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La vuelta al mundo en cuchucientas recetas: Asturias. Chorizo a la sidra

No me he calentado demasiado la cabeza con esta receta pero es que a veces las cosas vienen dadas. Tenía sidra natural por casa, tocaba Asturias…

No hace falta casi ni explicar los ingredientes ni nada. Un chorizo (o los que sean), lo troceas y lo cueces en sidra. Luego lo tomas con sidra para beber y esa es la historia.

Para beber, sidra. Conseguir los ingredientes ¿hace falta explicarlo?

Siento que me quedo con lo más fácil de la gastronomía asturiana y lo suyo habría sido marcarse una fabada, así que tarde o temprano tendré que volver por aquí.

De momento, un plato fácil de hacer, otra forma de cocinar un chorizo, asequible hasta para un niño en pañales.

Próxima parada: Australia

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Euskal Herria, comida todo el día

Publicada originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 6 de Noviembre de 2010

 

No tengo perdón al no haberles relatado a mis masas lectoras lo que aconteció ya hace unos fines de semana. Una experiencia que todo el mundo amante de la cocina y el frikismo debe hacer: road trip a Zarautz a comer en el restaurante de Karlos Argiñano, nuestro cocinero más querido, el único tipo junto a Che Guevara y Johan Cruyff cuyas indicaciones hay que seguir a pies juntillas.

Pues sí, lo hicimos. La reina, Manolo y Elena, Jon “Vaso Roto” y un servidor de ustedes.

De primero, Ensalada con Bacalao.

De Segundo, vichysoisse con manzana y panceta.

De tercero, merluza.

De cuarto, cordero.

De postre, una copa con una crema de almendras, piña y coco. Y luego patxarán casero. Agüita con los vascos.

Resultó que en Zarautz era el día de las cuadrillas y había una animación que no veas. Conclusión, garagardoas a cascoporro y pintxos, un paisano llamado Koldo nos llevó a la plaza “clave” en la que estaban los mejores locales. Que cosa más buena oyes.

Es que ir a las tierras vascas es un no parar, casi incita al canibalismo, los momentos en los que no comes te comerías tus propias manos porque entras en una dinámica de gordura que lo flipas, pero collons, es que estás rodeado.

Nuestra visita relámpago concluyó con una visita al Sagardotegi de Aginaga. Estos lugares, los sagardotegis, son caseríos donde hacen su propia sidra y de paso que la venden montan un restaurante con un menú básico de tortilla de bacalao y chuletón además de otras variedades de la carta. Pagas 5€ por el txotx, que viene a ser que te bebes toda la sidra que quieres, que sale de unos barriles a presión de las paredes, en este sitio había ocho barriles enormes y cada uno tenía una sidra distinta, además de tener vino tinto, blanco y cava para poder beber lo que gustes. Este sitio era otro pasote, si cabe más que Argiñano, en el que te ponías como el kiko. De estos lugares en los que hay una camarera vasca grandota que primero parece que te va a arrancar el pescuezo y luego es la risa.

En fin, siempre vale la pena viajar a Euskal Herria pero ya si hablamos de comer, nuestros vecinos los vascos no tienen rival. Gora gu ta gutarrak!

Os pongo unas fotos también del lugar en el que nos alojamos, Sarasola Zahar, en Aizarnazabal

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Tabernas: Chigre El Campero

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 10 de Agosto de 2009

Chigre “El Campero”

C/Pilar de Zaragoza, 69

Metro: Diego de León (L4, L5, L6)

Después de tener unos meses abandonada esta guía gastronómica gourmet (me prometí poner al menos una reseña al mes  y llevo cuatro sin poner…) vuelvo con uno de los locales que pega fuerte en mi barrio. Está en la calle Pilar de Zaragoza, que no es la calle más concurrida de la zona, y los viernes y sábado está lleno hasta la bandera. Garito en calle no principal lleno de vecinos = éxito seguro.

