Carta desde Yeosu

Publicada originalmente en Camino a Casa, 6 de Julio de 2008

Queridas amiguitas:

Esta carta y todas las que se escriban dese Corea van dedicadas al señor Dani Lucas. Por su compañerismo en la facultad, por lo que se está currando su oposición sudando la gota gorda, pero sobretodo por ser quien me introdujo en el mundillo de la cocina coreana, de la que vamos a disfrutar las próximas semanas.

Nuestros últimos días en Japón los pasamos como sabéis en la ciudad de Fukuoka, en casa de Peter y Kaori. Peter era profesor de inglés en la universidad. La diferencia entre los profesores de inglés de universidad y los de instituto se aprecia fundamentalmente en el tamaño de sus casas. También era licenciado en Filosofia y tenía muchos libros interesantes. Tenía una hija de tres años a la que no conocimos porque estaba pasando unos días en casa de sus abuelos. Kaori había vivido en Singapur durante siete años, en los que fue profesora de japonés.

En su casa tradicional japonesa recibimos un trato estupendo. Kaori era adicta al mundo del manga y del anime, así que vimos varias películas como Lupin en el castillo de Cagliostro y Tokyo Godfathers. La primera es por lo visto mítica en la historia del anime. La segunda es más actual, nos dejó impresionados tanto la historia como la técnica, avanzadísima para nuestros ojos profanos. Otra que vimos fue Paprika, muy rara.

También nos aconsejó sobre mangas para leer y nos compramos un par de ellos. Uno que me compré era “Monster”, que es un thriller muy interesante. Además del comic, hay serie anime y tendré que hacerme con ella porque sólo tengo el tomo 1 y tengo que ver como continúa. Trata sobre un doctor japonés que está en Alemania y es un cirujano buenísimo. Pero es utilizado por el director del hospital, que no sólo se atribuye todos sus éxitos sino que para conservar sus amistades altera el orden de llegada de los pacientes. Así obliga al doctor a que opere a una famosa cantante de ópera antes que a un obrero que había llegado antes. Esto le pesa en la conciencia al doctor, así que más adelante cuando se le presenta otra situación similar, decide desobeder al director y salvar la vida de un pequeño muchacho en lugar de la del alcalde de la ciudad. Esto le causará todo tipo de problemas y detendrá su progresión médica, peor lo peor es que pasados los años el muchacho se convierte en un asesino en serie…

El argumento es bastante prometedor. Lo que he visto de la serie (por supuesto, la tenían en dvd en casa de Peter) son capítulos muy bien realizados, con una interesante trama, con muchos personajes con muchos claroscuros… en fin, me tendré que hacer con la serie completa al regresar a casa.

En Fukuoka también volvimos a cocinar nuestros platos típicos (no por ser típicos de nuestra tierra, sino porque empiezan a ser típicos de Aurora y míos, pero son los únicos para los que encontramos los ingredientes). La novedad destacada fueron los tres litros de sangría que preparamos, y es que el veranito ya despierta los sentidos…

Sobre la ciudad de Fukuoka, es muy parecida a todas las ciudades japonesas, aunque tiene un algo especial. Parece más limpia (lo que es dificil en Japón), con más naturaleza, más protagonismo del peatón… tienen el impresionante edificio del Across Fukuoka, con un tejado verde que es como una gran escalera de jardines al que se puede acceder a pie de calle para subir hasta el último peldaño y divisar toda la ciudad.

Así terminó nuestra estancia en Japón. Un país muy interesante que verdaderamente nos ha gustado y nos ha sorprendido en general muy positivamente.

De Fukuoka salimos en barco hacia Busan en Corea. Tuvimos que coger el barco exprés, el más caro, porque como viene siendo nuestra costumbre, el barco que queríamos estaba en tareas de mantenimiento por diez días. Así que a soltar yenes, total, por unos cuantos miles más… Del barco poco puedo contar porque la pastilla del mareo tenía en sus componentes algo que te dejaba k.o, así que fue tomármela y quedarme grogui.

La entrada en Corea, muy simple, como deberían ser todas. Enseñar el pasaporte y dentro. Teníamos que hacer tiempo para encontrarnos con Michael , nuestro anfitrión. Nuestra primera idea fue pasear por la ciudad, pero la lluvia torrencial nos hizo quedarnos en la terminal de ferry. No nos apetecía ir con las mochilas calados hasta los huesos. Esto de la temporada de lluvias es curioso porque lo mismo cae un chaparrón que hace un día soleado y muy caluroso.

En la terminal de ferry tuvimos nuestro primer acercamiento a la comida coreana. Fue muy testimonial porque acabamos tomando tallarines, que es algo no exclusivo de Corea. Pero nos encontramos con el kimchi, que es una especie de repollo con una salsa picante. Este kimchi te lo ponen en todas partes a modo de tapa, pidas lo que pidas te ponen un platito con kimchi. Otra novedad fueron los palillos metálicos, en Japón siempre eran de madera.

