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Visita relámpago al “Hotel Antonio” de Almazán

Este espacio lo tengo abandonado por los terribles horarios de la Reina de La Guindalera. Esos terribles horarios van dejando días libres cuando uno menos se lo espera y ya se ha acostumbrado a los horarios antiguos, pero hete aquí que el nuevo día libre es el Domingo y lo podemos usar para hacer excursiones. Así que el pasado Domingo nos fuimos al cañón del Río Lobos y aprovechando la coyuntura soriana decidimos ir a comer al “Hotel Antonio” en Almazán.
El “Hotel Antonio” es un clásico de allí, aunque el motivo de mi visita está basado en mi perpetuo anclaje a la nostalgia. Yo he ido a un colegio de curas, los Maristas de Chamberí, de los que reniego cuando puedo, pero guardo buen recuerdo de la mayoría de compañeros. Y resulta que un buen compañero ha acabado siendo director de dicho Hotel, perteneciente a su familia.

Este compa y amigo es Manuel García Pedroviejo, cuyo mote no diré por petición expresa. Aunque la historia tiene gracia, estábamos mi hermano y yo esperando al autobús, mi hermano me dijo “¿cómo se llama ese chaval?” y yo le dije “[Mote]”. Mi hermano no dudó de ello y empezó a llamarle así a gritos cada vez que le veía por el patio, algunas personas lo escucharon y ahí se quedó. No me lo perdonará el buen Manolo. Por tema de apellidos, los años que coincidimos en clase siempre nos sentamos juntos y la verdad es que le cogí mucho afecto. Además, en varias ocasiones le invité a partidos del Rayo Vallecano, pues en esa época éramos socios del Rayito (y buena época, la del EuroRayo de Juande).

Pero bueno, pasan los años y dejas de verte, te salen bolsas en los ojos y cara de mala leche, varios kilos demás y las vidas se desarrollan. Manolo tenía siempre en la boca su pueblo “Almazán” y resulta que acabó ahí. Cuando supe que estaba por allí me propuse ir a visitarle tarde o temprano, para rememorar viejos tiempos y probar su comida.

Este Hotel fue fundado por sus abuelos y es el mítico lugar de Almazán, probablemente uno de los sitios más populares de la zona y con más trayectoria. Pudimos ver las habitaciones, aunque nuestro objetivo era el restaurante: comida castellana tradicional, sin floripondios, de calidad y contundencia como está mandado. Y con varios inventos cortesía de la casa.

Comenzamos con estos entrantes:

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Lo mejor, para mí, la empanadilla.

Después fuimos a por el plato tradicional, inventado allí, el somarro. Solomillo de cerdo rebozado y asado, muy tierno y potente

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Aquí un recorte de prensa en el que hablan de este plato y su lugar de origen. Con el gran Manolo en el centro de la foto

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De postre, unas natillas caseras con bizcocho, muy buenas, sobretodo muy sabrosas

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Además, resulta que a Almazán ha llegado también la gintonic manía y pudimos degustar uno, cuya foto no encuentro, pero bueno, ya saben ustedes como es un gintonic.

Por si fuera poco, en el Hotel se pueden comprar productos locales: Mantequilla de Soria, agua mineral o estas apoteósicas yemas, “Yemas Gil”, que compramos y nos llevamos a casa, descubriendo que me gustan más que las de Santa Teresa. Su textura me resulta más agradable. Como bien saben hablamos de un producto sanísimo, por cada yema comida aumenta el michelín varios centímetros.

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Recomiendo la visita, el trato es bueno y no porque sea un compañero de pupitre, se come bien y la verdad es que desde Madrid nunca caemos en visitar la provincia de Soria pese a que está “a tiro de piedra”

Hotel Antonio

Av de Soria, 13

42200 Almazán, Soria
975 30 07 11

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Morcilla de calabaza

Parece un chorizo pero se llama morcilla, nos lo trajeron Rodrigo y Raquel desde Ávila y es una delicia. Una joya de gastronomía castellana hasta ahora desconocida para nosotros.

