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Mejillones en escabeche

La verdad es que con tanto Rajoy, recortes, IVA y su puta madre, y la madre de todos los diputados que les aplauden y les sonríen cuando nos meten un navajazo que ni el torete, no me apetecía mucho poner nada por aquí.

Pero la vida continúa entre tanta infamia. Y debo compartir estos pedazo de mejillones que nos regaló la señora de la limpieza de donde trabajaba la Reina cuando tenía trabajo. Son unos mejillones extraordinarios, lo malo es que la lata es enorme y es difícil acabarlos de una tacada.

Los disfrutamos con unas cuantas Cibeles y patatas fritas (papas, en Valencia, como las Lolita). El clásico madrileño de la taberna, conserva de mejillones sobre una patata frita y to’ pa dentro, pringándose bien de escabeche que así los quiere el Señor.

Ojalá un mejillón gigante, el hijo mutante de alguno de estos, se aparezca en la Moncloa y cause algún destrozo serio.

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La vuelta al mundo en cuchucientas recetas. Alabama. Potato Chip Chicken

Es decir “Alabama” y a todo el mundo le viene a la mente la misma canción. Pero a mí me viene otra que es la que os pondré al final de esta entrada y que me trae muy buenos recuerdos de mi paso por Estados Unidos hace ahora tres años. Uno se pone nostálgico de aquellas 10 semanas dando vueltas por allí con La Reina al volante. Y eso que nunca paramos en Alabama (aunque sí cerca).

Teniendo cierto conocimiento de diferentes estados del país dueño del mundo, debo decir que su gastronomía nos dejó un poco fríos, porque al menos a primera vista no era fácil encontrar diversidad. Estuvimos en muchos Estados, en muchos pueblos y ciudades y apenas una decena de sitios se salieron del pollo frito y las hamburguesas. Por eso ahora esperamos en esta pequeña vuelta al mundo investigar un poquito sobre las cosas que se comen por allí.

POTATO CHIP CHICKEN

Ingredientes:

6 pechugas de pollo (o un pollo cortado en trozos, según lo que se prefiera)

Crema agria

Una bolsa de patatas fritas (de las de churrería, mismamente)

Pimienta negra

Elaboración

Es un plato muy fácil de hacer, está bueno y está rico.

Cogemos un puñado de patatas fritas, lo metemos en una bolsa y las aniquilamos. Esto además es divertido porque puede realizarse en plan destructivo. Si has tenido un mal día en la oficina o te has cabreado o lo que sea, te lías a destruir  patatas fritas y te quedas más relajado.

Después cogemos cada pechuga y la untamos con crema agria (y si tenemos un pollo en trozos, lo mismo pero con los trozos).

Todo esto lo vamos rebozando en las patatas fritas machacadas.

Después lo ponemos en una fuente de horno y le echamos pimienta negra. Y si nos apetece un poco de caña, un poquito de ají molido o lo que más guste.

Esto lo horneamos a 180º durante 20 minutos. Lo de los grados en nuestra casa siempre es relativo porque nuestro horno está loco y es un gran problema porque hornear es algo que es fascinante.

He leído que hay gente que añade a los 10 minutos ajo picado y mantequilla y esto dicen que da un toque. Yo no lo hice así pero no lo descarto en caso de repetirlo.

En fin, luego te lo comes y no hay más que decir.

Es un plato muy sencillo, es sabroso e imagino que lo repetiremos porque no requiere ningún gran esfuerzo. Decidimos juntar el plato con una Old Brewery Pale Ale y creo que fue una buena combinación.

¿Y para beber?

Como decíamos al escribir el menú originario, una Pale Ale va fenomenal con este plato.

Conseguir los ingredientes

Aquí no hay que calfarse mucho el cap más que con la crema agria que como ya he dicho en anteriores ocasiones es un ingrediente interesantísimo y sin embargo aquí en La Guindalera y en general en los barrios de Madrid no lo tienen en ningún supermercado o en muy poquitos. Para conseguirla lo que tenemos más cerca es la Mantequería Alemana que está en la c/Padilla 88 en el Barrio de Salamanca.