El local se llama Chigre “El Campero”, que no “El chigre campero” (como lo llama casi todo el mundo), siendo chigre la palabra asturiana para taberna, tasca o como queramos llamarlo. Se imaginarán con esta explicación que el lugar es un asturiano, sí, aunque es peculiar.

De entrada mola, porque por la decoración que tiene (radios antiguas, techo de madera) parece un bar de pueblo del norte. Es un local bien grande, en realidad son dos locales anexionados, con su barra y una zona de mesas. Además tiene un sótano en el que creo que había futbolín (ahí sólo he estado de pasada) (por cierto, reivindico el futbolín para todos los bares que abran, deberían hacerlo obligatorio o si no fuera licencia). Las paredes están llenas de parafernalia astur, la bandera se repite en todos los paneles. Hay que reconocer a los asturianos su gran aporte a Madrid en lo que se refiere a las tabernas, porque hay unas cuantas, muy nacionales todas y todas buenas.

Tiene una selección musical que acojona, porque lo mismo te ponen una ópera que un hiphop pasando por grandes éxitos yeyes, los números uno de los Cuarenta, o clásicas canciones de amor, del tipo “Como yo te amo nadie te amará”.

¿Y por qué pongo todo esto? Porque estoy hasta las narices de que en el OnMadrid y todos esos suplementos se pasen juzgando la calidad del local porque un decorador pijo se lo ha adecentado o porque tienen un pinchadiscos fijo, claro, luego te ponen unas raciones de mierda y te roban la cartera, y como más de la mitad de los madrileños son tontos del culo, pues allí que van.

Dicho esto, vamos a lo que importa: el comercio y el bebercio. De bebercio, una cosa sin duda destacable es que ponen cañas a ¡0’70!. Además son cañas de Alhambra, que es mejor que la Mahou (aunque menos entrañable). Venden también botijos, que ya se encuentran en pocas partes, lo que hace de este sitio un gran lugar para nostálgicos. Por supuesto, dada su condición de asturiano, no falta la sidra, habiendo de grifo o en botella, que te la dan con el mítico pitorrillo para los que no saben escanciar, que son la mayoría.

De comercio: siendo honestos, su punto negativo es que no dan tapas más allá de unas olivas con cebollitas en vinagre. Esto sin duda, siendo Madrid, es casi un pecado mortal. Por suerte se compensa esto con lo baratas que son las cañas y las raciones. Teniendo en cuenta que la caña está a 0’70 y no 1’20 como en todas partes, casi entiendo que no den más que las aceitunas, compensa lo uno por lo otro. De raciones, las clásicas de los asturianos, como patatas al cabrales, a 3 euros un buen plato. Y huevos estrellados en cazuelitas a unos 7 euros, de muy buen tamaño. También chorizo a la sidra, el típico, el que nunca falla. No sólo de raciones vive el hombre, también se pueden comer carnes muy variadas y pollo de corral, todavía no hemos probado nada de esto pero sí lo hemos visto y al menos por aspecto y olfato tienen una pinta sensacional.

Es este un gran lugar para niños y mayores, un sitio sobretodo para ir a tomar raciones con los amigos por un muy buen precio

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Carta desde Springfield, Missouri

Publicado originalmente en Camino a casa, 22 de Septiembre de 2008

Queridas amiguitas:

La semana comenzó con el cielo despejado y pudimos investigar un poco la ciudad de Chicago. Al Capone hizo sus negocios allí y lejos de ocultarlo, las oficinas turísticas explotan la imagen del célebre mafioso como uno de los símbolos de la ciudad.

El centro de Chicago, donde transcurren las calles Jackson y State, es una mezcla de tradición y modernidad. Hay gran cantidad de edificios de ladrillo visto que respiran un aire romántico. Van desapareciendo al tiempo que aparecen enormes rascacielos. Al mediodía los ejecutivos salen a comer en los parques o en los restaurantes de comida rápida.

