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Visita relámpago al “Hotel Antonio” de Almazán

Este espacio lo tengo abandonado por los terribles horarios de la Reina de La Guindalera. Esos terribles horarios van dejando días libres cuando uno menos se lo espera y ya se ha acostumbrado a los horarios antiguos, pero hete aquí que el nuevo día libre es el Domingo y lo podemos usar para hacer excursiones. Así que el pasado Domingo nos fuimos al cañón del Río Lobos y aprovechando la coyuntura soriana decidimos ir a comer al “Hotel Antonio” en Almazán.
El “Hotel Antonio” es un clásico de allí, aunque el motivo de mi visita está basado en mi perpetuo anclaje a la nostalgia. Yo he ido a un colegio de curas, los Maristas de Chamberí, de los que reniego cuando puedo, pero guardo buen recuerdo de la mayoría de compañeros. Y resulta que un buen compañero ha acabado siendo director de dicho Hotel, perteneciente a su familia.

Este compa y amigo es Manuel García Pedroviejo, cuyo mote no diré por petición expresa. Aunque la historia tiene gracia, estábamos mi hermano y yo esperando al autobús, mi hermano me dijo “¿cómo se llama ese chaval?” y yo le dije “[Mote]”. Mi hermano no dudó de ello y empezó a llamarle así a gritos cada vez que le veía por el patio, algunas personas lo escucharon y ahí se quedó. No me lo perdonará el buen Manolo. Por tema de apellidos, los años que coincidimos en clase siempre nos sentamos juntos y la verdad es que le cogí mucho afecto. Además, en varias ocasiones le invité a partidos del Rayo Vallecano, pues en esa época éramos socios del Rayito (y buena época, la del EuroRayo de Juande).

Pero bueno, pasan los años y dejas de verte, te salen bolsas en los ojos y cara de mala leche, varios kilos demás y las vidas se desarrollan. Manolo tenía siempre en la boca su pueblo “Almazán” y resulta que acabó ahí. Cuando supe que estaba por allí me propuse ir a visitarle tarde o temprano, para rememorar viejos tiempos y probar su comida.

Este Hotel fue fundado por sus abuelos y es el mítico lugar de Almazán, probablemente uno de los sitios más populares de la zona y con más trayectoria. Pudimos ver las habitaciones, aunque nuestro objetivo era el restaurante: comida castellana tradicional, sin floripondios, de calidad y contundencia como está mandado. Y con varios inventos cortesía de la casa.

Comenzamos con estos entrantes:

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Lo mejor, para mí, la empanadilla.

Después fuimos a por el plato tradicional, inventado allí, el somarro. Solomillo de cerdo rebozado y asado, muy tierno y potente

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Aquí un recorte de prensa en el que hablan de este plato y su lugar de origen. Con el gran Manolo en el centro de la foto

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De postre, unas natillas caseras con bizcocho, muy buenas, sobretodo muy sabrosas

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Además, resulta que a Almazán ha llegado también la gintonic manía y pudimos degustar uno, cuya foto no encuentro, pero bueno, ya saben ustedes como es un gintonic.

Por si fuera poco, en el Hotel se pueden comprar productos locales: Mantequilla de Soria, agua mineral o estas apoteósicas yemas, “Yemas Gil”, que compramos y nos llevamos a casa, descubriendo que me gustan más que las de Santa Teresa. Su textura me resulta más agradable. Como bien saben hablamos de un producto sanísimo, por cada yema comida aumenta el michelín varios centímetros.

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Recomiendo la visita, el trato es bueno y no porque sea un compañero de pupitre, se come bien y la verdad es que desde Madrid nunca caemos en visitar la provincia de Soria pese a que está “a tiro de piedra”

Hotel Antonio

Av de Soria, 13

42200 Almazán, Soria
975 30 07 11

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Comidas en Nueva York

Llevo un tiempo sin poner nada por aquí, debido a mis importantes tareas diplomáticas (¬¬), pero volvemos a las andadas para seguir hablando de cosas buenas de New York City. Las cosas del papeo. Es una ciudad en la que hay comida por todas partes y donde huele a comida por todas partes. Hay sitios mejores y peores, no todos en los que estuvimos fueron reseñables pero voy a poner algunos que me llamaron la atención.

El primero es un clásico, PJ Clarke’s, en 44 West 63rd Street, para tomar una hamburguesa.

Otro sitio famoso es  “Alfredo of Rome“. Allí inventaron los fetuccini Alfredo. La comida está buena aunque para ser sinceros sale demasiado caro. Tomamos fetuccini y ossobucco, entre otras cosas.  (4 West 49th Street, Manhattan)

Uno de los grandes hits del viaje fue la visita a Peter Luger Steakhouse, de Brooklyn. Una de las mejores carnes que he comido nunca, de verdad. Acabas reventadísimo pero está muy buena. Y de postre se hace hueco para la Cheesecake, muy jugosa, que para colmo la ponen con un cuenco de nata al lado, para que te hinches. Después de esto mi hermano y yo tuvimos que pasear una hora por Brooklyn a ver si bajábamos algo. (178 Broadway
Brooklyn, N.Y)

Otro sitio fuera de los circuitos habituales fue Sylvia’s, en Harlem. Mi padre se empeñó en ir a Harlem en lo que fue una de las excursiones de investigación del viaje. Miramos a ver si habría algo típico para comer, resulta que existe la “soul food”, que es comida típica de los afroamericanos relacionada con la comida sureña. El Sylvia’s puede que sea dentro del circuito “soul food” el lugar “mainstream”, pero no está turistificado. Lo más pedido es el plato de barbacoa, con costillas y pollo rebozado, a muerte. En vez de pan te ponen una especie de bollo, creo que es “corn bread” (328 Lenox Avenue, New York)