Cuando llegó la hora, salimos hacia el encuentro con Michael. Nos dirigimos en Metro hacia donde el nos había indicado. En la sala de espera de la terminal y en el propio Metro pudimos ver una diferencia con Japón, como es el hecho de que la gente es más ruidosa, levanta más la voz, ríe a carcajadas y tiene contacto directo con otras personas, se abrazan, se tocan el hombro al hablar, etcétera. Otra sorpresa del Metro fueron las máscaras antigas que tienen preparadas por si el amado líder Kim lanza un pepino desde el norte y se lía parda. Choca la primera vez que lo ves.

Michael nos dijo que cogiésemos un taxi, que es algo muy barato, pero al final el taxi, tras ir en Metro hasta donde nos dijo, nos costó un pastón. Una pena porque en Corea los precios son realmente más baratos que en Japón, pero ya por el tema del taxi gastamos más de la cuenta. Michael no vivía en Pusan propiamente, sino en Jangyu, una ciudad dormitorio.

Como cabe esperar, Michael era profesor de inglés. Vivía en un apartamento bastante decente pagado integramente por la academia que le tiene contratado.

Salimos a cenar con el, su amiga McKenzie (una chica majísima) y su novia coreana a un sitio muy interesante al lado de su casa. Una especie de merendero con sillas y mesas de plástico y una carpa. En Corea se lleva el rollo terracita y el rollo cutrismo, lo cuál nos encanta porque nos recuerda a casa. En este sitio la gente estaba cenando a pie de calle montando escándalo y contando chistes. La camarera no llevaba el rollo inclinación de cabeza, sino más bien , aunque no la entendíamos, contar gracias y poner de vez en cuando raciones extra de regalo, rollo tapa a la asiática. Este sitio que fuimos era un sitio de carnes. Todas las mesas tienen un hueco en el que ponen unas brasas y sobre estas una plancha en la que te haces tu propia carne. Por otro lado te dan unas hojas de lechuga y lo que tienes que hacer si quieres es meter la carne en las hojas de lechuga, con ajos que también haces a la plancha si te gustan, una crema de judías pintas y cebolla en vinagre, lo enrollas todo y te lo comes, así de simple.

Michael se empeñó en comprar no se cuantas botellas de shoju, el licor nacional coreano, y acabamos con una melopea muy poco honorable. Así fue nuestra primera noche en Busan.

Al día siguiente estábamos rotos y no hicimos demasiado. Probamos un desayuno a la coreana, que no era más que una sopa de tofu con montones de kimchi picante. Demasiado para el estómago de buena mañana. Luego volvimos a cenar carnes a la plancha y acabamos en un sitio de billares porque a Michael le dio la vena. Se picó y retó a un coreano y yo veía tensión en el ambiente, el coreano tenía pinta de que si quería te arrancaba el cuello, pero luego era muy sonriente.

Nuestro anfitrión Michael estaba como una regadera. Es el tío más loco que nos hemos encontrado en todo nuestro periplo. A cada poco se le ocurría una idea alocada, pero en seguida la cambiaba por otra aún peor, repitiendo el proceso miles de veces. El castellano no da para describir la chaladura que tenía el chico.

Uno de los días hablamos sobre el judaísmo, porque el decía que era judío, aunque no practicaba ningún precepto. Pero bueno, ya es sabido que son temas que a mi me gustán y tuvimos nuestra charla. No fue muy fructífera porque tras asegurar que nosotros si éramos creyentes y casi judíos nos acabó hablando de las intenciones amistosas de los alienígenas. Lo único judío que sacó fue una serie de ataques a Jesús de Nazaret por atribuirse el título de Mesías. Según el, Jesús de Nazaret no era ningún Mesías, porque el sabe que el día que llegue el Mesías nadie podrá con el, nadie podrá crucificarle y además el mundo se acabará en ese instante. Yo le pregunté que como lo sabía y tampoco me lo supo responder. En fin, a veces con la gente religiosa el problema es que todo es “porque sí”, es muy dificil debatir y si se ponen los alienígenas de por medio ni te cuento.

El último día en Busan la reina y yo fuimos a la playa. Ya se sabe que a la reina cuando le da por la playa es algo imperativo. Así que nos dirigimos allí a la zona de Hondae. Es una especie de playa alicantina ( o sigui, encara que no m’agrae dirho, platja horrible). Las diferencias las pone la gente. Se baña muchísima gente con ropa. No hablo de bañarse con bañador y camiseta, no. Hablo de bañarse tal cual con la ropa que llevas puesta en el momento. Vamos que si vas por ahí y te da por pegarte un baño, pues con lo puesto al agua. Yo sigo diciendo que lo lógico sería bañarse en pilota picá, pero estos y los japos tienen costumbres curiosas al respecto. También había gente en bañador, claro. Y unas sombrillas que alquilaban por 500 pesetas. Mientras Aurora se torraba al sol, yo me cogí una sombrillita, no sea que me de el sol demasiado.

