Archivo de la categoría: Zamburguesas

Comidas en Nueva York

Llevo un tiempo sin poner nada por aquí, debido a mis importantes tareas diplomáticas (¬¬), pero volvemos a las andadas para seguir hablando de cosas buenas de New York City. Las cosas del papeo. Es una ciudad en la que hay comida por todas partes y donde huele a comida por todas partes. Hay sitios mejores y peores, no todos en los que estuvimos fueron reseñables pero voy a poner algunos que me llamaron la atención.

El primero es un clásico, PJ Clarke’s, en 44 West 63rd Street, para tomar una hamburguesa.

Otro sitio famoso es  “Alfredo of Rome“. Allí inventaron los fetuccini Alfredo. La comida está buena aunque para ser sinceros sale demasiado caro. Tomamos fetuccini y ossobucco, entre otras cosas.  (4 West 49th Street, Manhattan)

Uno de los grandes hits del viaje fue la visita a Peter Luger Steakhouse, de Brooklyn. Una de las mejores carnes que he comido nunca, de verdad. Acabas reventadísimo pero está muy buena. Y de postre se hace hueco para la Cheesecake, muy jugosa, que para colmo la ponen con un cuenco de nata al lado, para que te hinches. Después de esto mi hermano y yo tuvimos que pasear una hora por Brooklyn a ver si bajábamos algo. (178 Broadway
Brooklyn, N.Y)

Otro sitio fuera de los circuitos habituales fue Sylvia’s, en Harlem. Mi padre se empeñó en ir a Harlem en lo que fue una de las excursiones de investigación del viaje. Miramos a ver si habría algo típico para comer, resulta que existe la “soul food”, que es comida típica de los afroamericanos relacionada con la comida sureña. El Sylvia’s puede que sea dentro del circuito “soul food” el lugar “mainstream”, pero no está turistificado. Lo más pedido es el plato de barbacoa, con costillas y pollo rebozado, a muerte. En vez de pan te ponen una especie de bollo, creo que es “corn bread” (328 Lenox Avenue, New York)

Y para los mitómanos, Holsten’s en New Jersey, allí se rodó la última escena de “Los Soprano”. Probamos los aros de cebolla, aunque no les saqué foto. Muy buenos. Llegamos allí con el Tour de Los Soprano (nuestra gran azaña) y viven mucho de esa última escena. (1063 North Broad Street  Bloomfield, New Jersey)

Y esto es un breve resumen de lo que me pareció más interesante

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Hamburguesa en New York Burguer

Quedaba pendiente el reto de los 500 gramos y volver al lugar en el que empezó nuestro tour de las zamburguesas. Cuando iniciamos la aventura no nos atrevimos con tanta carne y era hora de volver.

La verdad es que con esto te haces más daño al cuerpo que cualquier personaje de Trainspotting con sus sustancias, pero bueno, era lo que tocaba, a muerte.

No pudo venir Maese Sabas por motivos familiares ni LeYonk por su intermitencia habitual. Por el contrario tuvimos un invitado especial, Simone, nuestro amiguete italiano, que nos dio a todos esperanzas con su teoría: cuanto más comes más adelgazas porque pones a trabajar el aparato digestivo y si el cuerpo trabaja quemas calorías. Es lo que nos confirmó que estábamos en el buen camino.

Íbamos de mojigatos diciendo que no nos entretendríamos con los entrantes porque había que hacer hueco pero lo cierto es que tomamos una caña previa con su tapa en el Museo del Jamón que hay al lado y por lo tanto hubo que pedir también aros de cebolla con salsa barbacoa (están bien, sin estar extraordinariamente bien) y una ensalada (aunque la teoría de Simone dice que la ensalada llena y se consume rápido, por lo tanto el aparato digestivo no trabaja, por lo tanto engorda).