Pechugas de pollo o pollos cortados a trozos son cosas que encuentras en todas partes. Y patatas fritas igualmente. Las de churrería me encantan y también hay algunas industriales más que decentes.

Próxima parada: Alacant

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Fábricas de patatas fritas

¿Os gustan las patatas fritas? Cuando vinimos a vivir a Madrid noté que esto estaba lleno de fábricas de patatas fritas y churrerías, me pareció una de las cosas más llamativas de esta ciudad. No digo que en Valencia no hubiese, pero aquí era masivo.

Claro que de eso hace ya unos cuantos años y las cosas van cambiando. Esos negocios van cerrando y poca gente sigue la estela. Pero no estamos aquí para quejarnos, sino para celebrar los que siguen al pie del cañón.

La foto que ilustra esta entradilla (con manchurrón de grasa incluído) es de la Fábrica de Patatas Fritas San Raimundo. Como reza su eslogan, son las más ricas del mundo, creo que de Madrid son las mejores. Mi proveedor es mi compadre Txiva, que tiene una batcueva en la zona de Bellas Vistas, en Tetuán, el pequeño Caribe madrileño.  La dirección: C/ San Prudencio, 50.

Otras que son memorables son las de la Churrería-Fábrica de Patatas Fritas de Felipe II, en la zona de Goya.

En La Guindalera no tenemos sitios tan célebres, pero por lo menos hay donde comprarlas, como en la cadena de Hermanos Ortiz de Francisco Silvela.

Ya sabéis que es algo sano y natural, reivindicable como tantas cosas buenas de la vida. A ver si los herederos de las fábricas patateras, con esto de la crisis, se animan a seguir los negocios familiares, o, por qué no, a reabrir viejos negocios. Son cosas de las que molan de Madrid.

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 5 de Agosto de 2009

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Huevo frito

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 16 de Enero de 2009

Es común escuchar, cuando hablamos de las escasas habilidades de alguien en los fogones, que “no sabe ni hacer un huevo frito”. O bien es muchas veces la misma persona cuestionada la que, o bien ruborizada o bien entre risas, te dice “¡si yo no se ni freír un huevo!”.

Parece, pues, que el huevo frito es el símbolo de la simpleza en la cocina, pero… ¿alguien sabe realmente hacer un huevo frito BIEN? Porque una cosa es un huevo frito que queda babosillo, otra es un huevo frito que te queda todo roto, o que se quema.

Un huevo frito perfecto es aquel que tiene yema para mojar, la clara con puntillitas en los bordes y no ha quedado hecho un destrozo.

En la biblia de la cocina en castellano, que es el célebre “1080 recetas de cocina”, de Simone Ortega, la autora nos dice:

Para freír bien los huevos, es mejor hacerlos de uno en uno (si se quiere hacer más rápidamente, es preferible coger dos sartenes pequeñas y hacerlos así al mismo tiempo).

Poner en una sartén pequeña bastante aceite, y cuando sale humo se echa el huevo, que se tendrá previamente cascado en una taza. Se echa con cuidado, y con la espumadera se va echando aceite por encima. Cuando el huevo queda suelto y flotando en la sartén, se saca con la espumadera, quedando en su punto para servir.

Se deben salar los huevos después de sacados del aceite (pues éste saltaría y podría quemar)

Aquí nos da una clave que es esencial para que el huevo no se nos haga un destrozo, que es el hecho de que el aceite esté verdaderamente caliente. A esto añado yo que debe ser abundante, no se trata de cubrir sólo el fondo de la sartén, sino que haya al menos un dedo. No debería ni hacer falta decirlo, estando como estamos entre castellanos, pero el aceite debe ser, por supuesto, de oliva.

