Archivo de la etiqueta: conejo

Comiendo en Tenerife

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 23 de Septiembre de 2009

Ahora sí que sí, ya no hay excusas, no vale negar la realidad: han terminado las vacaciones. Debo reconocer que fue para mí placentero currar en Agosto y pirarme cuando todo el mundo volvía, pero ahora toca reincorporarse como cualquier hijo de vecino a la jornada laboral.

Estos últimos días los he pasado familiarmente en la isla de Tenerife, en un viaje familiar que nos hemos marcado toda la tropa. Me esperaba una isla mucho peor de lo que me he encontrado. No se, algo así como la zona de Levante, una destrucción total. Aunque hay bastante destrucción, todavía conserva zonas no masificadas. Quizá sea por su afortunada geografía, por todas esas cuestas arriba y abajo, todo ese paisaje montañoso que hace que sea bastante difícil plantar urbanizaciones a saco. Aun así, algo de mierda hay. Estuvimos por ejemplo en la zona de la playa de Las Américas, que es un mamotreto destinado al turismo a lo bestia, he visto poca cosa igual, parecía Los Ángeles aquello. Donde estábamos alojados, en Puerto de la Cruz, algo de eso también había. De hecho, estaba por un lado el centro histórico, bien conservado, y justo al lado un puñado de hoteles.

A parte de eso, todo lo demás se conservaba con cierta decencia. Las ciudades grandes, como Santa Cruz o La Laguna, las fusilamos en un día, con visita al campo del Heliodoro para rematar la faena. A partir de ahí todo lo que vimos, que no fue tanto como hubiésemos querido (pero no había más tiempo) fue esencialmente rural, desde Garachico hasta Candelaria, dimos la vuelta alrededor del Teide parando en pueblos medianos y pequeños de todo tipo. Por cierto, que por una carretera tortuosa subimos también al Teide y afortunadamente el teleférico no admitía viajeros debido al fuerte viento. Digo afortunadamente, porque mi familia estaba dispuesta a dejarse estafar (25 lereles cuesta la broma) y yo no quería consentirlo, así que la meteorología fue una buena aliada.

Cuatro días dan para poco, pero aun así intentamos escapar de lo esencialmente turístico y mezclarnos un poco con la cultura de allí. Es difícil conseguirlo, pero lo intentamos esforzadamente, con el coche de alquiler metiéndonos en todo tipo de lugares.

En lo gastronómico, que es al fin y al cabo lo que más nos interesa a todos los que hacemos este blog, la visita a este país fue mucho mejor de lo esperada. Por suerte ahora en Internet hay gente que hace blogs y te va aconsejando sitios. Con eso y el instinto de haber viajado un poquito y saber cuáles son los sitios estafas y cuáles son los buenos, pudimos comer bastante bien.

Está claro que probamos las omnipresentes papas arrugás con los mojos verde y picón. Imagino que esto es algo un poco tópico, como aquel que toma paella en todas partes cuando va a Valencia, aunque sea una mierda. La suerte es que las papas, según parece, no tienen mucha complicación, por lo que aparentemente era difícil que nos colocasen “papas falsas”. Aun así, imagino que no todos los sitios eran los indicados para tomar este sencillo plato, pero mi madre estaba obsesionada con pedirlas en todas partes. De todas formas, estaban buenas aquí y allá.

Estuvimos en varios restaurantes interesantes, frecuentados básicamente por lugareños. Algunos los encontramos por casualidad, otros los habíamos visto en blogs y otro par nos fueron recomendados por un amigo de mi hermano, al que debemos hacerle un monumento: el Chusma.

Por ejemplo, en el Restaurante La Papaya, en el Puerto de la Cruz, pudimos probar una de las especialidades de la tierra, el Conejo con Salmorejo. Este salmorejo no es como el salmorejo andaluz, es una salsa picante que tengo entendido que se usa más bien como acompañamiento a platos como este.

El Restaurante “Los Garrafones” en La Victoria, es un lugar en el que básicamente se come pollo asado con mojo picón. Otra exquisitez alejada de los circuitos turísticos.