Después sí, el medio kilo. La que ven en la foto era la llamada “Estatua de la Libertad”, con tomate, parmesano y albahaca. Me gustó la carne, en su punto de sal, cocinada al carbón, tal vez un poco más hecha de lo que yo quería pero debe ser difícil con una cosa tan grande y cuando ibas llegando al núcleo de la tierra ya estaba como yo quería. Las patatas no me emocionan en este sitio, tendré que probar la patata asada la próxima vez.

Finalmente una ronda de postres para hacer un poco la digestión.

Para beber nos sorprendió que tenían casi toda la gama de Brabante, que no es que sea la repera pero ya es algo, pero pasa lo siguiente, si tú metes unas cervezas nuevas en tu carta pero tu personal no está formado estás en las mismas, queda mucho camino que recorrer en el apartado cervecero, no sería tan difícil formar a los camareros sobre lo que tienen aunque sea en cuatro frases e incluso en las cartas recomendar un maridaje.

¿Cuál será la próxima parada? No sabemos, aunque esto marca un hito. Y sorprendentemente, no nos llenamos tanto como esperábamos.

New York Burguer está en C/General Yagüe, 5, entre las estaciones de Metro de Cuzco y Santiago Bernabeu, territorio ciervo

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Hamburguesa en Carmencita

Previously, on “Rice and dead cock”:

“Aunque en el próximo, revisitaremos el New York Burger que no tiene crónica aquí como está mandado. E iremos a por la de 500 gr, sin piedad.”

Esto que puse la otra vez ha sido una mentira como un piano. El motivo es lo terriblemente difícil que es juntar a la sarta de gañanes que nos reunimos para deglutir zamburguesas. Pero es que se complica siempre la cosa porque ya dije que nuestras agendas son de gente importante y nuestras secretarias se vuelven locas de la vida para cuadrar huecos. El caso es que entre el 30 de Mayo y mediados de Julio sólo podíamos quedar el pasado sábado 9 y sólo para cenar. Es así, cuando vives entre rock stars, gente bohemia, famosos, ministros, top models y tal, es complicado. Y claro, sólo podía ser para cenar y para cenar no nos parecía prudente enchufarnos medio kilo de carne picada como en el New York Burger, así que barajamos otra opción.

Chicho, que es de los que parece que no habla hasta que habla con una idea reveladora y concluyente (eso cuando no confluye demasiado conmigo y se nos va el intelecto) dijo que había un sitio llamado “Carmencita”, pequeño pero con buenas hamburguesas. A mí si digo la verdad el sitio me hizo gracia por el nombre, porque me recordó a mi abuela, que es muy de diminutivos. A mi padre aun le llama Miguelito (igual que a mi hermano, lo cuál es una confusión total), a mi primo Edu (que tiene 45 años y es enorme) le llama Eduardito y a mi tía, Carmencita. Y por eso me hacía gracia, por absurdo que pueda ser todo, pero ¿no es absurda la vida? Y más para gente que no sale de su barrio como yo, gente de pueblo que no ha recorrido mundo ni ha viajado, tengo mucho que aprender de Lars Von Trier o su hermano el de mi barrio con su dogma. Los que somos de pueblibarrio somos gente simple.

Total, que allí fuimos, a Carmencita. Es un establecimiento de esos que llama la atención porque tiene un plato de cada tipo, una silla de cada tipo, y te preguntas sobre la movida y llegas a dos conclusiones: a) esta gente es austera y ha ido recopilando por aquí y por allá o b)esta gente son de esos modernos que pagan a un interiorista un pastizal y el interiorista coge el reprís cuando llega la hora de presentar el proyecto y le roba un plato a su cuñada, otro a su colega, una silla a su abuela y la otra la coge del vertedero y luego te cobra equis mil euros que te dejan picueto.

El sitio en cuestión, en San Vicente Ferrer, era así, pequeñito, con muebles desordenados, platos de colores y una pizarra. Dos camareras, una de las cuales era extraordinaria gracias a que nuestro compadre Sabas tenía muy buena mano con ella dada su complicidad química. Ahora te poso una mano en el hombro, ahora nos tratamos como amigos, ahora te rozo, ahora te miro y como que no te miro y me devuelves la mirada y me ruborizo… a estas alturas ya van por el noveno hijo. En mi realidad paralela.

