Carta desde Hakodate

Queridas amiguitas:

Que por Mayo era por Mayo

Cuando hace la calor

Que por Mayo era por Mayo

Y el invierno ya llego

(popular)

Nuestra salida de Kitami fue la mas facil probablemente en todo lo que llevamos de viaje. Caminamos un kilometro desde casa de Randall, nos paramos en una interseccion de carreteras y en menos de diez minutos ya estabamos montados en el flamante coche de un simpatico granjero. Viajaba con su mujer y dos de sus empleadas de excursion a no se donde, era su dia libre. Nos metieron como pudieron en el coche. El buen hombre hablaba algo de ingles y nos hicieron las preguntas de rigor con los correspondientes “oooooh” al relatarles el viaje.

No iban demasiado lejos, pero se esmeraron en dejarnos en un buen sitio para continuar nuestro viaje. Cuanto esperamos? Cinco minutos? No se, pero en seguida estabamos montados en un camion. El conductor estaba ya al borde de la jubilacion y le entraba todo el rato la risa floja. Pero igualmente contundente. La risa era como la de Mister Satan de Bola de Drac. Por mas que le deciamos wakarimasai, que es algo asi como que no entiendo, el hombre nos hablaba y hablaba, nos contaba largas historias, nos miraba y se moria de la risa. Puestos a no entendernos, por nuestra parte le deciamos palabras sueltas y Hokkaido muy bonito, de forma que nadie entendia nada pero todos pasabamos un buen rato. Como viene siendo tradicion, el camionero nos compro unos refrescos… tres para cada uno en total. Nos hizo casi todo el recorrido hasta Sapporo, nos dejo a veinte kilometros en una gasolinera.

El viento era fortisimo. Se nos volaron nuestras señales antiguas del viaje, pero la fundamental la guardamos a buen recaudo. Comimos una bandejita amparados bajo una extraña escultura, pusimos “mans a la feina” y a los cinco minutos ya estabamos en otro camion. El camionero tenia un nombre larguisimo, muy dificil de memorizar. Siempre hacemos la maniobra de señalarnos a nosotros mismos y decir el nombre. Este nos respondio, señalandose a si mismo, con una larga concatenacion de sonidos. Quien sabe, quiza nos conto su vida.

Asi que entre pitos y flautas y sin demasiado esfuerzo nos plantamos en Sapporo, la ciudad mas grande de Hokkaido. Ya se notaba que estabamos en una capital. Tuvimos que coger el cercanias y el metro para llegar a donde queriamos. Un amable señor se acerco a nosotros y nos explico todo el funcionamiento del asunto, por lo que no tuvimos dificultad.

En Sapporo, nuestra anfitriona era Amanda, profesora de ingles, redactora de guias de viaje y narradora de videos, ni mas ni menos. Llevaba viviendo en Japon mas de una decada. Iba viajando por el mundo y decidio quedarse alli, ni corta ni perezosa. Todo el rato sonrie y hace bromas, nos encontramos de golpe con el humor ingles. Esa noche en casa de Amanda habia alojado otro viajero, Juan Carlos. Chileno-aleman, llevaba dos años viajando en bicicleta por Oceania y Asia. Habia estado trabajando durante años en algo biotecnologico, se canso y se puso sobre dos ruedas. Decia que simplemente estaba buscando donde quedarse y estabilizarse un poco, pero ningun sitio le habia convencido. La mare que va, en dos años y medio!. Tenia muchisimas historias interesantes que contar acerca de su estancia en sitios como China o Vietnam.