En La Carambola”, una pequeña tasca en el pueblo de El Sauzar, la comida era menos tradicional, aunque partía siempre de productos canarios. Tomamos por ejemplo batata con bacalao, unas papas explosivas con bechamel y queso fundido o solomillo con salsa de coca-cola. Este sitio me emocionó especialmente, por ser uno de estos en los que se ve que el dueño disfruta con su trabajo. El hombre sonreía mientras nos decía las especialidades de la casa y nos aconsejaba lo que debíamos pedir para no pasarnos mucho.

Por supuesto, en una isla el pescado tiene cierta presencia gastronómica. En un restaurante llamado “Miramar” en el pueblo de Garachico, probamos un pescado llamado “Sama” que al menos yo no había tomado nunca y que estaba delicioso. Aunque quizá fue más intensa aún la experiencia del restaurante “La Pimienta en el municipio de La Matanza. Allí reservamos para seis personas y nos esperaban con un mero enorme, sin más. Estos sitios me encantan, los sitios donde tienes poco margen de elección. En “La Pimienta”, si hay mero, comes mero, si hay otra cosa, comes otra cosa. Además había cuatro entrantes y poco más que decir. Al contrario de lo que mucha gente piensa, en los sitios donde hay poco margen de elección está garantizado que son expertos en lo poco que ofrecen. Hay que dejarse llevar… (por cierto, nosotros habíamos reservado, pero la gente que no había reservado tenía que ir y escoger algún pescado de entre los que tenían allí cogidos el mismo día)

Otras cosas que probamos en sitios diversos y que vimos en numerosas cartas fueron la morcilla dulce, algo que me maravilló y que nunca había probado antes, solomillo relleno de gambas y aguacate, y el gofio. El gofio debe ser el plato nacional canario, una harina de trigo y maíz que por lo visto se toma con cualquier cosa. Es como una papilla que no causó demasiado éxito en nuestra comitiva, puesto que yo fui el único que lo tomaba en todas partes. También en todas partes había queso de cabra, que lo podías tomar a pelo, frito o asado. En Tenerife hay, por lo visto, buenos quesos bastante desconocidos. Es interesante mencionar también que las ensaladas en general llevaban aguacate y melón, y que los tomates eran muy sabrosos

Una experiencia gastronómica muy interesante son los guachinches. Los guachinches son unos lugares en los que las familias te venden vino de producción propia y de paso te ofrecen cuatro o cinco cosas muy básicas para comer o cenar. Son una especie de restaurantes familiares, aunque la base fundamental de todo el tinglado es el vino, lo de la comida es acompañamiento. En general están en sitios un poco a desmano, sobretodo, según tengo entendido, en el Valle de la Orotava. Nosotros pudimos a ir a uno en el pueblo de Pinolere, “el guachinche del tío Kiko”, donde junto al vino de la casa nos ofrecieron “huevos a la estampida”, huevos revueltos con chorizo y patatas fritas. La pena es que no pudimos explorar más estos sitios, aunque intentaré volver y probar más.

A nivel postres, en Tenerife pudimos probar cosas como el frangollo, el Príncipe Alberto, el Bienmesabe (una bomba calórica) o el Quesillo, que era quizá el más popular.

Respecto al bebercio, las cervezas canarias eran malas con avaricia. La marca “Dorada” estaba en todas partes y en algunas estaba la “Reina”. Fácilmente olvidables. Respecto a vinos no soy tan entendido, pero el que más entendía de esta materia en nuestra pequeña comitiva dijo que estaban bien. A mi me sabían bien, pero empiezo a pensar que casi todos me saben bien.

Y esto es lo que gastronómicamente ha dado de sí la visita a Tenerife. Me quedo con ganas de volver a la isla porque pienso que nos faltó bastante por ver (hace falta calma para saborear las cosas, puedes ver muchas cosas en poco tiempo pero lo suyo es cogerle el saborcillo), porque la gente era muy amable y porque el acento era muy dulce. Y bueno, me quedo con ganas de conocer más lo que se mueve por ahí, pero ya volveré.

