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Baladin Nora

Fabricante:  Birrificio Baladin

Origen: Piozzo, Cuneo, Piamonte, Italia

Conseguida en:  La compramos en Casa Baladin

% Alc: 6.8

IBU: 28

Estilo:  Blonde Ale especiada, por llamarlo de alguna forma. ¿O algo similar a una Saison?

Ingredientes:  Agua, malta de cebada, kamut, “especias”, lúpulo, acuzar de caña, levadura

Maridaje: Es una cerveza que puede ir con casi todo. Con ensaladas, arroces, carnes, pasta… no se me ocurre con que “no” puede ir, tal vez comidas muy picantes o con sabores extraordinariamente fuertes irían mal.

Notas:

Con tanta prima de riesgo, rescates y demás, necesitamos pequeñas cosas de la vida que nos den una alegría y esta es una de ellas. Así, volvemos a hacer una aproximación a la escena italiana con una cerveza de Baladin, una de las cerveceras más potentes que hay por allí.

Esta que nos ocupa, la Nora, es una barbaridad de buena.Al abrirla salen unos aromas extraordinariamente agradables, como si estuvieses en un campo de lavanda, también muy cítrico, flores, frutas de verano, plátano, naranja…

Y al beberla, de nuevo toda esa explosión frutal, con un punto muy dulce, especiada, tal vez esa combinación del “kamut” (un cereal al parecer de origen egipcio, según parece con esta cerveza querían aproximarse a las antiguas cervezas egipcias… o algo así) con las “especias” (no indica cuales) de todo ese sabor. De nuevo es como comerse un campo, deja una sensación agradabilísima, da casi buen rollo bebérsela y hace feliz.

Es cremosa, delicadísima y es de estas cervezas que conforme las vas bebiendo te da pena saber que en algún momento se va a terminar y disfrutas cada trago. Para mí es una cerveza brillante, de lo mejor que he bebido en mi vida, no tiene nada “extremo” (ni explosión de lúpulo, ni cosas raras, ni envejecida en nada, lo único que tiene es el kamut y las especias que dan un toque elegantísimo), pero está hecha con un cuidado y unas buenas maneras que da gusto.

Como siempre, el “pero” de las italianas es que los precios son altos.  Pero vaya, recomendadísima.

Calificaciones:

Aroma:  15 / 15
Gusto: 19.5 / 20
Textura:  4.75 / 5
Impresión general:  9.5/10
Total: 48.5 / 50
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Cotechino

El sábado fui a la Mantequería Alemana a por cosas varias y me encontré esta caja. Se trata de un “salume”, un embutido italiano. Viene en la caja dentro de una bolsa hermética, lo cueces con bolsa y todo y sale esta salchicha, que después se corta en rodajas. Por lo que ví, es un embutido que se toma con las lentejas, pero yo lo compré para acompañar una pasta que iba a hacer.

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Comidas vacacionales: Italia, ciervos y birrifici

En el país en el que menos estuvimos pero que más disfrutamos fue sin duda Italia, que gastronómicamente es de lo más rico que hay en el mundo mucho más allá del tópico de la pasta y la pizza, que por supuesto existen y por supuesto se consumen. Pero bueno, es como todo, los guiris vienen a Madrid buscando paella, se comen cualquier mierda y se quedan tan contentos, porque no saben ni lo que es o por sugestión, ¡he comido paella in Spain!. Ya le puedes meter guisantes, chorizo, huevo duro… Pues en Italia igual.

Aquí al tocar básicamente norte estábamos muy interesados en ver que cosas nuevas nos deparaba la maravillosa gastronomía italiana. Aunque habrá que ser más precisos con esto porque sin duda tendremos que hablar más de las gastronomías por zonas, como haremos en este blog con las recetas de la vuelta al mundo que vamos poniendo.

Llegamos al país por la zona norte de Lombardia, parando en el pueblo de Re, en un lugar llamado Trattoria Svizzera que está junto a la carretera. Como cambia el cuento cuando vas a Italia, resulta increíble que pasas a una frontera y de repente todo es familiaridad, buen trato, simpatía… el tratado Schengen de momento no nos mezcla demasiado las costumbres, y además Berlusconi y Sarkozy se lo quieren cargar…

Aquí viendo que la gente era capaz de empatizar, le pregunté a la chica a ver que era lo más característico y me dijo que “guiso de ciervo con polenta

La polenta es una especie de masa de maíz, no se si lo estoy definiendo bien, que se toma como guarnición y que es de lo más típico del norte de Italia. El ciervo es eso, ciervo, riquísimo.

La reina preguntó por otra cosa característica y le dijeron que risotto con setas

De postre pannacotta

Eso sí que mola, ¡empezar fuerte en Italia!

