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Tacos Chipotludos

En un local “maldito” de la Calle Cardenal Cisneros encontramos hace no más de dos años esta taquería. El local es maldito porque era el típico establecimiento en el que abrían y cerraban cosas y nunca te apetecía entrar.

Lo conocíamos porque está en “la calle de las cervezas” y tomamos muchas cervezas, como es sabido.

Tacos a 1’50€ como está mandado (lo suyo es tomar tres/cuatro cada vez que se va), muy buenos, mejores que muchos más conocidos (el pasado domingo tomé también en “La panza es primero” y no me parecieron nada del otro mundo).  El local es estrecho, no muy iluminado, cosa que tampoco importa. Lo primero es el papeo. Y coger esas tortillas en las manos y enrollarlas con amor.

Para beber tienen Michelada, que es una auténtica guarrería que me encanta. Cerveza con lima y picante, es una cosa sólo para los escogidos.

Tacos Chipotludos

C/Cardenal Cisneros , 13

Metro : Bilbao

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Pinchos de tortilla: La Catapa

Descubrimientos casuales. Son los mejores. Ir a un sitio, encontrártelo cerrado por vacaciones. El siguiente sitio igual. Maldición ¿no puedo tomarme un pincho de tortilla en ninguna parte en este puto mes de Agosto más caluroso de la historia mundial?. Y de repente ves la puerta y entras en La Catapa.

Mare de deu senyor. ¡Qué pincho! Entra muy alto en la clasificación, la verdad, tanto que voy a tener que alternar con mi sitio fijo. Que me perdonen pero teniendo esto tan cerca no queda otra, al ladito de la oficina oiga usted.

Le ponen encima un pimiento rojo. Hay otra opción sin pimiento. Va encima y no dentro, por lo que no es gran problema para los que no les guste el pimiento.

En fin, descubrimiento glorioso. Si saben de más sitios con grandes pinchos de tortilla pues me avisan, claro.

La Catapa

C/Menorca, 19

Barrio de Ibiza/Retiro (Madrid)

Metro: Ibiza o Goya

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Cibeles IPA Dry Hopping

Fabricante: Cervezas La Cibeles

Origen: Alcorcón, Madrid, Castilla

Conseguida en:  En Lúpulo A Mansalva

% Alc: 

IBU: 

Estilo:  IPA

Ingredientes:  Agua, malta de cebada, levadura y lúpulo

Maridaje: Quesos como gorgonzola o azúl, comidas especiadas, algo picantes

Notas:

El “Dry Hopping” es una técnica consistente en añadir lúpulos a la cerveza después del proceso de hervido, para jugar un papel exclusivamente aromático durante la fermentación. Así dicho rápidamente.

El caso es que esta “Dry Hopping” de Cibeles nos pareció aromática pero tampoco para tanto teniendo en cuenta la técnica utilizada. Notamos un olor floral lejano pero se nos impusieron los aromas más maltosos y dulces.

En boca mejora, notas amargas como cabe esperar, cítrica, con balance de notas dulces. Tiene un toque a “lúpulo seco”, tal vez lógico dado el proceso utilizado. No se si ustedes han probado alguna vez a meterse lúpulo en la boca…

Es astringente y deja la lengua loca. Está bien hecha pero tal vez al ser “dry hopping” la esperábamos más aromática.

Calificaciones:

Aroma: 10/15

Gusto:  13/20

Textura: 2.5 / 5

Impresión general: 6/10

Total: 31.5 /50

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El Rollo, se traspasa un clásico

Pocos conocerán “El Rollo”, una taberna de La Guindalera como tantas otras tabernas de barrio. Pero hoy vamos a hablar de ella porque su dueño ha decidido que después de tantos años toca jubilarse y descansar un poco.

Ya hablamos de su pincho de tortilla, uno de los mejores de Madrid. Un buen pincho de tortilla que perdemos de vista, lamentablemente. Esta taberna lleva en el barrio más de 40 años y según me comentó su dueño (no se el nombre, le llamaremos Señor Rollo) él entr de empleado cuando abrió y después se hizo dueño seis años después.

