Archivo de la etiqueta: Estados Unidos

Jolly Pumpkin La Parcela

Fabricante:  Jolly Pumpkin Artisanal Ales

Origen: Dexter, Michigan, Estados Unidos

Conseguida en:  Cervezalandia

% Alc: 5.8

IBU: /

Estilo:  El elaborador dice que Pumpkin Ale, en las webs especializadas dice que Pumpkin Ale, el vendedor dice que NO es pumpkin ale y a nosotros no nos lo pareció, a saber

Ingredientes:  Agua, malta de cebada, lúpulo, levadura, calabaza, cacao, especias. Envejecida en barrica de roble

Maridaje: Dificil… con postres tipo tarta de manzana o tarta de queso, tal vez

Notas:

Para nosotros, una cerveza endemoniadamente rara que huele a vinagre puro, es extremadamente ácida, rezuma gas y espuma, deja la boca pastostísima
y al cabo de un rato como un regusto a canela.

Nos pareció que estaba contaminada, nos aseguraron que no lo estaba, nos pareció algo rarísimo y luego al volver a probarla le cogimos un gustillo, una relación amor/odio, un sinsentido. Está claro que cervezas tan especiales viajando desde Estados Unidos, sometidas a transportes extremos y tal no llegan bien.

Habrá que probarla en su lugar de origen o a saber, quien sabe. La disonancia entre el “como debe ser” (fácilmente se pueden leer por Internet mil opiniones sobre la misma en inglés) y el “como era” ha de deberse a estas cosas.

La etiqueta, chulísima.

Calificaciones

Aroma: 9/15

Gusto:  10/20

Textura: 2’5 / 5

Impresión general: 6/10

Total: 27’5 /50

Etiquetado , , , , , , ,

La vuelta al mundo en cuchucientas recetas: Arkansas.Berzas con mano de cerdo

Tengo el siguiente recuerdo de Arkansas: Ir por una carretera perdida y que un patrullero con sombrero empezase a seguirnos. Como la carretera era estrecha, pensábamos que no podía pasar. Y lo que quería era que nos detuviésemos. Suerte que no nos pegó un tiro, porque madre mía, no nos enteramos de nada y ahí son de gatillo fácil.

Investigando vimos que comer berzas era lo más típico. No demasiado alentador (berzas…) pero al fin y al cabo eran verduras, cosa que para yankilandia es todo un hito.

BERZAS CON MANO DE CERDO

Ingredientes

1 manojo de berzas

1 mano de cerdo

1 cebolla picada

2 dientes de ajo picados

2 jalapeños

1 taza de vinagre

Sal y pimienta

Elaboración

Básicamente se mete todo en una olla menos el vinagre y se pone a hervir. El vinagre lo añadimos a la media hora o así. Al cabo de dos horas, lo retiramos y está hecho.

Es un plato muy fácil de hacer pero ¿rico? ¿Qué demonios tienen los Arkansanos en la mente? No es que sea demasiado sabroso, la mano de cerdo es algo incómoda de comer, suerte que añadir un par de jalapeños da vidilla. No es el mejor acercamiento que un ser humano puede tener hacia las berzas.

¿Y para beber?

Este plato lo acompañamos de una brown ale. Es la de Dougall’s, aunque no lo ponga en la etiqueta. Es una brown ale lupulada que iba bien con todos los sabores.

Conseguir los ingredientes

Tal vez lo único complicado sea conseguir los jalapeños. En el Mercado de La Guindalera consigues las berzas y la mano de cerdo. También en algunos supermercados tienen mano de cerdo.

Tema jalapeños: 100% México, calle Castelló 22 (Barrio Salamanca). Es una tienda de todo tipo de productos mexicanos en la que tienen un apartado de alimentación con bastantes cosas significativas.

Próxima parada: Armenia

Etiquetado , , , , , ,

La vuelta al mundo en cuchucientas recetas: Alaska. Salmón asado con hinojo y limón

Alaska, que no la cantante Olvido Gara, Alaska, ese pedazo de tierra en el confín del mundo, con su famoso Doctor y el chico de la peli de Sean Penn al que le dio por vivir una vida salvaje y terminó muriendo por no encontrar un puente. Siempre nos viene la imagen de ese territorio casi virgen en el que viven yankis desplazados con su rifle y su camisa de franela. Y sin duda para los aventureros Alaska significa territorios desconocidos, naturaleza virgen y gracias a Bush muchas perforaciones petrolíferas, larga vida a los Estados Unidos de América.

En fin, ¿qué tenemos en Alaska? Pues al parecer, mucho salmón, el alimento estrella de esta gastronomía de tierras del frío. Así que vamos con una recetilla de salmón a ver si gusta. Esta receta la saqué de una revista Altaïr

SALMÓN ASADO CON HINOJO Y LIMÓN

Ingredientes (para 4)

1 salmón rojo entero (2kg de peso aproximadamente)

Aceite de oliva

2 bulbos de hinojo picado fino

2 cucharadas de semillas de hinojo

3 limones (2 en rodajas, 1 en zumo)

6 dientes de ajo

1/2 litro de vino tinto

Perejil, sal y pimienta

Elaboración

En una fuente de horno echamos un par de cucharadas de aceite. Añadimos la mitad del hinojo picado, rodajas de limón, las semillas de hinojo y el ajo, formando un lecho.