El chef Abraham García, propietario del restaurante Viridiana, solía tener unas charlas cibernéticas en el diario El Mundo. En una de estas, un lector le preguntó por el huevo frito, a lo que el responde:

El huevo frito de libro es aquel fresquísimo que se dora en abundante aceite y breve tiempo, de forma que la yema quede de un amarillo butano insinuante como el sol de Spielberg (“El imperio del sol”) y la clara muestre unos faralaes a la altura del Rocío. La sal, siempre gorda. ¿Acaso hay otra?

Lo de la sal gorda es una aportación para el huevo que casa mucho mejor que la fina, que apenas se percibe cuando de huevos se trata.

El tema de la perfecta combinación de yema y clara en sus respectivos puntos es cuestión de ojo y no hay método científico para conseguirlo. El único método para conseguir esto es sacar el huevo de la sartén en el momento preciso y esto se sabe cuando se sabe. Ferrán Adriá, con cuya filosofía no simpatizo, aconsejaba para conseguir la perfección gastar dos huevos, dejar uno poco hecho y otro muy hecho e “injertarlos”, cogiendo la yema del poco hecho y poniéndola encima de la clara más hecha del otro huevo. A mi esto me parece trampa pura y dura y además un desperdicio.

Para disfrutar del huevo frito, una vez bien hecho, hay distintas maneras. Mi bisabuela, la Ruperta, tenía un método curioso, consistente en echar una cucharadita de pimentón (dulce o picante, según el gusto de cada cual) en la yema, así como una gota (¡y no más!) de vinagre de jerez (yo le pongo de Módena a veces). Con un buen pan mojamos (lo del buen pan es también asunto crítico en nuestra tierra) y a vivir.

El clásico huevo frito con patatas y chorizo es yantar de obreros en nuestro pueblo y antes de campesinos. Basta con tener sartén y estos tres ingredientes y paciencia para hacerlo todo bien. Por cierto, en estos casos yo sugiero freír primero el chorizo y utilizar después la grasilla para mezclar con el aceite y tener así el huevo con saborcillo choricero.

Leí el otro día en un libro de Vazquez Montalbán que en partes de Cataluña toman el huevo frito con miel. Hace varios días me dio por experimentar y el resultado fue más que bueno, especialmente si nos gusta la combinación dulce – salado, al juntar la sal con la miel queda estupendo.

El ya mentado Abraham García hace en su restaurante una receta monumental, huevos de corral con trufas sobre mousse de hongos. En su libro “El placer de comer”, nos da la receta:

Pique y dore en el mínimo aceite dos escalonias y saltee sobre estas un cuarto de kilo de hongos “Boletus Edulis” (sirven congelados). Rehóguelos un instante antes de añadir 100 gramos de hígado (foie) de pato fresco, un chorrito de Pedro Ximénez más un decilitro de nata líquida. Salpimente el conjunto: sal, pimienta y nuez moscada, y, tras 10 minutos de lenta cocción, bátalo y emulsionado con la túrmix, páselo por su colador más fino. Disponga la mezcla resultante en individuales sartenes de hierro y en cada una de ellas un par de huevos fritos bien escurridos. Antes de relamerse esparza granizos de sal sobre las yemas y eclipse el conjunto con finas láminas de trufas hasta… que se haga de noche.

Formas de combinar el huevo frito con otros ingredientes hay tantas como la imaginación nos permita crear. Pero todo parte del huevo, del buen huevo. Una buena sartén, buen aceite de oliva muy caliente, que no se nos rompa el huevo al echarlo, yema para mojar y puntillitas en la clara. A chuparse los dedos.

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Tapitas por Ascao

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 8 de Noviembre de 2008

La retahíla de reencuentros llevó aparejada el consiguiente tapeo que tanto echamos de menos en nuestro periplo por terres llunyanes. Si bien la compañía fue excepcional en las diferentes tandas (que nadie se me ponga celosón a estas alturas), por calidad, por sorprendente y desconocido para mí, me quedo con el tapeo por la zona de Ascao, en el barrio de Pueblo Nuevo.

