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Salsas y potingues: HP Sauce

Llevaba tiempo abandonada esta sección de “salsas y potingues” y la retomo con una salsa que es un clásico de mi familia paterna. Al parecer, cuando enviaron a mi padre a Irlanda a aprender inglés de adolescente, vio que tomaban esta salsa y le gustó. Como le gustó, la buscó por Bardulia y la encontró. Desde entonces en mi familia paterna la toman todos y todos la tienen siempre en casa. Es un acompañante genial para filetes a la plancha, sean de cerdo, ternera, pollo… ¿Cómo definirla? Algo así como un ketchup marrón, más espeso y más avinagrado, de hecho incluso sabe a salsa worcestershire, la cuál también mencionaremos por aquí algún día.

Dicen los ingredientes que lleva vinagre de malta procedente de cebada, tomate, melaza, vinagre de alcohol, jarabe de glucosa-fructosa, dátiles, azúcar, sal, almidón modificado de maíz, harina de centeno, extracto de tamarindo, especias y extracto de cebolla.

La salsa es de origen inglés pero percenete a Heinz y aquí la mueve Heinz Ibérica, desde La Rioja

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Salsas y potingues: el Ketchup

Marcando mi línea gourmet verdadera, debo reconocer que una de las cosas que más me gustan son las salsas y potingues que uno puede ir encontrando por ahí. No sólo hacerlas, que también, sino comprarlas embotelladas. Debe ser lo menos sano que hay en la tierra, pero es una maravilla utilizar estas cosas. Con patatas fritas e historias así. Puede que no sea lo mejor, pero que tire la primera piedra el que nunca tome estas historias. Visto esto y visto que voy acumulando cosas de estas en mi nevera, he decidido que poco a poco iré sacando una foto para que vayamos viendo todas las historias diferentes que hay.

Como no podía ser menos, comenzaremos con la más mítica de todas y la más denostada: el ketchup

El ketchup, que todos asociamos con los Estados Unidos y su comida basura, tiene al parecer su orígen, según la wikipedia, en China y en Malasia, en una mezcla de especias y ¿peces?. Parece ser que los ingleses descubrieron esta salsa allí y decidieron llevársela a su tierra. Según parece, el tomate, que hoy es el principal ingrediente, no estaba en el origen de la receta y no fue introducido hasta el siglo XIX. El ketchup de tomate empezó a aparecer en recetarios y HJ Heinz fue el pionero, tal vez no sólo  en embotellarlo pero sí en difundirlo masivamente con grandes campañas publicitarias en las que anunciaban a las amas de casa que ya no tendrían que trabajar duramente para conseguir hacer esa salsa. Así que en el estado de Pensilvania es donde podemos ubicar la industrialización masiva del ketchup.

Y aquí estoy yo hoy, con esta botella de ketchup. De plástico, y no de vidrio como era antiguamente y como más molaba, pese a lo difícil que era sacarlo. Hay que decir al respecto que me gusta el ketchup, pero sólo el ketchup Heinz. No es por ser marquista, es porque me parece muchísimo mejor que cualquier otra variedad. Este que tengo aquí delante fotografiado no viene desde Pensilvania, sino desde Heinz Ibérica SA, en Álfaro, La Rioja. Y los ingredientes que lleva son tomates, vinagre de alcohol, azúcar, sal, extractos de especia (¿cuál?) , hierba aromática (dice “contiene apio” y nada más) y de nuevo, “especia”. Aun sin saber cuál es la especia, consuela leer que no tiene colorantes artificiales, ni aromas artificiales, ni conservadores ni espesantes.

Pues eso, muchachos, he aquí el ketchup.

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