Salpimentamos el interior del salmón e introducimos el perejil, poniendo después el pescado en la fuente. Rociamos con el zumo de lmón y un poco de aceite de oliva y añadimos el vino.

Introducimos todo en el horno cubierto con papel de aluminio para que el salmón no se seque. A los diez minutos, se riega el salmón con el jugo del fondo.

Se deja en el horno unos 25 minutos y listo

¿Y para beber?

Lo que tiene el salmón es que es un pescado que si te despistas es casi un filete, no tanto como el atún pero vamos, así lo veo yo, una carne del mar. Este plato tiene su movida porque no tiene sólo el pescado, además el sabor del hinojo se nota y bueno, ¡¡lleva vino!! Maridar cerveza y vino, no me digas más. Me la juego por una Dunkelweizen, o sea, una de trigo oscura. Por no marear y decir una muy fácil de conseguir, la Franziskaner de etiqueta roja. Aquí sigo con mi movida trigo con pescado pero tal vez con el salmón y el sabor que deja el vino vaya además bien el rollo tostadito y un poco caramelizado de esta variante.

Conseguir los ingredientes

El salmón lo conseguimos en los mercados. En el de La Guindalera en pescadería Cortizo siempre tienen de lo mejor. Hinojo en el mismo mercado. Aceite, limones, vino tinto, perejil, sal, pimienta, en cualquier parte. Las semillas de hinojo las conseguí en el Herbolario Guindalera, en la C/Eraso

Venga, que lo estábamos deseando

Próxima estación: Albacete

Etiquetado , , , , , , , , ,

Salsas y potingues: Peter Luger Old Fashioned Sauce

Hace tiempo que no escribía sobre salsas pero creedme que están siendo semanas muy liadas, me da muchísima rabia. Ultimamente en el trabajo los clientes me tienen machacado a pedir cosas y es un no parar. En fin, paciencia.

Esta salsa que os presento aquí es un gran descubrimiento. La pena es que me la consiguieron en… Brooklyn. Y claro, no es plan de ir hasta Brooklyn a comprar cada vez que la necesites.

Ideada para aderezar todo tipo de carnes, esta salta es creación del restaurante Peter Luger, un clásico de Brooklyn desde 1887.  No se como serán las carnes del restaurante, pero la salsa es estupenda.

Está a medio camino entre el Ketchup y la salsa HP (otra de la que hablaremos)  y lleva tomate, vinagre, azucar, sirope de maíz, sal, armoracia (una hierba), melaza, agua, cebolla, ajo, ¿colorante de caramelo? (si es que eso es lo que significa “caramel color”), chalotas, especias, colorante natural que contiene soja, anchoas y tamarindo… vaya, ¡un poco de todo!

Va fenomenal con todo tipo de carnes y también con verduras a la parrilla. Un sandwich con pechuga de pollo o de pavo, aderezado con esto y un poco de queso y rúcola va fenomenal para la vida.

En esta web pone que la envían a domicilio, pero ¿la enviarán hasta Madrid?

Etiquetado , , , , , , , , , , , ,

La vuelta al mundo en cuchucientas recetas. Alabama. Potato Chip Chicken

Es decir “Alabama” y a todo el mundo le viene a la mente la misma canción. Pero a mí me viene otra que es la que os pondré al final de esta entrada y que me trae muy buenos recuerdos de mi paso por Estados Unidos hace ahora tres años. Uno se pone nostálgico de aquellas 10 semanas dando vueltas por allí con La Reina al volante. Y eso que nunca paramos en Alabama (aunque sí cerca).

Teniendo cierto conocimiento de diferentes estados del país dueño del mundo, debo decir que su gastronomía nos dejó un poco fríos, porque al menos a primera vista no era fácil encontrar diversidad. Estuvimos en muchos Estados, en muchos pueblos y ciudades y apenas una decena de sitios se salieron del pollo frito y las hamburguesas. Por eso ahora esperamos en esta pequeña vuelta al mundo investigar un poquito sobre las cosas que se comen por allí.

POTATO CHIP CHICKEN

Ingredientes:

6 pechugas de pollo (o un pollo cortado en trozos, según lo que se prefiera)

Crema agria

Una bolsa de patatas fritas (de las de churrería, mismamente)

Pimienta negra

Elaboración

Es un plato muy fácil de hacer, está bueno y está rico.

Cogemos un puñado de patatas fritas, lo metemos en una bolsa y las aniquilamos. Esto además es divertido porque puede realizarse en plan destructivo. Si has tenido un mal día en la oficina o te has cabreado o lo que sea, te lías a destruir  patatas fritas y te quedas más relajado.

Después cogemos cada pechuga y la untamos con crema agria (y si tenemos un pollo en trozos, lo mismo pero con los trozos).

Todo esto lo vamos rebozando en las patatas fritas machacadas.

Después lo ponemos en una fuente de horno y le echamos pimienta negra. Y si nos apetece un poco de caña, un poquito de ají molido o lo que más guste.

Esto lo horneamos a 180º durante 20 minutos. Lo de los grados en nuestra casa siempre es relativo porque nuestro horno está loco y es un gran problema porque hornear es algo que es fascinante.