[A ver si puedo subir pronto alguna foto de todo esto]

[Me como Tenerife, uno de los blogs que nos sirvieron de ayuda para encontrar donde comer decentemente ]

Anuncios
Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

La paella

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 31 de Agosto de 2009

Bueno, bueno, ya veo que todos vais volviendo de las vacaciones. ¿Cómo va el síndrome postvacacional? Na, yo empiezo las vacaciones mañana… espero que os reincorporéis bien y tal.

Al lío. El tema es que ahora con estos inventos del feisbuk y s.p. mare es un placer ver las fotos vacacionales de muchos de mis amiwitos y amiwitas. Esas playas petadas hasta el culo. Y como colofón, en general, muchos ponen una foto de algo que han comido y que viene siendo así:

Un engendro lleno de bichos del mar al que infelizmente llamáis PAELLA. No es mi deber meterme donde no me llaman y es posible que os enfadéis, pero eso NO es una paella. Digo que no os enfadéis porque cuando se desvela esta verdad muchos se pillan un cabreo de agárrate y no te menees, como cuando le dijeron a mi hermano que los reyes magos eran *** *****.  Será que vivir en la ignorancia abre las puertas a la felicidad o algo. O que nos hemos hecho en la cabeza esa imagen de paella de chiringuito, grasienta y asquerosa, y mola tanto poner la imprescindible foto en el album “mis vacaciones 2009″ que descubrir que todo es una pantomima gastronómica nos rompe la jactancia vacacional, el “que paellas que me como” y tal. Pero no seamos tan trascendentes.

La paella no lleva bichos del mar. Ni lleva caldo de pez. Ni nada de eso. Porque la paella es un plato de INTERIOR, de huerta, y hasta donde todos sabemos no hay mar en el interior. ¿Por qué algunos botiflers llevan años vendiendo paellas de bichos del mar? Bueno, básicamente porque el madrileño central es un tipo que, cuál metafísico, quiere que la realidad objetiva se adapte a sus ideas, en lugar de adaptar sus ideas a la realidad objetiva. Es decir, el madrileño piensa: Valencia – Playa; Playa – Mar; Mar – Bichos del Mar. Ergo: Playa-Bichos del Mar. Ergo: Paella – Bichos del Mar. Así se quedará más contento. El valenciano de chiringuito no duda en estafarle. Si el pobre madrileño viene con esa idea en la cabeza… Al madrileño, que va obnubilado con la promoción que le han vendido, cual Landa y las suecas en Benidorm, no se le ocurre pensar que en Valencia también hay un interior y que el arroz se cultiva en tierra y no en mar. Y el ingrediente fundamental de la paella es el arroz.

Paella, por cierto, significa “sartén”, que viene del latín “patella”, igual que en italiano se dice “padella”. Esto sienta también fatal a los madrileños, que dicen “paellera” y cuando les corriges se cabrean. “¿Entonces que te comes, el cacharro? ¡Eso es absurdo!” Oh, dios, rompiendo mitos. La analogía más cercana que se me ocurre es: “¡Pero cómo va a girar la tierra alrededor del sol! ¡Eso es lo más absurdo que he escuchado jamás! ¡Y encima dirás que la tierra es redonda, ¿no? Entonces, ¿por qué no nos caemos?” (…). No se puede ser tan simple, pero el madrileño central gusta de adaptar la realidad objetiva a sus ideas. Alma de cántaro, ¿cuándo comes puchero, estás comiendo un puchero? Y cuando comes una olla de carne, ¿te estás comiendo la olla? “Plas, plas” (onomatopeya de dos bofetones) ¡reacciona hombre y sal de tu histeria! ¡Es la tierra la que gira alrededor del sol!. Un ejemplo de lo que es una paella, a pelo:

Entonces, ¿qué lleva una paella?. Básicamente: Arroz, Conejo, Pollo, Bajoca (judía verde ancha), Garrofó (judía blanca ancha). Si nos ponemos en plan ortodoxo, quitamos el pollo, dejamos el conejo y metemos pato o caracoles. Pero tampoco vamos a llegar a esos extremos ahora. Su aspecto debería ser algo así:

Si amigas, nada que ver con lo que os coméis normalmente. Hay arroces con pescado (arroz abanda, quizá el mejor) que no se parecen tampoco a la “paella de mierda-marisco” que os han estado colando todo el verano. Si queréis arroz con pescado, probad ese. No los platos-estafa de chiringuito que encima pagáis. Espero que vaya quedando claro, no me volváis a tocar los pelendengues con las paellas esas falsas que os venden, you  don’t fuck with the Jesus.

