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El gourmet solitario

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 28 de Noviembre de 2010

Por mi cumple me regalaron este tebeo tan chulo, “El Gourmet solitario”. La verdad es que la regaladora iba encaminada porque ya le había echado el ojo, pero como a tantas otras cosas.

Este manga tiene una estructura muy simple. Trata de un comercial autónomo de objetos de importación, que va por Tokio visitando a clientes y haciendo reuniones. Como pasa tanto tiempo fuera de casa, se ve obligado a comer por ahí casi todos los días y suele tener preferencia por esos rincones ocultos que puede haber en cada barrio, aparentemente nada glamourosos pero con grandes joyitas gastronómicas.

El libro se divide en 19 capítulos, que no son sino 19 comidas. No hay ni principio ni final, solo un tipo que tiene hambre y que filosofa un poquito sobre el comer cuando llega el momento. Puede ser que a muchos esta estructura les resulte sorprendente o sin sentido, aunque creo que el autor, Jiro Taniguchi, tiene la filosofía de que la narrativa debe ser como la vida, en la que las cosas no tienen un principio ni un final demasiado abiertos y en la que muchas veces,de muchas personas, no sabemos más que cosas puntuales. En este caso, del protagonista del libro sólo sabemos que es un enamorado de la gastronomía popular japonesa.

A mi me ha gustado por mi vertiente glotona, también porque me ha recordado el tiempo que pasé en Japón hace un par de años y todas las cosas ricas que encontrabas para comer, y por último me ha gustado por la manera de funcionar del protagonista: come donde le surge. La analogía de esto en castellano sería un tipo que va por los barrios de Madrid y cuando llega la hora de comer entra en los sitios de menú a ver que se encuentra.

Para los amantes de la gastronomía y/o de lo japonés que quieran leerse un manga facilito, este queda totalmente recomendado.

Para quien quiera conocer como se gestó la portada de la edición en castellano, pueden leerse este interesante enlace

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Carta desde Yeosu

Publicada originalmente en Camino a Casa, 6 de Julio de 2008

Queridas amiguitas:

Esta carta y todas las que se escriban dese Corea van dedicadas al señor Dani Lucas. Por su compañerismo en la facultad, por lo que se está currando su oposición sudando la gota gorda, pero sobretodo por ser quien me introdujo en el mundillo de la cocina coreana, de la que vamos a disfrutar las próximas semanas.

Nuestros últimos días en Japón los pasamos como sabéis en la ciudad de Fukuoka, en casa de Peter y Kaori. Peter era profesor de inglés en la universidad. La diferencia entre los profesores de inglés de universidad y los de instituto se aprecia fundamentalmente en el tamaño de sus casas. También era licenciado en Filosofia y tenía muchos libros interesantes. Tenía una hija de tres años a la que no conocimos porque estaba pasando unos días en casa de sus abuelos. Kaori había vivido en Singapur durante siete años, en los que fue profesora de japonés.

En su casa tradicional japonesa recibimos un trato estupendo. Kaori era adicta al mundo del manga y del anime, así que vimos varias películas como Lupin en el castillo de Cagliostro y Tokyo Godfathers. La primera es por lo visto mítica en la historia del anime. La segunda es más actual, nos dejó impresionados tanto la historia como la técnica, avanzadísima para nuestros ojos profanos. Otra que vimos fue Paprika, muy rara.

También nos aconsejó sobre mangas para leer y nos compramos un par de ellos. Uno que me compré era “Monster”, que es un thriller muy interesante. Además del comic, hay serie anime y tendré que hacerme con ella porque sólo tengo el tomo 1 y tengo que ver como continúa. Trata sobre un doctor japonés que está en Alemania y es un cirujano buenísimo. Pero es utilizado por el director del hospital, que no sólo se atribuye todos sus éxitos sino que para conservar sus amistades altera el orden de llegada de los pacientes. Así obliga al doctor a que opere a una famosa cantante de ópera antes que a un obrero que había llegado antes. Esto le pesa en la conciencia al doctor, así que más adelante cuando se le presenta otra situación similar, decide desobeder al director y salvar la vida de un pequeño muchacho en lugar de la del alcalde de la ciudad. Esto le causará todo tipo de problemas y detendrá su progresión médica, peor lo peor es que pasados los años el muchacho se convierte en un asesino en serie…

El argumento es bastante prometedor. Lo que he visto de la serie (por supuesto, la tenían en dvd en casa de Peter) son capítulos muy bien realizados, con una interesante trama, con muchos personajes con muchos claroscuros… en fin, me tendré que hacer con la serie completa al regresar a casa.

En Fukuoka también volvimos a cocinar nuestros platos típicos (no por ser típicos de nuestra tierra, sino porque empiezan a ser típicos de Aurora y míos, pero son los únicos para los que encontramos los ingredientes). La novedad destacada fueron los tres litros de sangría que preparamos, y es que el veranito ya despierta los sentidos…

Sobre la ciudad de Fukuoka, es muy parecida a todas las ciudades japonesas, aunque tiene un algo especial. Parece más limpia (lo que es dificil en Japón), con más naturaleza, más protagonismo del peatón… tienen el impresionante edificio del Across Fukuoka, con un tejado verde que es como una gran escalera de jardines al que se puede acceder a pie de calle para subir hasta el último peldaño y divisar toda la ciudad.

Así terminó nuestra estancia en Japón. Un país muy interesante que verdaderamente nos ha gustado y nos ha sorprendido en general muy positivamente.