He leído que hay gente que añade a los 10 minutos ajo picado y mantequilla y esto dicen que da un toque. Yo no lo hice así pero no lo descarto en caso de repetirlo.

En fin, luego te lo comes y no hay más que decir.

Es un plato muy sencillo, es sabroso e imagino que lo repetiremos porque no requiere ningún gran esfuerzo. Decidimos juntar el plato con una Old Brewery Pale Ale y creo que fue una buena combinación.

¿Y para beber?

Como decíamos al escribir el menú originario, una Pale Ale va fenomenal con este plato.

Conseguir los ingredientes

Aquí no hay que calfarse mucho el cap más que con la crema agria que como ya he dicho en anteriores ocasiones es un ingrediente interesantísimo y sin embargo aquí en La Guindalera y en general en los barrios de Madrid no lo tienen en ningún supermercado o en muy poquitos. Para conseguirla lo que tenemos más cerca es la Mantequería Alemana que está en la c/Padilla 88 en el Barrio de Salamanca.

Pechugas de pollo o pollos cortados a trozos son cosas que encuentras en todas partes. Y patatas fritas igualmente. Las de churrería me encantan y también hay algunas industriales más que decentes.

Próxima parada: Alacant

Etiquetado , , , , ,

Carta desde Kingston, Rhode Island

Queridas amiguitas:

Aurora al final se fue haciendo amiga del Honda y dejó de refunfuñar acerca de si el coche tenía diez años y todas esas cosas.

Por lo demás, el viaje transcurrió con normalidad. Atravesamos de nuevo Oklahoma. Con Oklahoma todos tienen un cierto cachondeo, dicen que son los más paletos. La verdad es que dan en general un poco de imagen de “Cletus”, pero están orgullosos de ello.

Antes de llegar a Oklahoma, todavía en Texas, visitamos el cañón de Palo Duro, que es el segundo más grande después del Gran Cañón. Nos quedamos con el mal sabor de boca de no haber podido visitar el famoso Gran Cañón, pero dependemos de los cochoes.

En Henryetta, Oklahoma, fue donde les dió por preguntarme si soy irlandés y desde entonces me lo han preguntado varias veces más esta semana. Me ven con mis camisetas reivindicativas, mi barbarroja y mi acento raro y me ubican en la tierra de Eriu. Así son ellos. Lo celebro.

En general hemos tenido muchas carreteras preciosas en Arkansas, Tenessee, Virginia, Pensilvania… y es que comienza el otoño y los colores son impresionantes. Lo ves en una postal y parece “photoshop”, pero o han inventado el photoshop tridimensional o esto es el otoño más bonito que he visto nunca.

Toda la parte del sureste de Arkansas y sudoeste de Tenessee son zonas bastante deprimidas. Era muy dificil encontrar moteles y en general había muchísimas casas abandonadas, muchísimos afroamericanos y muchísimos campos de algodón. Estos dos últimos factores han ido desgraciadamente unidos durante mucho tiempo.

El primer couchsurfing de la semana lo tuvimos en la ciudad de Nashville, la llamada ciudad de la música. Nos acogía DeeDee, una chica de Milwaukee que había viajado por Italia y estaba enamorada de dicho Estado, al igual que nosotros. La pena es que llegamos muy cansados y no pudimos disfrutar de la ciudad, DeeDee vivía en una de estas casas en las afueras y coger el coche no nos apetecía nada. Sólo vimos el centro una media hora y nos fuímos con la sensación de estar perdiéndonos una ciudad con mucha vidilla, la música se respiraba por todas partes.

A mediados de semana llegamos al Estado de Virginia que nos sorprendió gratamente. Ellos se consideran “sudistas” pero nosotros lo consideramos el comienzo del Este, y es que las casas empiezan a ser muy diferentes. No sólo las casas, también la configuración de los pueblos, que tienen más vida, como Wytheville, donde pasamos una noche, o Staunton. Toda esta zona junto a los montes Apalaches tiene preciosos paisajes muy diferentes a todo lo que íbamos dejando atrás.

En la localidad de Staunton tuvimos una gran alegría gastronómica porque estábamos más que descontentos con la comida americana. Los yankis que conocíamos en Japón nos decían que echaban de menos algo de variedad alimenticia, así que nos hicimos a la idea de encontrarnos una gran diversidad de alimentos insalubres. Pero no ha sido así. Hamburguesas, las que quieras, algunas muy ricas. Pizzas de todo tipo, la mayoría malas. Muchísimos Burritos, algún kebab. Poco más. Nos hablaban de los “mom and pop restaurants”, así llaman a los restaurantes de toda la vida, donde te sientas, te lees una carta, te atiende alguien medianamente majo nativo del lugar y todos tan amigos. Pero no encontrábamos nada. O bien encuentras cadenas, o bien encuentras imitaciones de las cadenas. Pero en Virginia, en Staunton, encontramos por azar un sitio llamado “Mrs Rowe´s” de comidas locales que fue una agradabilísima sorpresa. Muchas cosas insanas, por supuesto, pero diferentes. Es curioso las cadenas lo que anulan culturalmente a un pueblo, desaparece toda la diversidad y se avanza hacia la uniformidad, en este caso alimenticia, comida caca por todas partes. Hay gente a la que le gusta, lo respeto, pero el problema llega cuando hasta en el pueblo más perdido sólo encuentras un McDonalds y los viejos del pueblo se reúnen allí para contar sus batallitas. Es lo más triste que puede pasar. Yo desde aquí reivindico la “slow food” y la manera de comer que tenemos en Castilla y en tantos otros pueblos del sur de Europa, donde te sientas, tomas varios platos, un buen vino u otra cosa, y pasas una hora o más tiempo comiendo, hablando con los amigos, la familia, quien sea. Aquí hemos comido con algunas familias, muchas veces comen fast food, otras veces alguien cocina pero en vez de sentarse todos juntos cada uno se coge su plato y se va por ahí, o se sientan y comen rápido en cinco minutos… las comidas con mis abuelas (ambas, en Madrid o Valencia), largas, contundentes, agradables, es de lo mejor de mi cultura, perderlo sería lamentable.