Mi compadre el Rulo, alias superpaguer (sólo los escogidos tenemos motes sobre otros motes y alias sobre otros alias), me hizo una exhibición de tabernillas locales para quitarse el sombrero. Olvidé los nombres, una falta imperdonable, de todos los locales menos el último. Este se llama, creo recordar, “La Goleta” y está en la calle de Emilio Ferrari al lado de la calle Fernando Gabriel, escondido en los bajos de un edificio apartado. Un Ribera y un vermouth que mi socio se empeñó en tomar como colofón fueron acompañados de mejillones, patatas fritas, tortilla, aceitunas y berenjena rebozada.

En nombre del modernismo las tasquitas del centro se ponen nombres chachi lerendis y pierden la sana costumbre de la cortés tapita. Eso las innovadoras, que otras ni tienen cortesía ni cachilerendismo nominal.

Siempre nos quedarán las tabernas en los barrios. Sin hacer parada en los archiconocidos “Amigos” y “Enemigus”, en cuatro establecimientos entre las calles de Emilio Ferrari y Gutierre de Cetina nos dieron una gran lección de hostelería tradicional. Alcemos pues nuestra copa y brindemos por los taberneros de nuestros barrios.

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Carta desde Springfield, Missouri

Publicado originalmente en Camino a casa, 22 de Septiembre de 2008

Queridas amiguitas:

La semana comenzó con el cielo despejado y pudimos investigar un poco la ciudad de Chicago. Al Capone hizo sus negocios allí y lejos de ocultarlo, las oficinas turísticas explotan la imagen del célebre mafioso como uno de los símbolos de la ciudad.

El centro de Chicago, donde transcurren las calles Jackson y State, es una mezcla de tradición y modernidad. Hay gran cantidad de edificios de ladrillo visto que respiran un aire romántico. Van desapareciendo al tiempo que aparecen enormes rascacielos. Al mediodía los ejecutivos salen a comer en los parques o en los restaurantes de comida rápida.

Aurora siguió con sus investigaciones acerca de tejados verdes y transformaciones urbanas. Así visitamos Millenium Park, un parque en el centro de la ciudad que destaca por tener una gran habichuela plateada en la que se reflejan todos los edificios de alrededor. Volvimos a encontrarnos con Jerry en la oficina de medio ambiente. Esta oficina estaba en la planta 25 de un edificio colindante al ayuntamiento. Así pudimos ver el gran tejado verde sobre el tejado de la casa consistorial. No pudimos visitarlo porque hace falta avisar con antelación para preparar todas las medidas de seguridad. Me salen dudas acerca de esto de los tejados verdes, porque los tejados son un espacio inutilizado en las grandes ciudades. Sería útil tener estos tejados verdes y que la gente pueda pasear por ahí y dar uso al espacio.

A veces hay interesantes conexiones en la vida. Por medio de la entrevista que nos hicieron en Radio Euskadi nos escuchó un señor de Bilbao. Este señor de Bilbao resultó ser el padre de Ainhize, una chica de allí que reside en Chicago. Al ver que andábamos por ahí decidió ponerse en contacto con nosotros y nos invitó a comer. Fue una agradable sorpresa, pasamos un rato agradable.

La ciudad de Chicago tiene el mismo modelo de organización que tantas otras ciudades por aquí, es una ciudad diseñada en cuadrícula. Al ser todo tan parecido es complicado encontrar rincones que te den algo diferente. Nosotros encontramos esos rincones en las añejas estaciones de Metro. El Metro es en muchos tramos superficial, transcurre a la misma altura que la cuarta o quinta planta de muchos edificios. Las estaciones son de madera,tienen algo especial, es como retroceder en el tiempo.