De Fukuoka salimos en barco hacia Busan en Corea. Tuvimos que coger el barco exprés, el más caro, porque como viene siendo nuestra costumbre, el barco que queríamos estaba en tareas de mantenimiento por diez días. Así que a soltar yenes, total, por unos cuantos miles más… Del barco poco puedo contar porque la pastilla del mareo tenía en sus componentes algo que te dejaba k.o, así que fue tomármela y quedarme grogui.

La entrada en Corea, muy simple, como deberían ser todas. Enseñar el pasaporte y dentro. Teníamos que hacer tiempo para encontrarnos con Michael , nuestro anfitrión. Nuestra primera idea fue pasear por la ciudad, pero la lluvia torrencial nos hizo quedarnos en la terminal de ferry. No nos apetecía ir con las mochilas calados hasta los huesos. Esto de la temporada de lluvias es curioso porque lo mismo cae un chaparrón que hace un día soleado y muy caluroso.

En la terminal de ferry tuvimos nuestro primer acercamiento a la comida coreana. Fue muy testimonial porque acabamos tomando tallarines, que es algo no exclusivo de Corea. Pero nos encontramos con el kimchi, que es una especie de repollo con una salsa picante. Este kimchi te lo ponen en todas partes a modo de tapa, pidas lo que pidas te ponen un platito con kimchi. Otra novedad fueron los palillos metálicos, en Japón siempre eran de madera.

Cuando llegó la hora, salimos hacia el encuentro con Michael. Nos dirigimos en Metro hacia donde el nos había indicado. En la sala de espera de la terminal y en el propio Metro pudimos ver una diferencia con Japón, como es el hecho de que la gente es más ruidosa, levanta más la voz, ríe a carcajadas y tiene contacto directo con otras personas, se abrazan, se tocan el hombro al hablar, etcétera. Otra sorpresa del Metro fueron las máscaras antigas que tienen preparadas por si el amado líder Kim lanza un pepino desde el norte y se lía parda. Choca la primera vez que lo ves.

Michael nos dijo que cogiésemos un taxi, que es algo muy barato, pero al final el taxi, tras ir en Metro hasta donde nos dijo, nos costó un pastón. Una pena porque en Corea los precios son realmente más baratos que en Japón, pero ya por el tema del taxi gastamos más de la cuenta. Michael no vivía en Pusan propiamente, sino en Jangyu, una ciudad dormitorio.

Como cabe esperar, Michael era profesor de inglés. Vivía en un apartamento bastante decente pagado integramente por la academia que le tiene contratado.

Salimos a cenar con el, su amiga McKenzie (una chica majísima) y su novia coreana a un sitio muy interesante al lado de su casa. Una especie de merendero con sillas y mesas de plástico y una carpa. En Corea se lleva el rollo terracita y el rollo cutrismo, lo cuál nos encanta porque nos recuerda a casa. En este sitio la gente estaba cenando a pie de calle montando escándalo y contando chistes. La camarera no llevaba el rollo inclinación de cabeza, sino más bien , aunque no la entendíamos, contar gracias y poner de vez en cuando raciones extra de regalo, rollo tapa a la asiática. Este sitio que fuimos era un sitio de carnes. Todas las mesas tienen un hueco en el que ponen unas brasas y sobre estas una plancha en la que te haces tu propia carne. Por otro lado te dan unas hojas de lechuga y lo que tienes que hacer si quieres es meter la carne en las hojas de lechuga, con ajos que también haces a la plancha si te gustan, una crema de judías pintas y cebolla en vinagre, lo enrollas todo y te lo comes, así de simple.

Michael se empeñó en comprar no se cuantas botellas de shoju, el licor nacional coreano, y acabamos con una melopea muy poco honorable. Así fue nuestra primera noche en Busan.

Al día siguiente estábamos rotos y no hicimos demasiado. Probamos un desayuno a la coreana, que no era más que una sopa de tofu con montones de kimchi picante. Demasiado para el estómago de buena mañana. Luego volvimos a cenar carnes a la plancha y acabamos en un sitio de billares porque a Michael le dio la vena. Se picó y retó a un coreano y yo veía tensión en el ambiente, el coreano tenía pinta de que si quería te arrancaba el cuello, pero luego era muy sonriente.

Nuestro anfitrión Michael estaba como una regadera. Es el tío más loco que nos hemos encontrado en todo nuestro periplo. A cada poco se le ocurría una idea alocada, pero en seguida la cambiaba por otra aún peor, repitiendo el proceso miles de veces. El castellano no da para describir la chaladura que tenía el chico.

Uno de los días hablamos sobre el judaísmo, porque el decía que era judío, aunque no practicaba ningún precepto. Pero bueno, ya es sabido que son temas que a mi me gustán y tuvimos nuestra charla. No fue muy fructífera porque tras asegurar que nosotros si éramos creyentes y casi judíos nos acabó hablando de las intenciones amistosas de los alienígenas. Lo único judío que sacó fue una serie de ataques a Jesús de Nazaret por atribuirse el título de Mesías. Según el, Jesús de Nazaret no era ningún Mesías, porque el sabe que el día que llegue el Mesías nadie podrá con el, nadie podrá crucificarle y además el mundo se acabará en ese instante. Yo le pregunté que como lo sabía y tampoco me lo supo responder. En fin, a veces con la gente religiosa el problema es que todo es “porque sí”, es muy dificil debatir y si se ponen los alienígenas de por medio ni te cuento.