De Virginia fuimos a Pensilvania, donde nos acogió Rita en la ciudad de Harrisburg. Esto fue interesante porque fue nuestra anfitriona “de rebote”. Habíamos contactado con un chico de couchsurfing pero el no estaba y lo arregló todo para que fuésemos a casa de su amiga Rita. Rita y su marido Gerald vivían en un barrio esencialmente africano, su familia había vivido en EEUU por varias generaciones pero ambos tenían ascendencia alemana. Esto nos llevó a una interesante conversación porque a veces en la radio hay Losantos yankis que dicen que si toda esta gente mexicana (o de donde sea) que viene a invadir la tierra de sus ancestros… lo que es una barbaridad, porque los únicos que podrían decir eso son los nativos americanos (cherokees, navajos, apaches, etc), y no todos estos que son inmigrantes igualmente, aunque de más generaciones.

Nos contaron Rita y Gerald que tenían una hija que era una enamorada de Madrid. Lamentablemente no pudimos conocerla, ya será a la próxima. Fueron una pareja encantadora que cuidó de nosotros fenomenalmente.

Y así llegamos finalmente a Kingston, Rhode Island. El viaje fue duro, había que pasar cerca de Nueva York y allí hay un inmenso conglomerado de autopistas, muchísimas de peaje. Pagamos alguno, pero nos cansamos de ello y decidimos buscar un atajo. Nos metimos en plena ciudad, empezamos a ver personajes raros raros raros por todas partes… al final vimos un cartel, “Bronx City”. Todo esto del Bronx, esta fama que tiene tendrá una gran parte de leyenda urbana, no sabemos, pero vimos una cantidad de seres extraños por metro cuadrado que ni en San Francisco. Queríamos haber sacado una foto para nuestros amigos bronxtoleños, pero no pudo ser.

La jornada acabó en Kingston, donde nos acogen Brett, Adam, Jessie y Dan , cuatro chavales que rehabilitaron una casa del siglo XIX a cambio de que les dejasen un alquiler barato. Pagan en total unos 600 euros por una casa que es bien grande, con seis habitaciones, cocina, dos baños y dos salones. Aquí está el campus de la universidad de Rhode Island, donde estudian Jessie y Dan. Los otros dos trabajan (Adam, que por cierto es una versión de Albareto) o lo intentan (Brett).

La primera noche nos llevaron a cenar a un sitio de pescados, Aurora está contentísima porque llevamos un par de meses sin tomar nada salido del mar.

Toda esta zona es muy diferente, los pueblos son parecidos a los ingleses (o eso creo, nunca he estado en Inglaterra, pero por las fotos…)

Al final entregamos el coche, aunque fue un lío. El tipo de Los Ángeles de Driveaway nos ha dejado un muy mal sabor de boca, un liante de cuidado. Llamamos al cliente y resultaba que el había dicho que el coche había que llevarlo a Massachusetts. A nosotros el de Driveaway nos había dicho que el tipo seguramente estaría en Massachusetts, pero que dejásemos el coche en casa de la hermana. Al final el hombre se portó y vino el hasta aquí a recoger el coche. Eso sí, de lo del depósito de gasolina vacío, no tenían ni idea, así que de gasolina me temo que no vamos a ver ni un duro. No nos pusimos pesados con el cliente porque pensamos que la responsabilidad total es de la agencia, que ha funcionado lamentablemente en ambos sentidos, hacia el cliente y hacia los que llevaban el coche, nosotros. A ver si no tenemos problemas con el depósito que pagamos, ya veremos. Tenemos que ir a New Jersey a cobrarlo y cruzamos los dedos para que no se nos atraviese la situación, como tantas veces está ocurriendo últimamente.

Anecdotilla: El tipo nos ha comentado que el coche perteneció a la madre de la actriz de la serie “Buffy Cazavampiros”

Por lo demás, hemos paseado por esta zona, así como por el pueblo de Narragansset, donde hemos vuelto a ver a nuestro viejo conocido, el Oceano Atlántico, pensando lo raro que era todo esto, salimos de casa hacia el Este y yendo hacia el Este parece que llegaremos pronto.

Un saludo a Islandia y a Bjork, sin más. Las conclusiones, he decido guardármelas, salvo para los afortunados que ya las hayan leído.