Y para los mitómanos, Holsten’s en New Jersey, allí se rodó la última escena de “Los Soprano”. Probamos los aros de cebolla, aunque no les saqué foto. Muy buenos. Llegamos allí con el Tour de Los Soprano (nuestra gran azaña) y viven mucho de esa última escena. (1063 North Broad Street  Bloomfield, New Jersey)

Y esto es un breve resumen de lo que me pareció más interesante

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Cervezas en Nueva York

Aunque las fotos son muy malas porque la Reina no venía y yo soy un zote, algunas fotos de cervezas en Nueva York y el panorama de allí.

El primer sitio que fuimos se llamaba “Heartland Brewery”, es un brewpub (o varios brewpubs, hay diferentes localizaciones) ubicado en los bajos del Empire State, ahí es nada. Pude probar la Pumpking Ale (era temporada de pumpking, así que me hinché) y esta Oatmeal Stout que me gustó mucho:

Un sitio mítico allí, también muy céntrico es la cervecería Rattle N Hum. Una inmensa variedad de grifos que rota semanalmente. Pudimos probar la Pumpking Ale de DogFish, la Old Rasputin de North Coast, la Founders Dirty Bastard (Scotch Ale), la Hofbrau Oktoberfest y alguna más que no recuerdo.

Por toda la ciudad encuentras en grifo la Brooklyn Lager, lo que para mí es una satisfacción importante. Y en muchos bares y restaurantes hay unas cuantas opciones para elegir. No comparable al vino, pero algo es. Por ejemplo, en el Oyster Bar de Central Station, no falla la Oyster Stout de Flying Dog

Para comprar cervezas se que había varios sitios pero por no marear a mi familia no fuimos a todos. En el Whole Foods Market tienen buena selección, es un supermercado “guay” muy curioso. Yo fui al de Columbus Square, hay un centro comercial y en la planta sótano tienen el Whole Foods Market. Compré muchísimas para traer a casa y tuve que liar a toda mi familia para meter botellas de cerveza en las maletas (compré unos 40kg de cerveza). Parte del botín, que se ve como el culo:

Y bueno, ese es el resumen. Buena escena cervecera en Estados Unidos, como ya sabemos. Ahora disfrutaremos el botín.

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Bolla y chanfaina

Este fin de semana hemos estado en Riomanzanas, un pueblo de Zamora en la comarca de Aliste, fronterizo con Portugal, en el que mis cuñados se han hecho una casa muy maja. Ha coincidido que eran las fiestas y hemos podido disfrutar un poco del ambiente de ahí (y de la presa del río en la que te bañabas en agua fría, un lujo).

Por supuesto en las fiestas lo que más me llama a mi la atención es ver qué demonios comen. Y pude probar un par de cosas nuevas

Esto de la primera foto se llamaba bolla y era algo entre el bollo preñao y el hornazo. Básicamente, un pan relleno de chorizo y tocino. Tan nutritivo como exquisito. Por supuesto la calidad de los ingredientes marca la diferencia y si el pan es bueno hay bastante hecho.

Esto de la segunda foto es chanfaina. Es curioso porque por lo que se ve hay varios tipos de chanfaina entre Salamanca y Zamora. Es un guiso con sangre y casquería, llevaba hígado (de pollo, creo), era jugoso y picante, una pena no saber mejor su composición porque la información que encuentro en la red se refiere a otros tipos de chanfaina, sin duda parecidos pero no iguales.

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Gouda

En el viaje que hicimos a Amsterdam para visitar a mi hermano pasamos por una tienda de quesos por la zona del mercado de las flores (bastante típica) y por otra que había en un mercado que ponían en la calle el sábado por la mañana. Básicamente, compramos gouda, que como sabéis es queso de oveja.

El de la izquierda de la foto es un gouda joven con chiles. Esto lo hacen mucho, lo de meter cosas en los quesos. Yo no soy muy partidario de esto porque hay tantos quesos por probar y tantos sabores por descubrir que no veo muy necesario meterles cosas dentro, pero en cualquier caso está bueno y además la Reina de La Guindalera es también Reina del picante.

El del centro es un gouda viejo. El de la derecha, un gouda joven sin nada añadido.

Les ponen una especie de corteza de plástico duro que es algo molesta. También es verdad que fuimos a lo primero que pillamos.  De todas formas, están buenos los tres y en las cenas les vamos metiendo viajes.

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Comidas vacacionales: Euskadi, Kitsch y pintxos

Poco pasamos por nuestras queridas tierras vascas en este viaje, pero suficiente para dejar buen sabor de boca.

La pena es que no sacamos demasiadas fotos, porque andábamos a otras cosas.

Nuestra primera parada fue Elgoibar para comer, fuimos a una taberna de la plaza del pueblo a tomar unos pintxos y a otra que había en una calle peatonal. Pero justo antes habíamos estado a punto de tener un accidente de coche por culpa de un chiflado y todavía teníamos el susto en el cuerpo. Un poco de txacolí (para mí, no para la conductora) algo hizo para poner mejor cuerpo.