Como su nombre indica, lleva calabaza. Es un embutido con pimentón, especias, tocino, calabaza y a veces según he leído le añaden más legumbres.

Hay por ahí embutidos tradicionales esperándonos, ¡tenemos que probar todos! Es un mundo que te cagas y tengo que empezar a hacer mis propios embutidos, creo que es un paso necesario en mi escala evolutiva.

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Tiznao

Esto de la foto es Tiznao, un plato típico de la gastronomía castellana, concretamente de la comarca de La Mancha.

Lo tomamos en el “Hostal Valdepeñas”, en la Avenida del Vino del pueblo del mismo nombre, donde fuimos bajo recomendación de un camarada de mil batallas, del mismo nombre también, “El Valdepeñas”.

Además de visitar el lugar de origen de un Compañero tan legendario, pudimos probar este plato. Por lo que he investigado, el Tiznao en Valdepeñas no es igual que en el resto de la zona, así que pudimos probar un genuíno Tiznao muy local.

Básicamente hay tomate, bacalao, ajos, cebolleta, aceite de oliva y sal.
Parece ser que puede tomarse frío o caliente. Nosotros lo tomamos frío.

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La vuelta al mundo en cuchucientas recetas: Albacete. Ajillo

Desde la lejana Alaska hasta las cercanas tierras de Albacete, la provincia que supone casi toda la comarca de La Mancha y que pese a ser muy cercana no me es tan conocida, pues apenas – para mi vergüenza – he transitado el sur de Castilla, ¡al tiempo!

Indagando en uno de mis libros he encontrado esta receta de Ajillo que al parecer es una de las cosas más típicas que se pueden encontrar por ahí y por eso me he animado a hacerla

AJILLO

Ingredientes (para 4 personas)

4 patatas

2 dientes de ajo

1 yema de huevo

1 tacita de aceite de oliva

Sal gorda

Rebanadas de pan

Elaboración

Cocemos las patatas en un cazo con agua y pan durante unos 20 minutos. Cuando somos capaces de pelarlas sin morir abrasados, lo hacemos. Y con las patatas peladas, hacemos un puré chafándolas con un tenedor y añadiendo un poco de aceite de oliva.


Por otro lado en un mortero majos los ajos pelados con sal gorda hasta obtener una pasta. Añadimos allí la yema de huevo y el puré de patatas, dándole candela hasta que quede como una crema.

Tostamos el pan y untamos el ajillo, ¡así de sencillo!

La hemos maridado con una Plan B Pale Ale, que no la podéis conseguir así como así porque es la cerveza que hemos fabricado en casa

Un video que estabais deseando y que es una jodienda porque el Albacete ha vuelto a 2ªB

Conseguir los ingredientes

Quien no tenga todos estos ingredientes AHORA MISMO en su casa, debería hacérselo mirar

Próxima estación: Albania (aviso, esto ya será después de las vacaciones, que empiezo la semana que viene, intentaremos probar cosas buenas por los mundos que visitemos)

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Vaya usted al bar

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, el 21 de Julio de 2010

Una de las cosas de las que me he dado cuenta en la vida es que podemos dividir a la humanidad en dos grupos fundamentales: los que no van a bares y los que vamos a bares.

Cuando hablo de bares no me refiero a afterworks. Ir a afterworks es la antítesis de ir a bares. Ir al afterwork es como ir a la nada y a la mierda a la vez. Tampoco hablamos aquí de ir a pubs a tomar copas, esto sólo podría encajar si hablamos de pubs oscuros y llenos de gente inquietante. Y creo que no hablamos de lo mismo si pensamos que ir a bares consiste en ir a sitios de raciones modernas de croquetas de boletus en La Latina, cosa que puede ser interesante gastronómicamente (y lo es, qué demonios) pero que muchas veces tiene un componente de rollo progreimbecílico supino del tipo “yo es que voy de tapas a La Latina ¿sabes? Mientras escucho a Russian Red me tomo un riojita”. Esto de “tomarse un riojita” son cosas que dicen las personas que creen ir a bares pero no lo hacen en realidad, y que “se toman un riojita” para demostrar que 1) no son tan superfluos como para tomar cañas porque son unos intelectuales del bebercio y 2) creen que saben de vino y por eso toman “riojitas” (a veces con marcas que han memorizado del tipo “pues yo me tomo un cune”) y nunca tomarían un vino de Méntrida porque ni siquiera saben que hay vino en Méntrida. En la versión 2.1 de esto, ya toman vinos de los viñedos chilenos y demás.

