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Comimos en Diverxo

Tengo esto abandonado, mea culpa, circunstancias de la vida. Pero lo retomaremos. Entre tanto, os cuento en el otro blog el día que comimos en Diverxo

 

http://rebeldesenlaestrelladelamuerte.wordpress.com/2013/06/12/comimos-en-diverxo/

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Varias comidas de Málaga

Unas fotejas de lo que comimos la semana pasada en Málaga entre cerveza y cerveza de Zombier

Esta Rosada a la plancha nos la comimos en un restaurante llamado “La Lonja”, en La Carihuela, Torremolinos. Nos dio nosequé entrar porque parecía típico sitio para guiris pero lo cierto es que estaba muy bien hecha y las guarniciones (berenjena frita y patatas con cebolla y pimiento) estaban tremendas.

Estas dos fotos son de chiringuito, ¡pero qué chiringuito! Hay una zona (no se si es un pueblo o pedanía o que es) llamada “La Araña”, en la que hay una especie de fábrica enorme y una playita, no es un sitio nada turístico, está apartado y es tranquilo. Tienen este chiringuito llamado “Merendero El Mijeño”. Tomamos los famosos espetos, que son sardinas a la brasa, y boquerones fritos, un clásico.

Esta foto tan oscura, vale la pena porque es para mencionar un clásico, “El Pimpi” (Málaga, C/Granda, 62). Nos hablaron del sitio bastante bien y allí fuimos. Es un lugar muy concurrido, conocido por los turistas también pero que nos pareció que conservaba mucho su esencia, si los guiris han llegado no será por concesiones porque no tiene nada de lo típico (la carta con las banderitas y demás cosas de esas). Una bodega, llena de barriles y fotografías, en la que tomar varias raciones. Tomamos unas croquetas y unas berenjenas fritas con miel y salmorejo, de esto último no hay foto por lo oscuro del asunto. Todo acompañado por un vino dulce de Málaga.

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Comidas vacacionales: Entonces, ¿se come o no se come bien en Francia?

Si uno se plantea viajar hacia el norte de Europa saliendo desde Madrid en coche, suponiendo que al coche no le pase nada o que no lo montarás en un ferry, hay dos verdades: saldrás pasando por Francia y volverás pasando por Francia.

Yo con los franceses tengo un contencioso porque en general lo intento pero no acabamos de congeniar y ya empiezo a pensar si me estaré volviendo cosas malas. He conocido franceses majísimos, unos cuantos además, pero luego estando allí siempre me quedaba la sensación de que eran bordes redomados. Y eso que me gustan el idioma francés y France Gall, pero siempre me quedo con un regusto complicado con el trato personal.

Y la gastronomía, que es lo que aquí nos interesa, nunca había visto justificada su fama. Mi conclusión siempre ha sido que sí, a nivel de restauración de élite es indudable que hay grandes maestros. Pero para mí la gastronomía de un país es buena o mala no según el número de restaurantes de élite que tenga, sino según la gastronomía a pie de calle que puedes encontrar, a nivel popular. Soy de taberna, tapas y menú del día, picaetes, pintxos… y cuando había estado en Francia anteriormente, por los motivos que fuesen, nunca había encontrado nada que pudiese pagar y que estuviese bueno. Al final en ciudades como París, Burdeos, Lille o Nantes, que es donde había estado anteriormente, lo más asequible era el kebab.

Aun así, no podía ser esto, tenía que haber cosas mejores para comer por todas partes, con todo lo que alardean… Pensé que en este viaje, al coger muchas carreteras secundarias y pasar por pueblitos, encontraríamos cosas.

Hay un par de temas interesantes que hay que especificar sobre el “comer en Francia” en restaurantes. Una es que si te ofrecen un “apero” o “aperitive” no se refieren a una tapita, se refieren a algo de beber. Otra es que en muchos sitios te hacen levantarte para pagar y además como son tan rancios muchas veces vas pagando lo tuyo, de uno en uno. No se si alguna vez dirán “¡venga, esto lo pago yo!”, pero no me dio la sensación de que lo hicieran.

Ahora vamos al lío. El primer sitio donde comimos algo francés fue en Rodez, en casa del chico que nos acogió. Rodez está en Occitania, territorio muy curioso para mí por su relación con el idioma catalán (existen corrientes panoccitanistas). ¿Qué tomamos para picar en Rodez?

¡Fuet y ratafia! Al final algo tendrán que ver los unos con los otros. La Ratafia no era exáctamente igual que la que se puede comprar en Girona, era algo más suave.