Vale, es que me voy a Valencia, ¿dónde pido una paella? Me temo que vas a la costa. Entonces, lo primero que tienes que saber es que dificilmente tendrás cerca un sitio donde comer paella. A pie de playa no se come paella. En los chiringuitos, no se come paella. Una paella no es un plato de arroz amarillo. Una paella es una gran sartén con asas, has de sentarte en una mesa y te la ponen ahí. Entonces tendrás que ir hacia el interior. Conforme más vayas hacia el interior, más probabilidades hay de que donde te ofrezcan paella sea un buen sitio de paella. ¿Ves esos sitios donde pone un cartel en numerosos idiomas que pone PAELLADOR? Jamás, JAMÁS, pidas una paella ahí. ¿Esos sitios con welcomes en inglés y demás? NO pidas paella ahí. Será una estafa para guiris (en generla, en cualquier sitio, si están las cartas en cien idiomas con cientos de fotos en la puerta, el sitio es malo… en Madrid tenemos más sitios de esos, ¿entras? Yo tampoco. No hagas lo mismo en Valencia). Vete “hacia dentro” y busca paella, encontrarás.

Una vez estés en el restaurante, no empieces a joder “es que no tengo plato”. La paella se come directamente, valga la redundancia, de la paella. Se come del recipiente y con cuchara. Si quieres tomar un paellot en condiciones, aprende esta lección. Agarra la cuchara, come del recipiente e hínchate. Así se come, no tiene más secreto más allá de romper tus esquemas mentales de arroz grasiento de chiringuito.

Si os animáis a hacer en casa una paella en condiciones, os copio en breves una receta de una web que está bastante bien. Pero primero:

1.- La paella. El recipiente donde vas a hacer el arroz debe ser una paella poco profunda. El arroz queda mejor en capa fina, queda todo igual. Cuando la capa es profunda queda menos suelto, más pastoso, más apelmazado. No, no vuelvas a ser básico, no se trata de que sea profundo. Es otra tontería que decís “¡vaya timo, si aquí no hay casi arroz”, sólo porque la cuchara toca fondo en seguida. La paella, a lo ancho, no a lo profundo. Venden unas paellas profundas megaantioxidantes y toda la pesca. Es un timo, no las compréis. Si queréis paella para cuatro, paella ancha. Si la queréis para ocho, más ancha. Si la queréis para doce, más aún. Si no tenéis donde guardarla, comprad dos. Pero no profunda.

2.- El fuego. Esto es la jodienda principal. Si nos ponemos puros y duros la paella la deberíamos hacer a la leña, pero ¿quién puede hacerla a la leña en casa? Casi nadie. Así que os tenéis que hacer con un fuego paellero, que es un instrumento que enganchas al gas de casa, un instrumento redondo que saca un fuego redondo que abarca toda la superficie de la paella. “Es que tengo vitro”… pues vas dao.

Ahora, al lío:

INGREDIENTES (para 4 personas):

  • 500 gr. de pollo
  • 500 gr. de conejo
  • 300 gr. de bajoca (judía verde ancha)
  • 250 gr. de garrofó ( judía blanca ancha)
  • 100 gr. de tomate
  • 400 gr. de arroz
  • 100 cc. de aceite de oliva virgen
  • Azafrán o colorante alimentario amarillo
  • sal
  • pimentón
  1. Calentar el aceite en la paella (sartén). Cuando empiece a humear, añadir el pollo y el conejo troceados. Freir a fuego medio hasta que queden dorados.
  2. Añadir la bajoca troceada y el garrofó, y sofreir junto a la carne durante dos minutos.
  3. LLevar la carne y la verdura a los bordes de la paella, y en el centro, sofreir el tomate rallado y una cucharadita de pimentón durante un minuto, removiendo bien para que no se queme el pimentón.
  4. Añadir agua, hasta el borde de la paella, y sal.
  5. Dejar cocer todo durante 30 minutos, o hasta que el caldo haya bajado hasta los remaches de las asas de la paella. Comprobar la sal.
  6. Añadir el azafrán o el colorante, y seguidamente, el arroz, repartiéndolo por toda la paella. Los 10 primeros minutos de cocción del arroz, a fuego fuerte, después, se rebajará. No remover el arroz.
  7. Cuando el caldo se haya evaporado, sacar la paella del fuego y dejar reposar cinco minutos.