Pues descartemos todo eso. Cuando hablamos de ir a bares las coordenadas son muy simples. Hablamos de tabernas, tascas, tugurios y demás ralea con azulejos, boquerones en vinagre, mondadientes, camareros con camisa blanca y clientela selecta compuesta por los trabajadores del barrio. El bar, amigos, es la pieza fundamental de la existencia humana y cuando un bar existe y ha existido durante años habría que declararlo monumento nacional, protegerlo de la especulación, eximirle de pagar impuestos e incluso darle medallas de oro y diamantes si es preciso.

La importancia del bar es social, sociológica, antropológica y etnológica. También lupúlica, enológica y croquetariana, pero eso se da por supuesto. En Castilla, el bar ha sido siempre uno de los ejes sociales fundamentales. Los podríamos resumir en cuatro: el mercado, la plaza, la iglesia y la taberna. Ahora ha cambiado la cosa porque ya menos de la mitad de la gente va a misa y ya no te sientas en la plaza de tu barrio a hablar con cualquier vecino. En los mercados todavía hay cierta relación que surge en las colas, con el “quien da la vez” y las señoras que se cuelan de estrangis. Pero la taberna es el eje máximo y debería seguir siéndolo. En una taberna de tu barrio, lo más importante es pedir una caña y observar al personal. Cuando tu vas a un barrio y quieres saber como es ese barrio en cinco minutos, simplemente has de ir a una taberna. Allí verás el percal. Si se tercia, haces amigos y todo.

Es cierto, no lo podemos negar, que el bar ha sido muchas veces refugio de canallas. Del típico ser despreciable que se ponía fino a vinos, subía a su casa y le daba una paliza a la esposa. Pero el bar es también el hogar de los obreros, donde cuentas tus cosas, donde conoces camareros majos y otros perdonavidas y hablas del Atleti, también es donde ves a grandes personajes de tu barrio. Todos los que vamos a bares tenemos la experiencia de que se nos acople un crack contando anécdotas rarísimas. Todos tenemos un Jaime Robles en nuestras vidas. El bar es la piedra angular de la cultura castellana. Sin bar no habría barrio y sin barrio no habría nada.

Hacer una apología del bar es deber obligatorio. Yo tengo que estar totalmente agradecido a mis padres por llevarme al bar desde pequeño, porque eso es lo que me ha convertido en el gran prohombre de la historia que soy actualmente. Mi madre tiene un mérito especial, porque viviendo en Valencia ejerció de madrileña tabernera y se creó su propia cultura barística, aunque no fuese lo mismo porque en Valencia la cosa no funciona igual. De hecho, aunque sea sorprendente, hay pueblos del mundo en los que la taberna no juega este papel crucial que debería jugar. Hay lugares en los que las personas no entran al bar a pasar el rato, sólo entran con intenciones predefinidas del tipo “vamos a este sitio, sirven muy buenas raciones”. Entonces hay menos sitios, claro, porque no existe el bar amigo, el bar cercano, el bar que es tu casa, el bar donde puedes entrar y no hacer nada más que estar una hora con el mismo vaso y nadie pensará nada malo.

Si yo ahora tuviese una situación económica mejor, no me cabe duda, pasaría más tiempo en el bar. Porque el tiempo empleado en las tascas del barrio es siempre tiempo bien aprovechado. Desayunar en la taberna debería ser crucial para poder pasar un buen día con energías y poderes. Tomar una caña/vino/mosto al día al volver de trabajar ( o dos) debería ser algo subvencionado por el Estado.