El último día en Busan la reina y yo fuimos a la playa. Ya se sabe que a la reina cuando le da por la playa es algo imperativo. Así que nos dirigimos allí a la zona de Hondae. Es una especie de playa alicantina ( o sigui, encara que no m’agrae dirho, platja horrible). Las diferencias las pone la gente. Se baña muchísima gente con ropa. No hablo de bañarse con bañador y camiseta, no. Hablo de bañarse tal cual con la ropa que llevas puesta en el momento. Vamos que si vas por ahí y te da por pegarte un baño, pues con lo puesto al agua. Yo sigo diciendo que lo lógico sería bañarse en pilota picá, pero estos y los japos tienen costumbres curiosas al respecto. También había gente en bañador, claro. Y unas sombrillas que alquilaban por 500 pesetas. Mientras Aurora se torraba al sol, yo me cogí una sombrillita, no sea que me de el sol demasiado.

Otro punto a destacar es que los coreanos en general no usan toallas. Y los que las usan, no las extienden en la arena. Hay dos formas. O bien vas sin toalla ni nada y después de bañarte te sientas en la arena tal cual, o bien la gente que va preparada lo que tiene es una lona de un material cuyo nombre no se, eso es lo que extienden. Luego llevan la toalla que no la extienden sobre la arena sino que la usan exclusivamente para secarse. A esto yo le veo mucha lógica, la arena y yo nos llevamos tirando a mal y no me gusta lo de que la toalla se llene de arena y luego te pones allí y es un asco… en fin, yo no valgo para eso. Ya lo dice mi tío, “los de Denia ni comen postre ni van a la playa”.

Ese último día probamos otra novedad, el bimbibab, un arroz con verduras y huevo frito. Interesante y barato.

Tras tres días allí, seguimos adelante. Y lo hicimos en autobús. Decidimos aparcar el autostop momentaneamente. Tantos días de mochila junto a muchas malas posturas al dormir (cosas de los tatamis, imagino) más la nueva cámara colgada al cuello tienen a Aurora con algunas molestias en la espalda. Por mi parte, uno de los días en Busan, caminando me pegué una leche con un armatoste de cemento. No era demasiado alto, estaba casi a ras de suelo, pero ya lo dice mi madre “hijo es que andas arrastrando los pies”. Y como ando arrastrando, a poco que algo se eleve un poco siempre me lo como. Vamos, que somos unos piltrafillas y decidimos ir en bus. Pero no podían ser las cosas tan simples.

Michael, en su último alarde de ideas alocadas, nos aseguró que había un autobús directo desde Gimhae (junto a Jangyu) a Yeosu, nuestro siguiente destino. Y que fuésemos a la terminal en taxi, que costaría menos de 4000 won. No se por qué le hicimos caso sabiendo sus locuras. Porque el taxi costó mucho más y al final no había bus directo. Así nos separamos de Michael. Un tipo que se esforzó mucho para que estuviésemos a gusto, pero que estaba como una cabra. Para nuestros bolsillos va a ser un alivio porque la dinámica que llevaba nos implicaba gastar mucho y aunque nadie nos obligaba al final acababamos gastando.

En fin, el tema del autobús, como decía, estaba algo liado. Desde Gimhae tuvimos que coger un autobús a Changwon. Lo cogimos a esa ciudad porque nos dijo un señor en la cola que seguro que desde Changwon habría conexiones a Yeosu. Lo peor de todo fue cuando descubrimos que dicho autobús pasaba por la puerta de casa de Michael y, es más, tenía una parada justo delante. Nos habríamos ahorrado el taxi. Pero daba igual, porque desde Changwon no había conexiones a Yeosu. Lo bueno de los coreanos es que siempre te ayudan, incluso más que los japoneses, que ayudan muchisísisisisimo. Lo malo es que no les importa inventarse la ayuda. Total, que en Changwon tuvimos que coger otro autobús a la ciudad de Masan. La amable vendedora de billetes nos metió en el autobús y le explicó al chofer exactamente donde tenía que dejarnos, así que olé por ella.

En Masan, ya sí, teníamos conexión directa. El viaje en autobús duró unas cuatro horas. Cuatro horas de locura porque el conductor era un kamikaze que adelantaba a los coches por todas partes. Acabamos algo pálidos, vaya fiera. El autostop es algo que nos encanta y que nos ha deparado grandes momentos, pero el autobús también fue de traca. En adelante, según como estemos de fuerzas y de dinero cogeremos autobús o no, que tampoco hay que forzar la máquina.

Finalmente en Yeosu nos encontramos con nuestra nueva anfitriona Gillian. De la misma profesión que el resto. Vivió en Australia, en India, en Japón y en Corea. Le dio por el budismo y nos estuvo explicando un poco. Al contrario que Michael, nos explicó las cosas con la mente muy dispuesta, parece que algo controla del tema.

Fuimos a cenar con ella a un sitio de tofu. Al pedir el tofu, que no es tofu a pelo sino convertido en una especie de pasta con muchas especias, te ponen además muchísimas tapitas de acompañamiento. Todo por unos 3 euros. Vinieron varias amigas suyas, una chica sudafricana con su novio coreano y otra chica originaria de Bangla Desh, criada en Londres y que había vivido en Madrid y Chile. Fue una cena muy agradable.

Nuestro único plan para Yeosu es llevar un ritmo relajado, para desentumecernos un poco de tanto tute. Luego ya veremos.

Hemos notado ya muchas diferencias con Japón. En general la gente es más sociable y hace más vida de calle. Por otro lado, son más sucios, no está todo reluciente, sino que las calles parecen como las de cualquier sitio, con su dosis de mierdecilla. Conducen mucho más temerariamente. Y hay muchísimas iglesias con cruces rojas luminosas que se ven por la noche por doquier, porque los evangelistas son la segunda religión del país. Todo es más barato, aunque no lo hemos notado mucho por el ritmo de Busan, pero esperamos que en Yeosu podamos poner un poco en orden nuestro bolsillo.

