teacher. Lo primero que hizo fue llevarnos a su clase para adultos, que era basicamente de conversacion. Se juntan ahi y Chris les pregunta sobre lo que han hecho en la semana y les va corrigiendo cuando meten gambas. Habia niveles de todo tipo. Chris decidio que seria mas ameno si dabamos la clase en un izikaya, asi que alli fuimos. Era un restaurante muy curioso porque todas las mesas tenian compartimentos privados, de manera que no veias a nadie mas. Habia un boton para llamar a los camareros, cuando lo pulsabas aparecian, se inclinaba y te preguntaban de carrerilla que querias. En cinco minutos lo tenias servido. Lo malo es que fue algo caro, y es que en Japon es dificil limitarse al presupuesto.

Chris vivia en una casa de dos pisos solo para el, cesion del gobierno nipon mientras trabaje como profesor. Una casa en medio de un arrozal, muy comoda y muy tranquila. El futon en el que dormiamos era la mar de comodo.

Una de las alumnas de Chris, Kyoko, nos ofrecio invitarnos a su casa a tomar el te al estilo japones. Por supuesto, aceptamos la invitacion. Kyoko tenia un nivel de ingles muy elemental, pero se esforzaba mucho por aprender e intentaba siempre hablar de todo tipo de cosas. Nos llevo en coche a la casa y nos quedamos asombrados. Un enorme jardin japones con riachuelo y pececitos fue lo primero que vimos. Desde el jardin entras por un huequecillo a la sala del te, una salita pequenia en la que hay que entrar de rodillas y hacer varias inclinaciones. Por lo visto es asi en todas partes y la regla es que aunque seas el emperador tienes que agacharte al entrar a tomar el te en casa de cualquiera.

En el interior, la casa de Kyoko seguia siendo impresionante. Habitaciones con tatamis y puertas corredizas, altares budistas… Kyoko nos presento a su nonagenaria madre, una mujer muy sonriente. Me contaron que la madre,debido a los achaques de la edad, no podia moverse mucho por su cuenta y pasaba mucho tiempo en casa haciendo sudokus. Yo le dije que mi abuela en Valencia tambien tenia la misma situacion, asi que me regalo un libro de sudokus y un boli de tinta especial para que se entretuviera. Lo tendre que hacer llegar en el proximo envio.

La tarde de aquel mismo dia, Chris decidio llevarnos con el a sus clases de ceramica a casa de su sensei. Este sensei era por lo visto una celebridad en la materia y tenia un cason enorme. Le gustaba darle al sake que no veas. De ceramica yo no entiendo demasiado, aunque el me alabo la extraordinaria ceramica toledana. Despues de las clases nos invito a cenar en el jardin en una pequenia parrilla que se habia instalado, en la que hizo varios pescaditos y verduras. El sake corrio en grandes cantidades. El sensei estaba empeniado en que le hablasemos de arte de nuestra tierra, yo no soy un gran experto pero me defendi bien y le conte un poco acerca de las intoxicaciones de Goya, tema que le intereso profundamente.

En nuestro ultimo dia en Aomori, Chris nos ofrecio a ir con el al instituto a sus clases de ingles. Fue una gran experiencia. Dimos clase a dos cursos distintos, que vendrian a ser el equivalente a COU y a 2 de BUP. Basicamente en las dos clases nos presentabamos y les contabamos nuestro viaje, ellos decian ‘oooohh’ y se reian. Luego nos hacian preguntas que les parecieran interesantes. Les gusto mucho hablar sobre la siesta (aqui eso es algo que no se da), sobre los toros, sobre Raul, Torres y Casillas… tambien nos preguntaron sobre que mangas eran famosos alli. Tampoco es mi materia, pero me limite a relatarles los mangas de la tele mas celebres y quedaron muy contentos. Fue una gran experiencia, yo lo pase en grande y nos echamos muchas risas. Que curioso estar en el lado del profesor, controlando a los chavales.