Los que vamos a bares somos una estirpe gloriosa, pero generosa. Admitimos que se pasen a nuestro bando los que no van a bares, aunque tachamos de nuestra lista y encuadramos como traidores a los que se pasan al “afterwork”. Amigo, si usted no va al bar, vaya. Si usted no acude a la taberna, acuda. Mañana mismo, nada más levantarse, desayune en el bar. Pero no busque un sitio decorado de tal manera con no se cual música. No, entre en el lugar de la esquina de su calle, ese que hasta ahora le ha dado un miedo inexplicable y absurdo. Ese que no tiene una pizca de glamour aparente. Entre y desayune. Y durante una semana, cada vez que vaya por la calle, cada vez que vea una barra con su vitrina de raciones, cada vez que vea un local con azulejos y sus grifos de Mahou, ¡entre! Nunca es tarde para coger práctica. Vaya usted al bar, confraternice con la parroquia, comparta cañas y sea feliz con la clase obrera.

Y nunca pida ración hasta que no le hayan dado la tapa

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Domus, cerveza artesanal castellana (de Toledo, para más señas)

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 23 de Febrero de 2010

Hay un Michael Jackson que me merece más respeto que el célebre cantante. Se trata del llamado “beer hunter”, el cazador de cervezas. Un hombre inglés que dedicó su vida al conocimiento y la cata de cervezas y whisky. Su buena vida terminó cuando contaba con 65 años, en el año 2007.

Su aporte al mundo de las cervezas fue fundamental, aunque por estos lares apenas tenga trascendencia. No sólo conocía todas las grandes empresas cerveceras del mundo y todas sus modalidades. También dio a conocer de manera significativa el movimiento de “microbreweries”, las microcerveceras. Originalmente las “microbreweries” surgen en Inglaterra como estas pequeñas compañías que hacen de manera limitada y artesanal cervezas de tipo “ale”. Este movimiento se fue extendiendo y ahora cuando hablamos de microcerveceras nos referimos a pequeñas compañías que hacen cerveza de manera limitada y alternativa, puede ser artesanal o no, tradicional o no, pero siempre con algo especial. Este movimiento es enorme en Inglaterra y también en Estados Unidos.

Acercándonos geográficamente, en los límites estatales, lo cierto es que el movimiento microcervecero sólo ha pegado con fuerza en Cataluña, donde de manera modesta pero constante van surgiendo compañías que hacen cosas aparentemente muy interesantes y que espero poder probar.

Pero ¿y aquí, en Castilla? En Madrid van creciendo los “brewpubs”, locales donde fabrican su propia cerveza para vender directamente al público para consumo inmediato, como el famoso “Naturbier” u otros. Lo que no se encuentra, sin embargo, son microcerveceras. Hace meses di con la “Calvin”, cerveza artesanal de Madrid realizada en un polígono de Vallekas. Pudimos probar sus variedades negra y rubia, ambas excelentes. Sin embargo, perdimos la comunicación y lamentablemente a estas alturas desconocemos si sigue existiendo o hemos perdido en Madrid la única cerveza artesana que había.

Pero no desfallezcamos, porque aunque sería una desgracia la pérdida de la Calvin, no nos quedamos del todo huérfanos. Y es que investigando un poco supimos que en Toledo se creó hace poco “Cervezas Regia”, que con sus cervezas Domus Regia y Domus Summa tiene un futuro más que prometedor. Entramos en contacto con ellos hace tiempo pero por H o por B siempre ocurría algo que nos impedía acercarnos a Toledo, y mira que está cerca. Por primera vez en mi vida he lamentado no tener carnet de conducir. Finalmente, la semana pasada, la reina y yo pudimos acercarnos al pequeño local donde la fabrican, en el barrio de Santa Bárbara de Toledo. Aunque la visita fue improvisada, el maestro cervecero, Fernando Campoy, nos recibió amigablemente y nos enseñó un poco su local, contándonos en qué proyectos andaba. Lo más interesante para los locales es que pronto van a comenzar a hacer catas en el local, para que todo el mundo pueda probar la cerveza y degustarla con embutidos de la tierra.