Consejos:

  • El arroz, una vez repartido por la paella, debe removerse lo menos posible. De lo contrario, irá soltando su almidón y al final, el grano no quedará suelto.
  • Si el arroz parece ya cocido, pero todavía queda mucho caldo, subir el fuego al máximo para que el caldo se evapore lo antes posible.
  • Por el contrario, si el arroz sigue duro, y queda poco caldo, bajar el fuego para que cueza a fuego lento y, cuando el caldo se haya evaporado, si el arroz sigue duro, quitar del fuego la paella y taparla con papel de aluminio, o un trapo humedecido, y dejarlo así algunos minutos.

[Sacado de:

http://www.web-valencia.com/recetas-paella-valenciana.htm]

Un video de un señor muy majo haciendo paella:

Etiquetado , , , , , , , ,

Arroz meloso con conejo

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 26 de Diciembre de 2008

Para que no digáis que no os doy ideas y por eso vais al Burger King, os paso mi nueva hazaña. Estando un día en casa, vi en TVE el programa de por las mañanas que tiene Inmaculada Galván y allí conectaban con un restaurante de Guadalajara en el que hicieron arroz con conejo. No se me quedó la receta en la cabeza, aunque si varias cosas, por eso decidí fusionar lo que se me había quedado con partes que yo me inventé y esta es la receta que hice:

Ingredientes (para cuatro):

– Un conejo entero, con su hígado, corazón y riñones

– Una cebolla

– Un pimiento verde

– Un pimiento rojo

– Un par de zanahorias

– Un cuarto de calabaza

– Un tomate

– Un vaso de vino tinto

– Arroz

– Orégano

– Tomillo

Procedimiento:

– El día antes de comer, ir a la carnicería a comprar el conejo. Pedirle a la carnicera o al carnicero que nos lo trocee. Al llegar a casa, echar orégano y tomillo al conejo troceado, para que vaya cogiendo sabor

– Ya el día que lo vamos a comer, picamos todas las verduras y las sofreímos en una olla. Primero la cebolla a fuego lento, hasta que se va pochando, luego vamos metiendo los pimientos, la calabaza, la zanahoria y el tomate. Muy despacio

– Cuando ya lleva un rato, le echamos el conejo troceado para que se vaya haciendo

– Cuando el conejo empiece a tener color, le echamos el vaso de vino tinto. Este vaso, junto al jugo que han ido soltando las verduras, va formando un caldito. Ponemos el fuego fuerte y lo dejamos un rato para que el alcohol del vino se reduzca

– Cuando ya lleva un ratillo (5-10 minutos, siempre a ojo), le añadimos el arroz. Una taza por persona y el doble de tazas de agua, más una que le ponemos de regalo porque quedemos que quede en el punto medio entre meloso y caldoso

– Lo dejamos diez minutos y nos lo comemos. Con lo del tiempo y el arroz, pueden ser diez minutos, pueden ser once, con esto yo prefiero probar un poco o echarle un vistazo antes que ser estricto con el tiempo. Recordad que el agua no se va a evaporar del todo porque le hemos echado un vaso más. Además de esto, ya incluso tenía algo de líquido por el vino y el jugo que han ido soltando las verduras. Por cierto, en relación a esto, hay gente que me ha dicho que por qué no echar un caldo de algo para hacer el arroz. Lo que yo digo siempre es que con las propias verduras, el vino y el conejo ya se va generando ahí un caldo, por lo que con el agua basta y yo no aconsejo echar caldo

– Después, se come. Recuerden que es el hombre el que espera al arroz, no el arroz el que espera al hombre

¡Esto es todo amigos!

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , ,