Carta desde Kingston, Rhode Island

Queridas amiguitas:

Aurora al final se fue haciendo amiga del Honda y dejó de refunfuñar acerca de si el coche tenía diez años y todas esas cosas.

Por lo demás, el viaje transcurrió con normalidad. Atravesamos de nuevo Oklahoma. Con Oklahoma todos tienen un cierto cachondeo, dicen que son los más paletos. La verdad es que dan en general un poco de imagen de “Cletus”, pero están orgullosos de ello.

Antes de llegar a Oklahoma, todavía en Texas, visitamos el cañón de Palo Duro, que es el segundo más grande después del Gran Cañón. Nos quedamos con el mal sabor de boca de no haber podido visitar el famoso Gran Cañón, pero dependemos de los cochoes.

En Henryetta, Oklahoma, fue donde les dió por preguntarme si soy irlandés y desde entonces me lo han preguntado varias veces más esta semana. Me ven con mis camisetas reivindicativas, mi barbarroja y mi acento raro y me ubican en la tierra de Eriu. Así son ellos. Lo celebro.

En general hemos tenido muchas carreteras preciosas en Arkansas, Tenessee, Virginia, Pensilvania… y es que comienza el otoño y los colores son impresionantes. Lo ves en una postal y parece “photoshop”, pero o han inventado el photoshop tridimensional o esto es el otoño más bonito que he visto nunca.

Toda la parte del sureste de Arkansas y sudoeste de Tenessee son zonas bastante deprimidas. Era muy dificil encontrar moteles y en general había muchísimas casas abandonadas, muchísimos afroamericanos y muchísimos campos de algodón. Estos dos últimos factores han ido desgraciadamente unidos durante mucho tiempo.

El primer couchsurfing de la semana lo tuvimos en la ciudad de Nashville, la llamada ciudad de la música. Nos acogía DeeDee, una chica de Milwaukee que había viajado por Italia y estaba enamorada de dicho Estado, al igual que nosotros. La pena es que llegamos muy cansados y no pudimos disfrutar de la ciudad, DeeDee vivía en una de estas casas en las afueras y coger el coche no nos apetecía nada. Sólo vimos el centro una media hora y nos fuímos con la sensación de estar perdiéndonos una ciudad con mucha vidilla, la música se respiraba por todas partes.

A mediados de semana llegamos al Estado de Virginia que nos sorprendió gratamente. Ellos se consideran “sudistas” pero nosotros lo consideramos el comienzo del Este, y es que las casas empiezan a ser muy diferentes. No sólo las casas, también la configuración de los pueblos, que tienen más vida, como Wytheville, donde pasamos una noche, o Staunton. Toda esta zona junto a los montes Apalaches tiene preciosos paisajes muy diferentes a todo lo que íbamos dejando atrás.

En la localidad de Staunton tuvimos una gran alegría gastronómica porque estábamos más que descontentos con la comida americana. Los yankis que conocíamos en Japón nos decían que echaban de menos algo de variedad alimenticia, así que nos hicimos a la idea de encontrarnos una gran diversidad de alimentos insalubres. Pero no ha sido así. Hamburguesas, las que quieras, algunas muy ricas. Pizzas de todo tipo, la mayoría malas. Muchísimos Burritos, algún kebab. Poco más. Nos hablaban de los “mom and pop restaurants”, así llaman a los restaurantes de toda la vida, donde te sientas, te lees una carta, te atiende alguien medianamente majo nativo del lugar y todos tan amigos. Pero no encontrábamos nada. O bien encuentras cadenas, o bien encuentras imitaciones de las cadenas. Pero en Virginia, en Staunton, encontramos por azar un sitio llamado “Mrs Rowe´s” de comidas locales que fue una agradabilísima sorpresa. Muchas cosas insanas, por supuesto, pero diferentes. Es curioso las cadenas lo que anulan culturalmente a un pueblo, desaparece toda la diversidad y se avanza hacia la uniformidad, en este caso alimenticia, comida caca por todas partes. Hay gente a la que le gusta, lo respeto, pero el problema llega cuando hasta en el pueblo más perdido sólo encuentras un McDonalds y los viejos del pueblo se reúnen allí para contar sus batallitas. Es lo más triste que puede pasar. Yo desde aquí reivindico la “slow food” y la manera de comer que tenemos en Castilla y en tantos otros pueblos del sur de Europa, donde te sientas, tomas varios platos, un buen vino u otra cosa, y pasas una hora o más tiempo comiendo, hablando con los amigos, la familia, quien sea. Aquí hemos comido con algunas familias, muchas veces comen fast food, otras veces alguien cocina pero en vez de sentarse todos juntos cada uno se coge su plato y se va por ahí, o se sientan y comen rápido en cinco minutos… las comidas con mis abuelas (ambas, en Madrid o Valencia), largas, contundentes, agradables, es de lo mejor de mi cultura, perderlo sería lamentable.

De Virginia fuimos a Pensilvania, donde nos acogió Rita en la ciudad de Harrisburg. Esto fue interesante porque fue nuestra anfitriona “de rebote”. Habíamos contactado con un chico de couchsurfing pero el no estaba y lo arregló todo para que fuésemos a casa de su amiga Rita. Rita y su marido Gerald vivían en un barrio esencialmente africano, su familia había vivido en EEUU por varias generaciones pero ambos tenían ascendencia alemana. Esto nos llevó a una interesante conversación porque a veces en la radio hay Losantos yankis que dicen que si toda esta gente mexicana (o de donde sea) que viene a invadir la tierra de sus ancestros… lo que es una barbaridad, porque los únicos que podrían decir eso son los nativos americanos (cherokees, navajos, apaches, etc), y no todos estos que son inmigrantes igualmente, aunque de más generaciones.

Nos contaron Rita y Gerald que tenían una hija que era una enamorada de Madrid. Lamentablemente no pudimos conocerla, ya será a la próxima. Fueron una pareja encantadora que cuidó de nosotros fenomenalmente.

Y así llegamos finalmente a Kingston, Rhode Island. El viaje fue duro, había que pasar cerca de Nueva York y allí hay un inmenso conglomerado de autopistas, muchísimas de peaje. Pagamos alguno, pero nos cansamos de ello y decidimos buscar un atajo. Nos metimos en plena ciudad, empezamos a ver personajes raros raros raros por todas partes… al final vimos un cartel, “Bronx City”. Todo esto del Bronx, esta fama que tiene tendrá una gran parte de leyenda urbana, no sabemos, pero vimos una cantidad de seres extraños por metro cuadrado que ni en San Francisco. Queríamos haber sacado una foto para nuestros amigos bronxtoleños, pero no pudo ser.

La jornada acabó en Kingston, donde nos acogen Brett, Adam, Jessie y Dan , cuatro chavales que rehabilitaron una casa del siglo XIX a cambio de que les dejasen un alquiler barato. Pagan en total unos 600 euros por una casa que es bien grande, con seis habitaciones, cocina, dos baños y dos salones. Aquí está el campus de la universidad de Rhode Island, donde estudian Jessie y Dan. Los otros dos trabajan (Adam, que por cierto es una versión de Albareto) o lo intentan (Brett).

La primera noche nos llevaron a cenar a un sitio de pescados, Aurora está contentísima porque llevamos un par de meses sin tomar nada salido del mar.

Toda esta zona es muy diferente, los pueblos son parecidos a los ingleses (o eso creo, nunca he estado en Inglaterra, pero por las fotos…)

Al final entregamos el coche, aunque fue un lío. El tipo de Los Ángeles de Driveaway nos ha dejado un muy mal sabor de boca, un liante de cuidado. Llamamos al cliente y resultaba que el había dicho que el coche había que llevarlo a Massachusetts. A nosotros el de Driveaway nos había dicho que el tipo seguramente estaría en Massachusetts, pero que dejásemos el coche en casa de la hermana. Al final el hombre se portó y vino el hasta aquí a recoger el coche. Eso sí, de lo del depósito de gasolina vacío, no tenían ni idea, así que de gasolina me temo que no vamos a ver ni un duro. No nos pusimos pesados con el cliente porque pensamos que la responsabilidad total es de la agencia, que ha funcionado lamentablemente en ambos sentidos, hacia el cliente y hacia los que llevaban el coche, nosotros. A ver si no tenemos problemas con el depósito que pagamos, ya veremos. Tenemos que ir a New Jersey a cobrarlo y cruzamos los dedos para que no se nos atraviese la situación, como tantas veces está ocurriendo últimamente.

Anecdotilla: El tipo nos ha comentado que el coche perteneció a la madre de la actriz de la serie “Buffy Cazavampiros”

Por lo demás, hemos paseado por esta zona, así como por el pueblo de Narragansset, donde hemos vuelto a ver a nuestro viejo conocido, el Oceano Atlántico, pensando lo raro que era todo esto, salimos de casa hacia el Este y yendo hacia el Este parece que llegaremos pronto.

Un saludo a Islandia y a Bjork, sin más. Las conclusiones, he decido guardármelas, salvo para los afortunados que ya las hayan leído.

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