Lo de los pintxos es algo fascinante, porque son bocados en miniatura. Las dos mejores tradiciones gastronómicas son, para mí, el pintxo o la tapa, la comida de taberna. Entiendo que es algo que se aplica en el País Vasco, Castilla (de Logroño a Cuenca, quiero decir) y Andalucía. Los demás lugares se quedan cortos y aunque tienen también sus cosas, nunca entiendo esos bares de gastrotapas que hacen cocineros catalanes, que no han tomado tapas en su puñetera vida y quieren hacer rollos conceptuales sobre temas que no han mamado desde niños.

En Madrid, al igual que en todo el territorio desde Ávila hacia el Sur, se estila la tapa con una caña, que no siempre es sinónimo de calidad y a veces sí de cantidad, y a veces de las dos casas. Además de tapas están las raciones como sabéis, que ya las pagas. Lo del pintxo es otra cosa interesante, porque tampoco hay siempre creatividad (no nos engañemos, muchos tienen siempre lo mismo) pero si va bien para comer algo pequeño a buen precio o probar varias cosas. Cuando además hay cosas creativas, ya ni os cuento.

Pero lo que nos motivó a ir a Gasteiz fue ir a una cervecería llamada Kitsch. Y ¿por qué íbamos ahí? Pues porque es una cervecería que apuesta exclusivamente por cerveza de calidad, es decir, no hace la típica carta de importación con Budweiser, Quilmes y las cuatro belgas más famosas, no. Lo que hace es renovar constantemente y tener siempre cosas de calidad contrastada, una pasada vaya. Además, por temas profesionales ya había hablado alguna vez por Internet con su dueño, Javier, y en la medida de lo posible me hacía ilusión hablar con él en persona aunque fuese un rato, porque dejar atrás el trabajo normal era obligatorio en las vacaciones, pero lo que tiene que ver con la cerveza siempre está presente.

Así que allí fuimos. Nos presentamos a Javier y directamente nos pusimos en sus manos, mientras hablábamos con él en los ratos en los que no estaba ocupado atendiendo a los clientes. Directamente le dijimos que nos íbamos a tomar unas cuantas rondas y que él nos fuese poniendo lo que quisiera.

Bueno y por aquí algunas de las que cayeron como esta IPA tostada de Beer Here, “Hoptilicus”

He aquí esta zwet.be, otra cosa interesantísima, una especie de ¿porter semi lámbica?

Y esta fue la última, esta Imperial Barley Wine de Southern Tier, la Back Burner

Otras que cayeron, antes, durante o después que estas, la Punk IPA de BrewDog, la Southern Tier Oak Aged Un*Earthly (que es una barbaridad de cerveza, mi favorita de la noche pero muy descaradamente además) y la Great Divide Espresso Oak Aged Yeti Imperial Stout, todas de barril.

 

Como no hay comida en el Kitsch, nos fuimos a un bar de pintxos llamado “El Riojano”, a mitad de la noche, para reponer fuerzas, muy recomendable.

De esos no sacamos ninguna foto, pero sí del que tomamos para desayunar en “El Bilbaino”, al día siguiente,  entre otros

Y estas han sido nuestras comidas vacacionales, ¡qué las disfruten!

 

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Comidas vacacionales: Italia, ciervos y birrifici

En el país en el que menos estuvimos pero que más disfrutamos fue sin duda Italia, que gastronómicamente es de lo más rico que hay en el mundo mucho más allá del tópico de la pasta y la pizza, que por supuesto existen y por supuesto se consumen. Pero bueno, es como todo, los guiris vienen a Madrid buscando paella, se comen cualquier mierda y se quedan tan contentos, porque no saben ni lo que es o por sugestión, ¡he comido paella in Spain!. Ya le puedes meter guisantes, chorizo, huevo duro… Pues en Italia igual.

Aquí al tocar básicamente norte estábamos muy interesados en ver que cosas nuevas nos deparaba la maravillosa gastronomía italiana. Aunque habrá que ser más precisos con esto porque sin duda tendremos que hablar más de las gastronomías por zonas, como haremos en este blog con las recetas de la vuelta al mundo que vamos poniendo.

Llegamos al país por la zona norte de Lombardia, parando en el pueblo de Re, en un lugar llamado Trattoria Svizzera que está junto a la carretera. Como cambia el cuento cuando vas a Italia, resulta increíble que pasas a una frontera y de repente todo es familiaridad, buen trato, simpatía… el tratado Schengen de momento no nos mezcla demasiado las costumbres, y además Berlusconi y Sarkozy se lo quieren cargar…

Aquí viendo que la gente era capaz de empatizar, le pregunté a la chica a ver que era lo más característico y me dijo que “guiso de ciervo con polenta

La polenta es una especie de masa de maíz, no se si lo estoy definiendo bien, que se toma como guarnición y que es de lo más típico del norte de Italia. El ciervo es eso, ciervo, riquísimo.

La reina preguntó por otra cosa característica y le dijeron que risotto con setas

De postre pannacotta

Eso sí que mola, ¡empezar fuerte en Italia!

Esa misma noche estuvimos en el pueblo de Dongo, junto al lago de Como, y en un restaurante que encontramos decidimos cenar ligerito, una ensalada y bresaola, que es carne de ternera curada y cortada en lonchas, acompañado por un vino blanco espumoso.

Continuamos en Lombardía al día siguiente, para parar en el municipio de Erba, en la Vecchia Trattoria (via Brianza, 26). De nuevo pedí lo que fuera característico y resultó ser pasta con ciervo y setas. Va a ser que en Lombardía se llevan el ciervo y las setas…

También nos pusieron pescado del lago, que estaba hecho muy sencillo, con mantequilla y rebozado, estaba muy jugoso, y la Reina tomó una pasta negra con berenjenas.