Cuando nuestro viaje transcurria por Polonia, recibimos un dinero que Aurora habia solicitado muuuuchos meses atras y del que ya nos habiamos olvidado. No lo contabamos en nuestro presupuesto. Y como nuestro presupuesto nos parece digno para sobrevivir, decidimos que nos dariamos algun capricho y el resto quedaria para emergencias. Asi que en Sapporo toco hacer la maniobra. Aurora queria una camara mejor que la que tiene, es un viejo anhelo porque ella aprendio fotografia con una reflex antigua y queria una del mismo tipo pero digital. Nos dirigimos a las dos grandes tiendas de electronica, Bic Camera y Yodobashi. Fue entrar en un mundo de locura sin precedentes, con empleados vociferando ofertas, musica bastante alta y las pantallas de plasma con peliculas belicas sonando a todo meter. Al final, hubo camara.

Por otro lado, dado que utilizamos unos cuantos recursos de Internet para nuestro viaje, tras llegar a Europa del Este y sufrir la ausencia de cybercafes y las pesimas conexiones locales a la red, constatamos que ademas de como capricho, un portatil nos vendria de perlas para hacer mas de una gestion.

Total, que pasamos casi todo nuestro tiempo en Sapporo en tiendas electronicas. Pero al final tenemos nuestros caprichitos.

Sobre Sapporo, no hay demasiado que decir. Es una ciudad muy planificada con grandes avenidas, tranvias y un metro bastante eficaz. La gente hace cola para entrar en el metro (hay unas señales en el anden indicando donde estan las puertas cuando llega el tren, la gente se ubica en fila tras las mismas) y los vagones son muy anchos. Ya notamos el cambio entre un area muy rural como Kitami y una capital como Sapporo, con gente trajeada yendo y viniendo. Los japos estan obcecados con el trabajo, trabajan incluso fuera de hora y estan muy preocupados por el “que diran” . Por eso hay muchas tiendas de comidas para llevar, las famosas bandejitas. En la planta sotano de la tienda Bic Camera hay multitud de puestos de comida, la gente se compra la bandejita y comen sentados en cualquier parte.

Del exterior de las tiendas electronicas apenas vimos el parque Murayama, un parque muy frondoso. Tenia una curiosidad, un cementerio de niños. En este cementerio no habia tumbas propiamente dichas, sino muchisimas estatuas budistas, algunas muy bonitas y otras aterradoras. No por feas, mas bien por el miedo que daban.

La ultima noche volvimos a cocinar pisto, nos estamos haciendo expertos. En Sapporo un producto caracteristico son las patatas dulces, asi que probamos a añadirselas. A mi me gusto el pisto globalmente pero las patatas creo que no hacian un gran aporte. Aurora opina que si. Asi que entre los innumerables aficionados a la cocina que hay en estas paginas, ahi queda la anecdota, ya probareis y direis.

En casa de Amanda estuvimos muy comodos, pero el viaje continuaba.

El dia de la salida de Sapporo estuvimos algo vaguetes y nos levantamos mas tarde de lo que hubiera sido inteligente. Nos fuimos en Metro hasta la ultima parada de una de las lineas, pero aun asi tuvimos que andar un gran trecho hasta salir un poco de la ciudad junto a la carretera nacional. En Hokkaido apenas hay autopistas, por lo que para el autostop es un paraiso en el sentido de que es muy sencillo simplemente llegar a una carretera, levantar el dedo y esperar, en cualquier punto que se considere conveniente. En Europa habia que sudar lo suyo para llegar a una estacion de servicio junto a la autopista. Y temo que tengamos el mismo problema conforme avancemos hacia el sur.

Decia que fuimos en Metro hasta la ultima parada. Caminamos junto al impresionante estadio de la ciudad, que parecia un zepellin y nos pusimos a probar ubicaciones. No encontrabamos la adecuada, ninguna nos convencia demasiado por que no habia mucho espacio para que los coches se detuviesen o porque no nos veian muy bien… Al final entre unas cosas y otras tardamos tres cuartos de hora en encontrar a una amable conductora que nos llevase. Esta conductora respondia al inolvidable nombre de “Asako”. No se por que nos cogio porque creo que le dabamos miedo. A mi me daba esa sensacion porque la veia muy inquieta.