Ese mismo dia fue el reto del sushi. El dia anterior habiamos comido sushi y habia una foto de un chico en la que ponia ’53′. Eso significaba que ese chico habia comido 53 platos de sushi, 106 piezas en total. Si lo superabas, era gratis. Con mi experiencia en bufets libres, barbacoas, Bonar, Casa de las Tortillas y Guarro de Vallekas, pense que seria capaz de superarlo. Asi que nos emplazamos al dia siguiente para intentarlo. Llame a mi sensei de la comida, la persona que conozco que mas puede comer, cuya identidad preservo para no hacerle famoso, y recibi varios consejos. Al dia siguiente lo intente, pero sucumbi en 28. Cuando llegue a esa cifra, pense que sin problemas podria llegar a 35 o incluso superar esa cifra, pero no llegar mucho mas alla. Asi que como ya no me iba a salir gratis y al record no llegaba ni de broma, decidi frenar.

Haciendo un analisis, basicamente tuve dos errores. Con mi maestro habiamos hablado de que seria interesante hacer un arranque potente porque luego el ritmo bajaria seguro. Pero quiza lo hice demasiado potente. Habia que evitar el agua para llenarse menos, y tambien cosas saladas para no beber mucho. Por eso rechace poner soja en el sushi. Creo que tenia que haber buscado un termino medio, porque sin la soja todo estaba demasiado seco y era mas dificil tragar y mas incomodo. Estos son los errores por mi parte. Probablemente, con estos errores hubiese perdido de todas formas. Pero creo honestamente que un trozo de atun estaba en mal estado. En cuanto lo comi note algo raro, lo senti mal y a partir de ahi ya empece a estar muy incomodo. En fin, reto no superado, aunque es mi reto personal.

Nuestra ultima noche en Aomori la pasamos en uno de los celebres karaokes. En nuestros karaokes, hay un gran espacio en el que cantas ante todo el bar. En los karaokes japoneses tienes un espacio privado para ir con tus amigos. Pagas una cantidad inicial y con eso tienes barra libre de canciones y bebida por un plazo de dos horas. Pasamos un rato bastante ameno, yo me centre basicamente en los Ramones y los Sex Pistols (bueno y Las Ketchup y France Gall) y creo que en el Blitzkrieg Bop di la talla medianamente bien (bueno y en el Asereje).

Asi nos despedimos de Chris, una persona excepcional a la que le vamos a estar siempre agradecidos por su genial trato.

De Aomori salimos temprano hacia nuestro siguiente destino, la ciudad de Kamo Aosa. El inicio del autostop fue algo complejo, tardo en frenar el primer coche. Aunque cuando freno, nos llevamos desayuno como regalo de los hombres de negocios que nos hicieron el tramo. En el siguiente pueblo esperamos un rato y nos recogio un joven viajante que trabajaba vendiendo kimonos y material para los templos por el norte de Japon. Nos iba a llevar al pueblo de Odate, eso era lo acordado. Le dijimos al chico que si nos podia acercar a algun cajero, porque nos estabamos quedando sin dinero suelto. Asi que nos pusimos a buscar. Buscabamos, buscabamos y nada. Japon es la sociedad del dinero suelto, casi nadie tiene tarjetas de credito, todos llevan inmensas cantidades de dinero suelto encima. Claro, aqui no roban. Encontrar un cajero es una odisea y cuando lo haces, reza porque acepte tu tarjeta. Una sociedad sin bancos en el fondo es algo bastante interesante, pero cuando sabes que tienes dinero pero no puedes gastar porque no encuentras un cajero, te pones nervioso. Total, que este buen hombre decidio llevarnos hasta el siguiente pueblo a buscar cajero. Tiramos hacia delante y nada, no habia. El tipo queria llevarnos de pueblo en pueblo a buscar cajero, pero ya nos supo mal y le dijimos que por favor que volviese a su trabajo. Al final nos regalo dos amuletos.

Llamamos a nuestros siguientes anfitriones y les explicamos nuestra situacion. Nos dijeron que fuesemos hacia su casa, porque alli conocian un cajero que aceptaba muchisimas tarjetas. Asi que seguimos el camino hacia delante. El siguiente tramo nos lo hizo un tipo llamado Koisei, que era el duenio del restaurante del mercado de los granjeros en la zona. Nos escribio su nombre en kanji y nos invito a comer al restaurante, que estaba en un punto intermedio entre donde estabamos y nuestro destino. Nos invito a un inmenso plato de arroz con curry al estilo japones.