Hicimos varios viajes en el tren. El más interesante nos llevó hasta la estación de Linden, en las afueras de la ciudad. En este área residencial tienen uno de los templos bahai del mundo. Jason nos recomendó ir hasta allí y la visita mereció la pena. La religión bahai fue creada en el siglo XIX por un iraní que llegó a la conclusión de que todas las religiones existentes en el mundo tenían una serie de elementos comunes y finalidades similares, por lo que eran estúpidas las luchas religiosas y lo que había que hacer era crear una religión que las uniese. En sus templos pueden meditar todas las personas bahai, pero también gentes de cualquier otra religión. Para unos tiempos en los que las personas no concebían la vida sin religión, el bahaismo fue un noble intento de pacificar las cosas. Esta religión sólo tiene siete enormes templos en el mundo, uno está junto a Chicago y no es demasiado conocido. Tiene una gran cúpula blanca, por dentro es circular. Alrededor tiene grandes jardines, porque los creadores de esta religión consideran que se debe meditar no sólo en el templo sino también en la naturaleza.

La comida en los Estados Unidos es asfixiantemente homogénea, es difícil encontrar novedades locales. En Chicago, aun así, han legado una especialidad al mundo, la llamada “Pizza de Chicago”. No debería llamarse pizza, pero es una delicia. Es una suerte de pastel de queso fundido con salsa de tomate natural y los ingredientes que desees en el interior, tales como champiñónes o espinacas.

Como nuestra intención no era quedarnos a vivir en Chicago, acudimos a la oficina de DriveAway con una doble intención: que nos devolvieran nuestro depósito y que nos proporcionasen un nuevo coche yendo hacia alguna parte. La oficina estaba en una calle llamada Cottage Groove en la que sólo había ciudadanos de raza negra. La segregación racial es bastante potente aunque intenten negarlo, en el barrio que estuvimos éramos los únicos rostropálidos. Nos devolvieron el depósito sin problemas (Amy no se quejó del desconchón en la pintura), pero no tenían coches disponibles para nosotros.

Vista la situación, investigamos acerca de otras oficinas cercanas. Así fue como dimos con nuestros huesos en la ciudad de Milwaukee, dos horas al norte. Allí nos acogió Katherine, profesora universitaria de literatura. No termina ahí su tarea docente, ya que también de clases de salsa. Llegamos temprano a Milwaukee y pudimos pasear por la ciudad. Tiene un área llamada “Third Ward” donde están los edificios antiguos, es el área con más vida. La ciudad es conocida como la ciudad de los cerveceros,debido al gran número de destilerías. Así que era obligado probar una cerveza local, “The Spotted Cow”, una rubia con cuerpo.

Katherine nos invitó a una cena con sus amigos. Cocinó una especialidad brasileña llamada “feijoada”, consistente en frijoles negros cocinados con distintas carnes y arroz. Acompañó la cena con distintos aperitivos y puedo afirmar que es una de las mejores cenas que hemos tenido en todo el viaje. Vinieron varios amigos suyos muy majos, como un chico mexicano admirador del grupo “Parchís”, ahí queda eso.

Fue una pena pasar sólo una noche con ella, pero volvíamos a la carretera. Tras desayunar en una cafetería prototípica, fuimos a la oficina de Driveaway, en la que después de preguntarnos si habíamos estado alguna vez en Europa, nos dieron las llaves de nuestro próximo coche, un Chevrolet Impalla que parece una nave espacial que deberemos dejar en Dallas, Texas.

Así volvimos a la carretera. Con un cable adaptador de MP3 pusimos Obrint Pas y La Polla Records a toda castaña y nos pusimos en marcha dirección a Springfield, Illinois. Es de recibo señalar el Estado porque aquí hay unas cuantas ciudades con el mismo nombre.

En Springfield, Illinois, nos alojaron Jeanette y Eric, que no eran sino los padres de Andy. Andy es un usuario de Couchsurfing que no estaba en su ciudad natal, pero arregló todo para que nos alojasen sus padres. Fueron encantadores, nos llevaron a dar una vuelta por la ciudad, visitamos por nuestra cuenta los jardines memoriales de Lincoln (el presidente Lincoln residió durante mucho tiempo en dicha ciudad) y nos invitaron a cenar una especialidad local, llamada “horseshoe” (herradura), una bomba de patatas fritas con queso fundido, carne y pan tostado, sólo para valientes.