Asako nos dejo en un pueblo llamado Nuribetsu, desde el que seguiriamos hacia delante. Alli comimos otra bandejita, nuestra dieta on the road, y encontramos un nuevo tramo en seguida. Dos chicas que estaban como un cencerro fueron las encargadas de pararnos. Es imposible describir por escrito lo mal que estaban de la cabeza estas muchachas. Segun nos vieron dieron un volantazo, empezaron a levantar el pulgar y a pegar gritos y detuvieron el coche. Cuando montamos, empezaron a pegar gritos de alegria. Cuando dijimos que eramos de Madrid, mas gritos de alegria. Cuando les dije que me llamaba Antonio, mas gritos de alegria. Empezaron a decir “Madrid pizza”, yo les dije que no, pero que “Valencia paella”, escucharon paella y empezaron a pegar gritos de alegria y a chocar las manos entre si. Acto seguido comenzaron una serie de llamadas telefonicas, como es sabido no entendemos ni papa pero decian todo el rato “hitchikers” y nos da la sensacion de que llamaron a todos sus amigos para contarles la aventura del dia: llevaban en su coche a una linda madrileña y a un tipo con aspecto de filosofo guerrillero. En fin, casi les hicimos nosotros el favor de ir en su coche. A mi lo que mas me llamaba la atencion es que una llevaba unos zapatos que debian ser de tres o cuatro numeros inferiores porque parecia que los dedos le iban a explotar.

Nos dejaron en un sitio llamado Date, tras comprarnos una Coca Cola. Nos compraron la Coca Cola y empezaron a gritar “presento!!!!!” y a dar saltos de alegria. Despues tuvieron mas gestos amables. Fueron a un aparcamiento donde van los conductores a dormir cuando estan haciendo un viaje largo (cosas de Japon) a buscar coches con matricula de Hakodate, nuestro destino, a ver si alguien nos llevaba. No hubo suerte, pero las chiquitas se lo curraron. Despues se empeñaron en ponerse junto a la carretera pulgar arriba con nosotros. Esto fue un espectaculo surrealista. Cada vez que pasaba un coche le pegaban un grito y hacian bailes, daban saltos, movian los brazos… el tema es que no les entraba en la cabeza las escasas probabilidades de que alguien llevase a cuatro personas. No, ellas no querian venir con nosotros, pero si un conductor ve a cuatro personas en fila haciendo autostop, creo que piensa que los cuatro quieren ir juntos. Aun asi, entre gritos y tal, las muchachas parece que pasaron un buen rato. Sin quererlo nos estaban haciendo el boicot, asi que las convencimos para que se fueran, camuflandolo un poco “no hace falta que esteis aqui, no os preocupeis por nosotros, ya habeis hecho suficiente y os estamos muy agradecidos”. Lo ultimo era verdad, pero mas que sentir su preocupacion, lo que sentiamos era que estuviesen “echando” a todos los candidatos.

Segun se fueron, nos paro un coche. Una pareja de jubilados en su todoterreno enorme nos hizo el ultimo tramo. Era un coche comodo y la pareja muy amable. Nos desesperabamos un mucho porque aqui en Japon conducen despacio, muy despacio. Los limites en las carreteras nacionales no pasan de 70, pero estos van a 60 o menos no sea que se vayan a matar. Con la pareja hicimos un tramillo por la autopista, el tramo final. El limite es 120, pero van a 100 o 90. Asi que vas viendo que pone “Hakodate 80 km” y a la media hora pone “Hakodate 60″ y dan ganas de ir corriendo. Es la unica queja, porque la verdad es que son amabilisimos. Esta ultima pareja no nos llevo solo a Hakodate, sino exactamente al barrio al que queriamos ir.