Esa misma noche estuvimos en el pueblo de Dongo, junto al lago de Como, y en un restaurante que encontramos decidimos cenar ligerito, una ensalada y bresaola, que es carne de ternera curada y cortada en lonchas, acompañado por un vino blanco espumoso.

Continuamos en Lombardía al día siguiente, para parar en el municipio de Erba, en la Vecchia Trattoria (via Brianza, 26). De nuevo pedí lo que fuera característico y resultó ser pasta con ciervo y setas. Va a ser que en Lombardía se llevan el ciervo y las setas…

También nos pusieron pescado del lago, que estaba hecho muy sencillo, con mantequilla y rebozado, estaba muy jugoso, y la Reina tomó una pasta negra con berenjenas.

En Italia vimos que podíamos pasar por varios birrifici, o sea, cervecerías artesanales, y al ser este un tema que como es sabido nos interesa, no pudimos sino parar.

El primero al que fuimos era el Nuovo Birrificio Italiano, en Lurago-Marinone. Birrificio Italiano se consideran los pioneros en la cerveza artesanal italiana. ¿Los mejores? Bueno, no conozco mucho el panorama italiano. Apuestan básicamente por la baja fermentación y lo hacen bien.

Allí probamos varias cervezas, a saber: TipoPils (una pilsen muy aromática y refrescante), Fleurette (una lager especial, poco alcohólica, con aromas florales), Vudu (una weizendunkel, o sea, trigo oscura)  y la BiWeizen, como el nombre indica, una de trigo

No podíamos bebernos todas porque había que coger el coche y hacer tiempo, así que también nos llevamos una BiBock a casa, que todavía espera que la abramos, ¡y la abriremos! Tocará hacer una sesión en casa con algún amiguete porque andamos cargaditos.

Tenían comida también, que estaba bien pero tampoco entusiasmante, pero bien, para acompañar la cerveza estaba curioso. Además de una tapita de embutidos cortesía de la casa, nos pedimos unas verduras con queso y un plato de berenjenas

De postre nos sacaron un batido de frutas mezclado con cerveza fleurette que para mí no fue nada del otro mundo, un experimento fallido de usar cerveza en la cocina.

Y seguía el viaje, de birrificio en birrificio. Antes paramos en el pueblo de Trino, ya en Piamonte, donde comimos en un lugar de “tavola fredda“. Se trata de establecimientos que podrían ser lo más parecido a nuestros bares de barrio y cafeterías, sólo que en vez de cocinar caliente tienen unas cosas ya hechas para comer en plan rápido, como para comer informalmente por explicarlo de alguna manera. Comimos una ensalada de arroz, también riquísima, es que en Italia hasta lo más sencillo estaba bueno.

Señores, y de ahí, a la gran experiencia gastronómica italiana. El hotel de Birrificio Baladin, en Piozzo. Birrificio Baladin es una de las cervecerías artesanas más veteranas de Italia, que apuesta por cervezas de alta fermentación con recetas muy rompedoras. Por lo visto, su creador Teo Musso es un tipo que no para quieto y no para de tener iniciativas. Comenzó con una especie de brewpub en la plaza del pueblo y luego abrió varios más en Italia, una fábrica nueva, una bodega, locales asociados en Marruecos y Nueva York y el que fuimos, un hotel-restaurante en una casona restaurada en la localidad de Piozzo. Esto de Piozzo hay que verlo en su dimensión, es un pueblo pequeño en una zona eminentemente vinícola, rodeada de cultivos de uva por doquier. Esto a mi me hace entender que una cosa muy bien hecha (¡y bien comunicada!) puede funcionar bien donde se haga. El tipo debe ser un personaje de cuidado, normalmente anda por su pueblo pero esos días estaba fuera. Aquí una foto de la cervecería donde comenzó toda la historia.

Bueno, el restaurante, que es donde íbamos, era como digo una casona antigua restaurada, con cinco habitaciones. El sitio es como para estar relajado una semana ahí, todo lleno de comics, habitaciones cómodas, una pasada. Lo lleva todo, el hotel y el restaurante, un cocinero llamado Maurizio con quien nos llevamos estupendamente el poco tiempo que estuvimos.

El objetivo gastronómico del lugar es tener una experiencia gastronómica en la que te dan a probar todas las cervezas y te dan comida que en su opinión marida con ella, o sea, no hay carta, tu vas ahí dispuesto a experimentar cervezas con comida. El precio de la comida son 45€ por persona y el precio de la habitación son 100€, pero por lo que comes, cenas, bebes y desayunas, es hasta barato.

Lo primero que te sorprende es que te obsequian con unos refrescos, pero ¿qué refrescos? Pues resulta que el creador del tema ha querido recuperar refrescos italianos antiguos y tienen una línea con tres de ellos, spuma, ginger cidrone. No sólo eso, también trabajan con una línea de distribución de productos italianos como chocolates, pasta, arroz y unas cuantas cosas más que no recuerdo ahora.