Aurora siguió con sus investigaciones acerca de tejados verdes y transformaciones urbanas. Así visitamos Millenium Park, un parque en el centro de la ciudad que destaca por tener una gran habichuela plateada en la que se reflejan todos los edificios de alrededor. Volvimos a encontrarnos con Jerry en la oficina de medio ambiente. Esta oficina estaba en la planta 25 de un edificio colindante al ayuntamiento. Así pudimos ver el gran tejado verde sobre el tejado de la casa consistorial. No pudimos visitarlo porque hace falta avisar con antelación para preparar todas las medidas de seguridad. Me salen dudas acerca de esto de los tejados verdes, porque los tejados son un espacio inutilizado en las grandes ciudades. Sería útil tener estos tejados verdes y que la gente pueda pasear por ahí y dar uso al espacio.

A veces hay interesantes conexiones en la vida. Por medio de la entrevista que nos hicieron en Radio Euskadi nos escuchó un señor de Bilbao. Este señor de Bilbao resultó ser el padre de Ainhize, una chica de allí que reside en Chicago. Al ver que andábamos por ahí decidió ponerse en contacto con nosotros y nos invitó a comer. Fue una agradable sorpresa, pasamos un rato agradable.

La ciudad de Chicago tiene el mismo modelo de organización que tantas otras ciudades por aquí, es una ciudad diseñada en cuadrícula. Al ser todo tan parecido es complicado encontrar rincones que te den algo diferente. Nosotros encontramos esos rincones en las añejas estaciones de Metro. El Metro es en muchos tramos superficial, transcurre a la misma altura que la cuarta o quinta planta de muchos edificios. Las estaciones son de madera,tienen algo especial, es como retroceder en el tiempo.

Hicimos varios viajes en el tren. El más interesante nos llevó hasta la estación de Linden, en las afueras de la ciudad. En este área residencial tienen uno de los templos bahai del mundo. Jason nos recomendó ir hasta allí y la visita mereció la pena. La religión bahai fue creada en el siglo XIX por un iraní que llegó a la conclusión de que todas las religiones existentes en el mundo tenían una serie de elementos comunes y finalidades similares, por lo que eran estúpidas las luchas religiosas y lo que había que hacer era crear una religión que las uniese. En sus templos pueden meditar todas las personas bahai, pero también gentes de cualquier otra religión. Para unos tiempos en los que las personas no concebían la vida sin religión, el bahaismo fue un noble intento de pacificar las cosas. Esta religión sólo tiene siete enormes templos en el mundo, uno está junto a Chicago y no es demasiado conocido. Tiene una gran cúpula blanca, por dentro es circular. Alrededor tiene grandes jardines, porque los creadores de esta religión consideran que se debe meditar no sólo en el templo sino también en la naturaleza.

La comida en los Estados Unidos es asfixiantemente homogénea, es difícil encontrar novedades locales. En Chicago, aun así, han legado una especialidad al mundo, la llamada “Pizza de Chicago”. No debería llamarse pizza, pero es una delicia. Es una suerte de pastel de queso fundido con salsa de tomate natural y los ingredientes que desees en el interior, tales como champiñónes o espinacas.

Como nuestra intención no era quedarnos a vivir en Chicago, acudimos a la oficina de DriveAway con una doble intención: que nos devolvieran nuestro depósito y que nos proporcionasen un nuevo coche yendo hacia alguna parte. La oficina estaba en una calle llamada Cottage Groove en la que sólo había ciudadanos de raza negra. La segregación racial es bastante potente aunque intenten negarlo, en el barrio que estuvimos éramos los únicos rostropálidos. Nos devolvieron el depósito sin problemas (Amy no se quejó del desconchón en la pintura), pero no tenían coches disponibles para nosotros.

Vista la situación, investigamos acerca de otras oficinas cercanas. Así fue como dimos con nuestros huesos en la ciudad de Milwaukee, dos horas al norte. Allí nos acogió Katherine, profesora universitaria de literatura. No termina ahí su tarea docente, ya que también de clases de salsa. Llegamos temprano a Milwaukee y pudimos pasear por la ciudad. Tiene un área llamada “Third Ward” donde están los edificios antiguos, es el área con más vida. La ciudad es conocida como la ciudad de los cerveceros,debido al gran número de destilerías. Así que era obligado probar una cerveza local, “The Spotted Cow”, una rubia con cuerpo.