De Springfield, Illinois, vinimos a Springfield, Missouri. Cosa curiosa esa de amanecer en un Springfield e ir a dormir en otro. El camino lo hicimos por la mítica ruta 66, probablemente la carretera más célebre de Estados Unidos. Se trata de una antigua carretera nacional que hacía todo el trayecto desde Chicago hasta Las Vegas. La carretera se fue partiendo en distintos tramos, sucumbiendo bajo distintas autopistas, haciéndose parte de otras nuevas carreteras… el misticismo de la misma ha hecho que muchos quieran recorrerla. En el Estado de Illinois se encargan de señalizarla para que puedas seguir su trayecto original lo máximo posible. La carretera tuvo varias reformas a partir del año 40, por lo que muchas veces puedes optar entre ir por el recorrido más antiguo o por el más moderno. Siempre nos decantábamos por el más antiguo, lo que hacía que muchas veces tuviésemos que ir por carriles diminutos, atravesando muchos pueblos.

Al llegar al Estado de Missouri, la 66 se pierde. Aquí se han preocupado menos de mantenerla con vida. Intentábamos seguirla, pero terminábamos muchas veces en carreteras cerradas.Con gran dolor en el alma tuvimos que despedirnos de ella.

Tras perdernos, como es nuestra costumbre, llegamos en Springfield a casa de Dana y Gary, nuestros nuevos anfitriones. Gary trabaja en el departamento de ventas de una fábrica y Dana está haciendo un doctorado en psicología. Les gusta el buen vino y la comida sana, cosa que agradecemos porque pese a mi amor por lo insano, llega a ser extenuante tanta hamburguesa. Sólo os digo que muchos días hacemos una sola comida y nos sobra.

Como para entregar el coche en Dallas tenemos un día más de lo que pensábamos, decidimos quedarnos un par de noche aquí en Springfield, Missouri. Una ciudad llena de casas familiares con jardín. En el centro hay varias calles con casas victorianas. En una de estas calles hacían una feria , llamada “feria de la sidra” pese a que sólo había dos puestos donde encontrarla.

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Carta desde Bruselas

Publicado originalmente en Camino a casa, 16 de Marzo de 2008

Queridas amiguitas

En mi ultima misiva os conte como nos fue la cosa hasta Paris, asi que seguiremos por donde lo dejamos.

El pasado domingo llegamos alli y nos alojaron Guillaume, quebeques, y Tyare, chilena, residentes en Paris, viejos amigos nuestros y ahora con una hijita de seis meses.

La recepcion no pudo ser mejor porque nos hicieron un plato quebeques simple pero efectivo llamado Poutine, consistente en patatas fritas con queso cheddar que se derrite al ponerle la salsa de Poutine, una salsa de mas de treinta ingredientes que esta de rechupete. Va a ser dificil adelgazar.

El dia siguiente nos pusimos como objetivo ir de paseo por Montmartre. Paris es otro rollo, es un pifostio permanente, es una gran ciudad con mucho ajetreo, el doble que en Madrid, con militares de tres en tres paseando por el metro con la ametralladora, gente que va de arriba a abajo a toda castaña. El Metro es el peor que he conocido en mi vida, creo que es peor incluso que el de Sevilla – los de Sevilla lo entenderan – , es dificilisimo hacer conexiones entre lineas, hay que ir todo el rato alante y atras como idiotas y en medio de los pasillos te encuentras con torniquetes donde tienes que meter otra vez el billete. Una ful. Para no andarme con rodeos ya os voy a comunicar que Paris me parece una mierda, suerte que estabamos en buena compañia con nuestros amigos.