Visto lo visto, decidimos llevarnos una caja de la “Domus Regia” y dos de la “Domus Summa”. Ambas son “ale”, siendo la primera más tradicional (por decirlo de alguna manera) y la segunda con malta torrefacta y miel. Ya en casa pudimos probarlas y quedamos más que satisfechos. No tenemos el vocabulario técnico suficiente como para andar destacando si tiene notas a no se qué o aroma a no se cuantos. La Regia está buenísima y la Summa… pues que decir, la Summa nos dejó impactados. Ya tuvo el ojo la reina de comprar dos cajas por si acaso. Tiene un toque amargo y a la vez dulce que hace que sea una experiencia única.

Las microcerveceras ofrecen un producto de muchísima calidad por precios competentes, enfrentándose a muchísimas más dificultades que las demás. Por eso desde aquí recomiendo la Domus y ojalá que florezcan mil microcerveceras, en cada barrio, en cada comarca, que los castellanos nos lo merecemos.

Más info.

http://www.cervezasregia.com/

http://cervezafresca.com/2009/12/17/domus-summa-cerveza-de-toledo-al-estilo-belga/

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=208372

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Patatas a la Riojana

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 10 de Febrero de 2010

Aprovechando que las temperaturas vuelven a bajar, voy a dar una receta para todos aquellos que están siempre con eso de “yo no se ni freír un huevo” y están todo el día comiendo a base de pizzas congeladas y demás historias.

La receta que os doy es un clásico de nuestra tierra, las Patatas a la Riojana. Los requisitos son los siguientes: saber cortar con un cuchillo, saber mover una cuchara de madera, saber echar agua en una olla y saber mirar el reloj. No os quejaréis.

Los ingredientes son variables porque las Patatas a la Riojana son de esas cosas que en cada casa se hacen de una manera, a no ser que haya una ortodoxia riojana sobre el tema, en cuyo caso que alguien me la diga y esa será la pauta a seguir. De momento indico mis ingredientes para cuatro: patatas (1kg), cebolla (1), ajo (3 dientes), pimiento rojo (1), chorizo (2), pimentón (1 cucharada), sal (al gusto), laurel (1 hoja), guindilla (1), agua (en Madrid del grifo, claro).

Se cubre la base de la olla de aceite (de oliva o no respiro) y se sofríe (a fuego lento; sofreír es siempre a fuego lento, mientras que rehogar es a fuego fuerte removiendo mucho) la cebolla, el ajo y el pimiento, todo picado. Hay quien a este sofrito le mete puerros, pimiento verde, quien no le mete cebolla… no se cuál es la manera auténtica, así que digo esa por decir una. Cortas los chorizos por la mitad. Ahora viene lo más difícil, atención. Se echa una cucharada de pimentón y nada más echarla se remueve todo un rato para que el pimentón no se queme, lo cuál sería fatal porque deja un regusto terrorífico. Cuando ya ves que no ves el pimentón porque se ha fusionado con todo su entorno en un interesante proceso dialéctico sin igual, echas el chorizo y sigues removiendo. Recuerda, deja el fuego lento. Metes la guindilla y sigues dándole. Después pelas las patatas y las vas cortando a la buena de Dios, sobre la olla, que salgan los trozos como salgan, que queda más bonito. Vas cortando trozos, removiendo, cortando, removiendo, hasta que has metido todas las patatas dentro. Cuando ya está todo esto hecho, echas agua hasta cubrir (no te pases porque no debe quedar demasiado líquido) y echas el laurel y la sal, y esperas hasta que las patatas estén hechas. Esto puede llevar 30-45 minutos, pero no es exacto, así que ve pinchando de tanto en tanto.

Esto te proporciona energía infinita para el día, te da calor en pleno invierno, te da felicidad por tomar un guiso de cuchara hecho por ti mismo y además está rico y podrás fardar de que además de esa pizza congelada puedes hacer ¡un guiso! Y de ahí a conquistar el mundo no hay nada.