Katherine nos invitó a una cena con sus amigos. Cocinó una especialidad brasileña llamada “feijoada”, consistente en frijoles negros cocinados con distintas carnes y arroz. Acompañó la cena con distintos aperitivos y puedo afirmar que es una de las mejores cenas que hemos tenido en todo el viaje. Vinieron varios amigos suyos muy majos, como un chico mexicano admirador del grupo “Parchís”, ahí queda eso.

Fue una pena pasar sólo una noche con ella, pero volvíamos a la carretera. Tras desayunar en una cafetería prototípica, fuimos a la oficina de Driveaway, en la que después de preguntarnos si habíamos estado alguna vez en Europa, nos dieron las llaves de nuestro próximo coche, un Chevrolet Impalla que parece una nave espacial que deberemos dejar en Dallas, Texas.

Así volvimos a la carretera. Con un cable adaptador de MP3 pusimos Obrint Pas y La Polla Records a toda castaña y nos pusimos en marcha dirección a Springfield, Illinois. Es de recibo señalar el Estado porque aquí hay unas cuantas ciudades con el mismo nombre.

En Springfield, Illinois, nos alojaron Jeanette y Eric, que no eran sino los padres de Andy. Andy es un usuario de Couchsurfing que no estaba en su ciudad natal, pero arregló todo para que nos alojasen sus padres. Fueron encantadores, nos llevaron a dar una vuelta por la ciudad, visitamos por nuestra cuenta los jardines memoriales de Lincoln (el presidente Lincoln residió durante mucho tiempo en dicha ciudad) y nos invitaron a cenar una especialidad local, llamada “horseshoe” (herradura), una bomba de patatas fritas con queso fundido, carne y pan tostado, sólo para valientes.

De Springfield, Illinois, vinimos a Springfield, Missouri. Cosa curiosa esa de amanecer en un Springfield e ir a dormir en otro. El camino lo hicimos por la mítica ruta 66, probablemente la carretera más célebre de Estados Unidos. Se trata de una antigua carretera nacional que hacía todo el trayecto desde Chicago hasta Las Vegas. La carretera se fue partiendo en distintos tramos, sucumbiendo bajo distintas autopistas, haciéndose parte de otras nuevas carreteras… el misticismo de la misma ha hecho que muchos quieran recorrerla. En el Estado de Illinois se encargan de señalizarla para que puedas seguir su trayecto original lo máximo posible. La carretera tuvo varias reformas a partir del año 40, por lo que muchas veces puedes optar entre ir por el recorrido más antiguo o por el más moderno. Siempre nos decantábamos por el más antiguo, lo que hacía que muchas veces tuviésemos que ir por carriles diminutos, atravesando muchos pueblos.

Al llegar al Estado de Missouri, la 66 se pierde. Aquí se han preocupado menos de mantenerla con vida. Intentábamos seguirla, pero terminábamos muchas veces en carreteras cerradas.Con gran dolor en el alma tuvimos que despedirnos de ella.

Tras perdernos, como es nuestra costumbre, llegamos en Springfield a casa de Dana y Gary, nuestros nuevos anfitriones. Gary trabaja en el departamento de ventas de una fábrica y Dana está haciendo un doctorado en psicología. Les gusta el buen vino y la comida sana, cosa que agradecemos porque pese a mi amor por lo insano, llega a ser extenuante tanta hamburguesa. Sólo os digo que muchos días hacemos una sola comida y nos sobra.

Como para entregar el coche en Dallas tenemos un día más de lo que pensábamos, decidimos quedarnos un par de noche aquí en Springfield, Missouri. Una ciudad llena de casas familiares con jardín. En el centro hay varias calles con casas victorianas. En una de estas calles hacían una feria , llamada “feria de la sidra” pese a que sólo había dos puestos donde encontrarla.