Al asunto, el comercio: el sitio no es una hamburguesía tal cuál, tiene más cosas, pero había hamburguesas. Los entrantes eran diversos, pedimos cecina de león, muy buena, ensalada César, también muy buena, y huevos rotos con jamón, más que muy buenos, lo siguiente. En los huevos rotos ya pudimos ver que las patatas fritas de ese sitio son algo de calidad superior, son como cuando Kiko recibía de espaldas , regateaba y daba un pase imposible,son algo para levantarse y aplaudir.

Después, hamburguesas. Había seis tipos, cada tipo lo podías tomar con carne de buey o pollo. Chicho se pidió la Steffy’s, con queso manchego, también cayó por ahí la Foothills (con champiñones y cebolla caramelizada), yo me pedí la Gregorio’s (con queso cheddar, huevo y salsa picante) y los demás no me acuerdo.

Las combinaciones de ingredientes eran buenas, el tamaño engañaba porque parecen pequeñas pero son altas. Pero tenían un “pero” y esto hay que decirlo, estaban todas más hechas de lo que todos habíamos pedido. Eso sí, de nuevo las patatas de guarnición extraordinarias, de lo mejor que he comido en plano patatil.

De postres, para compartir, tarta de chocolate, buena, tarta de manzana, ni fu ni fa, y tarta de zanahoria, para mí la mejor.

De bebercio, triples de cerveza, que creo que eran dobles, y para variar sigo con mi canción: señores que alguien se atreva a meter una carta de cerveza con un poco de cabeza.

Marcó Mario Gómez a Portugal, Chicho ganó su porra y decidimos tomarnos allí el clásico peloti, dado que tenían la ya típica por doquier carta de gins premium. Los gin tonic, a ver, estaban bien, pero demasiado ajardinados, el de maese Txiva iba con la rama de romero que parecía que acababan de sacarla del monte, a Txiva se le ocurrió “deshojarla” y bueno, para los que nos gusta el romero estaba bien. El mío llevaba naranja, bueno también, aunque eso, muchas hierbecillas.

Ah, el precio, tema importante, muy asequible, 8 euros las hamburguesas.

La noche concluyó en Irreale, con la aparición estelar de Guada convertida en Sandy, la de Grease, he estado por poner foto. Irreale es la nueva cervecería de la calle Ballesta, de la que tendremos que hablar en algún momento.

Y esto fue la visita a Carmencita. La próxima vez, sí, será la de medio kilo en el New York Burger. ¿O no? ¿Con qué nueva estratagema saldremos de este entuerto?

Carmencita

C/San Vicente Ferrer, 51, Madrid

Metro: Noviciado (L2)

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Hamburguesa en La Vaca Picada

Cuando nos juntamos para el Tour de las Zamburguesas, todos los participantes hacemos una ofrenda floral al Frente de Liberación Animal y cantamos cogidos de la mano. Esto me lo acabo de inventar pero de alguna manera había que comenzar esta oda carnaca y así es como se me ha ocurrido.

Juntarse todos tiene lo suyo, no se crean, porque tenemos agendas de personas importantes y cuadrar a todo el mundo es harto complejo. De hecho, esta es la segunda vez en la que todos los convocados nos hemos logrado juntar, lo cual es de traca. Al Chicho le ofreces una docena de fechas y te regala una y Txiva piensa que no se debe tomar hamburguesa para cenar. Todo fluye por cadenas de emails demenciales en las que intentamos coordinar algo y que luego sirven como reflejo escrito para comentar las chorradas que ponemos, sobretodo si alguno falta o faltamos  (” pues no dice este que…”). Bueno, dejémonos de vender la vida privada tan interesante y vamos a la crónica.