En Hakodate nuestro anfitrion es Ben, un ingles que lleva aqui cinco años. A ver si adivinais la profesion. Debo decir que en Japon es muy dificil encontrar anfitriones japoneses, las redes de hospitalidad de Internet tienen un numero de usuarios decente, pero la mayoria son extranjeros. El motivo es que los japoneses tienen un sentido de la privacidad muy acusado con lo que respecta a sus casas. Es algo fuera de lo comun que inviten incluso a sus amigos o familiares cercanos a visitarles en casa, la costumbre es siempre ir fuera a algun sitio. Igual alguien entra en la casa a pasar un rato, a charlar un poco, pero parece ser que no es lo habitual invitar a gente. Si no invitan a sus conocidos, menos invitan a viajeros que no conocen previamente. Por eso la unica forma de trabar contacto con ellos es con el autostop.

Hakodate es una ciudad destacada porque es el principal puerto que une la isla de Hokkaido con la de Honshu. Tiene dos zonas muy interesantes para pasear. Una son los muelles, muy rehabilitados y orientados hacia el uso publico, de forma que siempre hay gente paseando por ahi. Hay bancos (de sentarse), calles peatonales y pequeños comercios. Otra zona interesante es lo que llaman el “preserved district” (distrito preservado) junto al Monte Hakodate. Es un barrio de hace un siglo o asi que lo conservan tal y como era entonces, con todas sus casas, sus alamedas y sus templos. Por cierto, intentamos subir al monte, pero nos perdimos y al final desistimos. Comenzamos a ascender por el que creiamos que era el camino, pero al final estabamos en un parque vallado por todas partes, no nos quedo mas remedio que bajar y a mi la verdad es que tras subir un tramo y bajarlo no me apetecia volver a tirar hacia arriba por otra parte.

Con Ben estamos haciendo dos cosas muy interesantes. La primera es ir a comer a sitios. Nos ha llevado a tres sitios. Uno era un izakaya, que es una especie de pub japones en el que tambien sirven comidas. Basicamente se distingue de los otros restaurantes en que no te dan agua al entrar, hay algo de musica y es algo mas caro. Pero la gracia del asunto es que comimos pulpo vivo. Bueno, ya estaba agonizando y no ofrecio resistencia. Esta de mas decir quien fue el responsable de encarar la situacion. El otro de los sitios es un restaurante bajo su casa al que Ben llama “cena estilo japones”, quiza porque puede ser lo mas tipico. Tu pides un plato principal (distintas variedades de pescado o carne) y esto va acompañado de sashimi (sashimi es el pescado crudo fileteado sin mas, mientras que el nigiri sushi es lo mismo pero con arroz, y el maki sushi es lo mismo pero con arroz y enrollado), ensalada, tofu, sopa de miso, agua y te. De arroz puedes repetir una vez y de ensalada todas las que quieras. El tercer sitio era el “Soup Curry”. Aqui en Hokkaido tienen una variedad de curry distinta a la india y a la tailandesa. Te sirven la sopa con la carne que tu elijas y un plataco de arroz. El arroz que no falte. Ademas de estos sitios, fuimos a otro de sushi Aurora y yo solos, un local en el que te sientas y los platos van pasando ante ti en una plataforma giratoria. Segun el color del plato va variando el precio. Tu coges, amontonas los platos y al final los cuentan y suman todo.

Lo segundo que hacemos con Ben es jugar a un juego de estrategia llamado “Go” que me parece uno de los descubrimientos mas sensacionales de este viaje y me tengo que fijar el compromiso de hacerme con uno de estos juegos cuando vuelva a casa. Hay fichas blancas y negras, tienes un tablero y el tema es hacerte con la mayor cantidad posible de territorio. Es complejo explicar aqui las reglas, pero si os interesa echad un vistazo aqui

Y sin mas me despido de ustedes, deseandole una longevidad enorme a mi ya octogenaria tia Tile.

Ah, y un saludo tambien a Alonso Velasco, gracias a el se los numeros en japones y es algo muy util para decir los numeros de las carreteras (no se decir “carretera trescientos venticuatro”, pero se decir “carretera tres dos cuatro”, bueno, no se decir carretera, pero se decir san ni si y con eso me vale para que me entiendan)

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