Un hombre muy vinculado al barrio todo este tiempo y una taberna conquense de las que ya no quedan. Las raíces de Cuenca se ven en el morteruelo y las raciones de caza que pueden tomarse, aunque con pesar me comentaba el Señor Rollo que el morteruelo mucha gente ni lo pide por desconocimiento, siendo una gran especialidad del sur de Castilla.

Cuando cierran estos bares, cierra parte de nuestra cultura. Está bien que abran nuevos bares y nos encanta. Igual de bien está que los bares nuevos investiguen nuevas recetas con fusión, mezclas, creaciones… al fin y al cabo todos tenemos cierta creatividad y nos gusta inventar cosas que gusten al personal. Pero siempre es positivo que haya lo que yo llamo “guardianes de la tradición”, esa gente que hace la paella como debe ser una paella ( o sea, SIN MIERDAS – mejillones, guisantes, bichos), el cocido como debe ser un cocido o el morteruelo como debe ser un morteruelo. Dado que las recetas tradicionales no podemos guardarlas en la Biblioteca Nacional y “contemplarlas” son necesarios sitios como El Rollo donde sigan haciendo este tipo de cosas.

Estas tabernas oscuras, con su olor a frito, tal vez no sean dignas de revistas de decoración. Pero son parte importantísima de la vida madrileña, tabernas del barrio en las que picar algo, nuestro fast food sociable.

Abrirán mil sitios pero la ciudad pierde siempre un poco cuando sitios como El Rollo se traspasan.

Por suerte para nosotros, mientras no se traspase el bar el señor Rollo seguirá al pie del cañón , así que todavía estáis a tiempo de probar su pincho de tortilla en la calle Cartagena 86, al lado de Avenida de América.

Vivan las tabernas i mori el mal govern

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Hamburguesa en Mad Café

El pasado mes de Octubre mi compadre Jeffry nos convocó a los colegas a comer al New York Burger. Nos gustó el tema y en Noviembre fuimos unos cuantos al Alfredo’s Barbacoa. En Diciembre tocaba seguir la tradición (a partir de tres veces es tradición, ¿no?) y ayer fuimos al Mad Café.

Servidor se hizo con la California Burger, que como se ve lleva guacamole, y además elegí que fuese doble. Antes habíamos tomado unos aros de cebolla muy sabrosos y unas alitas que tampoco desmerecían. Podías coger la hamburguesa doble por 3’5 € más y obviamente fuí a por esa. Veredicto: estaba buena, aunque el “poco hecha” era demasiado poco hecha (aunque para mí es indiferente) y no era tan sabrosa como en los otros establecimientos que visitamos anteriormente. Tal vez ne falta el gusto a brasas o sal, o las dos cosas. Aun así, vale la pena visitar el lugar, pero me quedo de momento, de los tres que fuímos, con el New York Burger.

De bebidas tenían lo típico y además cosas americanas como Root Beer, floats (que es una guarrería, un refresco con una bola de helado) y en carta nos llevamos una ilusión y un chasco, una ilusión porque ponía que tenían Cervezas La Cibeles y un chasco porque el camarero no sabía ni lo que era y luego resultó que no tenían, ¿para qué lo ponen entonces?. Por supuesto, por gusto y por la cuenta que me trae, recomiendo a todos los establecimientos que empiecen a tener cervezas aceptables. La Brown Ale de Cibeles (la “Castaña”) iría fenomenal con las hamburguesas.

El local está en La Latina, Cava Alta nº13, así que ya saben ustedes si lo quieren visitar. No se por qué no documenté nuestras anteriores incursiones hamburguesiles, pero las próximas las sacaré por aquí. Y si saben de algún sitio que valga la pena…

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El Pincho de Tortilla: hay que encontrar el mejor

Mi desayuno preferido es un buen pincho de tortilla. A veces en plan gañán, a primera hora pincho y caña, a veces en plan mezcla “hagamos locuras”, pincho y cola-cao. La tortilla de patata es posiblemente uno de los mejores inventos del ser humano. La persona que decidió crear esto nos hizo un favor a todos y no entiendo como tenemos tantas estatuas de insignes monarcas Borbones y Austrias que sólo se dedicaron a hacer el gilipollas, invadir países y fastidiar a todos, y sin embargo no hay un monumento al primer ser humano que decidió hacer una tortilla de patatas, que es alguien que hizo el bien a la humanidad. Así es la cosa.