Surgió para esta parada de nuestro tour este lugar del que habíamos oido hablar, “La Vaca Picada”, que reunía los requisitos necesarios para ser visitado: tener hamburguesas y contar con nuestro visto bueno. No valen sitios como el Burrikín ni tampoco cadenas intermedias tipo Peggy Sue, no por nada sino porque esto es así.

Así que bueno, fuimos a este lugar, en la calle Diego de León, que por cierto es una calle curiosa porque si empiezas a caminar en La Guindalera ves que el tema termina en Serrano y a cada metro que avanzas se duplica el nivel de pijerío. Esto es algo que se nota si bajas la calle caminando.

El lugar en cuestión, “La Vaca Picada”, tiene una carta de entrantes típicos (como aros de cebolla, que nunca faltan en nuestro tour, o nachos con guacamole), otros más atípicos (y ensaladas, que siempre tomamos una, para desengrasar), sandwiches y cosas que no son hamburguesas y luego hamburguesas, que son lo que nos interesa.

Esto es importante aclararlo porque la carta es difícil de leer. Por dos motivos. Un primer motivo es porque la iluminación del lugar es demasiado íntima, por decirlo de alguna forma. Da para meter mano al que tienes al lado con cierta sensación de privacidad, como a mi derecha estaba Vica que es la señora de Chicho tuve que meterle mano al Jeffry aprovechando la oscuridad. Esto me lo he inventado también, hoy estamos así. Decía que la iluminación del sitio brilla por su ausencia aunque lo venderán como algo de diseño estupendo y moderno y todo el mundo vivirá en la calle de la gominola. El segundo motivo para no leer bien la carta es que el nivel de ruido del sitio en cuestión es acojonante. Pero no como en el Alfredo’s, donde lo que se escucha es puro volumen humano aderezado con country en VHS. No, aquí es porque en el sitio hay una música electrónica-chill out que NO PARA de sonar. Para colmo tienen un pinchadiscos, es decir, encima pagan a un tío para incomodar a sus clientes con ese infierno. Le habría dado una hostia con la mano abierta, pero lo digo en plan figurado, por crispar tanto con el chundachunda en medio de la cena.

En fin, no es que yo sea de los que habla de la decoración de los sitios como algo importante, a no ser que aporte algo y aquí aporta decir que le quita bastante encanto a la cena esa ambientación de discoteca pija tanto en lo lumínico como en lo sonoro.

Ahora, al lío, a las carnes. La carta es atractiva porque hay variedad de hamburguesas, casi todas de cebón, con añadidos variados. La ibérica con jamón, la imperial con foie y cebolla caramelizada, la leonesa (que es la de la foto de arriba) con huevo y cecina, la de Parma con queso parmesano, en fin, unas cuantas. Además ofrecen varios tamaños, 160, 250, 500 y 660 gramos. a nuestro juicio faltaba un tamaño intermedio entre 250 y 500, que habría sido el indicado para nosotros, para terror de nuestras señoras que miran la carne, miran el michelín y ven el ya escaso sex appeal que tenemos destruido. Entre dos se pidieron una de 500 (la de la foto) y otra de 250 para dividir y así tener unos razonables 375 gr de carne.

La comida en cuestión, veamos. Los aros de cebolla buenos, los nachos igual, la ensalada de pollo muy rica. Las hamburguesas: la carne muy sabrosa, bien hecha, aunque el pan desmerecía un poco el tinglado. Las patatas también bien para mi gusto, creo que hubo consenso patatil. Personalmente compartí con la Reina, una Imperial (que era la de foie) y otra de Rabo de Toro, porque al ser de Rabo de Toro había que probarla. La Imperial, demasiado dulce con la cebolla y el foie se notaba poco, la carne buena como decimos. La de Rabo de Toro riquísima aunque pequeña, sólo la ofrecen en 200 gr, pero bueno, el tamaño no quita que no estuviese buena, que lo estaba y mucho.