Desde el mercadode los granjeros hicimos nuestro ultimo tramo, hasta el pueblo de Kamo Aosa, en la peninsula de Oga. Nos llevaron unos pueblerinos bastante salados con un coche que parecia una nave espacial.

Ese dia me puso un poco hippie, pero no os asusteis. Recibimos tanta ayuda de gente que no nos conocia de nada, que no podiamos mas que sentir inmensa gratitud, porque todo era bueno para nosotros, gente interesandose por nosotros, invitandonos a desayunar, a comer, ayudandonos a buscar cajeros… daban ganas de darles a todos abrazos enormes.

En Kamo Aosa, nos recibieron Scott y Masako, nuestros nuevos anfitriones. Scott es de California y Masako es de aqui, aunque se conocieron alla en las Americas. Gozan de un envidiable retiro junto al mar en Japon. El pueblo de Kamo Aosa apenas tiene 200 habitantes, playa y montania.

La vida de Scott es interesantisima. Fue actor en Broadway y en Hollywood, solo hizo papeles secundarios pero alcanzo un nivel suficiente como para vivir de la profesion con comodidad. Se canso del trabajo, pinto un cuadro y lo vendio por un dineral a una actriz de una teleserie. Luego se dedico a diseniar joyas e hizo una fortuna. Pero finalmente una serie de inversiones mal pensadas le llevaron al limite de la quiebra. A todo esto, ya conocia a Masako en California. Esta situacion nueva de dificultades les llevo a venir a Kamo Aosa, el pueblo natal de Masako, donde viven en una casa humilde pero muy comoda. Scott dice que antes tuvo millones de verdad, pero que ahora se siente mucho mas millonario en este increible emplazamiento.

Aqui estamos de relax, que es algo que necesitabamos tras tanto autostop. Jugamos a las cartas, leemos y nos deleitamos con la extraordinaria comida de Masako. Ayer hizo un tiempo terriblemente malo, hacia tanto viento que temblaba la casa. Por cierto, que tenemos una azotea para nosotros cerca de la casa de Scott y Masako, con vistas increibles al mar. A pesar del mal tiempo que nos hizo, como digo, aqui estamos de maravilla.

Estaremos un par de dias mas y luego seguiremos hacia delante.

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Tokio Ya

Publicado originalmente en Guaschibo, 20 de Mayo de 2006. SITIO YA CERRADO

Resulta que llevo viviendo desde hace unos once años en el mismo barrio y hoy , precisamente hoy, descubro que hay una tienda de alimentos japoneses. No, no es nueva, lleva lo menos ocho años ahí, según me cuentan. Pero bueno, a mi favor puedo decir que no está exactamente en mi barrio, sino que está cerquita.

La tienda en cuestión se llama Tokyo ya y está en la calle Jorge Juan 75. No sólo es una tienda de productos japoneses, que lo es, sino que unas señoritas muy amables te dan consejos muy valiosos.

Mi fascinación por lo japonés seguramente se deba a que tengo un reducto friki en la mente que, aunque intento negar, sale a la luz en detalles como estos. Aunque no lea manga ni vea pelis raras (bueno, eso es un decir), el rollo japonés me va. Esta gente que es oriental pero quiere ser occidental resulta transformarse en una especie de seres fascinantes.

Su comida, no se por qué, me fascina también aunque no la entienda. Más o menos pillo el concepto y la he probado más de una vez, ya les puedo distinguir el wasabi, el maki sushi o el nagiri sushi. De momento no me pidan más.

Con la ayuda de la dependienta de la tienda hemos comprado los ingredientes precisos y después en casa hemos hecho nagiri y maki sushi. La chica nos dijo que era un poco dificil, pero la verdad es que todo lo contrario. Nos ha quedado muy bien el asunto.

Bueno, pues la gente de Madrid (un saludo a los madrileños, mis más fieles lectores) con alma oriental y cerebro friki, que sepa que no sólo puede comprar comida japonesa, sino también kimonos y muñequitos de Bola de Drac.

Tokyo Ya
C/Jorge Juan, 75
Metro: Goya (L4, L2)

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