Para mí, una buena tortilla de patatas ha de ser poco cuajada, o “mucosa”, sin llegar a estar cruda. Las patatas no deben ser demasiado gordas, y pueden conservarse o bien enteras o bien pulverizadas. Sobre esto hay variantes pero es la idea fundamental. No admito como buena tortilla esos mazacotes ultracuajados con trozos de patata enormes que muchas veces se quedan crudos. Hay gente a la que le gusta muy cuajada, no te fíes nunca de esa gente, son los típicos que cualquier día te sacan una faca y te rajan en diagonal.

Una tortilla en casa es algo que mucha gente hace bien. La Reina de La Guindalera, sin ir más lejos, hace una de las mejores del mundo. Mi señora madre, también. Mi tía Carmen en Denia y mi tía Teresa hacen también tortillas espectaculares. Pero luego hay problemas para encontrar un buen pincho en el bar, no se si por la legislación sobre el huevo, por pereza o por ambas cosas. Yo creo que es más por pereza porque afortunadamente hay sitios donde la hacen estupendamente y estos sitios lo que hay que hacer es darlos a conocer y hacer peregrinaciones religiosas.

Me muevo en dos barrios fundamentalmente, La Guindalera donde vivo y revoluciono e Ibiza/Retiro donde trabajo.

Os voy a contar los mejores sitios de pincho de tortilla de estos barrios.

En Ibiza, el mejor es sin duda La Goyesca. Calle Fernán González esquina Doctor Castelo.

Es muy jugosa y con la patata pulverizada. Además la ponen con muy buen pan y para desayunar o almorzar es de lo mejor que hay.

Más adelante en Doctor Castelo, en el número 9, llegando al Retiro, hay otro que es fenomenal en el bar Emaús, que es similar en sus característias a la anterior.

En La Guindalera hay también unos cuantos sitios. Uno muy bueno es el “Bar Santiago” en Ardemans esquina José Picón, muy fina, con la patata entera, muy sabrosa. Otro buenísimo es en un sitio donde uno no se lo esperaría, en el bar “Arrebato”, en Avenida de Baviera, 4. Este es un garito de barrio con rock clásico de fondo y no suele haber cosas de comer, pero Fernando, el dueño, muchas veces lleva embutidos y quesos que corta ahí y va repartiendo. Y también tortilla de patatas que hace en casa y la lleva al local, que está estupenda. Aquí logicamente no es para desayunar, pero tomarte un buen pincho de tortilla entre copas por la noche es un punto tremendo. El sitio está un poco a desmano, pero vale la pena

Un nuevo pincho de tortilla del barrio es el de “La Cañada”, en Pilar de Zaragoza. Los nuevos dueños todavía no han cogido el punto a algunas cosas pero la tortilla está al mismo nivel que un gol de Forlán en la semifinal de la UEFA, algo emocionante.

Y otra que tras mucho cavilar creo que es la mejor, aunque el nivel es alto, es la del “Mesón el Rollo”, en la calle Cartagena 86, llegando a Avenida de América. Que tortilla señores, muy mucosa , con la patata frita y crujiente, entera.Va foto

Quien sepa otros sitios donde la tortilla de patatas sea buenísima, ¡que me lo diga! Por cierto, cuando estuvimos en Vitoria, Javier, el dueño de Kitsch, nos dijo que había un sitio que había ganado no se cuantos premios de tortilla de patata… ¡y no fuimos! ¡Qué mal!

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Cañas por El Parral (Madrid)

El Parral es un sub-barrio dentro de mi barrio, La Guindalera, que por las cuestiones urbanísticas ha quedado muy reducido. Si bien originariamente su estructura abarcaba un gran número de calles, ahora las calles permanecen pero muchos edificios antiguos han desaparecidos. Todo lo que era industrial ahora son lofts y las casitas bajas con huertas son ahora “Los Altos del Parral”, el último gran pelotazo inmobiliario dentro de la almendra de la M30.