Decia que nos dirigiamos a Montmartre, alli lo que hicimos fue subir hasta el famoso Sacre Coeur andando y morirnos de frio. Hacia un viento gelido, con lluvia gelida que debido al fuerte viento venia de lado y te calaba hicieses lo que hicieses. Ademas el barrio de Montmartre, que es bastante bonito, y toda la zona, esta lleno de excursiones de turistas de estas de mala muerte que dan asquete.

Lo bueno una vez mas es que Guillaume y Tyare nos hacian comiditas para chuparse los dedos y aquella noche tocaron para cenar vieiras con gambas y una salsa buenisima.

El segundo dia lo utilizamos para hacer la tonteria del viaje. Si amigos, subimos a la Torre Eiffel, dejandonos once euracos. Una mierda, no subais, hacedme caso, hay buenas vistas en otras partes y no te tratan como un borrego. Alli te apretujan para subir bastante, apenas ponen ascensores, esperas unas horas y haces el canelon alli arriba.

Por suerte fuimos a la Place de la Contrescarpe a rendir tributo a Jacques Martineau, es una placita detras del Panteon en un barrio muy agradable. A mi me gusta esto de meterme en una ciudad y ponerme a buscar cosas que no vienen en ninguna guia pero que a mi me llaman la atencion y lo cierto es que presentar mis respetos a Martineau, cosa que pocos van a entender, era algo que tenia que hacer.

Por si fuera poco nos volvieron a alimentar a lo grande, nos invitaron a cenar a un sitio llamado Chez Papa, de comida de Iparralde, donde descubrimos la Oldarki, cerveza al Patxaran. Hay que ver lo bien que nos trataron oiga. Tambien fuimos a una especie de tabernilla, Chez George, muy interesante para tomar un vinillo.

Nuestro ultimo dia alli lo dedicamos a gestionarnos un poco la vida con Internet, a mirar nuestros contactos y todo eso. Tambien a pasar con Tyare y la niña por un parque muy chulo cercano a su casa. No creais que todo eran comilonas, porque las cenas eran brutales pero las comidas basicamente eran pure de verduras y ensaladas, lo cual nuestra salud agradecera mucho. Claro que por otro lado un par de dias nos hicieron para desayunar crepes, ni mas ni menos. Ese ultimo dia tambien quedamos con Elena, una amiga de Aurora del instituto, con la que fuimos a dar una vuelta por la zona de Barbes, una zona con muchisimo ajetreo. En honor a las tiendas SYMPA que estan por toda la ciudad, no nos quedo mas remedio que hacer un idem en un bar.

Esa noche tuvimos la cena de despedida y nos encargamos nosotros de hacerla. A parte de Guillaume y Tyare estaba en la casa Hana, una chica polaca que habia por ahi y que tenia un gusanete en el culo porque tenia muchas ganas de madrugar al dia siguiente para turistificarse.

La salida de Paris fue tremenda. Fue cosa de poner el dedo levantado en un sitio llamado Porte de La Chapelle y pasar cuatro horas como gilipollas pasando frio. Nos juntamos con dos chavales holandeses que querian ir a Rotterdam del mismo modo, nos repartimos el territorio pero nada. Ellos se desesperaron y se piraron. Nosotros aguantamos bastante rato, pero al final decidimos pillar un taxi y decirle que nos dejase en la primera estacion de servicio en la carretera hacia Lille y asi lo hicimos. Total, que llegamos alli y nos encontramos a los holandeses. Como ellos estaban antes, les dejamos la prioridad, pero al final convencieron a un señor para que les llevara hacia Belgica, el señor nos vio a Aurora y a mi y no se le ocurrio otra cosa que llevarnos a los cuatro, que tipo mas majo. Se llamaba Laurent y era un abogado doctor en Internacional Privado, autostopista en sus años mozos que nos llevo hasta Lille.

En Lille nos quedamos en casa de Pascal, el segundo quebecoise seguido, un experto autostopista con el que pasamos un gran rato. Junto a otros amigos esta intentando organizar una carrera de autostop por el mundo, le dijimos que contase con nosotros pero la quiere hacer para verano y a saber donde andamos para esas fechas. Junto a el conocimos a gente muy maja en Lille, como el gran viajero Fabrice y sus compañeros de piso, junto a los que tomamos una autentica raclette francesa.