Esto es una pasada de sitio porque estás tan tranquilo en el salón y te aparecen con unos refrescos.

Ya entrando en materia cervecil, para comenzar nos sacaron focaccia con tocino de cerdo (era un cerdo italiano, nos dijeron la especie pero la olvidé) y la cerveza Lurisia. El tocino este era como de carrillera y se deshacía en la boca, ¡tremendo con la focaccia!

La Lurisia , una cerveza ligera, muy refrescante, de trigo y flores, acompañó también al siguiente plato, una ensalada romántica, una cosa ligerita y muy sabrosa

La siguiente cerveza que nos sirvieron fue la Nora, muy curiosa porque tenía aromas a plátano y cierto gusto a plátano. He leído en muchas cervezas este “deje de plátano”, en catas y demás, pero esta es la primera en la que yo encuentro dicho deje.

La Nora acompañó dos platos. Uno fue el que más me gustó, flor de calabaza rellena de ricotta y parmesano. El siguiente, sardina con salsa de tomate y salicornia.

Aquí tenemos la última cerveza de la que hicimos foto, la Isaac, que para nosotros tenía mucho aroma a cítricos.

Esta cerveza era acompañada por puré de calabacín con gambas del Adriático

Después vino la Wayan, que según ellos era más cítrica y con aroma a azahar pero luego no lo fue tanto como la anterior. Para comer con la Wayan, ravioli relleno de berenjena y gambas.

Estos ravioli también eran una exquisitez, fue lo siguiente que más me gustó.

Siguiente, la Super, mucho más fuerte, muy sabrosa. Si no me equivoco es la primera que hicieron en Baladin. En materia cervecil, mi preferida junto a la Nora. El plato que nos pusieron con esta era bacalao con espinacas, para mí lo más flojito del menú.

Para el postre había más. Nos pusieron dos postres, un sorbete de frambuesa (que no fotografiamos) y un flan de melocotón, acompañados por la Elixir, una ale fuerte, de 10º, fenomenal para acompañar.

Y para finalizar, una Xyauyu etiqueta de plata, una barley wine (por encajonarla en algún lado) , con un poco de chocolate. La xyauyu ya era más licor que otra cosa, interesante.

Imaginaos como nos fuimos a la cama después de esto, medio arrastrados. Dormimos, eso sí, del tirón, porque además era la primera noche que dormíamos en cama después de varios días de camping y se notó. Al día siguiente había desayuno, zumos variados, mantequilla, mermeladas…

Como habíamos estado hablando con él mucho tiempo, le caímos simpáticos a Maurizio, el encargado del restaurante y el hotel, y nos dijo que antes de irnos nos proponía un plan, visitar las instalaciones de Baladin. Claro, fuimos de cabeza.

Primero nos llevó a lo que llaman la “Cantina”, viene a ser una cava en la que están experimentando con barricas de vino y whisky, meten la misma cerveza en todos y van viendo su evolución, podría ser lo que llamaríamos “departamento de I+D” en cuestión de cervezas y barriles. Un sitio muy fresco, pudimos probar varias pero de buena mañana era un poco gore. Había una concretamente en barril de whisky ahumado que hizo nuestras delicias máximas.

Después fuimos a la fábrica, donde estaba el maestro cervecero de Baladin, que no es Teo Musso (que se dedica más al proyecto general, a idear las cervezas y a marcar la línea, pero no es el que está ahí fabricando, no actualmente), sino un tipo muy majo ¡cuyo nombre no consigo recordar! … ). Bueno, el caso es que este chico nos enseñó toda la fábrica, nos explicó las ideas próximas, el embotellado, por qué hacen así o asá, nos comentó que van a tener sus propias plantaciones de lúpulo y cebada y nos dio a probar algunas cositas que tienen en mente, de hecho tuvimos la suerte de estar ahí el primer día que probaban una de las cervezas nuevas.

Y eso fue la experiencia Baladin, ¡casi nada!. Del proyecto de Teo Musso veo positivo todas las iniciativas que tiene. Lo que veo “menos bueno” es tal vez cierta ansia de comparación con el vino / sustitución, que es algo que pasa muchas veces, la obsesión del maridaje, la estética, la botella, el rollo gourmet… no me entendáis mal, soy el primero que dice que la cerveza es una bebida que tiene unas posibilidades infinitas para todo tipo de momentos, y no me corto al decir que mucho mayor que el vino, pero no me gusta cuando en el mundo cervecero se intenta “ponerse al nivel” del vino, en el sentido de catas con lenguaje un poco snob y algunas cosas de esas. Para mí una cerveza está buena o mala porque lo considero así por mis motivos, es evidente que hay una serie de aromas y sabores que “te recuerdan a” o que directamente “sabe a”, pero en general no se que me pasa que la cerveza me sabe a cerveza. Y bueno, el vino me sabe a vino, en realidad tampoco me gusta el mundo snob del vino.