Aun así, nos queda el gran descampado del Parral. Y un puñado de calles muy cortas que siguen siendo como un pueblo dentro del pueblo que es La Guindalera. Son las calles Otero, Oltra, Antonia Ruiz Soro, Francisco Remiro…

Cuando pasas por El Parral parece que quedan muy pocas cosas y que la piqueta se va cargando aquel antiguo barrio de trabajadores y casas bajas. Que no queda ya ni un atisbo de vida comercial ni social.

Pero nosotros no cejamos en nuestra búsqueda de lugares y hemos podido ver que en la parte más vieja y resistende del Parral se puede cañear más que bien.

Hay tres bares y la última vez visitamos sólo dos

El Mirador. C/Otero, 3

Regentado por unos filipinos, es un bar de cañas de toda la vida que en verano se llena mucho por su agradable terraza. Está elevado en el límite del Parral, separado por unas escaleras de la zona de Parque de las Avenidas, y esta elevación es lo que le da carácter de mirador.

La cerveza de grifo que tienen es la Estrella Damm y tienen muchas más de la gama Damm, y la tapa que nos pusieron fueron estas migas

 

El segundo que fuimos

El Parral. C/Francisco Remiro, 39

Un bar de toda la vida que por lo visto antiguamente fue lugar de reunión de rockeros. Clásico bar donde jugar a las cartas y tomar comida casera. De tapa nos pusieron lo que veis en la foto: tortilla de patatas y patatas fritas con huevo (si, es una redundancia) y bacon. La cerveza era Mahou

 

Nos faltó visitar el Mesón Duero, en la c/Antonia Ruiz Soro, 35, otro local que por experiencia sabemos que es muy competente, pero aquel día no nos dio para más.

 

Niños y niñas, dejad de ir a los bares de siempre y lanzaos a descubrir. Donde hay taberna hay pueblo. Cañas o barbarie

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Ginger Boy

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 8 de Enero de 2011

La reina y yo somos unos fans frustrados de la comida a domicilio. Fans porque evidentemente nos gusta que nos traigan la comida a casa de tanto en tanto, pero frustados por la poca y simple oferta que hay en Madrid. Comida fuera del domicilio hay mucha, pero eso de poder pedir a domicilio comida de cualquier lugar del mundo y de varios rangos de calidad/precio nos queda lejos de momento.

El caso es que hemos encontrado un lugar que pasa obligatoriamente a la lista de los sitios a tener muy en cuenta. Se trata de Ginger Boy . Leímos acerca de este lugar en la guía de Comer y Beber en Madrid de 2011 de Metropoli, que es una guía orientativa obligatoria en cualquier domicilio decente, que siempre es mejorable pero que te da una indicación muy positiva de casi todo lo que se cuece en esta nuestra capital.

Bueno, pues resulta que el Ginger Boy este es un localcito de comida para llevar que ha abierto un tipo sueco llamado Andy Bouman. La oferta es sencilla y efectiva: comida tailandesa de calidad y con precio decente. Por 30€ dos personas pueden cenar bastante bien. La historia es que lo puedes ir a recoger o te lo traen a casa y aunque no cubren todo Madrid cubren una buena zona, teniendo en cuenta que están ubicados en la calle Murillo,  junto a la plaza de Olavide.

Por aquí nos pedimos una Crema de Boniato que no venía en la carta y que estaba cremosa y picante, deliciosa. Un Panang Curry vegetariano que hizo las delicias en este lado de La Guindalera y el clásico Pad Thai, del cuál nos sobró un poco y me lo he desayunado esta mañana como un caballero castellano en condiciones.

Se echa en falta, como en todas partes, una pequeña selección de cervezas en carta. Nosotros acompañamos la cena con una Anderson Valley IPA que teníamos por casa e igualmente le habría ido bien una Montmirà Penyagolosa, por ejemplo.

Total, que estos locales valen la pena para alegrarnos la vida a los comedores de esta ciudad y que a ver si proliferan por aquí sabores del mundo en combinación con los sabores castellanos, locales de comida para llevar de gastronomía albanesa, senegalesa o birmana, todo sea por nuestro estómago. Con eso y unas gachas no le puedes pedir más a la vida.

Ginger Boy

C/Murillo, 1

Tel: 91 594 31 94

http://www.gingerboy.es

(La foto es de conmuchagula.com)

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Vaya usted al bar

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, el 21 de Julio de 2010

Una de las cosas de las que me he dado cuenta en la vida es que podemos dividir a la humanidad en dos grupos fundamentales: los que no van a bares y los que vamos a bares.