En Italia vimos que podíamos pasar por varios birrifici, o sea, cervecerías artesanales, y al ser este un tema que como es sabido nos interesa, no pudimos sino parar.

El primero al que fuimos era el Nuovo Birrificio Italiano, en Lurago-Marinone. Birrificio Italiano se consideran los pioneros en la cerveza artesanal italiana. ¿Los mejores? Bueno, no conozco mucho el panorama italiano. Apuestan básicamente por la baja fermentación y lo hacen bien.

Allí probamos varias cervezas, a saber: TipoPils (una pilsen muy aromática y refrescante), Fleurette (una lager especial, poco alcohólica, con aromas florales), Vudu (una weizendunkel, o sea, trigo oscura)  y la BiWeizen, como el nombre indica, una de trigo

No podíamos bebernos todas porque había que coger el coche y hacer tiempo, así que también nos llevamos una BiBock a casa, que todavía espera que la abramos, ¡y la abriremos! Tocará hacer una sesión en casa con algún amiguete porque andamos cargaditos.

Tenían comida también, que estaba bien pero tampoco entusiasmante, pero bien, para acompañar la cerveza estaba curioso. Además de una tapita de embutidos cortesía de la casa, nos pedimos unas verduras con queso y un plato de berenjenas

De postre nos sacaron un batido de frutas mezclado con cerveza fleurette que para mí no fue nada del otro mundo, un experimento fallido de usar cerveza en la cocina.

Y seguía el viaje, de birrificio en birrificio. Antes paramos en el pueblo de Trino, ya en Piamonte, donde comimos en un lugar de “tavola fredda“. Se trata de establecimientos que podrían ser lo más parecido a nuestros bares de barrio y cafeterías, sólo que en vez de cocinar caliente tienen unas cosas ya hechas para comer en plan rápido, como para comer informalmente por explicarlo de alguna manera. Comimos una ensalada de arroz, también riquísima, es que en Italia hasta lo más sencillo estaba bueno.

Señores, y de ahí, a la gran experiencia gastronómica italiana. El hotel de Birrificio Baladin, en Piozzo. Birrificio Baladin es una de las cervecerías artesanas más veteranas de Italia, que apuesta por cervezas de alta fermentación con recetas muy rompedoras. Por lo visto, su creador Teo Musso es un tipo que no para quieto y no para de tener iniciativas. Comenzó con una especie de brewpub en la plaza del pueblo y luego abrió varios más en Italia, una fábrica nueva, una bodega, locales asociados en Marruecos y Nueva York y el que fuimos, un hotel-restaurante en una casona restaurada en la localidad de Piozzo. Esto de Piozzo hay que verlo en su dimensión, es un pueblo pequeño en una zona eminentemente vinícola, rodeada de cultivos de uva por doquier. Esto a mi me hace entender que una cosa muy bien hecha (¡y bien comunicada!) puede funcionar bien donde se haga. El tipo debe ser un personaje de cuidado, normalmente anda por su pueblo pero esos días estaba fuera. Aquí una foto de la cervecería donde comenzó toda la historia.

Bueno, el restaurante, que es donde íbamos, era como digo una casona antigua restaurada, con cinco habitaciones. El sitio es como para estar relajado una semana ahí, todo lleno de comics, habitaciones cómodas, una pasada. Lo lleva todo, el hotel y el restaurante, un cocinero llamado Maurizio con quien nos llevamos estupendamente el poco tiempo que estuvimos.

El objetivo gastronómico del lugar es tener una experiencia gastronómica en la que te dan a probar todas las cervezas y te dan comida que en su opinión marida con ella, o sea, no hay carta, tu vas ahí dispuesto a experimentar cervezas con comida. El precio de la comida son 45€ por persona y el precio de la habitación son 100€, pero por lo que comes, cenas, bebes y desayunas, es hasta barato.

Lo primero que te sorprende es que te obsequian con unos refrescos, pero ¿qué refrescos? Pues resulta que el creador del tema ha querido recuperar refrescos italianos antiguos y tienen una línea con tres de ellos, spuma, ginger cidrone. No sólo eso, también trabajan con una línea de distribución de productos italianos como chocolates, pasta, arroz y unas cuantas cosas más que no recuerdo ahora.

Esto es una pasada de sitio porque estás tan tranquilo en el salón y te aparecen con unos refrescos.

Ya entrando en materia cervecil, para comenzar nos sacaron focaccia con tocino de cerdo (era un cerdo italiano, nos dijeron la especie pero la olvidé) y la cerveza Lurisia. El tocino este era como de carrillera y se deshacía en la boca, ¡tremendo con la focaccia!

La Lurisia , una cerveza ligera, muy refrescante, de trigo y flores, acompañó también al siguiente plato, una ensalada romántica, una cosa ligerita y muy sabrosa

La siguiente cerveza que nos sirvieron fue la Nora, muy curiosa porque tenía aromas a plátano y cierto gusto a plátano. He leído en muchas cervezas este “deje de plátano”, en catas y demás, pero esta es la primera en la que yo encuentro dicho deje.

La Nora acompañó dos platos. Uno fue el que más me gustó, flor de calabaza rellena de ricotta y parmesano. El siguiente, sardina con salsa de tomate y salicornia.