Otro punto a destacar es que los coreanos en general no usan toallas. Y los que las usan, no las extienden en la arena. Hay dos formas. O bien vas sin toalla ni nada y después de bañarte te sientas en la arena tal cual, o bien la gente que va preparada lo que tiene es una lona de un material cuyo nombre no se, eso es lo que extienden. Luego llevan la toalla que no la extienden sobre la arena sino que la usan exclusivamente para secarse. A esto yo le veo mucha lógica, la arena y yo nos llevamos tirando a mal y no me gusta lo de que la toalla se llene de arena y luego te pones allí y es un asco… en fin, yo no valgo para eso. Ya lo dice mi tío, “los de Denia ni comen postre ni van a la playa”.

Ese último día probamos otra novedad, el bimbibab, un arroz con verduras y huevo frito. Interesante y barato.

Tras tres días allí, seguimos adelante. Y lo hicimos en autobús. Decidimos aparcar el autostop momentaneamente. Tantos días de mochila junto a muchas malas posturas al dormir (cosas de los tatamis, imagino) más la nueva cámara colgada al cuello tienen a Aurora con algunas molestias en la espalda. Por mi parte, uno de los días en Busan, caminando me pegué una leche con un armatoste de cemento. No era demasiado alto, estaba casi a ras de suelo, pero ya lo dice mi madre “hijo es que andas arrastrando los pies”. Y como ando arrastrando, a poco que algo se eleve un poco siempre me lo como. Vamos, que somos unos piltrafillas y decidimos ir en bus. Pero no podían ser las cosas tan simples.

Michael, en su último alarde de ideas alocadas, nos aseguró que había un autobús directo desde Gimhae (junto a Jangyu) a Yeosu, nuestro siguiente destino. Y que fuésemos a la terminal en taxi, que costaría menos de 4000 won. No se por qué le hicimos caso sabiendo sus locuras. Porque el taxi costó mucho más y al final no había bus directo. Así nos separamos de Michael. Un tipo que se esforzó mucho para que estuviésemos a gusto, pero que estaba como una cabra. Para nuestros bolsillos va a ser un alivio porque la dinámica que llevaba nos implicaba gastar mucho y aunque nadie nos obligaba al final acababamos gastando.

En fin, el tema del autobús, como decía, estaba algo liado. Desde Gimhae tuvimos que coger un autobús a Changwon. Lo cogimos a esa ciudad porque nos dijo un señor en la cola que seguro que desde Changwon habría conexiones a Yeosu. Lo peor de todo fue cuando descubrimos que dicho autobús pasaba por la puerta de casa de Michael y, es más, tenía una parada justo delante. Nos habríamos ahorrado el taxi. Pero daba igual, porque desde Changwon no había conexiones a Yeosu. Lo bueno de los coreanos es que siempre te ayudan, incluso más que los japoneses, que ayudan muchisísisisisimo. Lo malo es que no les importa inventarse la ayuda. Total, que en Changwon tuvimos que coger otro autobús a la ciudad de Masan. La amable vendedora de billetes nos metió en el autobús y le explicó al chofer exactamente donde tenía que dejarnos, así que olé por ella.

En Masan, ya sí, teníamos conexión directa. El viaje en autobús duró unas cuatro horas. Cuatro horas de locura porque el conductor era un kamikaze que adelantaba a los coches por todas partes. Acabamos algo pálidos, vaya fiera. El autostop es algo que nos encanta y que nos ha deparado grandes momentos, pero el autobús también fue de traca. En adelante, según como estemos de fuerzas y de dinero cogeremos autobús o no, que tampoco hay que forzar la máquina.

Finalmente en Yeosu nos encontramos con nuestra nueva anfitriona Gillian. De la misma profesión que el resto. Vivió en Australia, en India, en Japón y en Corea. Le dio por el budismo y nos estuvo explicando un poco. Al contrario que Michael, nos explicó las cosas con la mente muy dispuesta, parece que algo controla del tema.

Fuimos a cenar con ella a un sitio de tofu. Al pedir el tofu, que no es tofu a pelo sino convertido en una especie de pasta con muchas especias, te ponen además muchísimas tapitas de acompañamiento. Todo por unos 3 euros. Vinieron varias amigas suyas, una chica sudafricana con su novio coreano y otra chica originaria de Bangla Desh, criada en Londres y que había vivido en Madrid y Chile. Fue una cena muy agradable.

Nuestro único plan para Yeosu es llevar un ritmo relajado, para desentumecernos un poco de tanto tute. Luego ya veremos.

Hemos notado ya muchas diferencias con Japón. En general la gente es más sociable y hace más vida de calle. Por otro lado, son más sucios, no está todo reluciente, sino que las calles parecen como las de cualquier sitio, con su dosis de mierdecilla. Conducen mucho más temerariamente. Y hay muchísimas iglesias con cruces rojas luminosas que se ven por la noche por doquier, porque los evangelistas son la segunda religión del país. Todo es más barato, aunque no lo hemos notado mucho por el ritmo de Busan, pero esperamos que en Yeosu podamos poner un poco en orden nuestro bolsillo.

Y hasta aquí esta carta.

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