Etiquetado , , , , ,

Carta desde Springfield, Missouri

Publicado originalmente en Camino a casa, 22 de Septiembre de 2008

Queridas amiguitas:

La semana comenzó con el cielo despejado y pudimos investigar un poco la ciudad de Chicago. Al Capone hizo sus negocios allí y lejos de ocultarlo, las oficinas turísticas explotan la imagen del célebre mafioso como uno de los símbolos de la ciudad.

El centro de Chicago, donde transcurren las calles Jackson y State, es una mezcla de tradición y modernidad. Hay gran cantidad de edificios de ladrillo visto que respiran un aire romántico. Van desapareciendo al tiempo que aparecen enormes rascacielos. Al mediodía los ejecutivos salen a comer en los parques o en los restaurantes de comida rápida.

Aurora siguió con sus investigaciones acerca de tejados verdes y transformaciones urbanas. Así visitamos Millenium Park, un parque en el centro de la ciudad que destaca por tener una gran habichuela plateada en la que se reflejan todos los edificios de alrededor. Volvimos a encontrarnos con Jerry en la oficina de medio ambiente. Esta oficina estaba en la planta 25 de un edificio colindante al ayuntamiento. Así pudimos ver el gran tejado verde sobre el tejado de la casa consistorial. No pudimos visitarlo porque hace falta avisar con antelación para preparar todas las medidas de seguridad. Me salen dudas acerca de esto de los tejados verdes, porque los tejados son un espacio inutilizado en las grandes ciudades. Sería útil tener estos tejados verdes y que la gente pueda pasear por ahí y dar uso al espacio.

A veces hay interesantes conexiones en la vida. Por medio de la entrevista que nos hicieron en Radio Euskadi nos escuchó un señor de Bilbao. Este señor de Bilbao resultó ser el padre de Ainhize, una chica de allí que reside en Chicago. Al ver que andábamos por ahí decidió ponerse en contacto con nosotros y nos invitó a comer. Fue una agradable sorpresa, pasamos un rato agradable.

La ciudad de Chicago tiene el mismo modelo de organización que tantas otras ciudades por aquí, es una ciudad diseñada en cuadrícula. Al ser todo tan parecido es complicado encontrar rincones que te den algo diferente. Nosotros encontramos esos rincones en las añejas estaciones de Metro. El Metro es en muchos tramos superficial, transcurre a la misma altura que la cuarta o quinta planta de muchos edificios. Las estaciones son de madera,tienen algo especial, es como retroceder en el tiempo.

Hicimos varios viajes en el tren. El más interesante nos llevó hasta la estación de Linden, en las afueras de la ciudad. En este área residencial tienen uno de los templos bahai del mundo. Jason nos recomendó ir hasta allí y la visita mereció la pena. La religión bahai fue creada en el siglo XIX por un iraní que llegó a la conclusión de que todas las religiones existentes en el mundo tenían una serie de elementos comunes y finalidades similares, por lo que eran estúpidas las luchas religiosas y lo que había que hacer era crear una religión que las uniese. En sus templos pueden meditar todas las personas bahai, pero también gentes de cualquier otra religión. Para unos tiempos en los que las personas no concebían la vida sin religión, el bahaismo fue un noble intento de pacificar las cosas. Esta religión sólo tiene siete enormes templos en el mundo, uno está junto a Chicago y no es demasiado conocido. Tiene una gran cúpula blanca, por dentro es circular. Alrededor tiene grandes jardines, porque los creadores de esta religión consideran que se debe meditar no sólo en el templo sino también en la naturaleza.

La comida en los Estados Unidos es asfixiantemente homogénea, es difícil encontrar novedades locales. En Chicago, aun así, han legado una especialidad al mundo, la llamada “Pizza de Chicago”. No debería llamarse pizza, pero es una delicia. Es una suerte de pastel de queso fundido con salsa de tomate natural y los ingredientes que desees en el interior, tales como champiñónes o espinacas.

Como nuestra intención no era quedarnos a vivir en Chicago, acudimos a la oficina de DriveAway con una doble intención: que nos devolvieran nuestro depósito y que nos proporcionasen un nuevo coche yendo hacia alguna parte. La oficina estaba en una calle llamada Cottage Groove en la que sólo había ciudadanos de raza negra. La segregación racial es bastante potente aunque intenten negarlo, en el barrio que estuvimos éramos los únicos rostropálidos. Nos devolvieron el depósito sin problemas (Amy no se quejó del desconchón en la pintura), pero no tenían coches disponibles para nosotros.

Vista la situación, investigamos acerca de otras oficinas cercanas. Así fue como dimos con nuestros huesos en la ciudad de Milwaukee, dos horas al norte. Allí nos acogió Katherine, profesora universitaria de literatura. No termina ahí su tarea docente, ya que también de clases de salsa. Llegamos temprano a Milwaukee y pudimos pasear por la ciudad. Tiene un área llamada “Third Ward” donde están los edificios antiguos, es el área con más vida. La ciudad es conocida como la ciudad de los cerveceros,debido al gran número de destilerías. Así que era obligado probar una cerveza local, “The Spotted Cow”, una rubia con cuerpo.