Aquí tenemos la última cerveza de la que hicimos foto, la Isaac, que para nosotros tenía mucho aroma a cítricos.

Esta cerveza era acompañada por puré de calabacín con gambas del Adriático

Después vino la Wayan, que según ellos era más cítrica y con aroma a azahar pero luego no lo fue tanto como la anterior. Para comer con la Wayan, ravioli relleno de berenjena y gambas.

Estos ravioli también eran una exquisitez, fue lo siguiente que más me gustó.

Siguiente, la Super, mucho más fuerte, muy sabrosa. Si no me equivoco es la primera que hicieron en Baladin. En materia cervecil, mi preferida junto a la Nora. El plato que nos pusieron con esta era bacalao con espinacas, para mí lo más flojito del menú.

Para el postre había más. Nos pusieron dos postres, un sorbete de frambuesa (que no fotografiamos) y un flan de melocotón, acompañados por la Elixir, una ale fuerte, de 10º, fenomenal para acompañar.

Y para finalizar, una Xyauyu etiqueta de plata, una barley wine (por encajonarla en algún lado) , con un poco de chocolate. La xyauyu ya era más licor que otra cosa, interesante.

Imaginaos como nos fuimos a la cama después de esto, medio arrastrados. Dormimos, eso sí, del tirón, porque además era la primera noche que dormíamos en cama después de varios días de camping y se notó. Al día siguiente había desayuno, zumos variados, mantequilla, mermeladas…

Como habíamos estado hablando con él mucho tiempo, le caímos simpáticos a Maurizio, el encargado del restaurante y el hotel, y nos dijo que antes de irnos nos proponía un plan, visitar las instalaciones de Baladin. Claro, fuimos de cabeza.

Primero nos llevó a lo que llaman la “Cantina”, viene a ser una cava en la que están experimentando con barricas de vino y whisky, meten la misma cerveza en todos y van viendo su evolución, podría ser lo que llamaríamos “departamento de I+D” en cuestión de cervezas y barriles. Un sitio muy fresco, pudimos probar varias pero de buena mañana era un poco gore. Había una concretamente en barril de whisky ahumado que hizo nuestras delicias máximas.

Después fuimos a la fábrica, donde estaba el maestro cervecero de Baladin, que no es Teo Musso (que se dedica más al proyecto general, a idear las cervezas y a marcar la línea, pero no es el que está ahí fabricando, no actualmente), sino un tipo muy majo ¡cuyo nombre no consigo recordar! … ). Bueno, el caso es que este chico nos enseñó toda la fábrica, nos explicó las ideas próximas, el embotellado, por qué hacen así o asá, nos comentó que van a tener sus propias plantaciones de lúpulo y cebada y nos dio a probar algunas cositas que tienen en mente, de hecho tuvimos la suerte de estar ahí el primer día que probaban una de las cervezas nuevas.

Y eso fue la experiencia Baladin, ¡casi nada!. Del proyecto de Teo Musso veo positivo todas las iniciativas que tiene. Lo que veo “menos bueno” es tal vez cierta ansia de comparación con el vino / sustitución, que es algo que pasa muchas veces, la obsesión del maridaje, la estética, la botella, el rollo gourmet… no me entendáis mal, soy el primero que dice que la cerveza es una bebida que tiene unas posibilidades infinitas para todo tipo de momentos, y no me corto al decir que mucho mayor que el vino, pero no me gusta cuando en el mundo cervecero se intenta “ponerse al nivel” del vino, en el sentido de catas con lenguaje un poco snob y algunas cosas de esas. Para mí una cerveza está buena o mala porque lo considero así por mis motivos, es evidente que hay una serie de aromas y sabores que “te recuerdan a” o que directamente “sabe a”, pero en general no se que me pasa que la cerveza me sabe a cerveza. Y bueno, el vino me sabe a vino, en realidad tampoco me gusta el mundo snob del vino.

Este apunte es lo único “menos bueno” que puedo decir de Baladin ya que lo recomiendo como experiencia al cien por cien, para quien guste de visitar zonas rurales y el buen comer, es una pasada.

Al día siguiente todavía comimos en Italia, (antes de empezar el viaje todavía dio tiempo a tomar una cañita en la cervecería originaria de Baladin) pero el azar nos llevó a un restaurante junto a una gasolinera de carretera nacional y como con tanta visita se nos había echado el tiempo encima, sólo tenían filetes con guisantes, que malos no estaban pero era una despedida un poco pobre para todo lo que había sido Italia para comer.

Nos queda un pequeño colofón vascongado de apenas un día, pero básicamente el grueso de comidas vacacionales ya os lo he contado.

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Comidas vacacionales: Suiza

Hablar de gastronomía suiza es complicado ya que como pasa en muchos sitios Suiza es un estado conformado por diferentes grupos nacionales con culturas diversas e igualmente con distinto acceso a materia prima (pese a ser un estado que ocupa un pequeño territorio) cuya plasmación en los platos podría ser heterogenea.

Además, Suiza tiene un handicap para cualquier bolsillo trabajador y es que es un lugar caro de pelotas, por lo que tampoco anda la cosa para ir probando las cosas a boleo.

Con todo, no encontramos muchísima variedad. Los famosos chocolates pudimos probarlo algún día, los vinos no los catamos y los licores compramos el famoso kirsch pero todavía no lo hemos probado.