(esta es la de rabo de todo, iluminada por la ténue luz azulada y romántica)

De postres tienen muchos postres típicos con nombres muy raros como dos de los que pedimos para compartir brownie: marronuez; tarta de queso: tetarta. El brownie muy seco para nuestro gusto, la tetarta (¡sí! ¡incluye la palabra teta! uuuu) muy buena, pero el mejor, el que tenía el nombre más normal, que por eso era el más inusual, “tarta de la abuela”, descrita en la carta como “escalera de mousse de chocolate con galleta”.

De precio el sitio es competente, pimplándonos no se cuantas botellas de vino (me dio por ahí y me siguieron, de nuevo la carta de cervezas era inexistente, como siempre) , con entrantes, postres y hamburguesas de buen tamaño pagamos 23 euros por cabeza si no recuerdo mal.

Lo dicho, para resumir: la carne muy buena, el sitio poco agradable por la ambientación. Mi compadre el Txiva descubrió un alivio que pongo para los lectores, a saber: si te metes en el baño y pones el secador de manos desde que entras, no escuchas la música infernal.

La Vaca Picada

C/Diego de León, 13

Metro: Núñez de Balboa (L5 y L9)

Seguiremos buscando sitios de renombre para alimentarnos con salud. Aunque en el próximo, revisitaremos el New York Burger que no tiene crónica aquí como está mandado. E iremos a por la de 500 gr, sin piedad.

Sean felices y coman bien.

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Hamburguesa en Soul Kitchen

Como ultimamente ando de aquí para allá no llevo esto al día porque tampoco paro por caso para ponerme con mis cuchucientas recetas. Al paso que vamos,  termino para 2038, pero bueno, hay vida más allá y seguimos con nuestro tour de las hamburguesas.

Esta vez nos ha tocado ir a Soul Kitchen, que está donde Cristo perdió la gorra, en Sanchinarro. Sanchinarro es un barrio nuevo de esos espantosos, cuyo urbanismo es despreciable, tanto como la gente que decide irse a vivir ahí sin ninguna coacción. La gente que decide ir a vivir ahí libremente tiene un mal gusto que no veas y es gente que me cae mal. Así, a su libre albedrío, habrase visto…

El caso es que en este barrio infernal tenían este local y allí que fuimos. De entrantes, fingers de pollo con salsa agridulce y aros de cebolla. Luego, las hamburguesas, cada uno pidió una diferente, yo volví a pedir una con guacamole, no se por qué. La carne estaba estupenda, la pides al punto y te la ponen al punto, lo cuál no es demasiado normal. Jugosa y muy sabrosa. Con las patatas fritas hubo disparidad de opiniones, a algunos nos gustaron más y a otros menos. Y con los postres, lo mismo, pedimos diferentes y no hubo consenso total acerca del mejor, tal vez el brownie y la tarta de zanahoria.

El ambiente, lo que se suele decir, familiar. Discos de vinilo plastificados como manteles individuales y música soul sonando. Tenían más de cuatro diferentes cervezas en la nevera, pero no estaba en vena, ni pregunté por ellas. Para llamar a los camareros te ponen un pulsador en la mesa que vibra en el bolsillo de un señor hasta que nadie lo desactiva. Una cosa fascinante, de otra galaxia. Que te deja loco oyes.

Y así fue nuestra excursión, que tuvo como es menester su copa posterior en el Café Ruiz de Malasaña (un timo de sitio, así lo digo, caro de narices y no tienen ni idea de lo que sirven, por lo menos el sitio tiene encanto) y al Red Bar a echar unos juegos.

El día comenzó en un banco en la Plaza de Chamberí, donde hacía cosa de diez años que no estábamos sentados las mismas personas… ¡pero eso es otra larga historia!

Soul Kitchen

C/Príncipe Carlos, 44

Metro Ligero Blasco Ibañez

Sanchinarro, ese sitio tan feo

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