Katherine nos invitó a una cena con sus amigos. Cocinó una especialidad brasileña llamada “feijoada”, consistente en frijoles negros cocinados con distintas carnes y arroz. Acompañó la cena con distintos aperitivos y puedo afirmar que es una de las mejores cenas que hemos tenido en todo el viaje. Vinieron varios amigos suyos muy majos, como un chico mexicano admirador del grupo “Parchís”, ahí queda eso.

Fue una pena pasar sólo una noche con ella, pero volvíamos a la carretera. Tras desayunar en una cafetería prototípica, fuimos a la oficina de Driveaway, en la que después de preguntarnos si habíamos estado alguna vez en Europa, nos dieron las llaves de nuestro próximo coche, un Chevrolet Impalla que parece una nave espacial que deberemos dejar en Dallas, Texas.

Así volvimos a la carretera. Con un cable adaptador de MP3 pusimos Obrint Pas y La Polla Records a toda castaña y nos pusimos en marcha dirección a Springfield, Illinois. Es de recibo señalar el Estado porque aquí hay unas cuantas ciudades con el mismo nombre.

En Springfield, Illinois, nos alojaron Jeanette y Eric, que no eran sino los padres de Andy. Andy es un usuario de Couchsurfing que no estaba en su ciudad natal, pero arregló todo para que nos alojasen sus padres. Fueron encantadores, nos llevaron a dar una vuelta por la ciudad, visitamos por nuestra cuenta los jardines memoriales de Lincoln (el presidente Lincoln residió durante mucho tiempo en dicha ciudad) y nos invitaron a cenar una especialidad local, llamada “horseshoe” (herradura), una bomba de patatas fritas con queso fundido, carne y pan tostado, sólo para valientes.

De Springfield, Illinois, vinimos a Springfield, Missouri. Cosa curiosa esa de amanecer en un Springfield e ir a dormir en otro. El camino lo hicimos por la mítica ruta 66, probablemente la carretera más célebre de Estados Unidos. Se trata de una antigua carretera nacional que hacía todo el trayecto desde Chicago hasta Las Vegas. La carretera se fue partiendo en distintos tramos, sucumbiendo bajo distintas autopistas, haciéndose parte de otras nuevas carreteras… el misticismo de la misma ha hecho que muchos quieran recorrerla. En el Estado de Illinois se encargan de señalizarla para que puedas seguir su trayecto original lo máximo posible. La carretera tuvo varias reformas a partir del año 40, por lo que muchas veces puedes optar entre ir por el recorrido más antiguo o por el más moderno. Siempre nos decantábamos por el más antiguo, lo que hacía que muchas veces tuviésemos que ir por carriles diminutos, atravesando muchos pueblos.

Al llegar al Estado de Missouri, la 66 se pierde. Aquí se han preocupado menos de mantenerla con vida. Intentábamos seguirla, pero terminábamos muchas veces en carreteras cerradas.Con gran dolor en el alma tuvimos que despedirnos de ella.

Tras perdernos, como es nuestra costumbre, llegamos en Springfield a casa de Dana y Gary, nuestros nuevos anfitriones. Gary trabaja en el departamento de ventas de una fábrica y Dana está haciendo un doctorado en psicología. Les gusta el buen vino y la comida sana, cosa que agradecemos porque pese a mi amor por lo insano, llega a ser extenuante tanta hamburguesa. Sólo os digo que muchos días hacemos una sola comida y nos sobra.

Como para entregar el coche en Dallas tenemos un día más de lo que pensábamos, decidimos quedarnos un par de noche aquí en Springfield, Missouri. Una ciudad llena de casas familiares con jardín. En el centro hay varias calles con casas victorianas. En una de estas calles hacían una feria , llamada “feria de la sidra” pese a que sólo había dos puestos donde encontrarla.

Etiquetado , , , , , , , , , , , , ,

Carta desde Chicago

Publicado originalmente en Camino a casa, 15 de Septiembre de 2008

Queridas amiguitas:

Últimamente no para de llover. Y parece que esto de escribir cartas mientras llueve es algo muy artístico. Cuantas veces hemos visto la escena en la que la protagonista escribe a su enamorado mientras observa como una gota de lluvia se desliza por el cristal de la ventana. Pues eso.

Iowa City es una ciudad en el estado del mismo nombre que se caracteriza por ser la sede de la universidad estatal. Allí llegamos con “nuestro” Volkswagen Jetta para hacer una de las paradas técnicas de rigor. Tuvimos suerte de nuevo y encontramos quien nos alojase. Lara, una chica de raíces palestinas que estudiaba psicología y al terminar quería cometer la locura de estudiar Derecho. Insensata. Era una chica llena de vitalidad, con una intensa vida militante. Reivindicar lo palestino en los USA es muchas veces dificiles pero a ella no le quedaba otra. Junto a ella y un amigo suyo pasamos una velada muy amena. Eran gente con muchos intereses y proyectos. A su amigo le metimos en la cabeza lo de cogerse un coche de driveaway, quizá a estas alturas anda por alguna carretera local con rumbo incierto.

Si las interestatales americanas son carreteras monótonas, como cualquier autopista, otro gallo nos canta al mentar las carreteras locales. Antes de llegar a Iowa City, descubrimos el pueblo de Winterset. Este pueblo no es un pueblo del montón, no, es el pueblo donde nació “El Duque”, John Wayne. Y bien que se encargan de hacerlo notar. Aquí les va el culto al personaje. Así que tenían museo de John Wayne (en la que fue su casa natal), la calle principal dedicada a tan mítico actor y numerosas fotografías repartidas por distintos rincones. Teniendo el padre que tengo, parar en Winterset era obligatorio.