Hay en Suiza tres platos punteros. El más conocido, la Fondue

Este plato lo tomamos cerca de Ginebra (que además es la zona para tomarlo, en general todo lo que sea parte de Alpes franco-suizos) en el Restaurante Vieux Carouge, Rue Jacques-Dalphin 27, 1227, en la localidad de Carouge, una localidad pegada a Ginebra a la que se puede ir sin problemas en el transporte público.

El restaurante, por cierto, tenía un dueño de lo más peculiar, parecido a Mr Bean, que va de mesa en mesa caminando frenético y que no te da una jarra de agua porque dice que es malo el queso con el agua (aunque embotellada sí que la vende el muy gañán)

La fondue, palabra que significa “derretido”, consiste en derretir queso (emmental, gruyere, comte y tomme, parece ser) mezclados con vino blanco y kirsch. Por otro lado lo típico es ir introduciendo migas de pan e ir comiéndolas mojadas en el queso. En este lugar hacían una especialidad, añadían queso al tomate y te daban patatas para tomar con el queso, en lugar de pan.

Otra especialidad, que tomamos en el mismo sitio, es el Rösti, que aunque típico de la zona alemana, también lo tenían ahí, y que vienen a ser patatas fritas apelmazadas con cualquier cosa por encima

Lo más famoso además de la Fondue es la Raclette, del cantón de Valais. Teníamos gran curiosidad por esto ya que en la familia de la Reina les dieron un aparato de Raclette, consistente en unas sartenes que se introducen con queso y vas cocinando ahí cosas. Esto es la versión familiar y al parecer también es como se hace en Francia, pero en Valais tienen otro modo. Fuimos a un pueblo precioso llamado Plan-Cerisier, pedanía de Martigny, al Restaurant de Plan-Cerisier, y nos lanzamos a por ello.

El proceso era el que sigue:

1.- Por un lado, el hombre del restaurante iba fundiendo el queso y poniéndolo en el plato

Por otro lado nos habían dado unas patatas

Y luego todo eso lo mezclabas, añadiéndole pimienta

Rico, fácil y caro como todo en Suiza

En este mismo sitio antes nos sirvieron un plato de cecina, que es algo muy típico por allí

Es curioso como tanto en este lugar como en el de la fondue tomamos de postre frambuesas frescas, que estaban de vicio, en un sitio las tomamos con crema agria y en el otro no. Lamentablemente la foto ha salido movida.

Básicamente esto es lo que tomamos, más este guiso con setas y cero en Laussane que no se si era una especialidad regional o no pero que estaba de muerte

En Ginebra pudimos comer también crepes en puestos callejeros, acompañados por sidra local, y otro día fuimos a un peruano que nos salvó la noche porque íbamos a cenar tarde y claro, allí no se puede, también fuimos a un marroquí y bueno, Ginebra está lleno de sitios internacionales.

El último día cerca del camping sólo tomamos una ensalada, que no era nada digna de mención pero que nos llamaba la atención porque hacían lo mismo que en Francia, aliñar con salsas de bote.

Del tema cervecero, in situ no probamos muchísimo, aunque nos acopiamos de unas cuantas cervezas para casa. Una ya la hemos probado, la Calvinus (de Ginebra), una de trigo que no es nada del otro mundo. Otra es la BFM que ya probaremos. Y uno de los días, en el pueblo de Chateau d’Oex fuimos a la Brasserie de l’Ours (por recomendación de nuestro gran camarada Albareto), lugar donde hacen su propia cerveza y que venden en su hotel y su taberna, yo me tomé esta Brune que me gustó mucho, lástima que no vendían embotellada

Y esto fue Suiza!

Ah, olvidaba comentar una cosa curiosa, el vino de la casa en Francia o Suiza lo pides ¡por decilitros!

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Comidas vacacionales: Entonces, ¿se come o no se come bien en Francia?

Si uno se plantea viajar hacia el norte de Europa saliendo desde Madrid en coche, suponiendo que al coche no le pase nada o que no lo montarás en un ferry, hay dos verdades: saldrás pasando por Francia y volverás pasando por Francia.

Yo con los franceses tengo un contencioso porque en general lo intento pero no acabamos de congeniar y ya empiezo a pensar si me estaré volviendo cosas malas. He conocido franceses majísimos, unos cuantos además, pero luego estando allí siempre me quedaba la sensación de que eran bordes redomados. Y eso que me gustan el idioma francés y France Gall, pero siempre me quedo con un regusto complicado con el trato personal.

Y la gastronomía, que es lo que aquí nos interesa, nunca había visto justificada su fama. Mi conclusión siempre ha sido que sí, a nivel de restauración de élite es indudable que hay grandes maestros. Pero para mí la gastronomía de un país es buena o mala no según el número de restaurantes de élite que tenga, sino según la gastronomía a pie de calle que puedes encontrar, a nivel popular. Soy de taberna, tapas y menú del día, picaetes, pintxos… y cuando había estado en Francia anteriormente, por los motivos que fuesen, nunca había encontrado nada que pudiese pagar y que estuviese bueno. Al final en ciudades como París, Burdeos, Lille o Nantes, que es donde había estado anteriormente, lo más asequible era el kebab.

Aun así, no podía ser esto, tenía que haber cosas mejores para comer por todas partes, con todo lo que alardean… Pensé que en este viaje, al coger muchas carreteras secundarias y pasar por pueblitos, encontraríamos cosas.