Cuando hablo de bares no me refiero a afterworks. Ir a afterworks es la antítesis de ir a bares. Ir al afterwork es como ir a la nada y a la mierda a la vez. Tampoco hablamos aquí de ir a pubs a tomar copas, esto sólo podría encajar si hablamos de pubs oscuros y llenos de gente inquietante. Y creo que no hablamos de lo mismo si pensamos que ir a bares consiste en ir a sitios de raciones modernas de croquetas de boletus en La Latina, cosa que puede ser interesante gastronómicamente (y lo es, qué demonios) pero que muchas veces tiene un componente de rollo progreimbecílico supino del tipo “yo es que voy de tapas a La Latina ¿sabes? Mientras escucho a Russian Red me tomo un riojita”. Esto de “tomarse un riojita” son cosas que dicen las personas que creen ir a bares pero no lo hacen en realidad, y que “se toman un riojita” para demostrar que 1) no son tan superfluos como para tomar cañas porque son unos intelectuales del bebercio y 2) creen que saben de vino y por eso toman “riojitas” (a veces con marcas que han memorizado del tipo “pues yo me tomo un cune”) y nunca tomarían un vino de Méntrida porque ni siquiera saben que hay vino en Méntrida. En la versión 2.1 de esto, ya toman vinos de los viñedos chilenos y demás.

Pues descartemos todo eso. Cuando hablamos de ir a bares las coordenadas son muy simples. Hablamos de tabernas, tascas, tugurios y demás ralea con azulejos, boquerones en vinagre, mondadientes, camareros con camisa blanca y clientela selecta compuesta por los trabajadores del barrio. El bar, amigos, es la pieza fundamental de la existencia humana y cuando un bar existe y ha existido durante años habría que declararlo monumento nacional, protegerlo de la especulación, eximirle de pagar impuestos e incluso darle medallas de oro y diamantes si es preciso.

La importancia del bar es social, sociológica, antropológica y etnológica. También lupúlica, enológica y croquetariana, pero eso se da por supuesto. En Castilla, el bar ha sido siempre uno de los ejes sociales fundamentales. Los podríamos resumir en cuatro: el mercado, la plaza, la iglesia y la taberna. Ahora ha cambiado la cosa porque ya menos de la mitad de la gente va a misa y ya no te sientas en la plaza de tu barrio a hablar con cualquier vecino. En los mercados todavía hay cierta relación que surge en las colas, con el “quien da la vez” y las señoras que se cuelan de estrangis. Pero la taberna es el eje máximo y debería seguir siéndolo. En una taberna de tu barrio, lo más importante es pedir una caña y observar al personal. Cuando tu vas a un barrio y quieres saber como es ese barrio en cinco minutos, simplemente has de ir a una taberna. Allí verás el percal. Si se tercia, haces amigos y todo.

Es cierto, no lo podemos negar, que el bar ha sido muchas veces refugio de canallas. Del típico ser despreciable que se ponía fino a vinos, subía a su casa y le daba una paliza a la esposa. Pero el bar es también el hogar de los obreros, donde cuentas tus cosas, donde conoces camareros majos y otros perdonavidas y hablas del Atleti, también es donde ves a grandes personajes de tu barrio. Todos los que vamos a bares tenemos la experiencia de que se nos acople un crack contando anécdotas rarísimas. Todos tenemos un Jaime Robles en nuestras vidas. El bar es la piedra angular de la cultura castellana. Sin bar no habría barrio y sin barrio no habría nada.

Hacer una apología del bar es deber obligatorio. Yo tengo que estar totalmente agradecido a mis padres por llevarme al bar desde pequeño, porque eso es lo que me ha convertido en el gran prohombre de la historia que soy actualmente. Mi madre tiene un mérito especial, porque viviendo en Valencia ejerció de madrileña tabernera y se creó su propia cultura barística, aunque no fuese lo mismo porque en Valencia la cosa no funciona igual. De hecho, aunque sea sorprendente, hay pueblos del mundo en los que la taberna no juega este papel crucial que debería jugar. Hay lugares en los que las personas no entran al bar a pasar el rato, sólo entran con intenciones predefinidas del tipo “vamos a este sitio, sirven muy buenas raciones”. Entonces hay menos sitios, claro, porque no existe el bar amigo, el bar cercano, el bar que es tu casa, el bar donde puedes entrar y no hacer nada más que estar una hora con el mismo vaso y nadie pensará nada malo.