Una anecdotilla de Lille es que alli tuvimos nuestra primera fiesta Erasmus, algo que esta curioso cuando ya has terminado la carrera. Pascal conoce a mucha gente extranjera alli que esta con becas diversas y monto una fiestecilla.

La casa de Pascal merece una mencion especial, un piso de doce metros cuadrados sin baño ni ducha – eran comunitarios- a la que llamabamos EL BARCO. Suerte que Pascal es un tipo muy organizado y el espacio estaba muy bien aprovechado.

Nuestras impresiones sobre Lille son muy positivas, es una ciudad caracterizada por su vida universitaria y su pequeño comercio – bueno por aqui hay pequeño comercio en todas partes – de tamaño muy agradable.

El propio Pascal nos recomendo un buen sitio para encontrar alguien que nos llevase hacia Belgica. Alla fuimos y en seguida nos cogio Clara, una chica que trabajaba como representante musical con interesantes temas de conversacion como el naturismo y el crudivorismo, que nos cruzo la frontera hacia Valonia. Desde alli llegamos a Bruselas con Cedric, un chico muy majete con el agradable trabajo de enterrador – eso nos pasa por preguntar lo tipico – que se empeño en darnos un billete de diez euros.

Aqui andamos ahora, en Bruselas, el paraiso de la cerveza y el chocolate, en casa de Tom; un magnifico guia que ayer y hoy nos ha estado enseñando la ciudad. Ayer fuimos dando un paseo hasta el Palacio real y acabamos en una cerveceria llamada Delirium Tremens con 2000 cervezas distintas en su carta. Se nos sento al lado un tio llamado Sebastian que estaba como una chota, llevaba encima una lista con las cervazas mundiales que le faltaban por probar – muy pocas – y nos conto que tenia un fichero excel con todas las cervezas que habia tomado y sus comentarios criticos. Me prometio enviarme el fichero, a ver si lo hace.

El dia de hoy lo hemos dedicado a pasar por Bruselas,Tom nos ha ido enseñando toda la ciudad, el famoso Maneken Pis y muchos rincones especiales, como un mercadillo que hay por aqui tipo El Rastro, pero solo como las partes cañis del rastro, con grifos antiguos y todo eso. Tambien hemos visto otro mercadillo donde tenian peliculas de Joselito en frances, para que veais lo que es la Union Europea.

Hemos paseado por distintos barrios y hemos acabado la jornada visitando un enorme parque que hay al sur de la ciudad. Nosotros estamos en la zona donde esta todo lo de la Union Europea, conviven edificios modernos con casas antiguas. Hemos conocido tambien el barrio de Matongue, que es el barrio africano, hemos pateado todo el centro, hemos probado el chocolate belga – delicioso – y hemos tenido buenas caminatas. Aun asi lo que mas me gusta son esas tiendas de lavadoras que hay por todas partes porque aqui no es tan comun tener en casa. Mañana iremos a una de estas.

Bruselas es, de las ciudades que hemos conocido, quiza la que veo mas parecida a Madrid, con sus diferencias, y ademas es mas tranquila y un poco otro rollo, pero no se, es una ciudad grande, tiene su ajetreo pero no es un terror como Paris.

Aqui lo dejo por ahora, me gustaria extenderme mas pero no siempre es posible.

Mencion especial a Txiva, Manolo, Dani Lucas y Blanca, que ayer fue su cumple, la quinta del quince de Marzo.

A ver si los de Denia vais a animar al equipo, que nos quedan diez finales i si no tornem a tercera divisio i aixo not pot ser

Tras 16 dias de viaje mayoritariamente con frio, viento y lluvia, finalmente he sucumbido, voy por Europa con la garganta hecha un higo y el moco colgando.

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