Y hasta aquí esta carta.

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Carta desde Hakodate

Queridas amiguitas:

Que por Mayo era por Mayo

Cuando hace la calor

Que por Mayo era por Mayo

Y el invierno ya llego

(popular)

Nuestra salida de Kitami fue la mas facil probablemente en todo lo que llevamos de viaje. Caminamos un kilometro desde casa de Randall, nos paramos en una interseccion de carreteras y en menos de diez minutos ya estabamos montados en el flamante coche de un simpatico granjero. Viajaba con su mujer y dos de sus empleadas de excursion a no se donde, era su dia libre. Nos metieron como pudieron en el coche. El buen hombre hablaba algo de ingles y nos hicieron las preguntas de rigor con los correspondientes “oooooh” al relatarles el viaje.

No iban demasiado lejos, pero se esmeraron en dejarnos en un buen sitio para continuar nuestro viaje. Cuanto esperamos? Cinco minutos? No se, pero en seguida estabamos montados en un camion. El conductor estaba ya al borde de la jubilacion y le entraba todo el rato la risa floja. Pero igualmente contundente. La risa era como la de Mister Satan de Bola de Drac. Por mas que le deciamos wakarimasai, que es algo asi como que no entiendo, el hombre nos hablaba y hablaba, nos contaba largas historias, nos miraba y se moria de la risa. Puestos a no entendernos, por nuestra parte le deciamos palabras sueltas y Hokkaido muy bonito, de forma que nadie entendia nada pero todos pasabamos un buen rato. Como viene siendo tradicion, el camionero nos compro unos refrescos… tres para cada uno en total. Nos hizo casi todo el recorrido hasta Sapporo, nos dejo a veinte kilometros en una gasolinera.

El viento era fortisimo. Se nos volaron nuestras señales antiguas del viaje, pero la fundamental la guardamos a buen recaudo. Comimos una bandejita amparados bajo una extraña escultura, pusimos “mans a la feina” y a los cinco minutos ya estabamos en otro camion. El camionero tenia un nombre larguisimo, muy dificil de memorizar. Siempre hacemos la maniobra de señalarnos a nosotros mismos y decir el nombre. Este nos respondio, señalandose a si mismo, con una larga concatenacion de sonidos. Quien sabe, quiza nos conto su vida.

Asi que entre pitos y flautas y sin demasiado esfuerzo nos plantamos en Sapporo, la ciudad mas grande de Hokkaido. Ya se notaba que estabamos en una capital. Tuvimos que coger el cercanias y el metro para llegar a donde queriamos. Un amable señor se acerco a nosotros y nos explico todo el funcionamiento del asunto, por lo que no tuvimos dificultad.

En Sapporo, nuestra anfitriona era Amanda, profesora de ingles, redactora de guias de viaje y narradora de videos, ni mas ni menos. Llevaba viviendo en Japon mas de una decada. Iba viajando por el mundo y decidio quedarse alli, ni corta ni perezosa. Todo el rato sonrie y hace bromas, nos encontramos de golpe con el humor ingles. Esa noche en casa de Amanda habia alojado otro viajero, Juan Carlos. Chileno-aleman, llevaba dos años viajando en bicicleta por Oceania y Asia. Habia estado trabajando durante años en algo biotecnologico, se canso y se puso sobre dos ruedas. Decia que simplemente estaba buscando donde quedarse y estabilizarse un poco, pero ningun sitio le habia convencido. La mare que va, en dos años y medio!. Tenia muchisimas historias interesantes que contar acerca de su estancia en sitios como China o Vietnam.

Cuando nuestro viaje transcurria por Polonia, recibimos un dinero que Aurora habia solicitado muuuuchos meses atras y del que ya nos habiamos olvidado. No lo contabamos en nuestro presupuesto. Y como nuestro presupuesto nos parece digno para sobrevivir, decidimos que nos dariamos algun capricho y el resto quedaria para emergencias. Asi que en Sapporo toco hacer la maniobra. Aurora queria una camara mejor que la que tiene, es un viejo anhelo porque ella aprendio fotografia con una reflex antigua y queria una del mismo tipo pero digital. Nos dirigimos a las dos grandes tiendas de electronica, Bic Camera y Yodobashi. Fue entrar en un mundo de locura sin precedentes, con empleados vociferando ofertas, musica bastante alta y las pantallas de plasma con peliculas belicas sonando a todo meter. Al final, hubo camara.

Por otro lado, dado que utilizamos unos cuantos recursos de Internet para nuestro viaje, tras llegar a Europa del Este y sufrir la ausencia de cybercafes y las pesimas conexiones locales a la red, constatamos que ademas de como capricho, un portatil nos vendria de perlas para hacer mas de una gestion.

Total, que pasamos casi todo nuestro tiempo en Sapporo en tiendas electronicas. Pero al final tenemos nuestros caprichitos.

Sobre Sapporo, no hay demasiado que decir. Es una ciudad muy planificada con grandes avenidas, tranvias y un metro bastante eficaz. La gente hace cola para entrar en el metro (hay unas señales en el anden indicando donde estan las puertas cuando llega el tren, la gente se ubica en fila tras las mismas) y los vagones son muy anchos. Ya notamos el cambio entre un area muy rural como Kitami y una capital como Sapporo, con gente trajeada yendo y viniendo. Los japos estan obcecados con el trabajo, trabajan incluso fuera de hora y estan muy preocupados por el “que diran” . Por eso hay muchas tiendas de comidas para llevar, las famosas bandejitas. En la planta sotano de la tienda Bic Camera hay multitud de puestos de comida, la gente se compra la bandejita y comen sentados en cualquier parte.