Si yo ahora tuviese una situación económica mejor, no me cabe duda, pasaría más tiempo en el bar. Porque el tiempo empleado en las tascas del barrio es siempre tiempo bien aprovechado. Desayunar en la taberna debería ser crucial para poder pasar un buen día con energías y poderes. Tomar una caña/vino/mosto al día al volver de trabajar ( o dos) debería ser algo subvencionado por el Estado.

Los que vamos a bares somos una estirpe gloriosa, pero generosa. Admitimos que se pasen a nuestro bando los que no van a bares, aunque tachamos de nuestra lista y encuadramos como traidores a los que se pasan al “afterwork”. Amigo, si usted no va al bar, vaya. Si usted no acude a la taberna, acuda. Mañana mismo, nada más levantarse, desayune en el bar. Pero no busque un sitio decorado de tal manera con no se cual música. No, entre en el lugar de la esquina de su calle, ese que hasta ahora le ha dado un miedo inexplicable y absurdo. Ese que no tiene una pizca de glamour aparente. Entre y desayune. Y durante una semana, cada vez que vaya por la calle, cada vez que vea una barra con su vitrina de raciones, cada vez que vea un local con azulejos y sus grifos de Mahou, ¡entre! Nunca es tarde para coger práctica. Vaya usted al bar, confraternice con la parroquia, comparta cañas y sea feliz con la clase obrera.

Y nunca pida ración hasta que no le hayan dado la tapa

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Tabernas: Marisquería Luis

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 2 de Diciembre de 2009

Marisquería Luis

C/Alonso Heredia, 25

Metro: Diego de León (L4, L5, L6)

Vamos hoy con uno de los clásicos del barrio de La Guindalera, la marisquería Luis, una taberna que lleva aquí toda la vida y parte de la anterior.

En el mundo de los bares madrileños podemos establecer una clara división entre bares sin tapa y bares con tapa. Los bares sin tapa son los menos y se caracterizan por tener una clientela 1)guiri 2)progre 3)snob, o sea que son de vergüenza ajena y sacacuartos para flipadillos. Lo decía un amigo de mi padre, que ahora la gastronomía se ha puesto de moda, pero que moda, la peor, con esas críticas en las que hablan más del diseño del local que de la comida en sí misma. Qué manera de mandar a fer la má a toda nuestra tradición gastronómica. Yo, que soy un poco madrileño pero también un poco valenciano debo advertir que la destapificación es un fenómeno horrible… y a Valencia me remito, ciudad maravillosa en la que no ponen tapa en ningún sitio. Luego están los bares con tapa. Por un lado están los bares de tapa insultante, que son esos en los que te dan unos panchitos o unas olivas. Luego están los de tapa básica, en los que te dan el clásico canapé con salchichón y a partir de ahí sube y sube.

Bueno, pues la Marisquería Luis es un bar de tapa un poco por encima de la básica. Tienes tapa garantizada, que se mueve entre los clásicos. Como buen bar de barrio, es de estos en los que la primera tapa es menor que la segunda y esta menor que la tercera y todo va en aumento conforme avance tu resistencia cañera. Dos rondas nos tomamos, la primera vino acompañada por patatas all-i-oli y la segunda por dos señores trozos de tortilla guisada. Cantidad decente y calidad buena.

Además de tapas, que es lo primero y principal que debe tener cualquier tasca de la ciudad, tienen una elevada cantidad de raciones de marisco a disposición del cliente. Lo básico y más popular son las roscas de gambas. Seis euros por un plato de gambas importante echas a la plancha. Tienen también restaurante, siendo su plato más célebre el arroz con bogavante. Un día lo probaré y ya veremos qué tal, porque es necesario que alguien tome referencias. Mis abuelos fueron con su pandi y no se pudieron tomar el arroz porque se desmayó la Tía Tile, ahí es nada.

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