El rincón de Pepe, Ocaña

Nuestro sábado fue uno de esos días que me gustan. De esos que acabas no se sabe donde tras ir por no se sabe qué carreteras.  Teníamos dos opciones, una aburrida, mal planificada y personalista reunión política, o salir a buscar aventuras más estimulantes. Obviamente salió lo segundo, faltaría más.

Los tres en cuestión, La Reina, Rayito y yo, nos dirigimos a Aranjuez porque hicimos el siguiente silogismo: si es temporada de fresón, será temporada de fresa, y la fresa, que poca gente la ha comido, está en Aranjuez. Llegamos a tan Real Sitio y empezó a caer una tromba de esas de agárrate y no te menees, de eso que se pone el cielo oscuro oscuro y parece que todo va a salir mal. Luego empiezan a caer piedrecitas del cielo – oh, malvado granizo – y piensas  “nos quedamos en el coche a ver si amaina esto un poco”. Claro que uno no va hasta Aranjuez para quedarse en el coche. El plan de fresa y paseo estaba saliendo macanudo, así que hubo que poner bemoles sobre el asfalto:  habíamos visto una frutería, saldríamos corriendo a por fresas y volveríamos raudos, aunque empapados.

Así que llegamos a la frutería, preguntamos por la fresa (que no fresón) y nos dijeron lo que ya nos había dicho nuestro camarada Pellón: que la temporada de fresa es en Junio. Cosa que ya sabíamos, pero que habíamos obviado, por caer en el silogismo absurdo del fresón en lugar de seguir el materialismo dialéctico como personas de bien.  La fresa no está cuando uno quiere que esté, está cuando está. Y además, nos dijo el frutero – muy amable – que la fresa suele estar vendida de antemano, que hay poca y muy apreciada, y que arrea que te arruinas como la quieras. En fin, volveremos en Junio y veremos como va el tema.

Total, vuelta a Rayito, empapados, de nuevo a esperar por si escampa. Y que no escampa. Así que tuvimos la siguiente idea propia de nuestras mentes preclaras: “oyes, vamos a tirar hacia algún sitio, que así vemos mundo y en algún momento dejará de llover”.

Se nos ocurrió ir a Ocaña porque nos acordamos de las gentes de Yria y pensamos que tal vez buscando encontrábamos su laboratorio. La hora era infame y no llevábamos su teléfono, así que llegados al pueblo no teníamos mucho que hacer. Eso sí, dejó de llover. Para consolarnos, buscamos en el aifon algún lugar en el que hubiera Yria para beber.

Así llegamos a “El Rincón de Pepe”. En Ocaña parecía que la lluvia o el destino habían sacado a las gentes de las calles. Una plaza enorme y poca vidilla. Pero “El Rincón de Pepe” estaba ahí al ladito. Nada más llegar, pedimos Yria. No sabían nada de Yria. Les sonaba vagamente. Redeu. Bueno, ya puestos, había que comer.

El sitio tiene el clásico formato, barra y comedor. Con dos camareros de negro, muy agradables. Dentro, varias mesas. Una mesa era la clásica mesa de padres pijos rurales con sus amigos pijos rurales y sus hijos pijos rurales. Un padre se empeñaba en decirle a una niña todo lo importante que era España. Si no dijo la palabra España infinitas veces, no la dijo ninguna.

Pero nosotros a nuestro lío. Pedimos Yria, decía, y no tenían, así que indagué sobre las cervezas que tenían porque es misión nuestra en la vida ir a cualquier lado a preguntar las cervezas que tengan y ponerles en un aprieto. Al final Alhambra, que es lo más socorrido en este desierto, porque no se la juegan con las microcerveceras mai de la vida.

Luego venía la comida. Había dos opciones, carta o menú. El menú creo que era de 15 €. Eso fue lo que pidió la Reina, unos pimientos asados con bonito de primero, tal vez un poco frío el plato pero resultón. Después, ragú de ciervo que era ya algo más como de primera división, con ese sabor tan fuerte que tiene la caza, al mismo tiempo tierno, con guarnición de patatas fritas bien fritas (y esto no es habitual, aunque debería). Y de postre en el menú había natillas caseras, pero caseras de verdad, muy bien hechas.

Yo no pude escuchar el menú. Vi la carta y en seguida me fijé en esa línea que hablaba de sus callos, especialidad de la casa. Y se me activaron los mecanismos del cerebro que decían que pidiese callos. Y los pedí. Mare de Deu senyor, menudos callos, cosa buena a 12€ el plataco, colapso arterial como está mandado. Jugosos, con su punto picante, con su morro de ternera, chorizo, morcilla, jamón… es de estos platos con los que sueñas, platos que no debes tomar más de tres veces al año.

De postre ofrecían mucha variedad. Sonó “sorbete de gin tonic” y decidí probar. Lucía tal que así

Me pareció un intento fallido, víctima de la fiebre del gintonic (supongo). El gintonic granizado por encima, sorbete de limón por abajo. No estaba malo, pero tampoco era para hacer la ola.

El sitio queda recomendado para quien vaya a Ocaña. Sobretodo, prueben los callos, a la salud de Peribañez y el Comendador.

Rincón de Pepe

Plaza Carlos Bonilla, 3

Ocaña, Mesa de Ocaña, Toledo, Castilla

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4 pensamientos en “El rincón de Pepe, Ocaña

  1. Ya sabes que España es importante jaja y que hay que hacerle caso a Pellón, que es un sabio!

  2. Ernesto dice:

    No puedo creer que no supieran de yria, si la tienen desde que empezamos, vaya tela.

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