Del exterior de las tiendas electronicas apenas vimos el parque Murayama, un parque muy frondoso. Tenia una curiosidad, un cementerio de niños. En este cementerio no habia tumbas propiamente dichas, sino muchisimas estatuas budistas, algunas muy bonitas y otras aterradoras. No por feas, mas bien por el miedo que daban.

La ultima noche volvimos a cocinar pisto, nos estamos haciendo expertos. En Sapporo un producto caracteristico son las patatas dulces, asi que probamos a añadirselas. A mi me gusto el pisto globalmente pero las patatas creo que no hacian un gran aporte. Aurora opina que si. Asi que entre los innumerables aficionados a la cocina que hay en estas paginas, ahi queda la anecdota, ya probareis y direis.

En casa de Amanda estuvimos muy comodos, pero el viaje continuaba.

El dia de la salida de Sapporo estuvimos algo vaguetes y nos levantamos mas tarde de lo que hubiera sido inteligente. Nos fuimos en Metro hasta la ultima parada de una de las lineas, pero aun asi tuvimos que andar un gran trecho hasta salir un poco de la ciudad junto a la carretera nacional. En Hokkaido apenas hay autopistas, por lo que para el autostop es un paraiso en el sentido de que es muy sencillo simplemente llegar a una carretera, levantar el dedo y esperar, en cualquier punto que se considere conveniente. En Europa habia que sudar lo suyo para llegar a una estacion de servicio junto a la autopista. Y temo que tengamos el mismo problema conforme avancemos hacia el sur.

Decia que fuimos en Metro hasta la ultima parada. Caminamos junto al impresionante estadio de la ciudad, que parecia un zepellin y nos pusimos a probar ubicaciones. No encontrabamos la adecuada, ninguna nos convencia demasiado por que no habia mucho espacio para que los coches se detuviesen o porque no nos veian muy bien… Al final entre unas cosas y otras tardamos tres cuartos de hora en encontrar a una amable conductora que nos llevase. Esta conductora respondia al inolvidable nombre de “Asako”. No se por que nos cogio porque creo que le dabamos miedo. A mi me daba esa sensacion porque la veia muy inquieta.

Asako nos dejo en un pueblo llamado Nuribetsu, desde el que seguiriamos hacia delante. Alli comimos otra bandejita, nuestra dieta on the road, y encontramos un nuevo tramo en seguida. Dos chicas que estaban como un cencerro fueron las encargadas de pararnos. Es imposible describir por escrito lo mal que estaban de la cabeza estas muchachas. Segun nos vieron dieron un volantazo, empezaron a levantar el pulgar y a pegar gritos y detuvieron el coche. Cuando montamos, empezaron a pegar gritos de alegria. Cuando dijimos que eramos de Madrid, mas gritos de alegria. Cuando les dije que me llamaba Antonio, mas gritos de alegria. Empezaron a decir “Madrid pizza”, yo les dije que no, pero que “Valencia paella”, escucharon paella y empezaron a pegar gritos de alegria y a chocar las manos entre si. Acto seguido comenzaron una serie de llamadas telefonicas, como es sabido no entendemos ni papa pero decian todo el rato “hitchikers” y nos da la sensacion de que llamaron a todos sus amigos para contarles la aventura del dia: llevaban en su coche a una linda madrileña y a un tipo con aspecto de filosofo guerrillero. En fin, casi les hicimos nosotros el favor de ir en su coche. A mi lo que mas me llamaba la atencion es que una llevaba unos zapatos que debian ser de tres o cuatro numeros inferiores porque parecia que los dedos le iban a explotar.

Nos dejaron en un sitio llamado Date, tras comprarnos una Coca Cola. Nos compraron la Coca Cola y empezaron a gritar “presento!!!!!” y a dar saltos de alegria. Despues tuvieron mas gestos amables. Fueron a un aparcamiento donde van los conductores a dormir cuando estan haciendo un viaje largo (cosas de Japon) a buscar coches con matricula de Hakodate, nuestro destino, a ver si alguien nos llevaba. No hubo suerte, pero las chiquitas se lo curraron. Despues se empeñaron en ponerse junto a la carretera pulgar arriba con nosotros. Esto fue un espectaculo surrealista. Cada vez que pasaba un coche le pegaban un grito y hacian bailes, daban saltos, movian los brazos… el tema es que no les entraba en la cabeza las escasas probabilidades de que alguien llevase a cuatro personas. No, ellas no querian venir con nosotros, pero si un conductor ve a cuatro personas en fila haciendo autostop, creo que piensa que los cuatro quieren ir juntos. Aun asi, entre gritos y tal, las muchachas parece que pasaron un buen rato. Sin quererlo nos estaban haciendo el boicot, asi que las convencimos para que se fueran, camuflandolo un poco “no hace falta que esteis aqui, no os preocupeis por nosotros, ya habeis hecho suficiente y os estamos muy agradecidos”. Lo ultimo era verdad, pero mas que sentir su preocupacion, lo que sentiamos era que estuviesen “echando” a todos los candidatos.

Segun se fueron, nos paro un coche. Una pareja de jubilados en su todoterreno enorme nos hizo el ultimo tramo. Era un coche comodo y la pareja muy amable. Nos desesperabamos un mucho porque aqui en Japon conducen despacio, muy despacio. Los limites en las carreteras nacionales no pasan de 70, pero estos van a 60 o menos no sea que se vayan a matar. Con la pareja hicimos un tramillo por la autopista, el tramo final. El limite es 120, pero van a 100 o 90. Asi que vas viendo que pone “Hakodate 80 km” y a la media hora pone “Hakodate 60″ y dan ganas de ir corriendo. Es la unica queja, porque la verdad es que son amabilisimos. Esta ultima pareja no nos llevo solo a Hakodate, sino exactamente al barrio al que queriamos ir.