Hay un par de temas interesantes que hay que especificar sobre el “comer en Francia” en restaurantes. Una es que si te ofrecen un “apero” o “aperitive” no se refieren a una tapita, se refieren a algo de beber. Otra es que en muchos sitios te hacen levantarte para pagar y además como son tan rancios muchas veces vas pagando lo tuyo, de uno en uno. No se si alguna vez dirán “¡venga, esto lo pago yo!”, pero no me dio la sensación de que lo hicieran.

Ahora vamos al lío. El primer sitio donde comimos algo francés fue en Rodez, en casa del chico que nos acogió. Rodez está en Occitania, territorio muy curioso para mí por su relación con el idioma catalán (existen corrientes panoccitanistas). ¿Qué tomamos para picar en Rodez?

¡Fuet y ratafia! Al final algo tendrán que ver los unos con los otros. La Ratafia no era exáctamente igual que la que se puede comprar en Girona, era algo más suave.

De Rodez fuimos a Lyon pasando por un pueblito llamado Saint-Alban-sur-Limagnole, al cual fuimos muy ilusionados porque era nuestra primera parada rural, donde esperábamos encontrar buena comida. Resultó que el único sitio abierto sólo tenía para comer ¡paella! No especialmente buena, acompañada de un embutido muy salado, nada a destacar. De ahí a Lyon, donde tampoco tomamos nada típico, aunque nos llevaron a un restaurante especializado en salmón, muy curioso, todo era de salmón (brocheta de salmón, tartar de salmón, salmón al curry…). Que yo sepa el salmón no es típico de Lyon, pero el sitio era resultón. Olvidé el nombre, eso es lo malo.

El asunto es que en un par de días en Francia tampoco tomábamos nada digno de mención, así que ahí iba quedando la fama.

Saliendo de Lyon, ya de camino a Suiza, paramos en una localidad de las afueras llamada La Boisse, un local llamado “Lemoncello” con pinta de pizzería de extrarradio, no nos llamaba mucho la atención pero había que comer. Y fue una de esas pequeñas sorpresas que te encuentras sin esperarlo en el sitio que menos interesante parece.

De aperitivo tomé esto, un vino espumoso mezclado con no se qué (me lo explicaron, pero es que hablan a toda leche)

Y luego para comer, empezamos con esta Terrine

La Terrine es algo muy típico de allí, en un molde de horno se mete carne picada con diferentes cosas, es algo sencillo de hacer y que tiene múltiples combinaciones, se toma frío habitualmente. Hablaremos más adelante, en este blog, de la Terrine.

Después tomé ternera guisada con cous-cous y verdurar a la bechamel. Y de postre, creme bruille

El sitio este, Lemoncello, estaba en Route Nationale 1029, La Boisse

Nos fuimos así con buen sabor de boca de Francia en la primera incursión, el viaje de ida, aunque con la sensación que ya teníamos de que tampoco era para tanto. La Reina tomaba muchas ensaladas y las aliñan todas con salsas raras, cosa que también era digna de mención. Los precios de menú son de unos 15€ pero luego bebidas y café van muchas veces por separado. Si existía una comida regional de Occitania o los Alpes digna de mención, no la vimos en este primer acercamiento.

De ahí seguimos viaje hacia Suiza e Italia, y después, vuelta, también por los Alpes.

Esta vez íbamos por la zona de los Alpes Provenzales, la Provenza en general, un poco de Costa Azúl, más Occitania (la parte de Aveyron) y un poco de las Landas.

Ya en Provenza cambiaba la cosa, sobretodo el paisaje. En toda esta parte final, era muy común por las carreteritas locales encontrarte que los propios agricultores se montaban una tiendecilla en la que vendían sus propios productos y otras cosas regionales. Esto empezó a hacerse parada obligatoria, para llevarse cosas como indiqué en el anterior artículo o simplemente para echar un ojo.

Uno de los días, después de pasar con el coche por los infinitos campos de lavanda, acabamos parando en un restaurante llamado “La Table Ronde“, en la localidad provenzal de Vinon-sur-Verdon. Este local, en Avenue de la Republique 877, tenía también un hotel y de nuevo fue una de esas paradas que hicimos , como todas, al azar a la hora de comer. Esto tiene su gracia, dejarse llevar, parar en el primer sitio y a ver que te dan.

La parada no pudo ser mejor, ¡qué cosas más ricas! La Reina se decantó por el menú , consistente en una ensalada y una pintada de bresse con guarnición de gnocchi salteados con ajo y perejil

Esto era el menú del día, que costaba unos 15€, incluyendo vino tinto de la casa que tuve que beberme porque la Reina conducía, con gran sacrificio por mi parte.

Yo iba con la mente en el menú pero de repente vi en la carta un plato llamado “entrecotte tres mantequillas”

Me doy ahora cuenta de que la foto se ha difuminado, pero el concepto queda claro. Unas patatas de guarnición, un tomate asado, el entrecotte con tres trozos de mantequilla diferentes ¡una delicia!

El restaurante era de lo más recomendable y con un servicio super amable, cosa que en otras partes de Francia no era tan común.

Aquí pudimos hacer otra cosa que me gusta mucho de nuestros vecinos y es eso de tomar queso de postre

Como nos íbamos poniendo ceporros, al parar en la Costa Azul nos comimos un sandwich intrascendente con una ensalada insulsa en un local playero al uso en La Couronne (Martigues, cerca de Marsella) y de ahí se iniciaba la vuelta a Occitania.

