Archivo de la categoría: Salsas y potingues

Salsas y potingues: HP Sauce

Llevaba tiempo abandonada esta sección de “salsas y potingues” y la retomo con una salsa que es un clásico de mi familia paterna. Al parecer, cuando enviaron a mi padre a Irlanda a aprender inglés de adolescente, vio que tomaban esta salsa y le gustó. Como le gustó, la buscó por Bardulia y la encontró. Desde entonces en mi familia paterna la toman todos y todos la tienen siempre en casa. Es un acompañante genial para filetes a la plancha, sean de cerdo, ternera, pollo… ¿Cómo definirla? Algo así como un ketchup marrón, más espeso y más avinagrado, de hecho incluso sabe a salsa worcestershire, la cuál también mencionaremos por aquí algún día.

Dicen los ingredientes que lleva vinagre de malta procedente de cebada, tomate, melaza, vinagre de alcohol, jarabe de glucosa-fructosa, dátiles, azúcar, sal, almidón modificado de maíz, harina de centeno, extracto de tamarindo, especias y extracto de cebolla.

La salsa es de origen inglés pero percenete a Heinz y aquí la mueve Heinz Ibérica, desde La Rioja

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Salsas y potingues: Bhut Jolokia

Aquí sigo, sacando de la nevera diferentes saltas para hacer las delicias de niños y mayores. Sobretodo de los más pequeños con esta salsita que puede hacer que nos reviente el hipotálamo, ¡qué picor!

Ya la propia calaverita que tiene acojona, y no es para menos porque estamos ante una de las consideradas salsas más picantes del mundo, en teoría tiene un record mundial pero nunca se cómo se verifica eso.

Todos los ingredientes son naturales, o sea, nada de cosas raras: chiles bhut jolokia secados, pimiento rojo, vinagre de sidra, zumo de limón y sal.

¿Para qué puede servir una salsa tan sumamente picante? Bueno, puede servir para varias cosas, pero siempre con moderación. La clave es echar UNA gota, por ejemplo a un guiso de carne y patatas, a unas patatas a la riojana, a un revuelto de verduras… pero lo dicho, UNA o muerte. Cuando abrimos la botellita, La Reina y yo tuvimos la ocurrencia de probar una gota a pelo y estuvimos dos horas bebiendo agua. Sin embargo, si se sabe utilizar con conocimiento y raciocinio, aporta mucho sabor a los guisos, sopas y demás, e incluso un sabor afrutado muy agradable. ¡Misterios del chile!

Nosotros conseguimos esta salsa por medio de una antigua tienda online que había de productos fabricados en el Reino Unido. Esa tienda creo que ya no está operativa, pero puede conseguirse directamente a través del fabricante, South Devon Chilli Farm, una granja de chiles con una gran variedad de productos unidos por el picor universal.

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Salsas y potingues: Peter Luger Old Fashioned Sauce

Hace tiempo que no escribía sobre salsas pero creedme que están siendo semanas muy liadas, me da muchísima rabia. Ultimamente en el trabajo los clientes me tienen machacado a pedir cosas y es un no parar. En fin, paciencia.

Esta salsa que os presento aquí es un gran descubrimiento. La pena es que me la consiguieron en… Brooklyn. Y claro, no es plan de ir hasta Brooklyn a comprar cada vez que la necesites.

Ideada para aderezar todo tipo de carnes, esta salta es creación del restaurante Peter Luger, un clásico de Brooklyn desde 1887.  No se como serán las carnes del restaurante, pero la salsa es estupenda.

Está a medio camino entre el Ketchup y la salsa HP (otra de la que hablaremos)  y lleva tomate, vinagre, azucar, sirope de maíz, sal, armoracia (una hierba), melaza, agua, cebolla, ajo, ¿colorante de caramelo? (si es que eso es lo que significa “caramel color”), chalotas, especias, colorante natural que contiene soja, anchoas y tamarindo… vaya, ¡un poco de todo!

Va fenomenal con todo tipo de carnes y también con verduras a la parrilla. Un sandwich con pechuga de pollo o de pavo, aderezado con esto y un poco de queso y rúcola va fenomenal para la vida.

En esta web pone que la envían a domicilio, pero ¿la enviarán hasta Madrid?

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Salsas y potingues: el Ketchup

Marcando mi línea gourmet verdadera, debo reconocer que una de las cosas que más me gustan son las salsas y potingues que uno puede ir encontrando por ahí. No sólo hacerlas, que también, sino comprarlas embotelladas. Debe ser lo menos sano que hay en la tierra, pero es una maravilla utilizar estas cosas. Con patatas fritas e historias así. Puede que no sea lo mejor, pero que tire la primera piedra el que nunca tome estas historias. Visto esto y visto que voy acumulando cosas de estas en mi nevera, he decidido que poco a poco iré sacando una foto para que vayamos viendo todas las historias diferentes que hay.

Como no podía ser menos, comenzaremos con la más mítica de todas y la más denostada: el ketchup

El ketchup, que todos asociamos con los Estados Unidos y su comida basura, tiene al parecer su orígen, según la wikipedia, en China y en Malasia, en una mezcla de especias y ¿peces?. Parece ser que los ingleses descubrieron esta salsa allí y decidieron llevársela a su tierra. Según parece, el tomate, que hoy es el principal ingrediente, no estaba en el origen de la receta y no fue introducido hasta el siglo XIX. El ketchup de tomate empezó a aparecer en recetarios y HJ Heinz fue el pionero, tal vez no sólo  en embotellarlo pero sí en difundirlo masivamente con grandes campañas publicitarias en las que anunciaban a las amas de casa que ya no tendrían que trabajar duramente para conseguir hacer esa salsa. Así que en el estado de Pensilvania es donde podemos ubicar la industrialización masiva del ketchup.

Y aquí estoy yo hoy, con esta botella de ketchup. De plástico, y no de vidrio como era antiguamente y como más molaba, pese a lo difícil que era sacarlo. Hay que decir al respecto que me gusta el ketchup, pero sólo el ketchup Heinz. No es por ser marquista, es porque me parece muchísimo mejor que cualquier otra variedad. Este que tengo aquí delante fotografiado no viene desde Pensilvania, sino desde Heinz Ibérica SA, en Álfaro, La Rioja. Y los ingredientes que lleva son tomates, vinagre de alcohol, azúcar, sal, extractos de especia (¿cuál?) , hierba aromática (dice “contiene apio” y nada más) y de nuevo, “especia”. Aun sin saber cuál es la especia, consuela leer que no tiene colorantes artificiales, ni aromas artificiales, ni conservadores ni espesantes.

Pues eso, muchachos, he aquí el ketchup.

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