En Hakodate nuestro anfitrion es Ben, un ingles que lleva aqui cinco años. A ver si adivinais la profesion. Debo decir que en Japon es muy dificil encontrar anfitriones japoneses, las redes de hospitalidad de Internet tienen un numero de usuarios decente, pero la mayoria son extranjeros. El motivo es que los japoneses tienen un sentido de la privacidad muy acusado con lo que respecta a sus casas. Es algo fuera de lo comun que inviten incluso a sus amigos o familiares cercanos a visitarles en casa, la costumbre es siempre ir fuera a algun sitio. Igual alguien entra en la casa a pasar un rato, a charlar un poco, pero parece ser que no es lo habitual invitar a gente. Si no invitan a sus conocidos, menos invitan a viajeros que no conocen previamente. Por eso la unica forma de trabar contacto con ellos es con el autostop.

Hakodate es una ciudad destacada porque es el principal puerto que une la isla de Hokkaido con la de Honshu. Tiene dos zonas muy interesantes para pasear. Una son los muelles, muy rehabilitados y orientados hacia el uso publico, de forma que siempre hay gente paseando por ahi. Hay bancos (de sentarse), calles peatonales y pequeños comercios. Otra zona interesante es lo que llaman el “preserved district” (distrito preservado) junto al Monte Hakodate. Es un barrio de hace un siglo o asi que lo conservan tal y como era entonces, con todas sus casas, sus alamedas y sus templos. Por cierto, intentamos subir al monte, pero nos perdimos y al final desistimos. Comenzamos a ascender por el que creiamos que era el camino, pero al final estabamos en un parque vallado por todas partes, no nos quedo mas remedio que bajar y a mi la verdad es que tras subir un tramo y bajarlo no me apetecia volver a tirar hacia arriba por otra parte.

Con Ben estamos haciendo dos cosas muy interesantes. La primera es ir a comer a sitios. Nos ha llevado a tres sitios. Uno era un izakaya, que es una especie de pub japones en el que tambien sirven comidas. Basicamente se distingue de los otros restaurantes en que no te dan agua al entrar, hay algo de musica y es algo mas caro. Pero la gracia del asunto es que comimos pulpo vivo. Bueno, ya estaba agonizando y no ofrecio resistencia. Esta de mas decir quien fue el responsable de encarar la situacion. El otro de los sitios es un restaurante bajo su casa al que Ben llama “cena estilo japones”, quiza porque puede ser lo mas tipico. Tu pides un plato principal (distintas variedades de pescado o carne) y esto va acompañado de sashimi (sashimi es el pescado crudo fileteado sin mas, mientras que el nigiri sushi es lo mismo pero con arroz, y el maki sushi es lo mismo pero con arroz y enrollado), ensalada, tofu, sopa de miso, agua y te. De arroz puedes repetir una vez y de ensalada todas las que quieras. El tercer sitio era el “Soup Curry”. Aqui en Hokkaido tienen una variedad de curry distinta a la india y a la tailandesa. Te sirven la sopa con la carne que tu elijas y un plataco de arroz. El arroz que no falte. Ademas de estos sitios, fuimos a otro de sushi Aurora y yo solos, un local en el que te sientas y los platos van pasando ante ti en una plataforma giratoria. Segun el color del plato va variando el precio. Tu coges, amontonas los platos y al final los cuentan y suman todo.

Lo segundo que hacemos con Ben es jugar a un juego de estrategia llamado “Go” que me parece uno de los descubrimientos mas sensacionales de este viaje y me tengo que fijar el compromiso de hacerme con uno de estos juegos cuando vuelva a casa. Hay fichas blancas y negras, tienes un tablero y el tema es hacerte con la mayor cantidad posible de territorio. Es complejo explicar aqui las reglas, pero si os interesa echad un vistazo aqui

Y sin mas me despido de ustedes, deseandole una longevidad enorme a mi ya octogenaria tia Tile.

Ah, y un saludo tambien a Alonso Velasco, gracias a el se los numeros en japones y es algo muy util para decir los numeros de las carreteras (no se decir “carretera trescientos venticuatro”, pero se decir “carretera tres dos cuatro”, bueno, no se decir carretera, pero se decir san ni si y con eso me vale para que me entiendan)

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Carta desde Kitami

Publicado originalmente en Camino a Casa, 18 de Mayo de 2008

Queridas amiguitas:

Efectivamente, llegamos a Japon. Pero la cosa no fue tan facil como puede parecer.

Lo primero, el ferry. Tras el pertinente control de pasaportes en las aduanas rusas, nos montamos en el ferry. El ferry este lo lleva una compania japonesa, asi que nada mas montar empezamos a notar cambios. Todos los empleados sonrientes haciendo sus inclinaciones de cabeza. Teniamos billete en la tarifa mas economica y un senior amable nos indico nuestro sitio. En el ferry japones no hay asientos, lo que hay son una serie de tatamis, entonces tu coges y vas al tuyo, te tumbas en el suelo con una mantita y ves la tele o lo que quieras. Parece ser que cada tatami esta diseniado como para diez personas, pero en el nuestro ibamos los dos solos. Por si fuera poco, nos dieron una bandejita con comida.