Este apunte es lo único “menos bueno” que puedo decir de Baladin ya que lo recomiendo como experiencia al cien por cien, para quien guste de visitar zonas rurales y el buen comer, es una pasada.

Al día siguiente todavía comimos en Italia, (antes de empezar el viaje todavía dio tiempo a tomar una cañita en la cervecería originaria de Baladin) pero el azar nos llevó a un restaurante junto a una gasolinera de carretera nacional y como con tanta visita se nos había echado el tiempo encima, sólo tenían filetes con guisantes, que malos no estaban pero era una despedida un poco pobre para todo lo que había sido Italia para comer.

Nos queda un pequeño colofón vascongado de apenas un día, pero básicamente el grueso de comidas vacacionales ya os lo he contado.

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La vuelta al mundo en cuchucientas recetas: Abruzzo. Arrosticini.

Del conflictivo Cáucaso viajamos a tierras más cercanas. La receta de hoy para esta vuelta al mundo en cuchucientas recetas nos lleva a las templadas aguas del mar Adriático. En la Italia Meridional se encuentra la region de Abruzzo, “Los Abruzos” en castellano.

Esta región se caracteriza para mí por ser una de las regiones italianas en las que no he estado, cosa que espero que podamos solucionar en el futuro. Su capital es la ciudad de L’Aquila, que hace tiempo tuvo su repercusión en las noticias por el terrible terremoto que sufrió. Según parece, es una región con bellísimos paisajes y ciudades de tamaño medio muy acogedoras.

Aunque no sepa mucho de esta región, de hecho me voy dando cuenta de que no se nada de casi ningún sitio, lo que está claro es que en Italia vamos a tener que hacer muchas paradas porque evidentemente a nivel gastronómico es un lugar que creo que es de los más importantes del planeta.

Nosotros conocimos hace años a unos chavales de Abruzzo, que eran los compañeros de piso en Bologna de nuestros amiguetes Chicho y Miguel. Fue Miguel el que nos dijo que en Abruzzo, hay un plato que es religión, se trata de los “Arrosticini”. Así que vamos allá.

ARROSTICINI. PINCHOS DE CORDERO ADOBADOS

Ingredientes:

800 gramos de cordero cortados en dados pequeños

Aceite de oliva

Sal

Romero

Limón

Elaboración:

La elaboración en sí misma no tiene mucha dificultad. El problema que nos vamos a encontrar todos es que en realidad este plato se hace a la brasa, cosa que no es tan fácil de hacer en un piso de 48 metros cuadrados de La Guindalera, por decir algo. En Abruzzo los habitantes, fanáticos del arrosticini, tienen pequeños aparatos caseros para hacer las cosas así. Aquí estuvimos pensando como hacer brasas dentro del piso, pero las probabilidades de incendio nos amedrentaron. Es lo que hay. Sin duda el hacer las cosas a la brasa le da un sabor ahumado que le da un toque diferencial. Nosotros tuvimos que hacer esto a la plancha.

Bueno, esto como decía es fácil de hacer. Ponemos en un cuenco todo el cordero cortado en dados (si lo pides que te lo hagan así en la carnicería, eso que te ahorras), le metemos un chorro de limón, la sal y el romero, para que coja un poco el sabor. Al cabo de 15 minutos nos ponemos a insertar los dados de cordero en pinchos.

Después, calientas la plancha y lo haces. No hay más misterio, aparentemente, aunque todo esto siempre tiene el tema de coger el punto, que no quede ni demasiado hecho ni demasiado crudo. Ahí ya va la experiencia y el ojo que tenga cada uno con estas cosas.

No es muy difícil, pero evidentemente después de la Ajachapa había que tirar por el camino fácil y además aunque sea simple es el plato más popular de esta región.

¿Y para beber?

Una Brown Ale como la clásica Samuel Smith NutBrown Ale sería un gran acompañamiento. La Newcastle Brown Ale, muy accesible por estar en grandes superficies, también podría acompañar fenomenal. El sabor del cordero a la plancha va muy bien con este tipo de cervezas que tienen un toque tostado y caramelizado

Conseguir los ingredientes:

Todos facilísimos de conseguir en cualquier parte. Para los guindalerianos, el cordero recomiendo comprarlo en “Nuevo Silvela”, en la C/Francisco Silvela 52 (creo), porque siempre cortan todo muy bien y son muy atentos. Pero vamos, como decíamos, cualquier ingrediente se consigue fácilmente en cualquier ciudad castellana.

Y nos despedimos con este “saltarello”

Próxima estación: Acre (Brasil)

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