De Rodez fuimos a Lyon pasando por un pueblito llamado Saint-Alban-sur-Limagnole, al cual fuimos muy ilusionados porque era nuestra primera parada rural, donde esperábamos encontrar buena comida. Resultó que el único sitio abierto sólo tenía para comer ¡paella! No especialmente buena, acompañada de un embutido muy salado, nada a destacar. De ahí a Lyon, donde tampoco tomamos nada típico, aunque nos llevaron a un restaurante especializado en salmón, muy curioso, todo era de salmón (brocheta de salmón, tartar de salmón, salmón al curry…). Que yo sepa el salmón no es típico de Lyon, pero el sitio era resultón. Olvidé el nombre, eso es lo malo.

El asunto es que en un par de días en Francia tampoco tomábamos nada digno de mención, así que ahí iba quedando la fama.

Saliendo de Lyon, ya de camino a Suiza, paramos en una localidad de las afueras llamada La Boisse, un local llamado “Lemoncello” con pinta de pizzería de extrarradio, no nos llamaba mucho la atención pero había que comer. Y fue una de esas pequeñas sorpresas que te encuentras sin esperarlo en el sitio que menos interesante parece.

De aperitivo tomé esto, un vino espumoso mezclado con no se qué (me lo explicaron, pero es que hablan a toda leche)

Y luego para comer, empezamos con esta Terrine

La Terrine es algo muy típico de allí, en un molde de horno se mete carne picada con diferentes cosas, es algo sencillo de hacer y que tiene múltiples combinaciones, se toma frío habitualmente. Hablaremos más adelante, en este blog, de la Terrine.

Después tomé ternera guisada con cous-cous y verdurar a la bechamel. Y de postre, creme bruille

El sitio este, Lemoncello, estaba en Route Nationale 1029, La Boisse

Nos fuimos así con buen sabor de boca de Francia en la primera incursión, el viaje de ida, aunque con la sensación que ya teníamos de que tampoco era para tanto. La Reina tomaba muchas ensaladas y las aliñan todas con salsas raras, cosa que también era digna de mención. Los precios de menú son de unos 15€ pero luego bebidas y café van muchas veces por separado. Si existía una comida regional de Occitania o los Alpes digna de mención, no la vimos en este primer acercamiento.

De ahí seguimos viaje hacia Suiza e Italia, y después, vuelta, también por los Alpes.

Esta vez íbamos por la zona de los Alpes Provenzales, la Provenza en general, un poco de Costa Azúl, más Occitania (la parte de Aveyron) y un poco de las Landas.

Ya en Provenza cambiaba la cosa, sobretodo el paisaje. En toda esta parte final, era muy común por las carreteritas locales encontrarte que los propios agricultores se montaban una tiendecilla en la que vendían sus propios productos y otras cosas regionales. Esto empezó a hacerse parada obligatoria, para llevarse cosas como indiqué en el anterior artículo o simplemente para echar un ojo.

Uno de los días, después de pasar con el coche por los infinitos campos de lavanda, acabamos parando en un restaurante llamado “La Table Ronde“, en la localidad provenzal de Vinon-sur-Verdon. Este local, en Avenue de la Republique 877, tenía también un hotel y de nuevo fue una de esas paradas que hicimos , como todas, al azar a la hora de comer. Esto tiene su gracia, dejarse llevar, parar en el primer sitio y a ver que te dan.

La parada no pudo ser mejor, ¡qué cosas más ricas! La Reina se decantó por el menú , consistente en una ensalada y una pintada de bresse con guarnición de gnocchi salteados con ajo y perejil

Esto era el menú del día, que costaba unos 15€, incluyendo vino tinto de la casa que tuve que beberme porque la Reina conducía, con gran sacrificio por mi parte.

Yo iba con la mente en el menú pero de repente vi en la carta un plato llamado “entrecotte tres mantequillas”

Me doy ahora cuenta de que la foto se ha difuminado, pero el concepto queda claro. Unas patatas de guarnición, un tomate asado, el entrecotte con tres trozos de mantequilla diferentes ¡una delicia!

El restaurante era de lo más recomendable y con un servicio super amable, cosa que en otras partes de Francia no era tan común.

Aquí pudimos hacer otra cosa que me gusta mucho de nuestros vecinos y es eso de tomar queso de postre

Como nos íbamos poniendo ceporros, al parar en la Costa Azul nos comimos un sandwich intrascendente con una ensalada insulsa en un local playero al uso en La Couronne (Martigues, cerca de Marsella) y de ahí se iniciaba la vuelta a Occitania.

Nuestra primera parada fue en un pueblito llamado Le Caylar , en un establecimiento llamado La Transhumance. La Reina se decantó por comer pato y no era gran cosa. Por mi parte, me dediqué a tomar cosas curiosas. De primero, terrine de verduras, que no era nada del otro mundo. De segundo Andouillete, que es una especie de salchicha de tripas, digamos que como una salchicha de zarajos para que quede claro, con una guarnición de pasta. Y de postre, “isla flotante”.