A la llegada a la terminal de ferry en Wakkanai, en Japon, lo primero que nos impresiono fue lo limpio que estaba todo. Pero eso no es nada comparado con lo que venia despues. Una larga cola de rusos para el control de pasaportes en Japon. La maquina de huellas digitales (hay que dejar las huellas al entrar en el pais) no funcionaba y nos tuvieron ahi esperando. Cuando por fin nos toco y vieron de donde eramos, nos hicieron rellenar un cuestionario. El motivo es que los ciudadanos del Estado Espaniol no necesitamos visado ni reserva de hotel de ningun tipo, pero estan acostumbrados a que todo el mundo lleve reserva de hotel encima. Como nosotros no llevabamos, se empezaron a comer la cabeza y al final nos hicieron rellenar un largo cuestionario. Una vez rellenado el cuestionario, nos llevaron al despacho del director de inmigracion, que nos empezo a interrogar sobre nuestro viaje. Todo esto con muy buenas maneras y el ayudante diciendo “Miguel Indurain, Miguel Indurain”. Yo les decia que Alberto Contador, por hacer patria. Aun asi, les tuvimos que relatar tooodo nuestro viaje. Se desconcertaron cuando les dijimos “Belgium” porque entendieron “Beijing” y no entendian como habiamos ido de Francia a Pekin para luego volver a Holanda… en fin, en total cuatro horas con el inspector de inmigracion. Resulta que dentro de unos meses, dentro del plazo que tenemos para visitar el pais, hay una cumbre internacional, no se si del G8 o que. Asi que estan bastante rayados con la gente que pueda venir de fuera, especialmente si van sin reserva de hotel ni nada y van sin afeitar como nosotros. Directamente nos preguntaron si no seriamos terroristas, lo cual fue todo un honor.

Al salir de lo de inmigracion, nos toco pasar por aduanas, donde revisaron escrupulosamente todo nuestro equipaje.

Salimos de la terminal del ferry y ya era tardecillo. En Japon son dos horas menos que en la isla de Sakhalin. El tema es que Hokkaido esta alineado con Sakhalin, de forma que por logica tendria que tener la hora de Sakhalin. Pero no, asi que anochece muy temprano. Cuando ya estabamos solos, empezamos a caminar por la carretera que cruza el pueblo, paramos en una tienda a comprar algo de comer (un bocadillo de tallarines!) y luego intentamos ponernos con el autostop. No habia manera, eran solo las 19:30 pero ya era noche bastante cerrada. No nos hacian ni caso.

Vista la situacion, no nos quedo mas remedio que buscar un sitio donde dormir por la calle. Hicimos una investigacion profunda y finalmente encontramos un sitio apto. Era un pequenio edificio en una zona tranquila, tenia como un hueco con tres paredes y una “cuarta” pared que eran dos rocas enormes a modo decorativo, asi que ahi nos metimos a “dormir”. Al principio la cosa estaba bien, pero luego refresco bastante. Yo pense mucho en toda la gente que tiene que dormir en la calle porque no le quedan mas narices y la verdad es que me estremeci.

Como la hora esta “mal puesta”, a las 4 de la maniana ya salio el sol. Y como nos habiamos metido en nuestro cubiculo callejero a las 8 de la tarde, considerabamos que era buen momento para intentar que alguien nos llevara en su coche. Nos hicimos el cartelito pertinente y nos pusimos a caminar por la carretera central, con la idea de avanzar hacia la salida del pueblo. No hizo falta. No habiamos hecho ningun gesto, simplemente ibamos caminando, cuando nos vio un camionero y nos ofrecio subir. Nos llevo hasta un municipio llamado Monbetsu. Este camionero no hablaba ningun idioma comprensible para nosotros, pero nos sonreia mucho. En un momento dado, se bajo del camion y volvio con tres refrescos de sesamo, uno para cada uno.

En la parada de Monbetsu aprovechamos para desayunar algo y seguimos con nuestro autostop. Tras una espera de una media hora, una pareja de ancianos nos llevo en su viejo Volvo. Estabamos en las mismas, no nos entendiamos con el idioma pero habia muy buen rollo. A mi me llamaban “Antonio san” y eso me hacia mucha gracia. Estos iban a un punto anterior, pero decidieron llevarnos a Kitami, que era nuestro destino final. A Aurora le regalaron un amuleto de la felicidad.

Una vez en Kitami, esperamos en la estacion central hasta que pudiesemos contactar con nuestro nuevo anfitrion, Randall. Mientras esperabamos, la policia nos hizo sacar el pasaporte e hicieron unas copias del mismo. Todo con muy buenas maneras, aqui sonrien todo el rato. Al madero ademas se le volo la gorra cuando nos pedia la documentacion. En resumen, que estan muy cagados con lo del G8 o lo que sea que haya aqui, cualquiera parece sospechoso. Y yo con mi nuevo pelo peluche y mi barba parezco un tipo malo, asi que nada, pasaporte por aqui y por alla.

Finalmente nos encontramos con Randall. Randall es de Dakota del Sur, esto es muy interesante para mi porque como es sabido tengo mucho interes en los indios Lakota, que viven alli y de hecho son los habitantes originarios de alli. Es profesor de ingles. Casi todos los extranjeros que encuentras aqui son profesores de ingles, por un programa que se llama JET. Luego los japoneses no hablan tan bien el ingles porque todos estos angloparlantes que contratan son solo asistentes del profesor, que es siempre un japones. Es como si tu estas con el Vita dandote la clase y el Vita tiene un chaval de Dakota del Sur al que de vez en cuando le da la palabra para hacer una pequenia conversacion o algo asi (el Vita fue mi profe de ingles en primero y segundo de BUP). Aqui lleva una vida bastante relajada, aunque tiene muchas tribulaciones amorosas porque tiene dos novias japonesas, a su vez otra de las novias tiene un novio y es un culebron.

Aqui en Kitami se esta de maravilla y no hemos hecho demasiado. Podemos dividir nuestra estancia en visitar el parque natural de Akan, ir al Onsen y comer.

Sobre el parque natural, una de las veces fuimos solo a un sitio con muy buenas vistas en coche. Pero otra de las veces, ayer, escalamos un volcan que hay. Es una excursion bastante seria, no es super dificil pero tiene su miga. Fue bastante dura y hoy me duele todo el cuerpo. Un dato curioso fue que en esta expedicion se nos acoplo un perro bastante majo que se hizo todo el recorrido con nosotros.

Sobre el Onsen: onsen son los banios tipicos japoneses. Consisten esencialmente en un par de “piscinas” (no son piscinas, pero no se como llamarlo, cubetas?), una mas caliente en una sala interior y otra al aire libre que esta algo mas fresca, aunque caliente igualmente. Generalmente tienen tambien unas duchas, a las que vas al principio. Esto es un poco la regla. El tema es que Japon esta sobre tierras volcanicas y hay muchas aguas naturales con azufre, por lo que por todo el pais hay estos onsen. Hay onsen naturales, que son simplemente charcas en medio de la naturaleza en las que te metes y prou. Otros mas completos tienen saunas, varias piscinas con todo tipo de temperaturas y tambien con hidromasaje. Y otros mas simples tienen a lo mejor sala interior y exterior pero no ducha, cosas asi. Estan separados por sexos y vas con la unica indumentaria de una toalla minuscula con la que van todos cubriendose sus partes. Es bastante raro porque a veces van cubriendose muy pudorosamente y otras no, sin criterio aparente. En los onsen naturales no hay separacion de sexos, entonces es muy raro porque las mujeres se cubren todo el cuerpo con una toalla y se banian con la toalla puesta. Esto es lo que me ha parecido mas raro, porque si no van todos como Dios les trajo al mundo, que ya puestos seria lo suyo, no seria mejor que fuesen en baniador, en vez de enrollarse en una toalla y dejarlo todo empapado? Total, que esa es la tradicion del onsen. Es bastante relajante, vale unos tres euros (los que estan en medio de la naturaleza son gratis) y los japoneses suelen ir una o dos veces por semana. Randall esta bastante viciado con los onsen y va constantemente. Hay que andar con ojo y no quedarse quieto mucho rato en el agua muy caliente porque si no te puede dar una bajada de tension.

Sobre la comida, que decir. Es el primer pais desde que salimos de casa en el que estamos disfrutando gastronomicamente al cien por cien. Francia tuvo un pase, aunque fuese muchas veces comida elitista. Pero a partir de ahi, en lo que se refiere a gastronomia, aunque todos los paises tenian sus cosas buenas y sus agradables descubrimientos, no habia una explosion de sabores que digamos. Aqui en Japon todo tiene un aspecto exquisito y todo esta muy bueno. Nos ha llamado mucho la atencion que en todas las tiendas tienen lo que nosotros llamamos “bolondrios” de arroz. Aqui hacen el arroz muy espeso y hacen masas apelotonando todos los granos, luego lo rodean con un alga y le meten cosas dentro. A veces son rollos y otras veces son como albondigas. Hay por todas partes y hemos comido mucho de eso. Tambien hemos comido “ramen” un par de veces, que es una sopa con tallarines y trozos de cerdo. Otro de los dias comimos sashimi y un pescado a la plancha cuyo nombre no recuerdo. Lo que viene siendo el sushi todavia no lo hemos catado, pero ya caera. Es lo tipico y ya lo conociamos de Madrid, asi que nos hemos tirado a lo nuevo. Aqui una cosa que me gusta mucho es que segun entras en un restaurante te traen una jarra llena de agua extraordinariamente fria. Ya tocaba que alguien en el mundo tuviese mis costumbres, las costumbres de mi casa. Teniamos que venir hasta el Oceano Pacifico para ver algo asi, ole por ellos.

Algo que nos ha llamado la atencion mucho tambien han sido los supermercados. Porque estan llenos de muchisimas cosas que no sabemos ni lo que son y tienen disenios muy llamativos, es como entrar en un mundo de colores y sabores. Es increible lo diferente que es todo de Rusia, pese a estar tan cerca.

Los japoneses, en general, muy agradables. Siempre que entras en un sitio te pegan grititos, imagino que te dicen buenos dias/buenas tardes/etc o te dan la bienvenida al local. Al salir siempre te dan las gracias con una inclinacion de cabeza varias veces. Sonrien todo el rato, la verdad es que no nos podemos quejar en cuanto al caracter.

Por cierto, hoy nos han vuelto a pedir el pasaporte. Estan muy paranoicos con toda la cumbre esa. Aun asi, han vuelto a ser amables y ademas le han regalado a Aurora unos reflectantes para la bici. Aunque no tenemos bici, pero eso es otra historia.

Hoy damos por concluida nuestra estancia aqui en Kitami. Han sido varios dias en los que hemos descansado tras el tute que nos metimos en Rusia la ultima semana, viajando miles de kilometros sin parar para salir del pais. Ya nos damos por aterrizados en Japon, manana saldremos hacia Sapporo y empezamos el peregrinaje hacia el sur. Alli tenemos el objetivo de hacer varias gestiones tecnologicas, especialmente comprobar por que no nos va bien el disco duro portatil donde guarda Aurora las fotos.

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