(he encontrado esta imagen en este blog http://blogs.lasprovincias.es/blogalhorno/posts porque a las que hice la semana pasada olvidé sacarles una foto)

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Ponga una cerveza Calvin en su vida

Publicado originalmente en Rebeldes en la Estrella de la Muerte, 17 de Julio de 2009

Debo confesar que en lo que se refiere a comidas y bebidas soy un “bon vivant” castellano redomado, con cierta tendencia terrible (para mi economía) a comprar cosas caras en momentos determinados.
Con las cervezas me pasa un poco eso. Por un lado, ir de cañas es una costumbre sana para el cuerpo y la mente que desarrollo con frecuencia, unas cañas buen tiradas con su tapa correspondiente es algo que todo madrileño debe disfrutar. Pero la cerveza va mas alla, y aquí en nuestra tierra no tenemos demasiada cultura sobre este asunto. No concebimos la cerveza en su verdadera dimensión, como un producto con gran cantidad de matices y diferencias, que van mucho mas allá de la rubia fría que bebemos aquí. Y ojo, que no me voy a poner purista, pues la rubia fria es nuestra mejor compañera en nuestras tabernas, pero también hay que aprender a conocer el emocionante mundo de las cervezas.
En mis periplos por otras tierras, en lo que se refiere a la cerveza tuve dos momentos clave. El primero, en Bélgica, el país en el que en cada pueblo hacen su propia cerveza, el país de las mil variedades, infinitas, interminables, que están por todas partes. Allí vi que hay mucho y muy bueno y me moría de la envidia. El segundo, Estados Unidos, lugar a donde fui pensando que solo habría Budweiser y Millers, cervezas que andan muy lejos de nuestra querida Mahou, pero cual fue mi sorpresa al descubrir todo ese movimiento de las “microbreweries”, las microcerveceras, pequeños fabricantes artesanales distribuidos por todo el país, una marca de cerveza nueva en cada Estado, a veces mas, una revolución total que camina despacio pero firme.
Con esas ideas de cervezas artesanales y microcerveceras belgas y yankis volvi a casa pensando de vez en cuando en el asunto, hasta que me pregunte, ¿habrá por estos lares alguna cerveza similar? Y resulta que si, que hay mas de lo que parece. Los catalanes tienen unas cuantas marcas que espero probar algún día. Pero, ¿y lo que respecta a nosotros, los castellanos? Investiga que te investiga, con muchos emails cruzados (gracias a la gente de la CAAC) descubrí que en Madrid hacen una cerveza. Se llama Calvin. Calvin, pensaba, mientras el nombre sonaba en mi cabeza, ¿a que sabrá? ¿Cómo conseguirla? Estuve varios meses dándole vueltas, hasta que di con el fabricante y ayer por fin me acerque a la nave donde la hacen. Esta en Entrevias, en un polígono dejado de la mano de Dios. Que nervios llegar allí y entrar en una nave, y llevarme una caja de cerveza Calvin rubia…
Total, que ayer finalmente pude probarla. Veredicto: Notable. Una cerveza rubia de una calidad infinitamente superior a las que conocemos, con un sabor mucho mas acentuado y muchísimo mas cuerpo. No soy capaz de ponerle nota como hacen en otros buenos blogs sobre cerveza (Hipos Urinatum, Culturilla Cervecera) porque no tengo tanta experiencia, pero básicamente distingo entre lo que me gusta mucho, algo, poco o nada y esta la podemos poner en el grupo de “mucho”.
Para conseguirla, hay un listado en su web de lugares donde se puede probar, ademas se puede acudir a la fabrica a comprar, aunque es recomendable escribir un email antes de ir porque no siempre están. La dirección del sitio es Calle Luis I, 71, nave 22.

Me pongo nervioso de soñar con una revolución microcervecera en Castilla. Ya me imagino una en Mostoles, otra en Alcorcon, y así tener un elemento mas de discordia entre dichos pueblos…

Igual me vuelvo loco e invento yo una marca, todo se andara.

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