Las calles de Winterset eran similares a tantas otras calles de tantos otros Estados. Pero tenía un punto diferente. Encontramos lo que tanto buscábamos, una cafetería local. En los Estados Unidos se está produciendo un fenómeno triste. Las localidades medianas y pequeñas se están quedando sin locales familiares o regentados por pequeños empresarios. En cualquier pueblo mediano encuentras un McDonalds y las demás alternativas van cayendo. Así que el local donde se reúnen los vecinos, la cafetería o garito vecinal, algo tan básico en cualquier sociedad que se precie, va desapareciendo. En Winterset no. Tenían más de tres pequeños restaurantes y cafeterías. En el que comimos no tenía precio. Todos estos yankis con gorra y camisa de cuadros, comentando la actualidad informativa. Me hizo una enorme ilusión que en el país capitalista por excelencia quede un rincón como Winterset donde quedan pequeños comercios en pie, donde no todo son multinacionales, donde la gente se reúne en locales donde se conocen unos a otros y conocen al dueño. Será la influencia de John Wayne lo que les hace heroícos.

Después de Iowa City también encontramos localidades interesantes. Llegamos al Estado de Illinois, donde se veían pueblos más prósperos, con gran variedad de cosas y con un aumento absoluto del número de locales con nombre italiano. Cruzamos Indiana y llegamos al Estado de Michigan. Allí nos metimos a investigar los pueblos pegados al lago Michigan, como Michigan City o New Buffalo, donde pasamos la noche. Entre estos dos puntos hay una inmensa cantidad de casas junto al lago, casas preciosas con dueños indudablemente ricos. Tener una mansión tipo Brad Pitt no es algo entre mis prioridades, pero agarrar un pellizco y hacerse con una casa junto a la tranquilidad del lago Michigan, a eso es posible que no me niegue. No negaremos tampoco que los que vivían por ahí tenían una pinta de pijales tremebunda, haciendo un poco de footing y un nuevo deporte para señoras ricas entradas en edad que consiste en andar rápido. Es parecido a la marcha olímpica, pero con menas restricciones reglamentarias (imagino).

En New Buffalo nos alojamos en la mejor habitación hasta el momento. Resulta que encontramos un motel, llamado Judy’s. Preguntamos por el precio y por si tenían Internet, porque de entre todas las noches, esa era la que más nos urgía consultarlo. En las habitaciones de Motel no tenían Internet, pero tenían también camping donde había wi-fi. Pero nosotros no íbamos equipados para el camping. Tenían unas pequeñas habitaciones muy básicas, simplemente literas y nada más, junto a un sitio para hacer una hoguera. No nos parecía muy mal. Y también tenía un pequeño apartamento con baño, cocina, una salita e incluso chimenea. Eso era lo más caro. Según íbamos haciendo preguntas, Rob, que así se llamaba el dueño,nos iba rebajando el precio. Al final nos lo dejó tiradísimo. El primer pensamiento que tuvimos: “Para las horas que son, este ha visto que no viene nadie y prefiere sacarse sus 50 dolares aunque nos metamos en la habitación grande”. De primeras somos maliciosos, pero la verdad es que repensado te dabas cuenta de que el tío, que parecía muy majo, era un buenazo, porque nosotros nos habríamos ido encantados al sitio de las literas y habríamos pagado igual, el se habría llevado el dinero y sin problemas, y aun así decidió dejarnos la habitación más grande. Aplauso pues para el hostelero más majo (hasta la fecha) que hemos encontrado por estos lares.

A mediados de semana llegó el momento que temíamos, el de devolver a nuestro querido Jetta a su dueña. Aurora ya se había hecho a los controles y yo me había hecho al cómodo (y reclinable) asiento de copiloto. Por la mañana antes de dejar el coche lo llevamos a un lugar de lavado a mano. El coche estaba lleno de roña y al limpiarlo descubrimos que tenía un interesante desconchón en la pintura. A estas alturas no sabemos si su dueña se habrá quejado de algo y si eso repercutirá en nuestro deposito. Informaremos. Sea como sea, el coche lo dejamos sano y salvo en Ann Arbor.

En la ciudad de Ann Arbor nos alojaba Thom. Un estudiante de Filosofía, Ciencias Políticas y Francés (aquí puedes mezclar muchas materias). Además de estudiar francés era un total francófilo, quería vivir en Francia o Suiza. Como persona, era encantador, muy atento, agradabilísimo. La ciudad de Ann Arbor es también sede universitaria y su vida transcurre en torno al campus. Tenía muchas más cosas que Iowa City y el campus era más bonito. Por lo visto estaba inspirado en los campus ingleses, tenía un aspecto muy europeo. Tiene el auditorio con mejor sonoridad de Estados Unidos y un impresionante parque llamado “The Arbs” que más bien parece un bosque. Para no renegar de lo mío, confesaré que visité la biblioteca de Derecho, que es algo que hago cuando tengo la oportunidad porque en el fondo me gusta ver a la gente clavando codos y me entra incluso cierta nostalgia de las horas de biblioteca. Aunque para bibliotecas, lo destacado era la biblioteca general de la universidad, ocho pisos con una cantidad enorme de libros. Que pena no poder leerlos todos.

Thom era semivegetariano (comía pescado) y nos hizo una lasagna con espinacas y tofu que era para quitarse el sombrero. También era amante del vino y nos dio a probar más de una botella distinta. ¡Así es dificil no hacerse amigos!

De Ann Arbor vinimos a Chicago. Retrocedimos varios cientos de kilómetros hacia el Oeste en un autobús lleno de estudiantes que se iban de fin de semana. A destacar la re-pija sentada tras nosotros, que decía “Oh my gosh” cada dos minutos (sí, gosh y no god) y comentaba a voces mientras hablaba por teléfon que por un lado tenía a sus amigos del campus y a su nueva alma gemela, su compañera de habitación, y por otro lado a la gente latina, la coolest people que te puedes encontrar en esta vida. Esta gente adinerada cuando se hace amiga de un pobre se sienten como Elliot y su amistad con ET, algo inaudito y apasionante.

¿Qué nos trae a Chicago? Básicamente, los tejados verdes. Un tejado verde consiste en organizar una especie de jardín en los tejados de los edificios, de forma que reduce la contaminación, es más agradable estéticamente, regula la temperatura interior y otra serie de ventajas. Aurora está particularmente interesada en la materia y había una serie de conexiones que había que explotar. No se si os acordáis de nuestra estancia en Fukui. Allí conocimos a una chica llamada Sara que era de Chicago, puso en contacto cibernético a Aurora con Jerry, un amigo suyo que trabaja en el departamento de Medio Ambiente de Chicago. Se cruzaron varios emails de información acerca de los tejados verdes. Una vez llegados a Chicago, había que contactar con Jerry. Así que eso hicimos, contactamos con el. Jerry fue todo simpatía y atención hacia nosotros, nos organizó una visita al museo de ciencias naturales y a su tejado verde, tejado al que no mucha gente puede acceder. Además nos explicó distintos proyectos que tienen en su departamento para recuperar algunos ecosistemas o para hacer de Chicago una ciudad más verde. Parece que se lo toman bastante en serio, por lo visto el alcalde de la ciudad está verdaderamente comprometido con esta causa.
Paralelamente a Jerry, en Chicago tenemos también un anfitrión: Jason. Jason vive en un área llamada Franklin Park, juega al fútbol normal, habla castellano con un nivel bastante alto y es un amante de la música.

¿Os gusta la cerveza? – Nos preguntó al llegar
Sí, claro

Así conocimos un nuevo mundo, el mundo de su nevera, una nevera llena de cervezas de distinto tipo. En EEUU nos hemos llevado una sorpresa con el tema cervecero. Pensábamos que se limitaban a cervezas tipo Lager, que son las que se beben en Castilla. Si allí tenemos la Mahou (cerveza mediocre que se convierte en celestial cuando es una cañita bien tirada, ¡magia!) o la Cruzcampo, pensaba que aquí se limitaban a la Miller, Budweiser y demás. La sorpresa es que su nivel cervecero SUPERA al alemán y se ACERCA al belga. La cantidad de marcas es abismal, tienen una gran cultura de la cerveza local y las pequeñas destilerías por encima de las marcas más industriales, tienen una gran cantidad de tipos de cerveza y hay multitud de establecimientos donde venden todo tipo de marcas. De la mano de Jason nos adentramos en un mundo apasionante de zumo de cebada (siempre con moderación), sin duda la mayor sorpresa gastronómica que nos hemos llevado en este país.

Junto a su amigo Rob, Jason canta canciones mexicanas y cubanas. Escuchar a este par de gringos cantar “Guadalajara” no tiene precio. Aquí en EEUU se lleva lo que llaman el “open mic”, micrófono abierto. Vas a un bar y te pones a cantar. Decidieron que ayer era el momento para hacer una demostración y se plantaron con sus guitarras en el bar “Weeds”. La fauna de este bar era similar a la del glorioso “Café Doré”. Su sueño, un tal Sergio, era un tipo enorme con un peto vaquero y gafas de sol, tenía una busto suyo que era idéntico. En este bar había un loco poniendo videos de los Rolling Stones del año de Mari Castaña, intercalado con videos en los que a Mimi Rogers completamente desnuda le daban un masaje. Fauna local. El concierto se escuchó de Rob y Jason se escuchó de aquella manera,pero lo importante fue pasar un buen rato.

Otro agradable descubrimiento de estas tierras es el “garito americano”. Es un bar que está a medio camino entre nuestros bares de toda la vida y nuestros pubs. Abren a las 3 o 4 de la tarde y cierran a media noche o algo más tarde, de Lunes a Domingo. No son bares para el fin de semana con copas a precios abusivos, son antros oscuros en los que en líneas generales dan mucha importancia a la música, con mesas donde apoyar el codo y pasar un rato tranquilo. Por atmósfera no es como nuestros bares de tapas, por precios, tipo de gente que va, actitud y demás no es tampoco como nuestros pubs. Es un punto intermedio y necesario, complementario a lo que tenemos allí por Europa del Sur.

Etiquetado , ,