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Cierra un clásico

Publicado originalmente en Guaschibo, 10 de Marzo de 2006

Amigos, llevo bastante tiempo sin reseñarles mitxolines y ahora tengo que hacerlo para dar una triste noticia, el cierre de Corripio, uno de los bares más castizos que quedaban en Madrid, en la Calle Fuencarral.

No soy muy de contar mi vida, pero tengo un nexo familiar con este local, por lo que unido a mi barfilia me provoca muchísima pena que lo cierren. Mi abuelo materno pasó su infancia en esta calle y ya lo conocía. Mi abuelo paterno, cuando vivió en Madrid, también fue cliente. El hermano mayor de mis padres y, por tanto, mi tío, cogió alguna que otra borrachera de juventud en este local. Cuando vinimos a Madrid también vivimos en la calle Fuencarral y pudimos degustar las empanadas de Corripio. Unas míticas empanadas de chorizo, nunca he probado empanada mejor.

Ya más mayor me hice fiel de la caña de sidra con empanada, no se si a 1.10 o 1.20, pero un precio de risa de todos modos.

Un local clásico y amparado además por la juventud, que lo llenaba todos los fines de semana. Un bar con barriles, una amplia barra y la profesionalidad que da una saga familiar al frente del mismo sitio durante años.

No se que habrá ocurrido, quizá se hayan cansado del bar sin más, porque éxito tenían. Quizá llegó la hora de la jubilación, quizá las nuevas generaciones familiares estaban más interesadas en otro negocio que en mantener vivo un clásico.

Me da pena que lo cierren y me da terror pensar que pondrán en su lugar. Quizá, seguramente, pongan una nueva cafetería de diseño en la que tomar un zumo de naranja con cilantro valga 12 euros y un helado de anchoa con reducción de vinagre, alcaparras y nata cueste 30. En fin, todo tiene final, incluso Corripio.

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Tabernas: Sagaretxe

Publicado originalmente en Guaschibo, 2 de Octubre de 2005
Sagaretxe
Calle Eloy Gonzálo 25
Metro: Iglesia (L1), Quevedo (L2)

Ya tocaba inaugurar la Guía Mitxolin y allá que vamos. El sitio que nos ocupa es un lugar de inspiración vasca situado en el barrio de Chamberí, Sagaretxe.

La oferta consiste en un buen surtido de pintxos, alguna que otra ración, sidra, txacolí y cerveza y refrescos para el que guste. Esto hablando del apartado de taberna, que luego el local tiene un restaurante en el que no he estado.

Se trata de un local, para qué negarlo, de gente bien, arregladitos, gustosos de sus pinchos y demás, con aparcacoches y todo esto. Entonces dirán ¿qué tiene esto que ver con los criterios mencionados de la Guía Mitxolin?. El qué busca, haya.

Existe la oferta de Sidra al Txotx, qué por 5.50 euros puedes llenar el vaso de una muy buena sidra por un número ilimitado de veces. Ahí es donde la cuestión da un giro principal, porque aseguramos el bebercio a un precio más que amortizable (teniendo en cuenta que una caña de sidra suele estar entre 0.90 y 1.20, sólo es cuestión de hacer cuentas). La Sidra al Txotx consiste en que vas al barril, lo abres por tu cuenta y llenas el vaso, sin más.

En el aspecto de tapas, el bar, como buen vasco, no da. Y bien es cierto que a los madrileños y a los castellanos en general nos gusta la cocina vasca, pero también el saque en profundidad, la potencia ilimitada e historias de ese tipo, así que ese sea quizá el mayor escollo del local.

Lo que si hay es una buena oferta de pintxos que, aunque algo caros, son deliciosos. Uno no se pudo permitir tomarlos todos, pero el de paté con mermelada, el de caviar o el de hamburguesa con salsa de pimiento… de toma pan y moja.

Siendo honestos, el local está enfocado a gente bien y desde fuera puede asustar, pero si uno hace cálculos, se pilla su vaso para la sidra al txotx y una ración de pintxos entre varios, sale la cosa bastante rentable.

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