Y de aquí pasamos a una región que no sabíamos ni que existía, Aveyron, que resulta que es la tierra del queso Roquefort. Aunque con nuestro ritmo zumbón de lado a lado no tuvimos la oportunidad de ver más cosas sobre el queso, pero algo pudimos probar. Resultó que nos alojamos, como era costumbre, en un camping en la localidad de Belmont, “La Val Fleuri”. Y este camping , al contrario que otros (la mayoría), tenía un pequeño restaurante-terraza (el sitio en general era pequeño y familiar) con varias cosas interesantes. El tipo además, llamado Jean Philippe, era muy dado a conversar (va a resultar que esa era “la zona maja” de Francia) y nos recomendó la especialidad, un solomillo acompañado con “aligot” como guarnición. Esto del aligot es un puré de patatas mezclado con queso y nata, un acompañamiento sencillo y muy sabroso, como tantas cosas de la vida.

Y de postre, queso Roquefort, ¡claro, que era la zona! Y otros

Nuestra última comida en Francia ya fue en Dax, donde tomamos Foie (no nos podíamos ir sin Foie) y una ensalada de aguacates en un restaurante turístico que nos encontramos

Esto en cuanto a comercio. Por supuesto tratamos de indagar algo sobre el panorama cervecil. Encontramos poca cosa interesante, lo que no significa que no exista nada, pero viajando tan a lo loco todo es puro azar y cero investigación.

En Seyne Les Alpes vimos esta, la Tourmente, anunciada como “la cerveza de los Alpes”

Y en Belmont-sur-rance esta otra, Caussenarde

Las dos bien, ninguna nada del otro mundo, sucede un poco el problema de aquí, cuestan más de lo que valen y no es que no valgan nada, pero por ejemplo la Caussenarde no es mejor que la que yo fabrico en casa…

De vinos, apenas tomamos nada y debo entonar el mea culpa ya que ni pensé en ello. Algún día aunque sea por cultura me tendré que poner un poco serio con el asunto de los vinos.

Me habría gustado tomar más quesos pero no siempre surgía la oportunidad de tomarlos en vivo y cuando los podíamos comprar, como ya hemos comentado nos daba cosa por el tema del calor.

Tras cinco noches en Francia, en distintos puntos, con muchas comidas y cenas por el camino, mi opinión no varía mucho respecto a la que tenía anteriormente, aunque sí mejora un poco. Gracias a haber estado en la Provenza y Occitania rural he podido tomar cosas muy interesantes, y es que se ha de tener en cuenta que en Francia también coexisten diferentes culturas y aunque el centralismo de dicho Estado ha sido muy exterminador, siempre quedan distintas manifestaciones y una es siempre la comida.

Pero, con todo, sigo pensando que para mi un país está en la cumbre de lo gastronómico cuando la comida es algo que se siente a pie de calle, día a día. Eso no significa que no haya lugares del mundo donde se coma muy bien en determinados sitios o tengan recetas maravillosas, y este creo que es el caso de Francia. No siempre es fácil encontrar donde comer, no está esa presencia por doquier de la posibilidad de “comer algo”, cosa que sí sucede aquí en Castilla, también en Euskadi, en Italia, Japón o Tailandia (que yo conozca, esas son mis “cumbres gastronómicas”, a falta de más Asia y más Latinoamérica).

Eso sí, las cosas buenas que tomamos estaban buenísimas y los productos que se podían adquirir en los puestos en las carretaras nacionales eran excepcionales, de lo que da fe parte del botín que trajimos.

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Menú para sibaritas y gourmets

Hay que poner las cartas sobre la mesa para defender mi línea estratégica. En esto de la gastronomía y de hablar de gastronomía, escribir sobre comidas y demás, no soy más que un aficionadillo. Pero leo que en este mundillo hay mucho puturrú de fua, sifón y cosas raras. Todo ha de existir, y que exista lo que tenga que ser. No me molesta su existencia, lo que me molesta es el aire de prepotencia, esa sofisticación mal entendida. Me molesta en profesionales pero casi me molesta más en aficionados, con el deseo de marcar tendencia y demostrar que no son solo culturetas de la música o las artes sino que también lo son de la alta cocina, se les va la pinza con recetas imposibles de “aquí estoy yo y estoy por encima de todos”.

Me molesta que se mire por encima del hombro lo básico, el A-E-I-O-U. Los guisos de siempre, los embutidos y las cosas buenas de la vida. Yo lo reivindico. Y soy el primero al que le gusta fusionar ingredientes y conocer gastronomías, pero nada de puturrú de fuá, por ahí no pasamos.