Nuestra primera parada fue en un pueblito llamado Le Caylar , en un establecimiento llamado La Transhumance. La Reina se decantó por comer pato y no era gran cosa. Por mi parte, me dediqué a tomar cosas curiosas. De primero, terrine de verduras, que no era nada del otro mundo. De segundo Andouillete, que es una especie de salchicha de tripas, digamos que como una salchicha de zarajos para que quede claro, con una guarnición de pasta. Y de postre, “isla flotante”.

Y de aquí pasamos a una región que no sabíamos ni que existía, Aveyron, que resulta que es la tierra del queso Roquefort. Aunque con nuestro ritmo zumbón de lado a lado no tuvimos la oportunidad de ver más cosas sobre el queso, pero algo pudimos probar. Resultó que nos alojamos, como era costumbre, en un camping en la localidad de Belmont, “La Val Fleuri”. Y este camping , al contrario que otros (la mayoría), tenía un pequeño restaurante-terraza (el sitio en general era pequeño y familiar) con varias cosas interesantes. El tipo además, llamado Jean Philippe, era muy dado a conversar (va a resultar que esa era “la zona maja” de Francia) y nos recomendó la especialidad, un solomillo acompañado con “aligot” como guarnición. Esto del aligot es un puré de patatas mezclado con queso y nata, un acompañamiento sencillo y muy sabroso, como tantas cosas de la vida.

Y de postre, queso Roquefort, ¡claro, que era la zona! Y otros

Nuestra última comida en Francia ya fue en Dax, donde tomamos Foie (no nos podíamos ir sin Foie) y una ensalada de aguacates en un restaurante turístico que nos encontramos

Esto en cuanto a comercio. Por supuesto tratamos de indagar algo sobre el panorama cervecil. Encontramos poca cosa interesante, lo que no significa que no exista nada, pero viajando tan a lo loco todo es puro azar y cero investigación.

En Seyne Les Alpes vimos esta, la Tourmente, anunciada como “la cerveza de los Alpes”

Y en Belmont-sur-rance esta otra, Caussenarde

Las dos bien, ninguna nada del otro mundo, sucede un poco el problema de aquí, cuestan más de lo que valen y no es que no valgan nada, pero por ejemplo la Caussenarde no es mejor que la que yo fabrico en casa…

De vinos, apenas tomamos nada y debo entonar el mea culpa ya que ni pensé en ello. Algún día aunque sea por cultura me tendré que poner un poco serio con el asunto de los vinos.

Me habría gustado tomar más quesos pero no siempre surgía la oportunidad de tomarlos en vivo y cuando los podíamos comprar, como ya hemos comentado nos daba cosa por el tema del calor.

Tras cinco noches en Francia, en distintos puntos, con muchas comidas y cenas por el camino, mi opinión no varía mucho respecto a la que tenía anteriormente, aunque sí mejora un poco. Gracias a haber estado en la Provenza y Occitania rural he podido tomar cosas muy interesantes, y es que se ha de tener en cuenta que en Francia también coexisten diferentes culturas y aunque el centralismo de dicho Estado ha sido muy exterminador, siempre quedan distintas manifestaciones y una es siempre la comida.

Pero, con todo, sigo pensando que para mi un país está en la cumbre de lo gastronómico cuando la comida es algo que se siente a pie de calle, día a día. Eso no significa que no haya lugares del mundo donde se coma muy bien en determinados sitios o tengan recetas maravillosas, y este creo que es el caso de Francia. No siempre es fácil encontrar donde comer, no está esa presencia por doquier de la posibilidad de “comer algo”, cosa que sí sucede aquí en Castilla, también en Euskadi, en Italia, Japón o Tailandia (que yo conozca, esas son mis “cumbres gastronómicas”, a falta de más Asia y más Latinoamérica).

Eso sí, las cosas buenas que tomamos estaban buenísimas y los productos que se podían adquirir en los puestos en las carretaras nacionales eran excepcionales, de lo que da fe parte del botín que trajimos.

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El botín

Antes de seguir contando comidas y reflexiones sobre las cosas que se encuentran por ahí, voy a poneros una foto del botín que nos hemos traído a Madrid

De izquierda a derecha , aunque se vea fatal (hice la foto rápido porque quería guardar todo en su sitio, la impaciencia…):

Fila de atrás: Una Baladin Noel (aunque sólo parezca una torre negra), una caja de Calvinus (cerveza artesanal suiza), licor suizo Kirsch, una Bock de Birrificio Italiano y una Baladin Nora (aunque sólo parezca otra torre negra)

Siguiente fila: Una Scuma (refresco que hacen en Baladín), 2 BFM variadas (artesanales suizas), otra de Baladin , otra de BFM, otra Scuma, otra BFM, otra Baladin

Los tarros: Crema de castañas, foie de oca (dos botes) y foie de toro . Todo esto de Francia. La Crema de Castañas es de la Provenza, el Foie de Oca es de cerca de las Landas y el de Toro de Camargue

Delante: Pasta distribuida por Baladin, arroz rojo de Camargue, salchichón de toro de Camargue (por cierto, lo he probado hoy, riquísimo), y más pasta de Baladin.

Más cosas no hemos comprado no por falta de ganas y tampoco necesariamente de dinero. Lo que pasa es que 16 días en el coche, en verano, aunque no nos haya hecho muchísimo calor, no es la mejor idea para llevar productos como el queso, que me encantan, o muchos otros. El salchichón de toro me dio miedo comprarlo pero sólo quedaban tres días para volver y decidimos tirar hacia delante suponiendo que no se estropearía. Afortunadamente no lo ha hecho

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