Un par de huevos fritos de corral, un chorizo de orza, pan del bueno y vino con gaseosa. Eso es lo que me gusta a mí. Qué le vamos a hacer.

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La vuelta al mundo en cuchucientas recetas: Abruzzo. Arrosticini.

Del conflictivo Cáucaso viajamos a tierras más cercanas. La receta de hoy para esta vuelta al mundo en cuchucientas recetas nos lleva a las templadas aguas del mar Adriático. En la Italia Meridional se encuentra la region de Abruzzo, “Los Abruzos” en castellano.

Esta región se caracteriza para mí por ser una de las regiones italianas en las que no he estado, cosa que espero que podamos solucionar en el futuro. Su capital es la ciudad de L’Aquila, que hace tiempo tuvo su repercusión en las noticias por el terrible terremoto que sufrió. Según parece, es una región con bellísimos paisajes y ciudades de tamaño medio muy acogedoras.

Aunque no sepa mucho de esta región, de hecho me voy dando cuenta de que no se nada de casi ningún sitio, lo que está claro es que en Italia vamos a tener que hacer muchas paradas porque evidentemente a nivel gastronómico es un lugar que creo que es de los más importantes del planeta.

Nosotros conocimos hace años a unos chavales de Abruzzo, que eran los compañeros de piso en Bologna de nuestros amiguetes Chicho y Miguel. Fue Miguel el que nos dijo que en Abruzzo, hay un plato que es religión, se trata de los “Arrosticini”. Así que vamos allá.

ARROSTICINI. PINCHOS DE CORDERO ADOBADOS

Ingredientes:

800 gramos de cordero cortados en dados pequeños

Aceite de oliva

Sal

Romero

Limón

Elaboración:

La elaboración en sí misma no tiene mucha dificultad. El problema que nos vamos a encontrar todos es que en realidad este plato se hace a la brasa, cosa que no es tan fácil de hacer en un piso de 48 metros cuadrados de La Guindalera, por decir algo. En Abruzzo los habitantes, fanáticos del arrosticini, tienen pequeños aparatos caseros para hacer las cosas así. Aquí estuvimos pensando como hacer brasas dentro del piso, pero las probabilidades de incendio nos amedrentaron. Es lo que hay. Sin duda el hacer las cosas a la brasa le da un sabor ahumado que le da un toque diferencial. Nosotros tuvimos que hacer esto a la plancha.

Bueno, esto como decía es fácil de hacer. Ponemos en un cuenco todo el cordero cortado en dados (si lo pides que te lo hagan así en la carnicería, eso que te ahorras), le metemos un chorro de limón, la sal y el romero, para que coja un poco el sabor. Al cabo de 15 minutos nos ponemos a insertar los dados de cordero en pinchos.

Después, calientas la plancha y lo haces. No hay más misterio, aparentemente, aunque todo esto siempre tiene el tema de coger el punto, que no quede ni demasiado hecho ni demasiado crudo. Ahí ya va la experiencia y el ojo que tenga cada uno con estas cosas.

No es muy difícil, pero evidentemente después de la Ajachapa había que tirar por el camino fácil y además aunque sea simple es el plato más popular de esta región.

¿Y para beber?

Una Brown Ale como la clásica Samuel Smith NutBrown Ale sería un gran acompañamiento. La Newcastle Brown Ale, muy accesible por estar en grandes superficies, también podría acompañar fenomenal. El sabor del cordero a la plancha va muy bien con este tipo de cervezas que tienen un toque tostado y caramelizado

Conseguir los ingredientes:

Todos facilísimos de conseguir en cualquier parte. Para los guindalerianos, el cordero recomiendo comprarlo en “Nuevo Silvela”, en la C/Francisco Silvela 52 (creo), porque siempre cortan todo muy bien y son muy atentos. Pero vamos, como decíamos, cualquier ingrediente se consigue fácilmente en cualquier ciudad castellana.

Y nos despedimos con este “saltarello”

Próxima estación: Acre (Brasil)

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¿Un blog de cocina? ¡Lo que me faltaba!

Como lo que más me gusta del mundo es la gastronomía, me pongo a hacer esta historia con el fin de divertirme un poco más dando difusión a temas de este tipo, tanto recetas como productos o sitios que estén bien. La gracia de esto es básicamente conocer más y participar en otras páginas similares, así saco conocimientos para hacer mejores comidas y me obligo a tener una constancia. Quien sabe si esto quedará en el olvido.

De este mensaje hacia atrás, todas las cosas que publiqué en Internet relativas a temas gastronómicos. Y hacia delante, las que publicaré